JALISCO
Movilidad sin reglas
Opinión, por Rocco Palomera
En el Área Metropolitana de Guadalajara (AMG), la movilidad ya no es solo un problema de tráfico. Es un problema de seguridad pública, de omisiones acumuladas y de decisiones que se toman tarde o, peor aún, que no se toman. Aquí se pedalea, se acelera y se esquiva con la sensación constante de que nadie está realmente a cargo.
Empecemos por lo elemental, por aquello que en cualquier ciudad que se tome en serio la movilidad debería ser incuestionable: el casco. En el sistema MiBici no es obligatorio. No lo exige el reglamento, no se sanciona su ausencia y tampoco se impulsa con campañas contundentes. Miles de usuarios circulan todos los días con la cabeza descubierta, compartiendo espacio con autos, camiones, motocicletas y ahora scooters (patines) eléctricos. No es una decisión informada del usuario; es una falla estructural de la autoridad.
El escenario se vuelve todavía más alarmante con el anuncio del gobernador Pablo Lemus durante su Primer Informe: mil 200 bicicletas eléctricas comenzarán a circular entre marzo y abril de este año, además de una cantidad no especificada de scooters. Esto porque —dijo— Guadalajara debe contar con bicicletas de “primer mundo”. Bicicletas más pesadas, más rápidas y con mayor potencial de daño en caso de accidente. ¿También circularán sin casco obligatorio? Si eso ocurre, no será un descuido administrativo: será una irresponsabilidad política.
Los scooters, por su parte, ya demostraron que el vacío legal no es una discusión teórica. Ya murió una persona. Los accidentes van en aumento en el AMG, según registros periodísticos. Algunos de estos vehículos han sido captados por fotomultas excediendo la velocidad permitida.
El problema es grotesco: las cámaras de fotomultas —que ya se anunció se ampliarán en distintos puntos de la ciudad— los detectan, pero no los pueden multar porque no tienen placas ni censo. Se sabe que infringen la ley, pero no hay a quién cobrarle. Así funciona hoy la movilidad del futuro.
Mientras tanto, los scooters circulan por donde pueden y por donde no deberían: avenidas principales, ciclovías saturadas e incluso carriles exclusivos del Macrobús. Todo ocurre ante la pasividad de las autoridades, que optan por medidas aisladas —como lo hace el Ayuntamiento de Guadalajara al prohibirlos en la Vía RecreActiva— en lugar de construir un marco integral de reglas claras, sanciones efectivas y criterios de convivencia vial.
Y, aun así, los datos oficiales presumen éxito. MiBici acumula más de 35 millones de viajes desde su arranque y más de 200 mil usuarios registrados. La infraestructura ciclista pasó de 175 a 332 kilómetros en apenas tres años. Todo eso suena bien en el discurso. El problema es lo que no se dice: la llegada desordenada de nuevos vehículos sin reglas claras ni condiciones mínimas de seguridad.
Las ciclovías del AMG son hoy espacios de conflicto permanente. Conviven bicicletas mecánicas, bicicletas eléctricas, scooters y motocicletas. Sí, motocicletas. Miles de ellas invaden carriles ciclistas todos los días sin sanción alguna. La infraestructura que se presume como logro se ha convertido en un territorio donde impera la ley del más fuerte y del más rápido.
Las cifras de muerte lo confirman. En 2025 murieron al menos 13 ciclistas arrollados, de acuerdo con el colectivo Bicicleta Blanca. Trece personas que no regresaron a casa. Trece historias que no pueden reducirse a “accidentes”, porque cuando el riesgo es conocido y se decide no actuar, lo que hay es negligencia institucional.
La narrativa oficial insiste en hablar de movilidad sustentable, innovación y futuro. Pero no hay futuro cuando se normaliza circular sin casco, cuando se tolera el exceso de velocidad, cuando se permite que vehículos sin registro invadan cualquier carril. Guadalajara no necesita más anuncios ni más vehículos en la calle. Necesita reglas claras, exigencias mínimas de seguridad y autoridades dispuestas a hacerlas cumplir.
Porque mientras el casco siga siendo opcional, los scooters sigan siendo invisibles para la ley y las ciclovías sigan siendo tierra de nadie, la micromovilidad en el AMG no será una política pública: será una ruleta rusa sobre ruedas.



