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CULTURA

Frida Tejeda, escritora en formación: Escritura, docencia y gestión cultural

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Conciencia en la Cultura, por Luis Ignacio Arias

En el panorama literario joven comienzan a aparecer autoras que construyen su camino a partir de talleres, convocatorias y espacios independientes. Entre ellas se encuentra Frida Tejeda, quien ha encontrado en la literatura un espacio de trabajo constante y una ruta para dar forma a su voz. A lo largo de los años, ha creado y participado en iniciativas de lectura y escritura, llevando su trabajo creativo a distintos espacios culturales.

Ejemplo de ello es su libro El hueco, publicado en la colección La Maleta de Hemingway, el cual reúne cuentos escritos a lo largo de varios años. Además, ha impulsado la lectura y la escritura de poesía a través de su club Poesía al Centro.

Frida comenzó a escribir durante la adolescencia, motivada por una experiencia común en esa etapa de la vida, que buscó procesar a través del lenguaje. “Me rompieron el corazón, yo era adolescente y busqué cómo transmitir mis emociones a través de algún medio”. Su primer poema surgió en ese contexto y fue compartido con profesores que, según relata, la motivaron a continuar, no tanto por el valor del texto, sino por el entusiasmo con el que escribía. “Yo sentí que acababa de escribir algo súper importante… y ellos no me lo despreciaron en lo absoluto”.

Durante la preparatoria ingresó a un taller de promoción de lectura, espacio que considera fundamental en su acercamiento a la literatura. Ahí conoció autoras y autores que influyeron en su sensibilidad, principalmente Alejandra Pizarnik. “Tal vez leí otros antes que ella, quizá cosas de mitología griega, pero quien realmente generó un impacto en mi perspectiva de la escritura fue ella; fue un parteaguas para mí”.

También reconoce la relevancia de la literatura juvenil en su propio proceso lector y en el de las nuevas generaciones. “Hay lecturas clásicas muy buenas y muy malas… igual que en la literatura juvenil”.

Uno de los momentos clave en su formación ocurrió cuando decidió participar en el Premio FIL Joven de Creadores. Antes de ese concurso había enviado textos a diversas convocatorias sin obtener los resultados esperados. Ganar el premio representó un cambio significativo. “Fue una mezcla de alegría y de mucho orgullo… no esperaba ganar”.

Este reconocimiento funcionó como una confirmación temprana de su vocación. “Fue una confirmación de lo que quiero hacer, y fue justo cuando tomé la decisión de estudiar Letras, porque no había otra carrera que se acoplara a lo que yo quería, que era leer y aprender a escribir”.

Al ingresar a la carrera de Letras Hispánicas, enfrentó un periodo de adaptación marcado por dudas. “Sentía que no era lo suficientemente buena como para estar ahí”. Describe el ambiente como competitivo, aunque reconoce que la formación académica le permitió desarrollar herramientas de análisis y pensamiento crítico. “Era un proceso entre amor y odio”.

Tras concluir sus estudios, trabajó en una librería, experiencia que le permitió conocer el funcionamiento comercial de la industria editorial. Posteriormente se incorporó a la docencia, primero a través del servicio social y después como actividad profesional. “Me di cuenta de que tenía la capacidad de diseñar actividades que motivan a los alumnos a escribir”. Aunque disfruta la enseñanza, mantiene como objetivo central continuar su desarrollo como escritora. “Nunca he perdido de vista que quiero escribir y que me gustaría vivir de ello”.

En 2023 fue seleccionada para publicar El hueco, un volumen de cuentos reunidos a partir de textos escritos para distintas convocatorias. “Tenía mis cuentos, que yo llamaba los cuentos fracasados, no porque fueran malos, sino porque los había enviado a concursos y no ganaban. Se quedaban como finalistas. Durante la pandemia y al final de la carrera, empecé a escribir específicamente para convocatorias; si no ganaban, los guardaba”.

La publicación del libro marcó un nuevo impulso en su trayectoria. “Fue como el logro del premio FIL, pero triplicado”.

Frida escribe principalmente de noche, en espacios silenciosos. Distingue claramente entre su proceso creativo en poesía y en narrativa: la primera puede surgir en contextos cotidianos, mientras que el cuento exige mayor concentración. Reconoce, además, que suele trabajar bajo presión. “Soy una adicta a la adrenalina… necesito sentir presión para accionar”. La mayoría de los cuentos del libro fueron escritos con fechas límite muy cercanas.

En 2025 creó Poesía al Centro, un club de lectura dedicado al acercamiento accesible y dialogado a la poesía contemporánea. El proyecto reúne a lectores jóvenes y adultos en sesiones periódicas —el segundo domingo de cada mes— donde se comentan obras desde una perspectiva abierta, sin jerarquías académicas. El objetivo es generar un punto de encuentro para quienes buscan iniciarse o profundizar en el género, a partir de lecturas colectivas y conversaciones que favorecen la interpretación personal y el intercambio de experiencias.

Actualmente, Frida Tejeda trabaja como docente y participa activamente en iniciativas de lectura y escritura. Su propósito es sostener una trayectoria vinculada al trabajo literario y al quehacer cultural, así como continuar desarrollando proyectos que fortalezcan ambas áreas.


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