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Tereso Medina asume la CTM en relevo ordenado de Aceves del Olmo

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Los Juegos del Poder, por Gabriel Ibarra Bourjac

La Confederación de Trabajadores de México (CTM) eligió el camino de la prudencia y la continuidad: Tereso Medina Ramírez como nuevo secretario general, en una sucesión sin sobresaltos ni fisuras visibles.

El 19 de febrero, en sesión a puerta cerrada en la sede de Vallarta 8, se registró la Planilla Única por la Unidad y el Futuro de la CTM, encabezada por el coahuilense de 63 años, secretario general adjunto nacional y líder histórico de la Federación de Trabajadores del Estado de Coahuila.

No surgió ningún contendiente. La Comisión Electoral Temporal lo ratificó sin drama: nadie más levantó la mano. El XVII Congreso Nacional Ordinario del 23 y 24 de febrero será, en lo esencial, una ceremonia de coronación protocolaria.

Esto confirma lo que anticipé: la unidad no era un deseo retórico, sino un cálculo frío de supervivencia. Carlos Aceves del Olmo, a sus 85 años y tras una década al frente, impuso el consenso como condición inquebrantable. Renunció voluntariamente —rompiendo la tradición de morir en el cargo, como Fidel Velázquez, Leonardo Rodríguez Alcaine o Joaquín Gamboa Pascoe— y dejó claro que una fractura sería letal para una central que ya ha perdido terreno frente a la 4T, los sindicatos independientes y la reforma laboral de 2019.

Teresol Medina encaja en el perfil más viable para evitar el colapso: control territorial sólido (Coahuila como bastión automotriz y minero), trayectoria sindical sin manchas graves públicas, interlocución probada con el gobierno federal (incluido Morena) y un matiz de renovación generacional —no es octogenario, pero tampoco un outsider disruptivo—.

Su discurso inicial ya evoca deudas pendientes: transparencia sindical, defensa del ingreso trabajador, revisión de la jornada a 40 horas, adaptación al T-MEC y hasta el impacto de la inteligencia artificial en el empleo. Palabras modernas para una organización que muchos perciben anclada en el siglo XX.

Sin embargo, esta “unidad” es de cúpula. Perfiles que sonaron fuerte —Fernando Salgado Delgado (con puente legislativo y generacional), Alfonso Godínez Pichardo (dominio en la CDMX por su peso económico), Gerardo Cortés García, Ismael Flores Cantú o Juan Huerta Peres (fuerte liderazgo desde Jalisco)— optaron por respaldar al coahuilense.

No hubo ring de facciones; hubo pacto previo, probablemente negociado en las sombras de las federaciones clave. Eso asegura estabilidad inmediata, pero también continuidad conservadora: la CTM prioriza el entendimiento con el poder en turno antes que una renovación que arriesgue rupturas.

El dilema persiste: ¿unidad a costa de estancamiento, o transformación que pueda desangrarla? Por ahora triunfó la primera. Medina heredará una central con millones de afiliados declarados, pero con influencia menguante, críticas por opacidad y el reto de adaptarse a una democracia sindical real sin diluir el control interno.

Si teje puentes genuinos con el gobierno de Claudia Sheinbaum, transparenta finanzas y atrae a generaciones jóvenes sin ceder terreno a la UNT o sindicatos amarillos, podría revitalizarla.

De lo contrario, será otro capítulo de mera supervivencia como ha sucedido hasta hoy 2ue ha ido menguando al paso de los años.

Carlos Aceves sale por la puerta grande: ordenado, sin escándalos finales y con relevo pactado. La CTM, una vez más, opta por no jugársela. Sobrevive, pero ¿vive realmente?

La prueba de fuego para Tereso Medina inicia el 24 de febrero, cuando la confederación fundada por Vicente Lombardo Toledano cumpla 90 años —y recuerde que su mayor fortaleza la construyó Fidel Velázquez durante más de medio siglo como pilar obrero.

Tereso Medina encarna una visión que intenta reconciliar la herencia histórica con los imperativos actuales. En la entrevista que me concedió en septiembre de 2023 para Conciencia Pública, afirmó que el sindicalismo mexicano vive “una nueva era” gracias a la reforma laboral de 2019 —una “primavera” que acabó con la simulación de los contratos de protección y devolvió a los trabajadores la libertad real de elegir representación—.

Para él, no es retroceso, sino oportunidad estelar para que la CTM retome su esencia: izquierda, progresista y demócrata. Rechaza el estigma de letargo post-Fidel; habla de adecuación necesaria en un país transformado, donde el corporativismo tradicional ya no cabe.

Su pensamiento se arraiga en el respeto a los líderes que lo moldearon —Fidel, Rodríguez Alcaine, Gamboa Pascoe y, sobre todo, Aceves del Olmo, a quien admira como dirigente “a la altura de las circunstancias” por su cautela e inteligencia para priorizar la central sobre confrontaciones—.

Se define como “nacido en la unidad”, negociador nato, de propuestas y no de protestas; ha aprendido de esos maestros, pero se actualiza ante la Cuarta Revolución Industrial, la IA, la transición eléctrica, la equidad de género y la inclusión. Insiste en superar estigmas del pasado —el “sindicalismo charro” es “letra muerta”— y convertir la CTM en institución cercana que acompañe al trabajador en todos los ámbitos de su vida.

Visualiza un sindicalismo responsable centrado en el trabajador: salarios dignos, negociación colectiva fuerte, jornada de 40 horas (bandera histórica desde 1973), utilidades justas y capacitación ante el desplazamiento por automatización.

Reconoce avances del gobierno actual —reforma laboral, vacaciones dignas, paridad— más allá de partidos, y defiende centrales apartidistas pero no apolíticas, que negocien priorizando el interés obrero.

Su origen humilde —familia campesina, becas públicas, formación sindical gracias a Fidel— refuerza su narrativa de deuda moral: “La única que tengo es servir a los trabajadores”.

Al asumir en esta transición inédita y ordenada, Tereso Medina enfrenta la prueba de convertir ideas en hechos. Su dirigencia puede ser puente entre tradición cetemista y modernidad democrática, con énfasis en transparencia, sindicalización responsable y adaptación a retos globales como el T-MEC o la digitalización.

Si logra que la CTM sea vista de nuevo como la central más fuerte, prestigiada y cercana a los jóvenes, inaugurará una refundación auténtica. De lo contrario, la unidad de cúpula derivará en continuidad conservadora. Como él mismo reconoce, las transformaciones reales en el sindicalismo mexicano no se imponen: se construyen con propuestas, inclusión y resultados tangibles para los trabajadores. La historia juzgará si esta es la excepción o solo un aplazamiento del debate inevitable.

 

 

 


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