MUNDO
El mundo en vilo: Genocidas y demagogos, el camino hacia una nueva guerra
Por Pedro Vargas Ávalos
Las grandes conflagraciones mundiales hasta la fecha han sido dos: la de 1914-1918 y la de 1939-1945. Los resultados de ambas fueron millones de muertes, una enorme cantidad de heridos y profundos padecimientos para la población en casi todo el mundo. Además, provocaron una marcada recomposición de la geografía política y de los sistemas de gobierno.
La primera contienda, también conocida como la “Gran Guerra”, fue un conflicto registrado principalmente en Europa. En ella se enfrentaron dos alianzas: la Triple Entente (Francia, Reino Unido y Rusia, a las que posteriormente se sumó Estados Unidos) contra las Potencias Centrales, integradas por Alemania, Austria-Hungría y el Imperio Otomano.
Aparte de las sangrientas batallas de trincheras y la incorporación de nuevas tecnologías militares, esta guerra dejó más de 16 millones de muertos, 20 millones de heridos, migraciones masivas y una profunda transformación del panorama político mundial. El término “Primera Guerra Mundial” fue popularizado en 1914 por el biólogo y filósofo alemán Ernst Haeckel.
El conflicto concluyó con el Tratado de Versalles, mediante el cual Alemania fue responsabilizada de la guerra, perdió territorios y aceptó severas sanciones. Este acuerdo se firmó el 28 de junio de 1919, en el quinto aniversario del asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo, hecho que detonó la guerra.
Las condiciones impuestas por dicho tratado, sumadas al surgimiento del nazismo en Alemania, fueron factores determinantes para el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el conflicto más devastador de la historia, iniciado formalmente con la invasión alemana a Polonia el 1 de septiembre de 1939.
La guerra enfrentó a las potencias del Eje (Alemania, Italia y Japón) contra los Aliados (Reino Unido, Francia, la Unión Soviética y, posteriormente, Estados Unidos). Entre los líderes más relevantes estuvieron Adolf Hitler, Benito Mussolini e Hirohito por el Eje, y Winston Churchill, Joseph Stalin y Franklin D. Roosevelt por los Aliados.
México participó del lado de los Aliados tras el hundimiento de los buques Potrero del Llano y Faja de Oro en el Golfo de México, en mayo de 1942. Esto llevó al presidente Manuel Ávila Camacho a declarar el estado de guerra. La principal contribución bélica fue el Escuadrón 201.
Los principales frentes de combate se ubicaron en Europa Occidental, el frente soviético, el norte de África y el Pacífico. La guerra derivó en genocidios sistemáticos, como el perpetrado por el régimen nazi, que asesinó a seis millones de judíos, así como a miles de personas de otros grupos.
Japón también provocó millones de muertes en Asia, destacando la masacre de Nankín. En total, la Segunda Guerra Mundial dejó entre 40 y 60 millones de muertos, además de la creación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el inicio de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética.
Sin embargo, la humanidad parece no haber aprendido. Los acontecimientos recientes, desde el retorno de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, han reavivado tensiones internacionales y conflictos que hoy colocan al mundo en una situación de alto riesgo.
Las guerras en Ucrania, Gaza y las tensiones con Irán reflejan un escenario global cada vez más inestable. La participación directa o indirecta de potencias mundiales ha elevado el riesgo de una escalada mayor.
En este contexto, figuras como Donald Trump, Benjamín Netanyahu y Vladimir Putin concentran gran parte de la atención y la crítica internacional, al ser considerados actores clave en la actual crisis geopolítica.
Las decisiones y discursos de estos líderes, marcados por confrontación y radicalización, han contribuido a un clima de incertidumbre global que recuerda, en ciertos aspectos, a los momentos previos a los grandes conflictos del siglo XX.
Las recientes conflagraciones en Ucrania (impulsada por Rusia), Gaza (protagonizada por Israel) y la agresión contra la antigua Persia (Irán) por parte del Estado judío y Estados Unidos tienen al mundo en vilo, al borde de una abominable tercera guerra mundial.
Por ello, el mundo observa con preocupación el rumbo de los acontecimientos. La historia ha demostrado el alto costo de los conflictos globales, y el temor de una nueva guerra de escala mundial vuelve a instalarse en la conciencia colectiva.




