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OPINIÓN

“Domingo de incertidumbre”, la metrópoli convertida en ciudad fantasma: La ciudad que volvió al confinamiento

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Opinión, por el maestro Alejandro Verduzco Mendoza

El pasado domingo 22 de febrero del año en curso, regresaron a nuestra ciudad, al Estado y a otras ciudades de México los fantasmas del confinamiento, una palabra sencilla de pronunciar pero difícil de olvidar.

Solo basta recordar que en el mes de diciembre del 2019, el país de China reportó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) un brote de neumonía desconocida en una de sus localidades, y fue hasta el mes de marzo del 2020 que la OMS declara la llegada de un potente coronavirus altamente contagioso (SARS-CoV-2), con un alto nivel de mortalidad y que todos conocimos como una verdadera pesadilla, el “COVID-19”.

Fueron 3 años de confinamiento extremo, un largo y eterno periodo con restricciones sanitarias, incertidumbre, miedo y vigilancia epidemiológica intensiva, todos con cubrebocas, compras de pánico, productos básicos y medicamentos agotados; así como las clases, nuestras actividades laborales y sociales emigraron a la virtualización, y fue hasta el mes de mayo del 2023, que la OMS declaró el fin de la emergencia sanitaria internacional por el COVID-19.

Bastaron un par de años posteriores para que en el mes de septiembre del 2025 se prendieran las alertas sanitarias nuevamente a nivel internacional, en México y en Jalisco, por brotes de sarampión, un virus prácticamente erradicado, regresando al confinamiento parcial, clases en línea, el regreso de los cubrebocas y nuevamente la posible llegada de una nueva pesadilla.

¿Qué aprendimos de estas experiencias como sociedad ante estos hechos en los últimos 5 años? Lo vimos recientemente con la captura de un líder criminal que revivió en la memoria colectiva los días de encierro por confinamiento propio, sirenas y ciudades paralizadas, donde la sociedad aprendió a resguardarse antes de preguntar qué está pasando o llegar a los hechos violentos.

El pasado domingo 22 de febrero, todos sabemos que no solo se detuvo a un poderoso jefe criminal: también despertó en Jalisco la memoria del miedo, del silencio en las calles y del reflejo inmediato de encerrarnos para sobrevivir. Entre rumores, bloqueos y sirenas, la sociedad reaccionó con un instinto aprendido: refugiarse en casa mientras la incertidumbre volvía a recorrer la ciudad.

En esta publicación quiero reconocer a todos los ciudadanos, que de manera responsable y voluntaria, con el reflejo de lo que hemos padecido por problemas de salud pública, tomamos con seriedad, de estar informados de la situación por medios oficiales de las autoridades y medios de comunicación, un 100 de calificación, miles de “likes” y palomita para sociedad, misma que fue ejemplo a nivel internacional por su responsabilidad de estar en confinamiento colectivo y proactivo, con el valor para ir superando esta lamentable situación, impulsando a la; “NO normalización” ante está violencia y terror.

Porque, a pesar de que no hubo aviso oficial del confinamiento que preparara a la población, bastaron los primeros rumores y posteriormente los hechos por redes sociales y medios tradicionales para que calles, comercios y hogares repitieran el mismo patrón: cerrar puertas y esperar, donde el eco de la violencia de ese domingo rojo recordó que en Jalisco existe un reflejo social silencioso: protegerse, resguardarse y esperar a que pase la tormenta.

La reacción de miles de ciudadanos es de reconocerse ante los hechos de ese día, y revela algo profundo: una sociedad que ha aprendido a confinarse sola cuando la violencia, la incertidumbre y el miedo aparecen.

Una reflexión más profunda nos lleva al cuestionamiento de: ¿realmente es positivo acostumbrarnos a estas situaciones, ser omisos y actuar en automático, parando nuestro rito de vida como si nada hubiera pasado? Sí, como sociedad actuamos en consecuencia; ¿cuál será la propuesta de las autoridades que garantice nuestra tranquilidad, integridad y seguridad posterior a estos hechos?

Para concluir, me di a la tarea en una de las áreas en que me desarrollo, como en el campo académico, a consultar a algunos estudiantes universitarios cómo fue su experiencia ese domingo rojo:

“Elsa Isabel”

– Empecé el día con normalidad; la verdad es que no estaba al tanto de lo que estaba pasando. Cuando llegué al gimnasio por la mañana, sí hicieron el comentario algunas personas de que algo había pasado en la ciudad y nos recomendaron quedarnos en el pueblo y no salir a carreteras más concurridas, pero que en donde estábamos parecía que no iba a pasar nada. Terminando mi rutina de ejercicio, el encargado pidió ayuda para cerrar el gym porque justo a tres cuadras ya habían quemado el OXXO que estaba ahí.

“Lesly Karina”

– Para mí significó un asombro, ya que a mis 28 años no recuerdo que hubiera pasado algo tan fuerte en Guadalajara. Se me hizo increíble cómo el crimen organizado, en cuestión de minutos, se apoderó del Estado; también me sorprendió que la policía no hiciera mucho al respecto. Además de que ese domingo fue mi cumpleaños y todos mis planes se cancelaron.

“Carlos Enrique”

– Me alistaba para ir a jugar futbol como todos los domingos, cuando la llamada de un familiar me alertó sobre los hechos de seguridad ocurridos en la ciudad; justo estaba por salir al partido cuando me avisaron de los narco bloqueos en la zona. Me puse a revisar las redes sociales y noticieros para confirmar las noticias. Más tarde nos cancelaron el partido por el código rojo.

“Víctor Emiliano”

– En esos momentos, la ciudad deja de ser un mapa de avenidas y destinos para convertirse en un tablero de riesgos donde están distribuidas las personas que amamos.

La pregunta «¿Podré llegar mañana a la universidad?» se transformó rápidamente en una ráfaga de mensajes más urgentes: «¿Dónde estás?», «¿Ya llegaste?», «No salgas, reportan bloqueos cerca de tu casa». Esa tarde, el bienestar propio se volvió secundario. La prioridad absoluta era el rastreo de los nuestros: el amigo que suele tomar la ruta donde quemaron el camión, la pareja que estaba trabajando, o los padres que no responden el celular porque, quizás, simplemente lo dejaron en la otra habitación.

“Yaneth Alejandra”

– Los hechos iniciaron mientras realizaba mi jornada laboral en un hospital de Guadalajara; comenzaron a circular en redes sociales noticias sobre los hechos de inseguridad que estaban ocurriendo en la ciudad. La tensión se hizo evidente cuando en el hospital se implementaron medidas de seguridad inmediatas: se cerraron las entradas principales y únicamente se mantuvo abierta la puerta de urgencias ante el temor de que personas armadas pudieran llegar al lugar.

“Olga Lidia”

– Fue un día muy difícil para mí. Sentí mucho miedo, tristeza y angustia al pensar en mis hijos y en mi familia. Ver a la gente correr para ponerse a salvo por los incidentes que estaban ocurriendo fue algo que me llenó de terror. Además, un familiar fue una de las personas afectadas, ya que los delincuentes tomaron su camión para incendiarlo, lo cual fue muy triste y desesperante.

Estas son algunas de las voces que experimentaron en ese día diferentes situaciones, y que dentro de este desagradable panorama, se haya programado dicho operativo por parte de las autoridades en fin de semana, porque si hubiera sido, por ejemplo, un lunes, el caos, crisis, miedo, psicosis y paranoia con hijos en las escuelas, los adultos en los trabajos y demás personas con sus actividades ordinarias, pudiera haber tenido mayores daños colaterales.

Por: Mtro. Alejandro Verduzco Mendoza

Mercadólogo y Analista Político

@averduzcom


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