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Crisis en dos ruedas: Motocicletas disparan muertes y prenden alerta en América Latina

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Por Diego Morales Heredia

El aumento acelerado del uso de motocicletas en México y América Latina ha detonado una crisis que avanza más rápido que la capacidad de respuesta de gobiernos y autoridades. Las muertes, lesiones y discapacidades derivadas de accidentes viales en estos vehículos no solo van en ascenso, sino que configuran ya un problema estructural de salud pública en la región.

En el Área Metropolitana de Guadalajara (AMG), la tendencia es clara: durante 2025 se registraron 139 muertes de motociclistas en siniestros viales, una cifra que confirma el crecimiento sostenido del fenómeno en entornos urbanos.

El dato no es menor. Detrás de cada número hay un patrón que se repite: jóvenes, hombres y ciudades donde la regulación no logra alcanzar el ritmo del crecimiento del parque vehicular en dos ruedas. La motocicleta, que durante años fue vista como una alternativa económica de movilidad, hoy se posiciona como uno de los principales factores de riesgo en las calles.

Para Alma Chávez Guth, presidenta de Víctimas de Violencia Vial (VIVIAC) y de la Federación Iberoamericana contra la Violencia Vial (FICVI), lo que ocurre no es una tendencia aislada, sino una crisis que ha sido subestimada.

Pero el problema trasciende lo local. A nivel continental, se estima que entre 33 mil y 39 mil motociclistas mueren cada año en las Américas, en una tendencia que no ha logrado revertirse en las últimas décadas. Mientras las muertes de otros usuarios viales han mostrado reducciones graduales, los siniestros en motocicleta han crecido de forma sostenida y, en algunos países, de manera exponencial.

Una crisis regional que no cede

El tema fue uno de los ejes centrales del taller internacional “Fortalecimiento de marcos legislativos y normativos para promover la seguridad vial de motociclistas”, realizado el 17 y 18 de marzo de 2026 en Cancún, Quintana Roo.

El encuentro reunió a representantes de cinco países —Argentina, Belice, Colombia, México y Paraguay—, así como a organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el Banco Mundial y diversas organizaciones civiles especializadas en seguridad vial.

Más allá del intercambio técnico, el taller dejó un diagnóstico contundente: la región de las Américas no logró reducir las muertes por siniestros viales en la última década y, de mantenerse la tendencia actual, tampoco alcanzará los objetivos del segundo decenio de acción en seguridad vial.

El problema tiene una particularidad preocupante: mientras algunos indicadores de seguridad vial han mejorado, los relacionados con motociclistas siguen en ascenso. En los últimos 25 años, este tipo de siniestros ha crecido de forma constante, impulsado por el aumento del parque vehicular, la informalidad y la falta de regulación efectiva.

A ello se suma un vacío estructural en las políticas públicas. Solo uno de cada cinco países de la región cuenta con legislación adecuada para promover el uso de casco conforme a estándares internacionales, y en muchos casos su aplicación es débil o inexistente.

El rostro de la tragedia

En Guadalajara, como en gran parte de América Latina, la estadística tiene rostro. El 85.6% de las víctimas son hombres y más del 70% de las muertes se concentra entre los 20 y 39 años, es decir, en población joven y económicamente activa .

Tan solo el grupo de 20 a 29 años representa el 41.7% de las defunciones, seguido por el rango de 30 a 39 años con 29.5%. La motocicleta no solo está matando, está impactando directamente en la base productiva de la sociedad.

La distribución territorial también refleja el problema. Guadalajara y Zapopan concentran la mayor parte de las muertes, seguidos por Tlajomulco y Tlaquepaque, lo que evidencia que la crisis se intensifica en zonas urbanas de alta densidad, donde convergen velocidad, saturación vial y falta de control.

Entre la inacción y la alerta

Para Alma Chávez Guth, lo que ocurre no es una tendencia aislada, sino una crisis que ha sido subestimada. “Las muertes, lesiones y discapacidades de los motociclistas es un tema alarmante para la salud pública de la región. La curva de siniestros fatales está creciendo de forma acelerada y muchas autoridades no ven o no quieren ver esta problemática”.

El impacto no se limita al dolor humano. También representa un golpe económico estructural, ya que los siniestros viales pueden significar entre el 2 y el 4% del Producto Interno Bruto.

 

Factores que matan

El principal factor de riesgo sigue siendo la velocidad. Sin embargo, en el caso de las motocicletas, la vulnerabilidad es absoluta. “El chasis es el cuerpo de la persona. No hay nada que los proteja”, explica Chávez Guth.

A esta condición se suma la falta de cultura vial, la informalidad en el uso de motocicletas y la resistencia de algunos sectores a la regulación, lo que complica la implementación de medidas de prevención.

“Aún no hay solución para empezar a evitar las muertes y lesiones graves de los conductores y pasajeros de las motocicletas. Recordando que el factor de riesgo velocidad es el que más mata en el mundo y la vulnerabilidad de las personas que se mueven en motocicleta, considero importante involucrar a los conductores de motos, que muchos de ellos no quieren ser regulados, a pesar de que se trata de protegerlos con las medidas que proponen los organismos internacionales de seguridad vial”.

La crisis ya tiene efectos visibles en el sistema de salud pública. Las salas de urgencias enfrentan una creciente saturación por lesiones graves derivadas de accidentes en motocicleta, lo que incrementa los costos de atención y reduce la capacidad de respuesta ante otras emergencias.

Leyes que no alcanzan

Aunque México cuenta con la Ley General de Movilidad y Seguridad Vial, su implementación sigue siendo insuficiente frente a la magnitud del problema. “Estamos muy cortos en empezar a frenar y disminuir las muertes y lesiones graves. Urge que las autoridades vean esto como un grave problema de salud pública”, señala Chávez Guth .

La pregunta, advierte, es cada vez más incómoda: “¿Cuántos muertos más? Los que como sociedad y gobierno estemos dispuestos a tolerar. Recordemos que no son fríos números en la estadística, son seres humanos y familias que sufren”.

Las medidas que urgen

Entre las acciones prioritarias para contener la crisis, especialistas coinciden en la necesidad de: uso obligatorio de casco certificado, implementación de licencias específicas para motociclistas, venta de motocicletas con placas y seguro, uso de equipo de protección, así como mayor vigilancia y aplicación de la ley.

Más allá de medidas aisladas, el enfoque planteado es integral: regulación, educación vial, infraestructura y control.

Una crisis que apenas empieza

El crecimiento de las motocicletas en América Latina no es en sí el problema. El problema es que ese crecimiento ha sido más rápido que la capacidad de regulación, supervisión y prevención.

Si la tendencia no cambia, la motocicleta dejará de ser una solución de movilidad para convertirse, definitivamente, en uno de los principales factores de riesgo en las calles de la región.

“Las muertes, lesiones y discapacidades de los motociclistas es un tema alarmante para la salud pública de la región, y la curva de siniestros viales fatales en este tipo de vehículos está ascendiendo de forma acelerada en el territorio nacional y, lo que es peor, que las autoridades no ven o no quieren ver esta problemática”, puntualizó.

En 2024 se registraron 957,771 motocicletas en el estado de Jalisco, mientras que en 2023 fueron 838,397, lo que refleja el crecimiento acelerado del parque vehicular.


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