JALISCO
Juan Pablo II en Guadalajara: 47 años de una visita que marcó época
Por Francisco Junco
Transcripción de texto a voz
Guadalajara amaneció distinta aquel 30 de enero de 1979. No era un día cualquiera; por primera vez, un Papa pisaba suelo tapatío. Juan Pablo II, recién electo y aún desconocido para muchos, llegaba a una ciudad que lo esperaba con calles llenas, campanas repicando y una expectativa que se sentía en el aire.
Desde temprano, miles de personas se congregaron en distintos puntos del área metropolitana. La visita formaba parte del primer viaje internacional del pontífice y de su primera gira por México. En Guadalajara, el Papa celebró misa en la Basílica de Zapopan, se reunió con seminaristas y sostuvo encuentros con trabajadores, en una agenda intensa que se desarrolló en pocas horas pero dejó una huella duradera.
El Estadio Jalisco fue uno de los escenarios centrales. Ahí, frente a una multitud que llenó las gradas, Juan Pablo II habló de dignidad, trabajo y esperanza. Su mensaje, transmitido por radio y televisión, se convirtió en uno de los momentos más recordados de aquella jornada. Para muchos asistentes, fue la primera vez que vieron de cerca a un Papa; para otros, un acontecimiento histórico irrepetible.
La ciudad respondió con fervor. Banderas, mantas improvisadas y aplausos acompañaron el recorrido papal. Guadalajara se mostró al mundo como una capital profundamente religiosa, pero también como un punto clave en la relación entre México y el Vaticano, en un contexto donde los vínculos Iglesia-Estado aún se encontraban en proceso de normalización.
Cuarenta y siete años después, la visita sigue presente en la memoria colectiva. Fotografías en blanco y negro, testimonios familiares y archivos periodísticos dan cuenta de un día que alteró la rutina urbana y quedó inscrito en la historia local. No fue solo una visita pastoral. Fue un acontecimiento social y mediático de gran alcance.
Juan Pablo II regresaría a México en otras ocasiones, pero Guadalajara solo lo recibiría una vez. Bastó esa jornada para convertir su paso por la ciudad en referencia obligada cuando se habla de la historia contemporánea del catolicismo en Jalisco.
Hoy, a 47 años de distancia, aquel día permanece como un punto de convergencia entre fe, ciudad y tiempo. Una visita breve, intensa y profundamente simbólica, que sigue siendo evocada cada enero en la capital jalisciense.



