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Futbol, negocio y propaganda: La maquinaria mediática llamada América
Miscelánea Deportiva, por Esteban Trelles Meza
Si alguien tenía dudas —y pecaba de ingenuo— sobre el papel de los federativos, los dueños de equipos y el aparato mediático diseminado en todas las empresas televisivas, basta observar que ante la primera victoria y los primeros goles, la línea editorial es una sola: el América.
Los conductores neófitos, soberbios, prepotentes y engreídos forman parte del ADN de la estirpe americanista, contagiados todos, empezando por su presidente, la prensa y la propia afición. Ciertamente, el inicio del torneo no define al próximo campeón; sin embargo, el Rebaño Sagrado marcha invicto en el incipiente Clausura 2026 de la Liga MX.
En el comparativo obligado entre los máximos equipos de este país, al América lo derrotó el Atlético San Luis, humillándolo en su propia casa. Por otro lado, Guadalajara ganó a domicilio y suma un invicto de cuatro encuentros que lo mantienen en la cúspide, venciendo precisamente al equipo potosino.
¡Oh, sorpresa! ESPN, con el nefasto Álvaro Morales, magnifica la victoria del América ante Necaxa. Por el contrario, su ceguera y fanatismo nublan la conciencia al calificar de espurio el triunfo de Chivas, cuando la realidad es que en el primer tiempo el “chiverío” arrasó al San Luis y en el segundo supo sobrellevar las acciones. Lo mejor: su goleador, la “Hormiga” Armando González, se hizo presente en el marcador, ratificando su calidad como campeón de goleo del torneo pasado.
Obviamente, el inicio editorial fue para su equipo América, resaltando que se sacudieron la malaria de un pésimo arranque sin victorias ni goles.
Por otro lado, Fox Sports, con el americanista de clóset disfrazado de “puma”, villamelón y neófito del futbol —por decirlo de manera elegante—, se desvivió elogiando al América y magnificando su triunfo. El conductor de “La Última Palabra”, Alex Blanco, omitió que la expulsión de un jugador necaxista condiciona cualquier partido, volviéndolo inevitablemente desigual.
Ahora bien, Guadalajara es el mejor equipo de la Liga en toda la extensión de la palabra, con empaque y conjunción. Lo realizado la temporada anterior, con un cierre invicto, se ratifica en este inicio de 2026.
En Televisa, como era de esperarse, sus serviles comentaristas se ponen la camiseta americanista, destacando el caso del “Ruso” Zamogilny —argentino, por cierto—, quien minimiza el triunfo de Guadalajara. Para Ripley, el propio Faitelson reconoció la superioridad de los tapatíos, algo que está fuera de discusión.
Si las televisoras fueran neutrales, el editorial de sus programas sería “El Rebaño Sagrado”, por su marcha invicta y por ser el mejor equipo del momento, con condiciones claras para campeonar. Incluso, gracias al “Chicharito”, se frustró la posibilidad de una victoria merecida ante Cruz Azul, que los eliminó en la Liguilla pasada.
El tema central de esta crónica deportiva es la ingratitud de los directivos americanistas en el caso de Álvaro Fidalgo, español hecho futbolísticamente en México gracias a la titularidad que le otorgó el técnico argentino Santiago Solari, quien lo trajo al club. Con similitudes al estilo de juego del joven medallista olímpico Sebastián Córdova, Solari proyectó a Fidalgo, mientras marginó a Córdova, relegándolo a la banca.
Posteriormente, el técnico mexicano Miguel “Piojo” Herrera rescató a Córdova para llevárselo a la UANL. Tras la salida del entrenador, quedó a la deriva, hasta destacar en la final contra Guadalajara, donde en apenas 20 minutos remontaron un 2-0 para arrebatarles el campeonato. Córdova fue clave para la obtención del título con los felinos, bajo la dirección de Siboldi.
Fidalgo es, a nuestro juicio, el jugador más valioso del América, comparable con los mejores de cualquier época. Difícilmente erraba un pase; era una “hormiguita” dueña de la media cancha. Si bien no contaba con un gran disparo ni destacaba por el juego aéreo, poseía una visión y dinámica sobresalientes, además de un comportamiento ejemplar dentro y fuera de la cancha.
Tras una temporada intermitente el torneo pasado, de pronto quedó fuera del club. Incluso, la abrumadora campaña para nacionalizarlo y llevarlo al Tricolor rumbo a 2026 quedó en nada por culpa de federativos sin escrúpulos, bajo el pretexto de su repentino regreso a su país, a equipos medianos y sin proyección real, como el Real Betis.
El América se desprende de jugadores valiosos como si fueran del montón: Diego Valdés, “Cabecita” Rodríguez, Quiñones, Richard Sánchez. Este último, en especial, jamás fue valorado: mediocampista con gol, profesional, casi nunca titular, relegado a ser un relevo de lujo.
Óscar Guzmán, excelente conductor de Fox Sports y fanático recalcitrante del América —nadie es perfecto—, desde el primer campeonato de los “cremosos” ya los calificaba como equipo de época. Sabe de futbol, es educado y sensato en sus apreciaciones, pero tratándose del América pierde piso: el hígado le gana al cerebro.
No se puede comparar un campeonato anual con uno semestral. Nadie en México, ni en otras partes del mundo, ha logrado la proeza de Guadalajara, ganando siete de nueve campeonatos consecutivos y ocho en total durante la era del “Campeonísimo”.
Ahora resulta que el tricampeonato del América ya presenta desgaste, según sus comentaristas recalcitrantes, minimizando lo realizado por el “Campeonísimo” Guadalajara. El susodicho “Pollo” Ortiz afirma que eso pertenece a la prehistoria, cuando los rojiblancos fueron base de las selecciones mundialistas de Suecia 1958, Chile 1962 e Inglaterra 1966.
La grandeza de un equipo no se mide por el valor de su franquicia ni por la nómina de sus jugadores, sino por la calidad humana, la ética y la humildad. Este último concepto no existe en la institución americanista; por el contrario, la soberbia y la prepotencia los definen, contagiando a comentaristas y afición.
A Cuauhtémoc Blanco, su máxima estrella tribunera, le negaron un partido de despedida en cancha, decisión avalada por Ricardo Peláez y el entonces presidente del club. Son muchos los jugadores que salen por la puerta de atrás, a quienes el propio club les niega reconocimiento y agradecimiento por los servicios prestados.
Héctor Miguel Zelada, uno de los mejores guardametas en la historia del club, no mantiene buenas relaciones con la institución; por el contrario, permanece marginado y olvidado, aun estando involucrado en el entorno del futbol.
Carlos Santos, brasileño, ha mendigado trabajo como director técnico, desperdiciado por los suyos, y así sucede con muchos referentes. Algunos tienen mejor suerte, como el “Ruso” Brailovsky, argentino trotamundos y brillante jugador que encontró su camino como comentarista, aunque muy limitado para apreciar el futbol. Su ADN de soberbia y prepotencia lo lleva a alabar permanentemente a su exequipo con un discurso repetitivo y barato: “hay que llenar la alacena”, “se tiene que comer atacando al América”, “muchos viven de su grandeza”, entre otras frases de servilismo patético.
Fox Sports lo sostuvo durante mucho tiempo en “La Última Palabra” y hoy lo mantiene en “Punto Final”. Jamás se quitó la camiseta crema; la empresa lo respalda pese a su pobre desempeño como comentarista.
El tema del retiro del futbolista profesional es complejo. Lo ideal sería contar con una mutualidad, un fondo económico que evite que muchos terminen en la ignominia y el olvido. Somos conscientes de que no se puede apoyar a todos ni rescatarlos de los vicios —principalmente el alcohol— o de malos manejos administrativos personales que los conducen a la pobreza extrema.
Se necesita una verdadera revolución de conciencia humanista para implementar una cultura de reconocimiento a los héroes deportivos, honrarlos en vida según sus logros. Un fondo económico de retiro, con la participación de clubes, empresas, cerveceras y los propios futbolistas consagrados que ganaron millones, permitiría crear un esquema retroactivo y permanente.
Cada club debería establecer un carnet o pase vitalicio a los estadios para sus jugadores referentes, simbólicos y mundialistas.
Por último, hay que señalar que casi todos los clubes hacen lo mismo. Lo peor es el abandono de Salvador Cabañas, paraguayo y goleador en su época, quien tras recibir un balazo en la cabeza fue dejado a su suerte por su club, alejándolo definitivamente de las canchas.
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