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JALISCO

Entre el lema y los hechos: Gobernar al «estilo Jalisco», ¿eslogan o realidad?

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Opinión, por Pedro Vargas Ávalos

Desde hace décadas se hizo popular como lema oficial de la entidad tapatía la frase «Jalisco es México», con la cual se resalta la importancia del Estado en los terrenos de la cultura, las tradiciones, la economía, la tecnología, el turismo y, en general, el trayecto histórico de nuestra patria.

Por ello, la identidad nacional tiene matices jaliscienses, pues de aquí son íconos de la mexicanidad tales como el mariachi, los sones y jarabes, la birria, las tortas ahogadas, la raicilla y sobre todo el tequila y la charrería.

En cuanto a nuestros regionalismos lingüísticos, son muchísimos y todos llenos de colorido; en 1957, gobernando el ilustre literato Agustín Yáñez, fue premio “Jalisco” el libro “Lenguaje Popular en Jalisco”, del notable paisano Alberto M. Brambila Pelayo, quien luego del título estampó la locución: “Si acaso Jalisco pierde, no es difícil que arrebate”, referencia de la famosa máxima “Jalisco nunca pierde y si pierde arrebata”, difundida por el tapatío Aurelio Robles Castillo en una novela que se convirtió (1941) en notable éxito fílmico mexicano interpretado por el inigualable charro cantor Jorge Negrete.

Sostiene el Diccionario de Directores del Cine Mexicano que dicha cinta dio “nuevo aliento a la comedia ranchera al establecer definitivamente a Jalisco como el mítico depositario de los valores de la identidad mexicana”.

Primero establezcamos como gentilicio de estas tierras del occidente mexicano que “jalisciense” es igual a “tapatío” y, si se quiere ir al tiempo prehispánico, el adjetivo “xalisca” significa el que habita Xalisco, denominación que daban a estas tierras los moradores de otros lares. El vocablo es semejante al término “azteca”, que indica el que viene de Aztlán, o “mexica”, el habitante de México. Por ello, cuando se creó el Estado en 1823, se le impuso como nombre el de “Xalisco”; el uso constante hizo que se suprimiera la letra “j” para quedar como hoy lo nombramos: Jalisco.

Lo anterior viene a propósito de que Pablo Lemus Navarro, ejecutivo actual de nuestra entidad federativa, ha adoptado y divulgado vivamente la expresión “gobernar al estilo Jalisco”, presentando tal pensamiento como el sello característico de su sexenio.

Según el ejecutivo tapatío, esa frase-lema proyecta un tipo de liderazgo que él mismo describe como cercano a la gente, inclusivo, participativo y desarrollado tanto con humildad como con alegría. Bien leído ese eslogan; está por verse que camine entre la gente, labore sin desmayo, optimice los recursos estatales y engrandezca a Jalisco.

Lemus ha utilizado esa proposición para todo tipo de acciones que anuncia. Lo enfatiza en diversos contextos, desde su toma de protesta, su primer informe de gobierno e incluso en iniciativas específicas como la “Tarjeta al Estilo Jalisco”, y recientemente al asegurar que ningún funcionario de su administración quedará impune si ejecuta algo que trascienda, sin habérselo consultado.

Varios asuntos de sumo interés para los jaliscienses no han caminado como debería ser “El Estilo Jalisco”. Podemos hablar de la seguridad pública, la salud, el transporte urbano y la pésima marcha del Instituto de Pensiones del Estado de Jalisco (IPEJAL), solo como botones de muestra. En consecuencia, Lemus ha decidido llevar a cabo algunos cambios.

Sobre ese tema, declaró el gobernante el fin de semana reciente al medio radiofónico —Zona 3—, donde hace años el mismo mandamás trabajó, que “serán al menos cinco cambios los que habrá en su gabinete en los próximos días. El mandatario estatal señaló que estudiará los perfiles de quienes van a salir y de quienes van a ocupar dichos espacios.

Aunque no dio fecha, Lemus Navarro indicó que los nombres de los nuevos funcionarios se darán a conocer después de que se determine quién será el nuevo fiscal anticorrupción que deberá tomar su cargo el próximo mes de febrero.

Ese fiscal que mencionó tiene una tarea formidable, porque quienes han desempeñado tales labores han sido una total desilusión. Por lo pronto, ya existe una terna para de ella extraer al aludido funcionario. Esperemos que ahora sí sea “estilo Jalisco” la decisión y su desempeño.

Asuntos de sumo interés para la comunidad en estos días se desató con motivo de dos casos: uno fue la disminución sorpresiva del límite de velocidad en algunas arterias citadinas (de 60 a 50 kilómetros por hora), lo cual generó cuantiosas fotomultas y, desde luego, el enojo de los guadalajarenses. El “gober” acabó el aprieto revocando la medida y anunciando el cese de quien la haya ordenado. El segundo hecho fue el aumento a la tarifa del servicio camionero en la ciudad de Guadalajara y zonas aledañas.

Aprovechando, como ha sido usual en otros gobiernos, dentro de las vacaciones decembrinas, la autoridad de Jalisco anunció un incremento al precio del pasaje del transporte urbano; así, el costo pasará de 9.50 a 14 pesos a partir del próximo abril de este año: el ajuste es un acrecentamiento del 47.37 por ciento sobre el precio actual, que obviamente golpea tremendamente a las clases mayoritarias.

Para atenuar lo anterior, el mandamás aclaró que el pago quedaría en 11 pesos, equivalente a un aumento del 15.8 por ciento, aunque para acceder al hipotético subsidio los usuarios deben entregar datos personales sustanciales.

Y nos preguntamos, ¿por qué no dar ese precio de once pesos a todo usuario del servicio? Y como sucede en la capital del país, ¿por qué no dar gratuito el pasaje a personas con desventajas sociales, desde ancianos hasta discapacitados? Algo huele mal y contradice la idea de gobernar al estilo Jalisco, que debe ser con claridad, sencillez, honestidad y para beneficio popular.

Finalizado ese proceso de registro, les será entregada lo que el gobernador emecista Pablo Lemus nombra “Tarjeta Única al Estilo Jalisco”, que mediante un subsidio —o sea, dinero del pueblo— que dijo será de mil 200 millones de pesos para el año 2026, financiará la diferencia de tres pesos por cada viaje, que en buen castellano es “saludar con sombrero ajeno”.

Por cierto, la cifra autorizada de 14 pesos fue incorporada de forma posterior por la Secretaría de Transporte sin el respaldo de los estudios técnicos; estos calculaban que la tarifa fuese de 11.17 pesos para el año por llegar; sin embargo, no se consideró, pues está la promesa de que en los cinco años que restan al gobierno de Lemus no volverá a aumentar. Cual reza el dicho: de palabras me como un plato.

Quienes autorizaron el tarifazo decembrino fueron líderes empresariales, de sindicatos corporativizados y del gobierno estatal, contrariando a otros integrantes del Comité Técnico Tarifario, quienes calificaron de ilegal el aumento citado y agravado porque no se sometió a votación formal.

Ahora la medida no solo generó descontento social, sino que dio juego a los críticos del gobernador, especialmente los estudiantes de la Universidad de Guadalajara y los militantes de Morena, quienes “señalan que el esquema carece de sustento normativo y beneficia a los transportistas con recursos públicos”, por lo que anunciaron que preparan amparos y manifestaciones para revertir la decisión por falta de transparencia y participación ciudadana.

Los críticos señalan que el subsidio funciona como un peaje de acceso a un beneficio económico donde la moneda de cambio, además del dinero del erario, es la información de identidad de la población”. (La Jornada, 29 XII 2025).

Como el lamentable anuncio fue el Día de los Inocentes, muchos creyeron que era pesada broma; pero al día siguiente y ya entrado enero, se han dado cuenta de que es tan real como la canción de “Ay Jalisco no te rajes”. Por lo tanto, está a prueba la tenacidad de los jaliscienses frente a las promesas del mandatario estatal.

Lo más seguro es que éste siga con su idea de que gobernar “Al estilo Jalisco” —por lo visto hasta hoy— es suficiente para calmar inquietudes, apagar críticas, aliviar males y lograr aplausos, todo lo cual se aparta de lo que realmente supone luchar por la grandeza del Estado, tal como lo hicieron entre otros, Prisciliano Sánchez, Juan N. Cumplido, Joaquín Angulo, Ramón Corona, Manuel M. Diéguez, J. Guadalupe Zuno, Silvano Barba, Agustín Yáñez, Francisco Medina Ascencio y Flavio Romero de Velasco.

Con ellos sí que se puede afirmar que Jalisco es México. Ojalá que el señor Lemus se revitalice y se sume a esa pléyade de jaliscienses distinguidos que lo precedieron.

 


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