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Contra el malinchismo y desmemoria: La Selección Nacional, honor, privilegio y blanco de críticas
Miscelánea Deportiva, por Esteban Trelles Meza
Estimados lectores: El tema de la Selección Nacional es y debería ser un honor, una distinción y un privilegio vestir el jersey nacional de los nativos de cada país. Sin caer en el nacionalismo, debemos establecer la diferencia entre el servicio en la milicia y la defensa de la patria. Este servicio implica dar la propia vida, dedicándose en cuerpo y alma y jurando hacerlo ante el escudo, el himno y la bandera patrios.
En el fútbol, como en cualquier otra disciplina deportiva, es diferente. Esto se debe a que es una competencia de élite, representada por los mejores de cada una de las posiciones de un equipo en cancha. Una plantilla de 26 jugadores, entre titulares y suplentes, con su cuerpo técnico respectivo.
Mucho tiene que ver la idiosincrasia de cada pueblo, que es completamente diferente y marca su propia personalidad en el ejercicio de su actividad deportiva; lleva implícita alma, vida y corazón.
A diferencia de la milicia, las armas del futbolista son el talento, las cualidades y la aplicación para llevar a cabo una tarea táctica-estratégica implementada por el DT, que al final es un estilo de juego explotando las condiciones tanto personales como de conjunto.
Lo más importante es la búsqueda del triunfo y, por ende, la supremacía ante los demás en la obtención de un título mundialista.
México, particularmente, tiene ya un palmarés en categorías Sub-17 como campeón del mundo (2) y un subcampeonato que, lamentablemente, no se refleja en la máxima categoría profesional.
Mucho tienen que ver los intereses creados de equipos profesionales; como se diría, la envidia les corroe, en un pueblo que tiene impregnada en su ADN esa situación negativa. Por otro lado, la superación personal surge del deseo de querer ser mejor que los demás.
“Mi vecino es inferior a mí y tiene un mejor automóvil; yo tengo que tener otro mejor que él”, “mi compañero de trabajo gana más que yo y soy más inteligente”, “mi compadre tiene una esposa guapa y él está feo”. Así existen muchos términos comparativos en los que, como establecimos, la envidia es factor.
Ahora bien, todos estos fundamentos son exclusivamente del imaginario del individuo, de manera personal; no propiamente una realidad existente, en la que no se reconocen las cualidades de los demás en todo orden y actividad realizada.
Futbolísticamente, la mentalidad triunfadora está impregnada en algunos países que destacan por encima de todos o de la mayoría, como los argentinos; gracias a esta situación se la creen y lo demuestran, aun no siendo superiores, pues gana el carácter y el temperamento por encima de otros factores.
Brasil, por ejemplo, tiene a todos sus jugadores desde su formación; sus títulos de pentacampeones hablan por sí solos, aparte de contar con el mejor futbolista de todos los tiempos, en su majestad Edson Arantes do Nascimento, “Pelé”. Por mucho que se diga, es superior a todos, incluidos los mejores que siempre estarán detrás de él, como Maradona, Messi, Cristiano, e incluso sus propios paisanos Ronaldinho, Garrincha, Ronaldo, Rivelino, y los actuales Neymar y Vinicius, entre otros muchos.
Curiosamente, en nuestro México querido, el máximo jugador de todos los tiempos, Hugo Sánchez, no es el mejor en selección, “marcado” en México 86 al fallar un tiro penal, atajado por el guardameta paraguayo, y con una gris actuación en USA 94.
En este sentido, Javier “Chicharito” Hernández es el mejor goleador, quien en diferentes mundiales marcó y es ídolo del fútbol nacional, a pesar de su nefasta reaparición en el Rebaño Sagrado (2025), lo que no mancha su exitosa carrera personal en Europa y en la Selección Nacional.
Por otro lado, existe una particularidad muy definida y nefasta entre un grupo establecido de individuos que son comentaristas de fútbol televisivos negativos; son malinchistas no solo de su país, sino también de equipos de nuestro fútbol local y, como se diría, nada les parece.
Lo más increíble es que sigan vigentes y tengan, de cierta manera, influencia entre los neófitos del fútbol, así como entre directivos federativos, y que empresas como Televisa les den cabida a quienes se formaron no solo como críticos negativos del equipo América, sino como detractores del mismo. Estos personajes están diseminados en varias televisoras que forman opinión y tienen a sus villamelones cautivos frente al receptor casero.
David Faitelson (Televisa) es el “presidente” del gremio negativo, que tiene como “vicepresidente” al nefasto Álvaro Morales (ESPN), y conforman la “directiva” Alex Blanco, Gustavo Mendoza, Rey de la Tablet (Fox Sports), y Ricardo Puig (ESPN). Coincidentemente, son fans del equipo América; Blanco y Mendoza, hipócritas de clóset, se desviven elogiando a los hijos de Televisa.
El “Pollo” Ortiz, que en su mote lleva su “grandeza”, y otros huéspedes distinguidos, fanáticos recalcitrantes del América, surgidos de concursos de aficionados, junto con el narrador Andrés Vaca (excelente en su trabajo), Dionisio Estrada, fanático de los cremosos (ESPN), y Rubén Rodríguez (Fox Sports), defensor a ultranza del equipo de Coapa.
Recientemente, Ricardo Puig, de ESPN, estableció que el representativo nacional no está por encima de la Liga MX y que es increíble que los seleccionados estén convocados cerca de dos meses, concentrados al cien en el representativo nacional, ausentándose de sus respectivos equipos en detrimento de ellos y de la Liga misma.
Evidentemente, esta situación tiene prioridad para un país que, además, es anfitrión del certamen; para Ripley, es el único que lo hace por tercera vez, compartido ahora con Canadá y USA, y que llevará el mayor número de competiciones de selecciones nacionales en este evento, con más encuentros disputados.
Muy pocos tuvieron el privilegio de contar con un proceso completo de cuatro años previos al Mundial, como los que iniciaron Bora Milutinovic, José Antonio Roca, Ricardo La Volpe, Juan Carlos Osorio y “Tata” Martino.
Dirigir un representativo nacional no es tarea fácil, puesto que en realidad no se tienen a los jugadores todo el tiempo, ya que se deben a sus clubes y equipos respectivos, quienes les pagan y sostienen sus carreras individuales en nómina, algunos con contratos por temporadas que se tienen que cumplir.
El caso de Javier Aguirre, técnico nacional, es muy peculiar: llega, por decirlo de “rebote”, a tomar al equipo tricolor —como se dice en el argot futbolístico— de “bombero”, al no ser considerado en un principio en un proceso mundialista (en dos ocasiones), siendo esta su tercera participación al frente del equipo azteca.
El vaticinio de algunos comentaristas televisivos es de fracaso para nuestra selección, argumentando que es la peor conformada, con jugadores que no son relevantes (según ellos). Ya sabemos de quiénes se trata, incluyendo la negativa y animadversión hacia el propio técnico nacional.
Destaca el más nefasto de todos, con la etiqueta del más prosaico y vulgar: Gustavo Mendoza (Fox Sports), quien se atrevió a pedir la renuncia del “Vasco” Aguirre de una manera poco ética y nada profesional. Para colmo, el exfutbolista Carlos Hermosillo aplaudió su discurso barato, al igual que el neófito Alex Blanco, conductor del programa “La Última Palabra” de Fox Sports, tras aquella goleada de Colombia por 4-0, amistoso (2025).
Recordamos que nada dijeron en aquel humillante 7-0 en Estados Unidos, en un torneo oficial infringido por la selección chilena en la era Osorio, con Ochoa, “Chicharito”, Lozano y demás, como la humillación más grave de los últimos tiempos para nuestro representativo nacional. Para consuelo de los nuestros, el pentacampeón Brasil, en su propio país, fue eliminado muy temprano por Alemania con el mismo marcador (7-0), para sorpresa de todos, en el Mundial de 2014.
Como dice el eslogan publicitario “México, el equipo de todos”. No existe club alguno que represente sino a su propio país, en una justa que pocos pueden presumir en un universo de miles de futbolistas que sueñan con representar a su nación en un Mundial.
Cada generación es diferente, con jugadores y condiciones diversas, adaptados a las circunstancias del momento que les tocó desarrollar, en un marco igualmente difícil y competitivo. Como diría el “Perro” Bermúdez… ¡Vamos, muchachoooos!
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