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El problema no está en la cancha: México contra México, la afición que abuchea a los suyos
Miscelánea Deportiva, por Esteban Trelles Meza
Este título ya no tiene fundamento por cuestiones fáciles de explicar. En estos tiempos de rebeldía y desenfreno, en los que nuestra juventud está inmersa en una vorágine de desorden, negatividad y falta de juicio, no se diferencia entre la simpatía por determinados equipos o jugadores y el respaldo a una selección representativa de su país.
Lo vimos, en primera instancia, en la Comarca Lagunera con la selección nacional (en encuentro amistoso), donde el guardameta nativo de la región, Carlos Acevedo, se quedó en la banca, mientras que “Tala” Rangel, quien venía ganándose la titularidad —incluso por encima de Malagón antes de su lamentable lesión—, ocupó el puesto.
La afición lagunera la tomó contra Rangel: cada vez que tocaba el balón lo abucheaban y reapareció el grito homofóbico sin necesidad alguna. Visto esto, queda claro que nadie respeta el escudo nacional ni el jersey de su propio país.
En el reciente encuentro contra Portugal, una de las mejores selecciones del mundo, liderada por Cristiano Ronaldo —quien no pudo asistir «por una leve lesión»—, en la inauguración del remodelado Estadio Azteca, ahora llamado Banorte, los nuestros se vieron bien (empate sin goles). Todo indica que ese será el cuadro que inicie el partido inaugural del Mundial frente a Sudáfrica.
Sin embargo, ocurrió lo mismo: Guillermo Ochoa, impulsado por algunos comentaristas que intentan posicionarlo como titular, pese a encontrarse en el ocaso de su carrera y jugar en una liga menor como la de Chipre, sigue generando polémica. A sus 40 años, no atraviesa su mejor momento.
Lo cierto es que, al calor de las bebidas, en la parte final del encuentro volvieron los abucheos contra Rangel, pese a que no tuvo mayores complicaciones ni fue exigido. Sus intervenciones fueron puntuales: un rechazo con ambas manos y otro con el pie en un disparo que cubría correctamente el primer poste.
Futbolísticamente, los portugueses son mañosos. Su defensa central, que portaba el número 11, se cansó de golpear a un solitario Raúl Jiménez con entradas peligrosas. El árbitro guatemalteco Walter López permitió el juego brusco en exceso.
En realidad, dicho jugador debió ser expulsado y ni siquiera recibió tarjeta amarilla. En otra jugada, tras una agresión sobre Jesús Gallardo, el silbante optó por amonestar a ambos, en una decisión cuestionable.
Fue, no obstante, un buen encuentro. Javier “Vasco” Aguirre mostró su experiencia frente a un técnico de élite como el español Roberto Martínez. Quienes lo califican de arcaico o defensivo se equivocan: sorprendió con un esquema equilibrado, sólido en defensa sin renunciar al ataque.
Quiñones, a nuestro juicio, debe estar en la lista final: además de atacar, trabaja en defensa. En contraste, Álvaro Fidalgo, nacionalizado, mostró limitaciones en profundidad, siendo superado físicamente en varias jugadas.
Brian Gutiérrez, con apenas medio tiempo, demostró condiciones para ser titular, con un estilo similar al lesionado Marcel Ruiz. Y no podemos olvidar a la joya Gilberto Mora, de apenas 17 años, que perfila un mediocampo de gran proyección.
México tiene una base sólida. Sin embargo, nombres como Edson Álvarez, Orbelín Pineda y “Charly” Rodríguez generan debate por su rendimiento irregular en selección.
Nadie puede negar que el equipo muestra personalidad, identidad y carácter. Técnicos como Ricardo “Tuca” Ferretti, pese a su estilo defensivo, lograron campeonatos en Guadalajara, UNAM y UANL, lo que demuestra que los estilos no definen por sí solos el éxito.
Aguirre conoce al futbolista mexicano y su idiosincrasia. El Tricolor está en buenas manos. No se puede etiquetar a un entrenador por un solo estilo cuando ha demostrado capacidad de adaptación.
Como dice el adagio: “al son que me toquen, bailo”. Eso es precisamente lo que hace Aguirre: ajustar su planteamiento según el rival, sin que fortalecer la defensa implique renunciar al ataque.
En este contexto, la llamada libertad de expresión muchas veces se convierte en libertinaje: se critica, se denuesta y se golpea sin medida a figuras como Aguirre, mientras se idolatra lo extranjero.
Ahí está el caso del colombiano Juan Carlos Osorio, a quien casi se le erige un monumento por vencer a Alemania, aunque el pase a la siguiente ronda dependió también de otros resultados.
Casos similares se repiten en el futbol mexicano, donde decisiones cuestionables en clubes y selecciones reflejan una constante: la falta de unidad y respaldo a lo propio.
Así somos: como la metáfora de la cubeta de cangrejos mexicanos, donde nadie logra salir porque los mismos compañeros lo jalan hacia abajo.
Pese a todo, México ha mostrado nivel ante selecciones europeas como Bélgica y Portugal. Jugadores como Quiñones, Lira, Brian y Johan han destacado, mientras que otros han ido de menos a más.
Comparativamente, Estados Unidos cayó ante los mismos rivales, lo que pone en perspectiva el rendimiento del Tricolor, pese a las críticas constantes.
El “hubiera” no existe, pero de haber sido al revés, la presión mediática contra Aguirre habría sido brutal.
El prestigio europeo siempre pesa, pero lo mostrado por México confirma que Aguirre es el indicado. Con resultados y argumentos, ha respondido a sus detractores.
En síntesis, lo anticipamos: México puede hacer historia. El jugador número 12 —la afición— es impredecible; puede impulsar o destruir. Ojalá, esta vez, prevalezcan la unidad, la casta y el espíritu nacionalista.
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