MUNDO
El regreso del oro: Resurgimiento de un activo en tiempos de incertidumbre
Actualidad, por Alberto Gómez R.
Los primeros compases de 2026 han confirmado con creces una tendencia que los analistas financieros observan con atención creciente: el oro ha recuperado su sitial como activo de reserva por excelencia, y lo ha hecho en un contexto de transformaciones geopolíticas profundas.
Lejos de tratarse de una moda pasajera impulsada por la volatilidad de los mercados, la acumulación sistemática de oro por parte de los bancos centrales responde a una estrategia deliberada y de largo plazo.
Los datos que arroja este primer mes y medio del año son elocuentes: Polonia, el mayor comprador de los últimos dos años, acaba de anunciar una nueva adquisición de 150 toneladas; China extiende su racha compradora a quince meses consecutivos; y en Alemania, la tercera economía del mundo, resurge con fuerza el debate sobre la repatriación de las reservas de oro almacenadas en Estados Unidos. Todos estos movimientos, lejos de ser casualidades, dibujan el mapa de un nuevo orden monetario que se construye sobre la desconfianza en el unilateralismo y la búsqueda de soberanía financiera.
POLONIA: EL GIGANTE COMPRADOR QUE NO CESA
Si hay un país que simboliza esta fiebre del oro estatal, ese es Polonia. El Banco Nacional de Polonia ha aumentado sus reservas de lingotes a alrededor de 550 toneladas, valoradas en más de 63.000 millones de euros, pero el anuncio realizado el 20 de enero de 2026 marca un hito: la entidad ha aprobado un plan para adquirir 150 toneladas adicionales del metal precioso.
Pero las ambiciones del banco son de gran alcance: el objetivo es tener 700 toneladas de oro y que el valor total de las reservas de lingotes sea de unos 400.000 millones de zlotys (94.000 millones de euros).
Esta cifra no es menor: colocaría a Polonia entre los diez países con mayores reservas de oro del planeta, un salto impresionante para una nación que en 2016 apenas contaba con 103 toneladas, lo que representaba un magro 3,32% de sus reservas totales.
En 2024, el oro representaba el 16,86 % de las reservas de divisas de Polonia. Las estimaciones a finales de diciembre de 2025 mostraban un aumento al 28,22 %, lo que marca uno de los cambios más rápidos en la estructura de reservas entre los bancos centrales del mundo.
Las transacciones de mayor tamaño se llevaron a cabo en los últimos meses de 2025, durante un período de mayor volatilidad del mercado y tensiones geopolíticas. (euronews.com)
Para entender esta obsesión polaca por el oro, es necesario mirar atrás en el tiempo. En una entrevista concedida a principios de febrero, Artur Soboń, miembro del consejo de gestión del NBP, explicó con crudeza la motivación histórica que subyace a la estrategia financiera: «La ruta de evacuación del oro polaco durante la Segunda Guerra Mundial, que atravesó Rumania, Líbano, Francia, el Sahel y finalmente llegó a Reino Unido, Estados Unidos y Canadá, sigue siendo un recuerdo profundo y doloroso».
Aquella odisea, en la que 79,5 toneladas de oro nacional recorrieron medio mundo para escapar del avance nazi, dejó una cicatriz imborrable en la memoria institucional del país. A ello se suma la experiencia de la posguerra, cuando gran parte de ese tesoro recuperado fue «malgastado» durante los años noventa, dejando al país con apenas 15 toneladas.
La estrategia actual, sin embargo, no responde únicamente a traumas históricos. El presidente del Banco Nacional de Polonia (NBP), Adam Glapiński, lleva años subrayando que el oro desempeña un papel especial en la estructura de las reservas. Es un activo libre de riesgo crediticio, independiente de las decisiones de política monetaria de otros países y resistente a shocks financieros.
En un mundo donde las sanciones financieras se han convertido en arma de guerra y donde la dependencia del dólar implica vulnerabilidad geopolítica, el oro ofrece una cualidad única: es el único activo con riesgo crediticio cero, independiente de las decisiones políticas de cualquier gobierno. Con la guerra en la vecina Ucrania como telón de fondo permanente, la máxima polaca de «manos que tienen oro, manos que no tiemblan» adquiere una vigencia renovada.
CHINA: LA COMPRA SILENCIOSA QUE NO SE DETIENE
Mientras Polonia acapara titulares con sus anuncios rimbombantes, China continúa su política de acumulación discreta pero incesante. El 7 de febrero, el Banco Popular de China (PBOC) publicó sus datos de reservas correspondientes a enero, revelando que las tenencias de oro aumentaron hasta 74,19 millones de onzas troy finas, frente a los 74,15 millones del mes anterior (investing.com).
Este incremento, aunque modesto en términos absolutos, adquiere relevancia por dos razones: primera, porque extiende a quince meses consecutivos la racha compradora del gigante asiático; y segunda, porque confirma que Pekín considera el oro una pieza clave en su estrategia de diversificación de reservas.
El valor de las reservas de oro chinas experimentó un salto espectacular en enero, pasando de 319.450 millones de dólares a 369.580 millones, un incremento que refleja tanto las nuevas adquisiciones como la revalorización del metal en los mercados internacionales (investing.com).
Este movimiento forma parte de una estrategia más amplia de desdolarización que, aunque lenta, resulta innegable: la participación del dólar en las reservas globales ha caído gradualmente desde el 71% de hace unas décadas hasta cerca del 58% en la actualidad.
Lo interesante del caso chino es que, a diferencia de Polonia, el PBOC no anuncia sus intenciones con bombos y platillos. De hecho, el banco central había pausado sus compras durante dieciocho meses, entre mayo de 2024 y finales de ese mismo año, para reanudarlas después sin mayor explicación.
Esta opacidad, sin embargo, no oculta una realidad: China está reduciendo su exposición al dólar y al sistema financiero occidental de manera sistemática, y el oro constituye la pieza angular de esa transición.
ALEMANIA: EL DEBATE QUE VUELVE CON FUERZA
Al otro lado del Atlántico, en el corazón de Europa, se libra una batalla de naturaleza distinta pero igualmente reveladora. Alemania posee las segundas mayores reservas de oro del mundo, aproximadamente 3.352 toneladas, solo superada por Estados Unidos.
De ese total, más de la mitad reposa en las bóvedas del Bundesbank en Frankfurt, pero una parte sustancial —cerca de 1.236 toneladas, equivalentes al 37% del total— continúa almacenada en la Reserva Federal de Nueva York. (themunicheye.com)
La Asociación de Contribuyentes Alemana ha lanzado recientemente un llamado urgente al Bundesbank para que acelere la repatriación de ese oro. El argumento es contundente y revelador de los nuevos tiempos: la creciente imprevisibilidad de la política estadounidense bajo la administración Trump, unida a la abultada deuda pública de Estados Unidos —que supera los 38 billones de dólares— y los enormes costos de servicio de esa deuda, podrían llevar a Washington a tomar decisiones unilaterales que afecten a los activos extranjeros bajo su jurisdicción.
El Bundesbank, por su parte, se muestra cauto. Su presidente ha reiterado la confianza en la seguridad de las reservas depositadas en Nueva York y en la solidez de la relación institucional con la Reserva Federal. Sin embargo, la presión social y política aumenta.
No es la primera vez que Alemania enfrenta este debate: en años anteriores, el Bundesbank ya repatrió cantidades significativas de oro desde Nueva York y París como parte de un esfuerzo por diversificar el almacenamiento y reducir la dependencia externa.
La diferencia ahora es el contexto: un Estados Unidos que ha mostrado su disposición a utilizar la coerción económica incluso contra sus aliados, como quedó patente en la reciente crisis de Groenlandia o en las permanentes amenazas arancelarias a Europa. (themunicheye.com)
LA FED Y EL FIN DEL AJUSTE CUANTITATIVO
Mientras los bancos centrales del mundo acumulan oro, la Reserva Federal estadounidense ha cerrado un capítulo importante de su propia historia. El programa de endurecimiento cuantitativo (QT, por sus siglas en inglés) concluyó oficialmente el 1 de diciembre de 2025, tras reducir el balance de la Fed en más de 2 billones de dólares desde su inicio en junio de 2022. Los últimos 200.000 millones de dólares en liquidez fueron retirados del sistema a principios de febrero de 2026, dejando el balance en aproximadamente 6,3 billones de dólares. (econoday.com)
Este cambio de régimen tiene implicaciones profundas para la liquidez global y, por extensión, para el atractivo del oro como activo refugio. Durante los años de ajuste, la reducción del balance federal encareció el crédito y drenó liquidez de los mercados, presionando a la baja el precio de activos no rentables como el oro. Con el fin del QT, la Fed ha pasado a operar en un «régimen de reservas amplias», donde su principal herramienta de política monetaria vuelve a ser la tasa de interés y no el tamaño de su balance (ainvest.com).
Este nuevo escenario, unido a unas expectativas de inflación controlada —el índice PCE se situó en el 2,6% en diciembre de 2025, cerca del objetivo del 2%—, abre interrogantes sobre el comportamiento futuro del oro.
La reciente volatilidad del metal precioso ha sido, precisamente, un reflejo de esta transición. El oro alcanzó un récord histórico cerca de los 5.600 dólares por onza en enero, impulsado por una ola especulativa, para desplomarse posteriormente hasta los 4.403 dólares tras el anuncio de la nominación de Kevin Warsh como próximo presidente de la Fed. A mediados de febrero, la cotización ronda los 4.960 dólares, en una muestra elocuente de la sensibilidad del metal a los cambios en las expectativas monetarias estadounidenses. (ainvest.com)
EL DÓLAR SIGUE REINANDO, PERO EL DEBATE ESTÁ ABIERTO
Mientras Donald Trump hace añicos el orden global basado en reglas, las instituciones oficiales (y los inversores privados) se apresuran a comprar oro: la proporción de este activo en las reservas de los bancos centrales se ha duplicado en la última década a más de una cuarta parte, el nivel más alto en casi 30 años.
Aunque esto refleja en parte el alza del precio del lingote, los expertos afirman que los bancos centrales también están llenando sus bóvedas como póliza de seguro ante un mundo volátil. Muchos también se apresuran a repatriar sus reservas de oro en el extranjero y a reducir drásticamente su exposición al dólar estadounidense.
“Hemos pasado de la Pax Americana a la discordia global, geopolíticamente. Es la ley de la selva, al ver lo que está haciendo Estados Unidos”, afirma Raphael Gallardo, economista jefe de la gestora de activos Carmignac.
Los inversores, tanto privados como soberanos, creen que sus reservas estratégicas ya no están seguras en dólares, ya que pueden ser confiscadas de la noche a la mañana. El dólar está perdiendo credibilidad como ancla nominal del sistema monetario global porque la Reserva Federal y el Congreso de Estados Unidos también la están perdiendo. (theguardian.com)
Lo que sí está cambiando de manera irreversible es la percepción del oro. Ya no es visto como una reliquia del pasado, propia de mentalidades atrasadas, sino como un activo estratégico en un mundo multipolar y crecientemente conflictivo. Polonia lo acumula por razones de seguridad nacional y memoria histórica. China lo hace como parte de una estrategia calculada de reducción de dependencias. Alemania debate repatriarlo por desconfianza en el socio estadounidense.
Y Argentina, en una escala menor, siente en sus reservas el impacto de sus fluctuaciones, como ocurrió el 11 de febrero cuando una caída del 2,9% en el precio del oro le restó 311 millones de dólares de sus reservas en una sola jornada. (Bloomberg.com)
El panorama que dibujan estos primeros meses de 2026 es el de un sistema monetario global en transición. No se trata del fin del dólar, ni mucho menos, pero sí de la constatación de que el mundo unipolar que emergió de la Segunda Guerra Mundial ha dado paso a una realidad más compleja y fragmentada.
En esa realidad, el oro recupera un protagonismo que había perdido durante décadas, no como alternativa al papel moneda, sino como complemento indispensable y como garantía última de soberanía financiera.
Los bancos centrales, custodios de la estabilidad económica de sus naciones, están enviando un mensaje claro con sus decisiones de compra y repatriación: en tiempos de incertidumbre, la confianza es un bien escaso, y el único activo que no depende de la palabra de ningún gobierno es el que brilla en las bóvedas bajo su propio control.
La pregunta que queda por responder es si esta tendencia, que hoy parece imparable, logrará moldear un nuevo orden monetario o si, por el contrario, el dólar demostrará una vez más su resiliencia histórica. Lo único seguro, por ahora, es que el brillo del oro en las reservas de los bancos centrales es hoy más intenso que nunca.




