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CULTURA

Ramón Moreno Rodríguez: vida, docencia y vocación literaria

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Conciencia en la Cultura, por Luis Ignacio Arias

La vida del doctor Ramón Moreno Rodríguez es un recorrido en el que convergen la literatura, la docencia y la memoria personal. Originario de Colima y formado en la UNAM, ha construido una trayectoria marcada por la pasión por los libros, la enseñanza, la escritura y la investigación.

Su historia es la de un lector apasionado que encontró en las palabras un puente entre lo que es y lo que puede llegar a ser. Con el paso del tiempo, tomó la pluma para convertir sus recuerdos en materia literaria en Cuentos para Guillermo, su primer libro.

Su acercamiento a la literatura ocurrió en un contexto familiar humilde. “Mi padre era sastre y sostenía con dificultad el ingreso familiar; sin embargo, en mi casa hubo libros, había un librero”, recuerda. Uno de sus hermanos le dio a leer La madre, de Máximo Gorki. “No la pude leer, me aburrió mucho”, confiesa. Poco después, al darse cuenta de ello, su hermano le entregó Cien años de soledad. “Eso fue diferente… creo que en ese momento ocurrió una epifanía; me recuerdo leyendo Cien años de soledad en la biblioteca pública de la ciudad de Colima”. No solo fue su inicio como lector; ahí germinó también la escritura.

Moreno reconoce que no fue un estudiante destacado durante su infancia y adolescencia. “Fui un alumno muy malo, muy malo”, admite con humor. Sin embargo, su vida dio un giro al llegar a la universidad. La militancia política, el ambiente intelectual y la cercanía con los libros lo transformaron profundamente.

Con el deseo de convertirse en escritor, ingresó a la carrera de Letras Hispánicas en la UNAM. Fue ahí donde la docencia apareció como una revelación inesperada. El momento decisivo ocurrió cuando un profesor le pidió exponer un tema frente al grupo. “Ver a mis compañeros escuchándome con respeto… me hizo descubrir otra vocación: la docencia”. A partir de entonces, el impulso de escribir comenzó a encapsularse y la enseñanza se convirtió en su eje. “Explicar y saber explicar algo a otra persona es, sin duda, un arte”.

Desde 1984, Moreno no ha dejado de dar clases. Ha enseñado en secundaria, preparatoria, licenciatura, maestría y doctorado. Ha sido profesor en la UNAM, en la Universidad de Guadalajara y en la Universidad Autónoma de Baja California Sur, donde además fue fundador de la carrera de Letras Hispánicas. “He tenido la fortuna de dar clases en todos los niveles”. En 2019 llegó a Ciudad Guzmán, Jalisco, como profesor de tiempo completo, donde continúa su labor académica.

Aunque la literatura siempre estuvo presente en su vida, confiesa que durante muchos años tuvo miedo de escribir. Sus profesores, a quienes admira profundamente, también le transmitieron un respeto casi paralizante por la creación literaria. “Me di cuenta de que escribir era mucho más que el impulso inicial… y le empecé a tomar un respeto muy grande”.

Esa duda lo acompañó durante décadas, hasta que llegó la llamada “crisis de los 50”. Con humor y honestidad, relata: “La crisis de los 40 no es nada… la de los 50 fue terrible. Me dije: si realmente amas escribir, hoy es cuando tienes que hacerlo; y si no, renuncia para siempre”. Ese ultimátum personal lo llevó a tomar la pluma y comenzar una novela que le tomaría diez años concluir.

Se trataba de un manuscrito ambicioso, con una estructura compleja y una voz narrativa que exigía dedicación absoluta. Durante ese periodo, la escritura se convirtió en un ejercicio de constancia y disciplina. La novela representaba, en ese momento, su apuesta más seria por la creación literaria.

Sin embargo, la magnitud del proyecto terminó por agotarlo. Hubo un punto en el que la novela lo saturó y necesitó una pausa prolongada. Ese descanso no significó un abandono, sino un respiro necesario para recuperar claridad y perspectiva.

Con el tiempo, Moreno comprendió que ese proceso —lento, exigente y, a veces, frustrante— formaba parte de su reconciliación con la escritura. La novela, aun con su dificultad, le confirmó que tenía una voz propia y que podía sostener un proyecto literario de largo aliento. Ese aprendizaje lo preparó para escribir con mayor libertad.

Paradójicamente, su primer libro publicado no fue esa novela, sino Cuentos para Guillermo, un volumen nacido de una anécdota familiar y de la insistencia de su primo Guillermo, quien durante años lo animó a escribir la historia de cómo se conocieron.

Al decidir tomarse un descanso de la novela, Moreno hizo una lista de doce recuerdos y comenzó a escribirlos. “Parecía que alguien me los estaba dictando”, confiesa. En apenas un mes, los cuentos estaban terminados.

Aunque parten de anécdotas reales, Moreno subraya que lo que escribió es literatura, no memoria literal. “Hay una voz narrativa que me representa, pero no soy yo”. Los cuentos funcionan como fragmentos que sugieren historias completas. En cada relato aparece un niño enfrentándose al mundo adulto y aprendiendo algo esencial.

Su visión literaria combina honestidad, sencillez y profundidad emocional. “He querido expresar mis recuerdos con autenticidad… aunque mi interés es literario”. Para Ramón Moreno Rodríguez, la literatura no es solo un ejercicio estético, sino una forma de comprender la vida: narrar la formación emocional de un individuo y explorar cómo los afectos, las culpas y la pobreza moldean a una persona.


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