ENTREVISTAS
Antonio Talamantes, director de Leche para el Bienestar: «Queremos fortalecer al productor lechero mexicano»
Por Gabriel Ibarra Bourjac
“No importaremos ni un kilo de leche en polvo. Queremos fortalecer al productor lechero mexicano, garantizando precios justos y una comercialización segura. Queremos tener compra de 800 millones de litros anuales en 2026 y de 1,300 millones para 2030”, precisa Antonio Talamantes Geraldo, director general del programa Leche para el Bienestar, en entrevista exclusiva con Conciencia Pública, al hablar de la “Estrategia de Crecimiento 2026-2030”.
“Queremos pasar de atender a 7.26 millones de derechohabientes en 2026 a 10 millones en 2030”, indica Talamantes Geraldo, al señalar que el programa Leche para el Bienestar se posiciona como una de las apuestas más ambiciosas del gobierno federal para fortalecer la soberanía alimentaria y el desarrollo rural.
Antonio Talamantes proyecta 2026 como el año de consolidación de Leche para el Bienestar: un programa que busca transformar el campo mexicano y la alimentación de millones de familias, pero que requiere una ejecución impecable para cumplir sus metas históricas.
Para alcanzar estos objetivos, se trabaja en un incremento histórico en la compra de leche fresca nacional y en una expansión sin precedentes de infraestructura productiva.
El campo mexicano, en los últimos años, ha enfrentado retos estructurales: precios bajos de sus productos, importaciones masivas y carencia de mercados justos.
Durante 2026 y 2027, Leche para el Bienestar fortalecerá su infraestructura de 10 a 12 plantas productivas, así como la apertura de 31 nuevos centros de acopio, alcanzando 85 centros en operación.
En Campeche se instala una planta pasteurizadora con una inversión de casi 140 millones de pesos, que en un inicio procesará 100 mil litros de leche diarios. Esto permitirá la incorporación de productores al programa Leche para el Bienestar y la puesta en marcha de centros de acopio.
En Michoacán se instala una planta de secado que permitirá comprar hasta 250 mil litros adicionales por día en la región de Occidente.
“Con estas acciones consolidamos una cadena productiva sólida, justa y sustentable, garantizando el derecho a una alimentación suficiente y nutritiva, al tiempo que se impulsa el desarrollo del campo mexicano.
“Leche para el Bienestar refrenda el compromiso con México: apoyar a nuestras productoras y productores, proteger la economía nacional y asegurar la distribución de leche 100% mexicana, de la más alta calidad, para quienes más la necesitan”, expresa Antonio Talamantes.
LOS GRANDES DESAFÍOS
¿Cuáles son los grandes desafíos logísticos y de infraestructura en este 2026 de Leche para el Bienestar, antes Liconsa?
El reto logístico es enorme: pasar de acopiar 500-600 millones de litros anuales a 800 millones en 2026 y a 1,300 millones para 2030, lo que implica una cadena de frío perfecta, más centros de acopio (de 54 a 85) y dos nuevas plantas de gran capacidad (Campeche y Michoacán). Cualquier falla en la refrigeración o en el transporte puede afectar la calidad del producto y generar pérdidas económicas para el productor.
“Estamos invirtiendo en cisternas refrigeradas, capacitación para transportistas y monitoreo satelital, pero la geografía de México —con regiones montañosas y caminos rurales en mal estado— hace que cada litro llegue con esfuerzo”.
¿La variabilidad climática cómo afecta la producción de leche y qué acciones realizan para que sus objetivos de crecimiento no se vean limitados?
El cambio climático ya impacta la producción lechera: sequías en el Bajío y en el norte, inundaciones en el sur y olas de calor que reducen la producción por estrés térmico en los animales. En 2025 vimos caídas de hasta 15% en algunas regiones.
Para contrarrestarlo, estamos impulsando esquemas de seguros catastróficos, silos de forraje y asesoría técnica para mejorar la alimentación del ganado. No podemos controlar el clima, pero sí podemos ayudar al productor a ser más resiliente.
Sobre la competencia desleal y precios bajos:
El principal desafío sigue siendo el mercado informal y la competencia desleal de leche en polvo importada barata. Muchos productores pequeños venden a acopiadores que pagan muy por debajo del costo real. Nuestro precio de garantía es superior, pero necesitamos llegar a más hatos para que vean en el programa un comprador estable. Estamos trabajando con gobernadores y municipios para identificar y certificar productores que quieran sumarse formalmente.
Sobre la calidad y el rechazo de producto:
“La calidad es no negociable. Si la leche llega con antibióticos, baja grasa o fuera de rango de temperatura, la rechazamos. Esto protege al consumidor y obliga al productor a mejorar prácticas sanitarias. El desafío es acompañar esa exigencia con capacitación y financiamiento, para que el rechazo no se convierta en castigo”.
En 2025 rechazamos alrededor del 8% del volumen; queremos bajar ese porcentaje en 2026 con más asistencia técnica.
Sobre la meta de 10 millones de beneficiarios en 2030: “Es ambiciosa, pero alcanzable si logramos mantener el ritmo de expansión. El reto mayor no es solo producir más litros, sino llegar a zonas de alta marginación —especialmente indígenas y rurales profundas—, donde la distribución es más costosa y compleja.
“A los productores les expresamos que este programa es suyo. No es caridad; es un mercado justo y estable que valora su esfuerzo. A las familias: la leche que reciben es fresca, nacional y nutritiva. Es un derecho que estamos haciendo realidad.
“2026 será duro, pero estamos listos para enfrentarlo con transparencia, planeación y compromiso”.
¿Cuál es el objetivo central de esta estrategia?
El objetivo es muy claro: fortalecer al productor lechero mexicano, garantizarle precios justos y una comercialización segura y, al mismo tiempo, ampliar el acceso a leche de calidad para las familias más vulnerables. Queremos pasar de atender a 7.26 millones de derechohabientes a 10 millones para 2030, acopiando cerca de 800 millones de litros anuales en 2026 y 1,300 millones en 2030. Y lo más importante: 100% de esa leche será nacional. “No importaremos ni un kilo de polvo”.
¿Por qué el énfasis en leche fresca nacional y no en importar?
Porque la importación de leche en polvo ha sido históricamente un mecanismo que desplaza al productor nacional, baja los precios en el campo y debilita la cadena productiva interna. Al comprar directo al productor mexicano, generamos un círculo virtuoso: el campo recibe ingresos estables, la industria procesa materia prima local y las familias vulnerables reciben un producto fresco, de mayor calidad nutricional y con trazabilidad completa. Es soberanía alimentaria en los hechos.
¿Cómo se traduce esto en infraestructura?
Vamos a pasar de 10 a 12 plantas productivas entre 2026 y 2027, y de 54 a 85 centros de acopio con la apertura de 31 nuevos puntos. Dos proyectos estratégicos marcan esta expansión: una planta pasteurizadora en Campeche, con capacidad de 100 mil litros diarios, que fortalecerá el sur-sureste; y una planta de secado en Michoacán, que nos permitirá adquirir hasta 250 mil litros adicionales por día en el occidente. Esto no es solo más capacidad: es descentralizar la producción, reducir costos logísticos y acercar el programa a regiones donde el campo más lo necesita.
¿Qué garantías hay para que los productores reciban precios justos?
El programa ya opera con precios de referencia superiores al mercado informal en muchas regiones. Con más centros de acopio y mayor volumen de compra, reducimos intermediarios y fortalecemos la negociación directa. Además, trabajamos en esquemas de financiamiento y asistencia técnica para que los productores incrementen su productividad sin endeudarse. El compromiso es que la cadena sea rentable para quien produce, no solo para quien procesa o distribuye.
¿Cómo se asegura la calidad y el impacto nutricional?
La leche que distribuimos es pasteurizada, fresca y con controles sanitarios estrictos. Cumple con la norma oficial mexicana y está enriquecida con vitaminas A, B2, C y D, ácido fólico, zinc, hierro, calcio, entre otros nutrientes y minerales que la población requiere para un mejor desarrollo y una mejor alimentación, especialmente para combatir deficiencias nutricionales en la población infantil y en adultos mayores. Estamos hablando de un alimento estratégico para combatir la desnutrición y la anemia, particularmente en comunidades rurales e indígenas.
¿Qué mensaje le daría a los productores lecheros y a las familias beneficiarias?
“A los productores: este programa es suyo. No es asistencialismo; es un mercado seguro y justo que reconoce su esfuerzo. A las familias: la leche que reciben es 100% mexicana, fresca y nutritiva. Es un derecho constitucional que estamos haciendo realidad.
“En 2026-2030 vamos a llegar a 10 millones de personas con un sistema más fuerte, más equitativo y más mexicano”.
Con esta estrategia, Leche para el Bienestar se consolida como una de las políticas sociales más ambiciosas del sexenio en materia de alimentación y desarrollo rural. El desafío ahora es la ejecución: que la expansión de plantas y acopio se traduzca en precios dignos para el campo y leche de calidad en las mesas de los más vulnerables.



