Connect with us

MUNDO

¿Quién frena a Trump en su cruzada por el petróleo?

Publicado

el

Spread the love

Los Juegos del Poder, por Gabriel Ibarra Bourjac

Transcripción de texto a voz


El mundo entero paga el precio de las decisiones unilaterales de Donald Trump, un líder que, investido por el electorado estadounidense, ha convertido la Casa Blanca en un centro de mando personal, donde el capricho geopolítico prima sobre el derecho internacional y las consecuencias globales.

El caso de la guerra contra Irán, iniciada bajo pretextos tan inverosímiles como la supuesta amenaza inminente de Teherán contra intereses estadounidenses, no es más que el último capítulo de una doctrina que prioriza el control de recursos estratégicos por encima de la estabilidad mundial.

¿Quién detiene a Trump? Esa es la pregunta que resuena en foros internacionales, mientras el barril de petróleo supera los 100 dólares y las economías domésticas, como la mexicana, sufren el impacto en forma de inflación y encarecimiento de combustibles.

Recordemos el contexto histórico para no caer en la amnesia conveniente. Esta no es la primera vez que Washington recurre a intervenciones militares disfrazadas de “defensa preventiva”. En 2003, George W. Bush invadió Irak bajo el falso argumento de armas de destrucción masiva, con el resultado de cientos de miles de muertos y un Medio Oriente desestabilizado por décadas.

El verdadero botín: el petróleo iraquí, que hoy fluye en gran medida hacia corporaciones estadounidenses. Trump, con su estilo bravucón y sin filtros, no disimula tanto: su administración ha sido clara en que la seguridad energética de Estados Unidos justifica cualquier acción, incluso si eso significa ignorar la Carta de la ONU, que prohíbe el uso de la fuerza contra la soberanía de otro Estado sin aprobación del Consejo de Seguridad.

Hoy, las consecuencias son palpables. El precio del barril escaló por encima de los 100 dólares tras los primeros bombardeos, afectando no solo a los consumidores estadounidenses —irónicamente, los votantes de Trump—, sino a naciones dependientes como México, donde el incremento en gasolina y diésel golpea directamente el bolsillo de las familias y eleva los costos de producción en industrias clave.

Ayer, el mercado se estabilizó ligeramente luego de que Trump declarara unilateralmente que «la guerra pronto terminará», una promesa vacía que solo busca calmar a Wall Street mientras las tropas permanecen en alerta.

Pero la amenaza real late en sus palabras: si Irán osa atacar el Estrecho de Ormuz —por donde transita el 20% del petróleo mundial—, EEUU responderá con una fuerza «20 veces mayor» a lo ya infligido.

¿Es esto diplomacia o extorsión? Trump no mide costos humanos ni ambientales; su visión es la de un empresario que ve el mundo como un tablero de Monopoly, donde el petróleo es la ficha ganadora.

En América Latina, y particularmente en México, esta escalada nos obliga a reflexionar sobre nuestra propia vulnerabilidad. Nuestro gobierno, fiel a la Doctrina Estrada de no intervención, ha condenado la agresión estadounidense, uniéndose a voces como las de la Unión Europea y China que exigen un cese al fuego inmediato.

Sin embargo, surge la hipocresía inherente: mientras defendemos la soberanía iraní, en casa enfrentamos desafíos similares con el crimen organizado y la influencia externa en temas como el fentanilo, donde Trump ha amenazado con intervenciones similares.

¿Qué impide que mañana, bajo el pretexto de «seguridad nacional», veamos drones estadounidenses sobrevolando territorio mexicano?

La renegociación del T-MEC en julio de este año será crucial: Trump podría usar el petróleo y la migración como palancas para exigir concesiones, debilitando aún más nuestra autonomía económica.

Los argumentos en contra de esta guerra son irrefutables. El pretexto de Trump —una supuesta conspiración iraní— carece de evidencia creíble, como lo han señalado analistas independientes y la ONU.

Las consecuencias globales van más allá del petróleo: desestabilización regional, riesgo de escalada con aliados de Irán como Rusia y China, y un golpe a la economía mundial en un momento de recuperación pospandémica.

En México, el efecto dominó es directo: mayor inflación, encarecimiento de importaciones y presión sobre Pemex, que ya lucha por mantener precios estables. ¿Y para qué? Para que corporaciones como ExxonMobil y Chevron se beneficien de un Irán «pacificado» y abierto a inversiones estadounidenses.

Lo que necesitamos es una respuesta colectiva. México debería liderar en foros como la CELAC o la OEA una iniciativa por la paz, promoviendo negociaciones multilaterales que incluyan a todas las partes, sin el unilateralismo de Trump. La historia nos enseña que las guerras por recursos no traen justicia, solo más caos.

Mientras el mundo sufre, la pregunta persiste: ¿quién detiene a Trump? Tal vez sea hora de que las Naciones Unidas, no solo la ONU, levanten la voz y actúen antes de que el precio del barril —y de la sangre— sea insostenible.


Spread the love
Continuar Leyendo
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Copyright © 2020 Conciencia Pública // Este sitio web utiliza cookies para personalizar el contenido y los anuncios, para proporcionar funciones de redes sociales y para analizar nuestro tráfico. También compartimos información sobre el uso que usted hace de nuestro sitio con nuestros socios de redes sociales, publicidad y análisis, que pueden combinarla con otra información que usted les haya proporcionado o que hayan recopilado de su uso de sus servicios. Usted acepta nuestras cookies si continúa utilizando nuestro sitio web.