OPINIÓN
Se busca una oposición viva y segura: Las campañas adelantadas anti-López Obrador

Comuna México, por Benjamín Mora Gómez //
Cuando Frida Kahlo dijo: “Cada tic-tac es un segundo de la vida que pasa, huye y no se repite”, seguro nos invitaba a vivir con la mayor intensidad posible, conscientes de que el mañana se acorta y acorta y acorta con cada segundo que vivimos, sin distingo alguno; por desgracia, para muchos, el tiempo parece no importar y lo viven como en pausa, adormilados.
Con frecuencia, en la vida, los tic-tacs de los que hablaba Frida Kahlo, no se escuchan y, cuando menos lo esperamos, la oportunidad se nos fue de entre las manos. En política no es excepción y los males son más amplios y dañinos.
2021 está a la vuelta de unas pocas hojas del calendario y estaremos convocados a elegir el rumbo de México; sin embargo, debemos reconocer que el proceso electoral de 2021 empezó en el mismo día en que Andrés Manuel López Obrador tomó protesta como presidente de México, como el parteaguas de la consolidación o el hundimiento de su Cuarta Transformación. Aquel día, los partidos derrotados escucharon el canto de las sirenas del dulce discurso de toma de protesta, dejando de ver lo que sucedería en los tres primeros años de gobierno del hombre que representaba un peligro para México.
Literalmente, México se hunde mientras las oposiciones tratan de no ahogarse en el juego político que el Presidente les impone cada mañana. De vez en vez, con sensatez e inteligencia, senadores, diputados, gobernadores y dirigentes de los demás partidos exigen cambios de rumbo y formulan propuestas que pocos mexicanos atienden y entienden, y que muchos de los comentaristas políticos desatienden y apagan en los medios como la exigencia de varios gobernadores de una reforma fiscal integral para hacer justa la participación de los estados en los financiamientos federales. No se trata de hacerla más justa sino de volverla justa pues en la primera suposición hay restos de injusticia.
Hace apenas algunas semanas, López Obrador estuvo por debajo de la media en la confianza ciudadana; esta semana, AMLO se recuperó y supera el 56 por ciento de apoyo ciudadano. Las detenciones judiciales de peces gordos de gobiernos anteriores: García Luna, Lozoya y Duarte, le ayudaron. El brevísimo regocijo opositor se enfrío.
La vanidad del Presidente se desbordó con el video en que se veía a panistas recibiendo millones de pesos para el apoyo a la Reforma Energética de Peña Nieto; la vanidad del propio Presidente se nubló cuando vio a su hermano Pío recibiendo dinero para la causa lópezobradorista. A través de sus malabares verbales quiso minimizar lo que era la misma corrupción y se hundió más. Pagará lo que recibió y lo hará con su imagen presidencial.La oposición debe construir una estrategia que le rinda mejores resultados hacia la elección de 2021.
Recuerdo aquel día en que Barack Obama se reeligió y Julián Castro también lo hizo como alcalde de San Antonio, Texas.
Es costumbre norteamericana que, con la elección o reelección de sus presidentes, gobernadores y alcaldes, se someta también a votación iniciativas del interés general para su aprobación o rechazo. En aquella ocasión, Julián Castro sometió a la voluntad ciudadana un programa que se denominó Pre-K San Antonio. Implicaba nuevos impuestos y grandes beneficios para los niños y niñas en sus primeros años de preescolar. La gente lo apoyó e hizo realidad con extraordinarios resultados. Yo, para comprender mejor el entramado norteamericano del ejercicio del poder, solicité, y la tuve al día siguiente, una reunión con los responsables del Pre-K San Antonio para conocer de primera mano aquello que había motivado a los sanantonianos a votar como lo hicieron.
Desde la oposición y la fuerza ciudadana, propongo llevar a consulta pública las tres obras fundamentales del gobierno de López Obrador: La Refinería de Dos Bocas, el Tren Maya y el Aeropuerto de Santa Lucía para que el pueblo decida si continúan o si suspenden para destinar los recursos financieros a ellas asignados a otros programas de gobierno como las estancias infantiles, los medicamentos para niños con cáncer y el apoyar a las mipymes para evitar sus quiebras y la pérdida de más empleos, etc.
Estoy convencido de que se pueden juntar las firmas suficientes para que la consulta popular se lleve a cabo. Hagamos, además, que la consulta popular ordene que se auditen las tres obras por un despacho externo al gobierno federal. Este hecho lograría que los ciudadanos reflexionen y tomen consciencia sobre las acciones negativas del actual gobierno, sobre sus costos en la vida de ellos y de sus familias y de México, y les motivaría a votar, reduciendo la abstención. Cabe señalar que las consultas populares se deben llevar, por mandato de ley, el mismo día de las elecciones.
Otro tema que podría consultarse es si el Presidente debe o puede reunirse con delincuentes y sus familias como lo hizo con la mamá del Chapo pues creo que tal hecho sí denigró a la investidura presidencial y no, como López Obrador dijera, reunirse con los LeBarón y Javier Sicilia para hablar de una paz con dignidad.
De hoy en adelante, la oposición deberá marcar la agenda pública para que el Presidente y su gobierno la sigan. Así, en vez de esperar a que el Presidente consulte al pueblo si se debe o no llevar a juicio a los expresidentes de la República, la oposición debería denunciarles con las supuestas pruebas que tiene el propio gobierno. Así, el PRI debería denunciar a Enrique Peña Nieto y el PAN a Felipe Calderón; con ello, el Presidente se quedaría sin su juguete más preciado hacia 2021. Lo endeble de las pruebas que les pudieran incriminar exhibiría al Presidente que solo busca desprestigiar públicamente. Es tiempo de adelantarse al Presidente si acaso quieren llegar mejor posicionados el día de la elección en 2021.
E-mail: benja_mora@yahoo.com
MUNDO
Al otro lado de la frontera: EEUU predicando la paz y exportando violencia

– A título personal, por Armando Morquecho Camacho
En 1918, tras el armisticio de Compiègne, la Primera Guerra Mundial llegó a su fin. Al año siguiente, en 1919, las potencias vencedoras firmaron el Tratado de Versalles con la promesa de que nunca más el mundo se vería envuelto en un conflicto tan devastador.
Entre las disposiciones se incluyó el control de la producción y comercialización de armamento, porque las naciones sabían que no se podía hablar de paz mientras existieran fábricas dispuestas a inundar de rifles y municiones cualquier rincón del planeta a cambio de dinero.
Han pasado más de cien años desde aquel acuerdo, y aunque la historia ha demostrado que la paz fue más aspiración que realidad, lo cierto es que esa lógica sigue vigente: no se puede combatir la violencia si al mismo tiempo se alimenta con armas que circulan sin control. La paradoja es que hoy, el país que se erige como el gran promotor de la paz, la democracia y la seguridad global, es también el mayor exportador de violencia en forma de fusiles, pistolas y municiones: Estados Unidos.
Cuando se habla de seguridad, de fronteras o de políticas migratorias, el discurso político estadounidense suele repetirse como una fórmula de manual. Se construye una narrativa donde se exalta el poder militar, se habla de control fronterizo y se impulsa una política de mano dura, mientras se omite un detalle crucial: gran parte del problema de la violencia que afecta a países vecinos proviene del propio territorio estadounidense, a través de la producción y exportación de armamento de alto poder.
Las cifras son contundentes. El diputado Jesús Valdés Peña, presidente de la Comisión de Economía Social y Fomento al Cooperativismo de la Cámara de Diputados, señaló que cerca de 500 mil armas ingresan cada año de manera ilegal a México a lo largo de tres mil kilómetros de frontera. Esto significa que, en los últimos diez años, han entrado aproximadamente cinco millones de armas, en su mayoría procedentes de Estados Unidos; esto lo compartió en el foro Tráfico de Armas en México: Efectos Sociales y Económicos, organizado por el Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (CUCEA).
El legislador destacó que un punto fundamental es entender que este flujo no ocurre por casualidad ni por deficiencia de los países receptores, sino porque existe una estructura legal y económica al norte que lo permite.
La industria armamentista estadounidense es una de las más poderosas del mundo. No solo por la producción destinada a sus propias fuerzas armadas, sino por la venta al público en un mercado interno regulado de manera laxa, donde el derecho a portar armas se defiende con fervor casi religioso.
Miles de tiendas, armerías y ferias de armas ofrecen rifles de asalto, pistolas automáticas y municiones a quien pueda pagarlas, sin que existan controles efectivos que garanticen que estas no circulen fuera de sus fronteras.
No es casualidad que armas fabricadas y comercializadas legalmente en Arizona, Texas o Nevada aparezcan luego en escenas de violencia en México. Mucho se ha dicho sobre cómo el Ejército de Estados Unidos está muy por encima del mexicano debido a su capacidad tecnológica y armamentista; ahora bien, imaginen lo que significa que estas armas puedan ser accesibles más allá de sus fronteras, multiplicando los escenarios de riesgo y desestabilización.
Estados Unidos suele presentar políticas de seguridad y control fronterizo como medidas para proteger la estabilidad regional. Sin embargo, lo que rara vez se reconoce es que una parte central de la violencia que afecta a la región está vinculada directamente a su incapacidad —o falta de voluntad— de regular eficazmente el flujo de armas desde su territorio. Resulta paradójico que, mientras el discurso oficial insiste en proteger la seguridad interna y reforzar las fronteras, la misma frontera sea un colador por donde cruzan sin mayor obstáculo armas de alto poder.
El problema de fondo es que, mientras el gobierno estadounidense trate estos temas únicamente desde la perspectiva de propaganda política, nunca se avanzará hacia una solución integral. Se requiere reconocer que la violencia no surge únicamente de las tensiones internas de los países vecinos, sino también del flujo de armamento que se produce, distribuye y permite en Estados Unidos.
Por esto, una estrategia real debería incluir medidas estrictas para regular la venta de armas en su territorio, cooperación efectiva para frenar su circulación ilegal y, sobre todo, un reconocimiento honesto de que la seguridad compartida implica responsabilidades compartidas.
La contradicción no es fortuita ni ingenua: es parte de un esquema deliberado. En Washington saben que el discurso de la “mano dura” y del “control fronterizo” resulta rentable en las urnas, pero esa narrativa electoral evita enfrentar el verdadero origen del problema.
La raíz no está en migrantes ni en traficantes aislados, sino en un complejo entramado de intereses: una industria armamentista que factura miles de millones y unas leyes permisivas que permiten la exportación y circulación de armas casi sin control.
Mientras esas estructuras permanezcan intactas, la violencia será un negocio tan lucrativo como inevitable, y las promesas políticas seguirán reduciéndose a parches mediáticos que no solucionan nada de fondo y continuaremos atrapados en un círculo vicioso en el que Estados Unidos, de manera consciente o inconsciente, alimenta escenarios de violencia más allá de sus fronteras, al tiempo que mantiene dentro de ellas un relato de seguridad y estabilidad.
No se trata de una incapacidad técnica, sino de una ausencia de voluntad política. Lo que hace más de un siglo quedó claro en Versalles —que no puede hablarse de paz mientras se sostiene el negocio de la guerra— hoy parece diluirse en los pasillos del Capitolio en Washington DC.
Y mientras tanto, cada rifle que cruza la frontera funciona como un recordatorio brutal: la verdadera política exterior de Estados Unidos no se escribe en tratados ni en discursos, sino en la silenciosa exportación de armas y en la contradicción de predicar estabilidad mientras se siembra el caos.
Deportes
Rumbo al Mundial 2026: Entre críticas y expectativas, el tricolor busca su once ideal

– Miscelánea Deportiva, por Esteban Trelles Meza
Resulta increíble que, a menos de un año del Mundial 2026, el equipo mexicano tenga un once ideal que se multiplica en cada posición para registrar 25 o 26 jugadores en la lista final, lista que cobra mayor importancia por el hecho de ser anfitrión junto con nuestros vecinos del norte: Estados Unidos y Canadá.
También es una realidad que las críticas al Tricolor han sido severas e injustas, al grado de afirmar que los nuestros son el peor equipo de la historia, con declaraciones hirientes y de menosprecio que lo minimizan y descalifican.
“Es lo que hay”, “Nos falta fogueo con jugadores titulares en equipos europeos” y una serie de disparates sin juicio objetivo sobre nuestra realidad. Mientras tanto, los comentaristas “chilangos” se preocupan y ocupan por alabar a los pocos nacionales que tienen en sus equipos de la capital (7 extranjeros por 4 nacionales en cancha), con América y Cruz Azul empecinados en un Henry Martín que no es mejor que los Jiménez.
El colombiano-mexicano Quiñones, o el propio Sepúlveda, que juega contracorriente —goleador con Querétaro, ahora en la “Máquina”—; Zendejas no es mejor que el “Chucky” Lozano. La sensación del “Chino” Huerta, siempre frontal y vertical, roba balones poniéndose el overol (juega en Bélgica).
Y la insistencia de nacionalizar a Fidalgo, español, que por lo menos ya bajaron de tono y dejaron de promocionar como al inicio, cuando lo hacían exageradamente.
Berterame no tiene cabida a pesar de militar en un equipo que sorprendió gratamente en el Mundial de Clubes, ganando más de 23 millones de dólares por su actuación (Monterrey), mientras el Chelsea campeón obtuvo 120. Está el resurgimiento del “Tecatito” Corona, que atraviesa un excelente nivel, mucho mejor que «Piojo» Alvarado de Chivas, quien no es extremo natural (es medio ofensivo).
El caso de Alvarado asemejaba, en nuestro punto de vista, al del “Fideo” Di María, campeón mundial argentino, con el balón pegado al pie y recorridos frontales que hoy desaparecieron en el jugador rojiblanco.
Después de la dupla titular por excelencia en defensa —Johan Vázquez y César Montes—, no vemos un central confiable. El “Vasco” improvisa con el capitán europeo, el “Machín” Edson Álvarez, que es contención: pierna fuerte, buen juego aéreo a balón parado, pundonor, aunque carente de técnica individual, pero útil en el sistema del equipo azteca.
Si bien el “pibe” de Xolos de Tijuana, Gilberto Mora (16 años), es un prospecto con pinceladas de crack, no lo vemos como titular. Deberían confiar más en él (Aguirre) y foguearlo en este tipo de encuentros contra Japón y Corea, para saber a ciencia cierta de qué está hecho este joven valor del fútbol mexicano.
Ahora bien, los amargados comentaristas acomplejados “destroyers” del técnico nacional, como Rubén Rodríguez de Fox Sports, quien afirma que el “Vasco” Aguirre tiene un fútbol arcaico, que se quedó en el pasado, lo mismo que Gustavo Mendoza de la misma empresa, o Álvaro Morales (ESPN), entre otros.
Aguirre es un técnico confiable y destacado, superior a los eternos vividores refugiados en México como La Volpe y Ferretti. Este último se muestra iracundo, despotricando contra todos y gritando con vehemencia como un orate enajenado. Ambos esperan la oportunidad de dirigir al Tricolor; como comentaristas son excelentes astronautas. No entendemos cómo, en el caso de Ferretti, una empresa internacional como ESPN le permite ese tipo de comportamientos.
La capacidad de un técnico se mide con los años: como los buenos vinos, mientras más viejos, mejores. Ahí está Carlo Ancelotti, ya en la tercera edad, pero en el top 3 del mundo, con un palmarés envidiable y una capacidad comprobada.
Si bien es cierto que la metodología del fútbol es cada vez más moderna, con apoyos técnicos novedosos, la esencia de la profesión permanece. Como se dice coloquialmente: “Ya todo está inventado”.
La experiencia es básica y fundamental, muy por encima de los jóvenes “illuminati” que puedan surgir. No se puede encasillar a un entrenador en un esquema táctico; estos se aplican en función del material humano que se tiene y del trabajo individual para potenciar a cada jugador.
Ignacio Trelles, por ejemplo, fue un adelantado de su época. En cada equipo que dirigió demostró su enorme capacidad, y en selección nacional supo adaptarse en tiempo y espacio, convirtiéndose en todólogo: psicólogo, estratega, terapeuta, amigo y maestro.
Hoy los directores técnicos tienen un séquito de auxiliares. El argentino “Tata” Martino, por ejemplo, encabezó el peor fracaso de la Selección Mexicana en su historia, pese a todos esos avances: especialistas en video, espías tácticos, entrenadores de porteros, etc., hasta sumar siete auxiliares… innecesarios.
El “Shakiro” mexicano Rafa Márquez (ciego, sordo y mudo) no tiene necesidad de estar ahí. Los negativos quieren encumbrarlo, pero no tiene el carácter para ser entrenador, ni en Barcelona, ni en México, ni en ningún país.
Recordemos que astros como Johan Cruyff, Diego Maradona o Zinedine Zidane fracasaron como D.T. En contraste, el “Lobo” Zagallo fue campeón como jugador y técnico; Franz Beckenbauer también. La brillantez como jugador no garantiza el éxito en el banquillo.
El Profe “Ojitos” Meza no fue referente como guardameta —Miguel Marín era un fuera de serie en Cruz Azul—, pero como técnico fue brillante y campeón con varios equipos.
Términos actuales como “rotaciones”, invento del colombiano Juan Carlos Osorio, son simples cambios entre titulares y suplentes. Los llamados “microciclos” de la selección mexicana son absurdos: pretextos para convocar jugadores sin mayor mérito, que abaratan y desprestigian el llamado al Tri.
La compenetración del técnico con sus auxiliares es clave. Aguirre necesita un colaborador que “busque” talentos de manera permanente en el fútbol local, y no esperar a estas alturas del inminente Mundial 2026 para convocar a última hora.
Lamentablemente, los partidos internacionales que debieron servir para medir fuerzas de titulares o suplentes de calidad se desperdician con noveles que sabemos no quedarán. Esto parece responder más a complacer a federativos y a la prensa negativa, que tiene a sus “favoritos”.
Comparar jugadores y generaciones no es un parámetro válido: cada época y entrenador tuvo sus circunstancias. Al final, los resultados muestran que la selección mexicana solo ha pasado de la primera ronda, sin importar si el D.T. fue extranjero (Milutinovic, La Volpe, Osorio) o nacional (Lapuente, Aguirre en dos mundiales, Mejía, Herrera), incluyendo México 70 y México 86.
Por supuesto, la ilusión y la esperanza de la afición se mantienen en el famoso “quinto partido”. Sin embargo, lo ideal sería fijar la meta en semifinales: algo extraordinario y realmente histórico para nuestro fútbol.
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CARTÓN POLÍTICO
Edición 804: Lo piden los expertos: Una nueva Corte de Justicia sin extremos ideológicos
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