MUNDO
El mundo reacciona con alarma y polarización tras la captura de Maduro y la intervención militar de EE.UU. en Venezuela
Por Redacción Conciencia Pública
Transcripción de texto a voz
La detención de Nicolás Maduro tras una operación militar de Estados Unidos en Venezuela, ocurrida este sábado 3 de enero de 2026, detonó una sacudida diplomática inmediata: gobiernos aliados y rivales de Washington condenaron la acción, mientras otros la celebraron como el inicio de un cambio político en Caracas.
En la ONU, el secretario general António Guterres advirtió que el episodio sienta un “precedente peligroso” y se confirmó que el Consejo de Seguridad discutirá el caso el lunes, luego de solicitudes impulsadas por países como Colombia y respaldadas por Rusia y China, en medio del debate sobre la legalidad de la operación.
Desde Venezuela, la narrativa oficial calificó los hechos como “agresión militar” y decretó medidas de emergencia; el gobierno denunció ataques en Caracas y otras entidades, llamando a la movilización interna en plena incertidumbre sobre la cadena de mando.
En Europa, la respuesta fue de contención y énfasis en el derecho internacional: Alemania pidió una salida política y llamó a evitar la escalada, además de activar alertas consulares, en una línea que se ha repetido en mensajes de líderes comunitarios europeos.
España, por su parte, elevó el tono: el presidente Pedro Sánchez afirmó que Madrid no reconocerá una intervención estadounidense si viola el derecho internacional y urgió a priorizar la protección de civiles y una transición basada en diálogo.
El Reino Unido buscó marcar distancia: el primer ministro Keir Starmer señaló que su país no participó en los ataques y dijo que primero recabará todos los hechos, mientras su cancillería revisa la seguridad de ciudadanos británicos en Venezuela.
En América Latina, Brasil y México encabezaron la condena regional: el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y la mandataria Claudia Sheinbaum sostienen que Washington cruzó una “línea inaceptable” y llaman a una respuesta de Naciones Unidas. Los países vecinos de Venezuela activaron reuniones de emergencia por el impacto fronterizo y humanitario.
En Colombia, el presidente Gustavo Petro también condenó el ataque y ordenó despliegues de seguridad en la frontera ante un posible repunte de desplazamientos, en un país que alberga la mayor diáspora venezolana, según reportes citados por medios públicos.
Del otro lado del espectro político latinoamericano, Argentina y Ecuador destacaron entre quienes aplaudieron la captura de Maduro; el episodio exhibió una región partida entre la defensa estricta de la soberanía y la apuesta por un golpe de timón en Caracas.
La fractura también cruzó por Chile: mientras el presidente saliente Gabriel Boric repudió la intervención, el presidente electo José Antonio Kast la recibió como una oportunidad para la “libertad” en Venezuela, según la recopilación de reacciones regionales.
En Estados Unidos, el operativo provocó un choque frontal en la política interna: republicanos cercanos a la Casa Blanca lo defendieron como ejecución de justicia contra un líder acusado de crimen organizado, mientras demócratas lo denunciaron como intervención sin autorización del Congreso y un antecedente riesgoso para el orden internacional.
A la par, voces internacionales pusieron el foco en derechos humanos: el alto comisionado de la ONU, Volker Türk, dijo estar alarmado por la intervención y pidió apego a la Carta de la ONU y a la legalidad internacional, de acuerdo con reportes de agencias.
En las calles, el impacto se tradujo en protestas frente a sedes diplomáticas estadounidenses. En Ciudad de México, cientos se manifestaron ante la Embajada de EE.UU. con banderas venezolanas y consignas contra el intervencionismo; distintos medios reportaron pintas y reclamos por el cese de la operación.
También hubo movilizaciones en otras capitales: en Buenos Aires se congregaron manifestantes frente a la embajada estadounidense para repudiar el ataque, y en Roma se reportaron concentraciones similares; en La Habana, el presidente Miguel Díaz-Canel encabezó una condena en un acto masivo frente a la sede diplomática de EE.UU., reflejando el alcance global de la reacción pública.


