NACIONALES
Entre la relación tóxica y la codependencia
Opinión, por Gerardo Rico
El “Plan B” de reforma electoral presentado por la presidenta Claudia Sheinbaum busca reducir privilegios, disminuir el presupuesto del INE y de los organismos locales para redirigir recursos a los municipios, y fortalecer la democracia participativa. Se enfoca en la austeridad, la reducción del financiamiento a los partidos políticos y la limitación de los sueldos de funcionarios electorales, para que no ganen más que la mandataria.
Austeridad electoral: recorte al presupuesto del INE y a los organismos electorales locales, con el objetivo de liberar recursos destinados al bienestar municipal. Financiamiento a partidos: reducción del dinero público a estas organizaciones políticas y topes salariales para sus dirigentes. Control salarial: prohibición de que consejeros, magistrados y funcionarios electorales ganen más que la presidenta, eliminando bonos millonarios. Fortalecimiento democrático: incorporación de herramientas tecnológicas para vigilar el uso de recursos y facilitar los mecanismos de revocación de mandato. Asimismo, control del gasto local: establecer límites del 0.7% del presupuesto de cada entidad para el gasto de los Congresos estatales.
Hasta aquí todo suena bien. Sin embargo, desde mi punto de vista, el actual partido mayoritario, Morena, quedó atrapado en un círculo viciado y en la necesidad de sacar adelante reformas constitucionales con el PT y el PVEM, tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado de la República, una necesidad que cada vez le resulta más costosa. Tienen que ir juntos a todas partes.
Durante la semana revisaba un dato que me llamó la atención: entre 2018 y 2026, el PVEM y el PT han visto incrementados sus recursos públicos, impulsados por su alianza con Morena. El PVEM ha tenido un repunte significativo, al pasar de un financiamiento ordinario de 368 millones de pesos anuales a poco más de 830 millones en la actualidad, con un monto acumulado superior a los 6 mil millones de pesos.
Por su parte, el PT incrementó sus fondos de 236 millones de pesos en 2018 a 670 millones en 2026, con un crecimiento acumulado del 183% y un monto total cercano a los 5 mil 600 millones de pesos.
En cuanto a votos, el Partido Verde Ecologista pasó de 822 mil en 2018 a 4.7 millones en 2024, consolidándose como la tercera fuerza política. Ambos partidos reciben financiamiento millonario anual para sus estructuras, actividades ordinarias y procesos electorales. En tanto, el PT, en este mismo periodo, experimentó un crecimiento sostenido en lo electoral: en 2018, en la elección presidencial y de diputados federales, obtuvo el 6.6% de la votación total, mientras que en 2024 alcanzó el 6.54%.
Aún hay más: actualmente, entre el PT y el PVEM, en conjunto, suman 99 diputados y 20 senadores, una cantidad nada despreciable para sacar adelante cualquier iniciativa en ambas cámaras.
Hay que recordar que, en 2017, de cara a las elecciones presidenciales del año siguiente, Morena consolidó una alianza con el PT y el Partido Encuentro Social (PES). Esta coalición impulsó a Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República, logrando una victoria contundente y consiguiendo la mayoría en el Congreso de la Unión. Por su parte, el PVEM aún formaba parte de la alianza con el PRI en ese momento.
Tras la victoria de 2018, el PVEM comenzó a acercarse a Morena y, para 2019, formalizaron alianzas locales en Puebla, Baja California y Quintana Roo. Para 2020, Morena, PT y PVEM concretaron su alianza a nivel nacional con miras a las elecciones intermedias de 2021, bajo la coalición “Juntos Hacemos Historia”. Aunque el Verde había sido aliado del PRI y del PAN, se reposicionó como un socio clave de la Cuarta Transformación, ayudando a Morena a mantener la mayoría.
Reconocido como partido político en diciembre de 1990, diversas versiones políticas y periodísticas señalan a Raúl Salinas de Gortari como el principal impulsor económico del PT. Este partido ha participado en 12 procesos electorales a nivel nacional. Fue en 1994 cuando obtuvo por primera vez 10 diputados federales y, tres años después, su primer senador. Con una agenda de izquierda, a lo largo de su historia ha establecido coaliciones con el PRD y Convergencia, antecedente de Movimiento Ciudadano.
Cabe recordar que, en 2015, el PT perdió formalmente su registro a nivel nacional al no alcanzar el 3% de la votación válida emitida en las elecciones federales del 7 de junio de ese año, al quedarse con entre el 2.91% y el 2.99%, según distintas estimaciones iniciales del INE. El registro se salvó gracias a la elección extraordinaria en el Distrito 01 de Aguascalientes, celebrada meses después, donde logró los votos necesarios para superar el mínimo requerido.
La alianza entre Morena y el PT se ha consolidado mediante coaliciones electorales estratégicas desde 2017, basada en el respaldo al proyecto de nación de Andrés Manuel López Obrador y, posteriormente, de Claudia Sheinbaum. A través de convenios de unidad, comparten candidaturas en elecciones federales y locales para asegurar mayorías en el Congreso de la Unión y en los congresos locales.
El empoderamiento de ambos partidos los ha llevado a exigir más espacios, y el partido en el poder depende de ellos cada vez en mayor medida. Aunque hubo intentos de restarles poder con la reciente presentación de la reforma electoral, lo cierto es que con el Plan B nunca fueron tocados en sus intereses económicos y electorales. Ahí se la llevan, entre la relación tóxica y la codependencia.




