Connect with us

MUNDO

Nueva guerra comercial de Trump vs Asia: Implicaciones para la economía global

Publicado

el

Actualidad, por Alberto Gómez R. //

En los últimos años, Estados Unidos ha intensificado su política proteccionista mediante la imposición de aranceles a productos estratégicos, especialmente aquellos provenientes de Asia, especialmente desde el primer período de Donald Trump como presidente (2017-2021). Entre las medidas más recientes, ahora bajo su segunda administración en la Casa Blanca, destaca la aplicación de un gravamen del 25% a automóviles y repuestos fabricados en Japón, Corea del Sur y China, una decisión que ha generado tensiones económicas y políticas.

Las marcas japonesas enviaron 1,37 millones de vehículos a Estados Unidos el año pasado, mientras que los fabricantes surcoreanos exportaron 1,43 millones. Además, 821.000 vehículos ligeros vendidos en Estados Unidos el año pasado fueron ensamblados en la Unión Europea, según JATO, una empresa de investigación. Por el contrario, los fabricantes de automóviles estadounidenses tienen una presencia mínima en Japón, Corea del Sur y Alemania, una realidad que ha irritado a Trump desde su primer mandato como presidente. (nytimes.com)

La administración estadounidense ha justificado los aranceles como un mecanismo para proteger la industria automotriz local, argumentando que las importaciones asiáticas —en particular las chinas— han perjudicado a los fabricantes nacionales. El gobierno sostiene que estas medidas buscan equilibrar la balanza comercial y recuperar empleos en el sector manufacturero.

Sin embargo, críticos señalan que los aranceles podrían tener un efecto contrario, encareciendo los precios para los consumidores y afectando a empresas que dependen de cadenas de suministro globales. (thewashingtonpost.com)

Por otro lado, analistas de The Financial Times destacan que detrás de esta política hay un componente geopolítico: limitar el ascenso tecnológico y económico de China, que en la última década ha desplazado a Estados Unidos en industrias clave, como la producción de vehículos eléctricos y componentes electrónicos. Japón y Corea del Sur, aunque aliados estratégicos de Washington, también han sido afectados debido a su fuerte competitividad en el sector automotor.

Las acciones de las empresas japonesas Toyota Motor, Honda Motor y Nissan Motor cayeron alrededor de un 2 por ciento en las operaciones asiáticas del jueves, luego del anuncio de las medidas arancelarias de Trump. Las acciones de las surcoreanas Hyundai Motor y Kia, así como de Mazda Motor y Subaru —dos fabricantes japoneses más pequeños que dependen especialmente de las ventas estadounidenses— cayeron entre un 3 y un 6 por ciento.

Si bien las agresivas políticas comerciales de Trump buscan supuestamente proteger a la industria automotriz y un renacer de esta, lo cierto es que es una apuesta de alto riesgo, ya que las consecuencias inmediatas para los consumidores estadounidenses será un impacto económico sumado a la incierta situación actual en aquel país.

CHINA: RESISTENCIA Y ADAPTACIÓN

China, el principal objetivo de las medidas arancelarias, ha respondido con una combinación de retaliaciones comerciales y estímulos a su mercado interno. El gigante asiático ha acelerado su transición hacia vehículos eléctricos y ha buscado mercados alternativos en Europa y América Latina para compensar las pérdidas en Estados Unidos. No obstante, el arancel del 25% supone un golpe significativo para empresas como BYD o Geely, que habían incrementado sus exportaciones al mercado estadounidense. (theeconomist.com)

A largo plazo, expertos prevén que China podría reducir su dependencia de las exportaciones hacia Occidente, impulsando el consumo interno y fortaleciendo acuerdos regionales, como la Asociación Económica Integral Regional (RCEP). Sin embargo, en el corto plazo, el impacto en su crecimiento económico podría ser notable, especialmente si Estados Unidos decide ampliar las restricciones a otros sectores.

JAPÓN Y COREA DEL SUR: ALIADOS BAJO PRESIÓN

A diferencia de China, Japón y Corea del Sur mantienen una relación más compleja con Washington, pues son socios comerciales y aliados en materia de seguridad. Empresas como Toyota, Honda y Hyundai enfrentan un dilema: absorber parte de los costos adicionales o trasladarlos a los consumidores estadounidenses, arriesgando su participación en el mercado.

The Financial Times reporta que ambas naciones han intensificado sus diálogos con la administración estadounidense para obtener exenciones, al menos parciales. Corea del Sur, por ejemplo, ha argumentado que sus inversiones en plantas de ensamblaje en Estados Unidos —como las de Kia en Georgia— deberían ser consideradas como un aporte a la economía local. Mientras tanto, Japón ha optado por diversificar sus exportaciones hacia el Sudeste Asiático, aunque sin abandonar su estrategia de lobby en Washington.

EFECTOS EN LA INDUSTRIA Y LOS CONSUMIDORES

Aunque el objetivo declarado de los aranceles es proteger a los fabricantes estadounidenses, algunos analistas advierten que la medida podría perjudicar más que beneficiar. Primero, porque muchas empresas automotrices en Estados Unidos dependen de componentes importados desde Asia. Un informe del Centro de Investigación Automotriz (CAR) estima que el aumento en los costos de producción podría reducir la competitividad de marcas como Ford o General Motors, que ya enfrentan presiones por la transición hacia vehículos eléctricos, y estas empresas estadounidenses van muy retrasados en el desarrollo de estos, sobre todo en lo que a eficiencia energética se refiere.

Segundo, los consumidores podrían enfrentar precios más altos, no solo en autos asiáticos, sino también en modelos estadounidenses que utilizan piezas fabricadas en los países afectados. Según datos de J.P. Morgan, el incremento promedio en el precio de un automóvil nuevo podría oscilar entre 1,500 y 3,000 dólares al menos, lo que frenaría la demanda en un momento de inflación persistente.

Grandes corporaciones, como Tesla y BMW, han expresado su preocupación por el alza en los costos operativos. Incluso fabricantes estadounidenses con cadenas de suministro globalizadas han solicitado excepciones, señalando que los aranceles podrían desencadenar despidos en lugar de crear empleos. The Economist resalta que, en el pasado, medidas similares —como los aranceles al acero— terminaron perjudicando más a la industria local que a sus competidores extranjeros.

Esta guerra comercial está acelerando un fenómeno preocupante: la fragmentación de las cadenas de suministro. Muchas empresas están considerando trasladar sus operaciones a países como Vietnam, India o México para evitar los aranceles. Pero esto no es algo que pueda hacerse de la noche a la mañana; requiere tiempo y grandes inversiones.

Si EE.UU. sigue adelante con estas medidas, es probable que China y otros países respondan con represalias, afectando sectores como la tecnología o la agricultura. La Organización Mundial del Comercio ya ha advertido sobre los riesgos de un proteccionismo generalizado, que podría reducir el crecimiento económico global. Algunos economistas sugieren que, en lugar de aranceles, Estados Unidos debería impulsar acuerdos comerciales que garanticen competencia justa sin desestabilizar el mercado. No obstante, en un contexto de rivalidad estratégica con China, parece improbable un cambio de rumbo en el corto plazo.

La imposición de aranceles del 25% a los automóviles asiáticos refleja una política económica con profundas ramificaciones geopolíticas. Mientras China busca alternativas para minimizar el impacto, Japón y Corea del Sur enfrentan el desafío de preservar su acceso al mercado estadounidense sin sacrificar su competitividad. Por su parte, Estados Unidos podría descubrir que el remedio es peor que la enfermedad, con consecuencias negativas para su industria y consumidores.

Algunos economistas sugieren que, en lugar de imponer aranceles, EE.UU. debería buscar acuerdos comerciales que garanticen una competencia justa. Pero en medio de la rivalidad con China, es poco probable que las cosas cambien pronto.

En un intento por defenderse de los fuertes aranceles que ha puesto en marcha el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y para reforzar sus lazos de libre comercio, China, Corea del Sur y Japón firmaron este domingo (30 de marzo) un acuerdo durante la primera reunión de alto nivel entre los máximos responsables de comercio de los países en cinco años.

En el escenario global, la medida acelera la fragmentación comercial y amenaza con debilitar el sistema multilateral que ha regido la economía durante décadas. En un mundo cada vez más polarizado, el costo de la guerra comercial podría extenderse mucho más allá de los balances económicos, redefiniendo las alianzas y el futuro del comercio internacional.

 

Continuar Leyendo
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

MUNDO

La tradición del saqueo: Naturaleza depredadora del poder imperial

Publicado

el

– Actualidad, por Alberto Gómez R.

(Parte 1) A lo largo de la historia de la humanidad, el poder económico de los grandes imperios se ha construido frecuentemente sobre pilares tan sombríos como la guerra, el saqueo sistemático y el sometimiento de pueblos enteros.

Este patrón de comportamiento, visible desde los primeros imperios de la antigüedad hasta las potencias contemporáneas, revela una lógica de acumulación basada en la extracción violenta de recursos más que en la productividad o la innovación endógena.

El historiador económico Douglas North, citado en uno de los documentos analizados, señalaba que los imperios antiguos establecían sistemas burocráticos sofisticados que permitían la expropiación sistemática de excedentes de las regiones conquistadas.

En el mundo actual, Estados Unidos representa la última encarnación de este impulso imperial, aunque sus métodos hayan evolucionado hacia formas más sofisticadas de dominación económica y militar.

Como se advierte en el panorama actual, esta potencia estaría experimentando un rápido declive relativo en el escenario global, lo que intensificaría sus comportamientos depredadores hacia naciones ricas en recursos que se resisten a someterse a su hegemonía.

Venezuela, con las mayores reservas petroleras certificadas del planeta, se encontraría en la mira de este mecanismo de saqueo contemporáneo, al igual que lo estuvieron Irak, Libia y Siria en las últimas décadas, solo por citar algunos ejemplos.

LOS CIMIENTOS HISTÓRICOS DEL SAQUEO IMPERIAL

Los primeros grandes imperios de la historia establecieron las bases de lo que sería una larga tradición de explotación económica mediante la conquista. En Mesopotamia, Egipto, China y la India, surgieron estructuras estatales centralizadas que «legislaban, impartían justicia y ejecutaban sobre un extenso territorio que agrupaba a muchas ciudades» (eumed.net).

Estos imperios perfeccionaron sistemas de extracción de riqueza mediante tributos, esclavitud y control de las rutas comerciales.

El Imperio de Alejandro Magno ofrece un ejemplo temprano de cómo la conquista militar servía como vehículo para la acumulación de riqueza. Como se describe en los documentos, Alejandro y sus falanges macedonias conquistaron todo el Imperio persa en tan sólo ocho años, apoderándose de inmensos tesoros y estableciendo un sistema de control sobre territorios que se extendían hasta la India. Patrón similar exhibiría el Imperio Romano, que transformó el Mediterráneo en su «Mare nostrum» y extrajo recursos de todos los territorios conquistados, desde las minas de plata hispanas hasta los graneros egipcios.

Con la era de los descubrimientos, las potencias europeas perfeccionaron el arte del saqueo imperial a escala global. España y Portugal inauguraron lo que podría considerarse el primer «imperio global» de la historia: «por primera vez un imperio abarcaba posesiones en todos los continentes del mundo» (eumed.net).

El flujo de metales preciosos desde América hacia Europa financió las guerras y el desarrollo económico europeo durante siglos, a costa del exterminio y la explotación de poblaciones indígenas.

El Imperio británico llevaría este modelo a su máxima expresión, estableciendo una red global de colonias y territorios controlados que proveían de recursos naturales y mercados cautivos a la metrópoli. El comercio de esclavos, la extracción de recursos en condiciones de cuasi-esclavitud y la destrucción de industrias locales competitivas fueron algunas de las estrategias empleadas para consolidar su hegemonía económica.

ESTADOS UNIDOS, LA SUPERPOTENCIA DEPREDADORA

Estados Unidos emergió como potencia global practicando una versión modernizada del juego imperial tradicional. Bajo la Doctrina Monroe y su corolario Roosevelt, se autoproclamó potencia hegemónica en América Latina y el Caribe, interviniendo militarmente en múltiples ocasiones para proteger sus intereses económicos. La diplomacia de las cañoneras y las intervenciones directas aseguraban el acceso a mercados, recursos y rutas comerciales estratégicas.

Tras la Segunda Guerra Mundial, con las potencias europeas debilitadas, Estados Unidos ascendió a la condición de superpotencia global, rol que se consolidaría tras el colapso de la Unión Soviética.

Como se señala en uno de los documentos, «después de que se desintegrase la Unión Soviética a principios de 1990, Estados Unidos quedó como la única superpotencia restante de la Guerra Fría». Esta posición hegemónica le permitió moldear las instituciones internacionales a su medida y establecer un sistema económico global que privilegiara sus intereses.

La economía estadounidense se ha vuelto profundamente dependiente de lo que el presidente Eisenhower denominó el «complejo militar-industrial». Con un presupuesto militar que supera al de los siguientes diez países combinados, Estados Unidos ha convertido la guerra en un negocio extraordinariamente lucrativo para sus corporaciones de defensa.

Como se documenta en uno de los artículos revisados, la administración Biden ha solicitado al Congreso «842 mil millones de dólares para el Pentágono en el año presupuestario 2024», lo que representa «la solicitud más grande desde el pico de las guerras de Irak y Afganistán» (france24.com).

Este apetito insaciable por el gasto militar requiere enemigos externos y conflictos perpetuos, creando un círculo vicioso de intervencionismo que justifique tales desembolsos. Los resultados son visibles en las sucesivas guerras e intervenciones que han marcado las últimas décadas, desde Vietnam hasta Afganistán, pasando por Irak, Libia y Siria.

EL SAQUEO CONTEMPORÁNEO

La invasión de Panamá en 1989 constituye un ejemplo paradigmático de cómo Estados Unidos utiliza pretextos para justificar intervenciones militares que persiguen objetivos geoeconómicos estratégicos. Como se documenta extensamente en varios de los materiales consultados, la llamada «Operación Causa Justa» fue oficialmente justificada como una medida necesaria para detener el narcotráfico y defender la democracia.

El general Manuel Antonio Noriega, quien había sido durante años un aliado útil para Washington y colaborador de la CIA, fue convertido de pronto en enemigo público número uno. Como se describe en los documentos, Noriega «había sido aliado clave de Estados Unidos durante el final de la Guerra Fría, trabajando como agente de la CIA, al tiempo que tejía vínculos con el narcotráfico» (elnacional.com). Cuando dejó de ser funcional a los intereses estadounidenses, fue acusado de narcotráfico y derrocado mediante una invasión militar que causó entre 500 y 4 mil víctimas panameñas, según distintas fuentes.

El verdadero objetivo de la invasión, sin embargo, habría sido asegurar el control estratégico del Canal de Panamá en vísperas de su traspaso completo a soberanía panameña, previsto para el año 2000 según los Tratados Torrijos-Carter de 1977. Como se señala en uno de los documentos, estos tratados «condicionaba la defensa del canal de manera conjunta, a través de un tratado adicional, dando la posibilidad de intervenir militarmente en Panamá si la operación del canal se viese comprometida».

La invasión aseguró que, aunque panameño en papel, el canal permaneciera bajo control efectivo estadounidense.

Continuará…

Continuar Leyendo

MUNDO

Inteligencia artificial: La arquitectura del nuevo orden mundial

Publicado

el

– Análisis, por Victor Hugo Celaya Celaya

El mapa del poder mundial se ha reorganizado. Hoy, la influencia no se mide únicamente en arsenales o acuerdos comerciales, sino en algoritmos y capacidad de procesamiento.

Nos enfrentamos a un nuevo tablero geopolítico y geoeconómico definido por tres grandes polos de poder: Estados Unidos, con su enfoque en el desarrollo tecnológico, las finanzas y la seguridad; China, que ha apostado por la manufactura avanzada, la innovación y la inversión masiva en infraestructura; y Rusia, que basa su estrategia en el control de energía, minerales estratégicos y su poder militar.

Esta reconfiguración global plantea preguntas cruciales para el resto del mundo. ¿Cómo coexistir con estos bloques? ¿Cómo aprovechar las corrientes de innovación que emanan de ellos sin sacrificar nuestra soberanía? Y, sobre todo, ¿cómo podemos acompasar nuestras políticas públicas y nuestros esfuerzos nacionales para no quedarnos atrás en esta nueva era de equilibrios de poder?

La visión de una «aldea global» que definimos en los años noventa, unida por la apertura del comercio, ha dado paso a una realidad más compleja. La interconexión actual se teje con redes de inteligencia artificial (IA), investigación científica y ecosistemas digitales.

Aunque las tensiones militares persisten, el verdadero campo de batalla se ha trasladado a la biotecnología, la robótica y, de manera central, a la inteligencia artificial. Esta revolución ya impacta nuestra vida diaria, transformando la educación, la salud, el trabajo y la seguridad. Ninguna sociedad puede sustraerse a ella.

LA CARRERA POR EL FUTURO: ESTRATEGIAS EN COMPETICIÓN

Cada una de las grandes potencias ha trazado una ruta clara para liderar esta era tecnológica, obligando al resto de los países a replantear la cooperación y la competencia.

Estados Unidos ha optado por un modelo que prioriza la innovación impulsada por su dinámico sector privado. En 2023, la inversión privada en IA en este país alcanzó los $67.2 mil millones, una cifra superior a la suma de los siguientes 14 países.

El gobierno actúa como un catalizador estratégico, como lo demuestra la Orden Ejecutiva 14110 para el desarrollo seguro y confiable de la IA, o la Ley CHIPS y de Ciencia, que destina más de $52 mil millones a revitalizar la fabricación de semiconductores, el hardware fundamental sobre el que corre toda la inteligencia artificial.

Esta estrategia se materializa en proyectos monumentales como ‘Stargate’, el centro de datos de $100 mil millones de Microsoft y OpenAI, o la Alpha School en Virginia, que ya personaliza el aprendizaje con IA.

China avanza con un enfoque centralizado y dirigido por el Estado, con la meta clara de alcanzar el liderazgo mundial en IA para 2030. A través de iniciativas como «AI+», integra soluciones de IA en sectores clave. El resultado es un ecosistema robusto: se estima que el valor de la industria de IA en China superará los $220 mil millones para 2026.

Este esfuerzo se refleja en su dominio de la propiedad intelectual, acumulando casi la mitad de todas las solicitudes de patentes de IA en el mundo. Gigantes tecnológicos como Baidu, Alibaba y Tencent no son solo empresas, sino instrumentos de la estrategia nacional para establecer estándares globales.

Rusia, por su parte, enfoca su estrategia de IA en la soberanía digital y la seguridad nacional. A través del proyecto nacional “Economía de Datos”, que se extenderá hasta 2030, busca reducir su dependencia de la tecnología extranjera e integrar la IA en sectores gubernamentales clave.

Más que competir en el mercado de consumo global, su prioridad es aplicar la IA para la optimización de sus industrias estratégicas (energía, defensa) y la administración pública. Su marco regulatorio es estricto y busca asegurar un uso responsable de la tecnología, priorizando el control estatal y el desarrollo de talento local a través de iniciativas educativas supervisadas.

La Unión Europea ha decidido jugar un papel distinto, posicionándose como el gran regulador global. Su enfoque no es competir en una carrera de velocidad, sino establecer las reglas del juego. Con su Ley de Inteligencia Artificial (AI Act), aprobada en 2024, introduce el primer marco legal integral para la IA, basado en niveles de riesgo. Este prohíbe aplicaciones consideradas inaceptables (como el «social scoring» estatal) y regula estrictamente los sistemas de alto riesgo.

Este poder normativo se complementa con fuertes inversiones a través de programas como Horizonte Europa y Europa Digital, que movilizan miles de millones de euros para construir una infraestructura de datos soberana bajo iniciativas como GAIA-X y apoyar a un ecosistema de IA «confiable y centrado en el ser humano».

EL DESPERTAR DE AMÉRICA LATINA: PRIMEROS PASOS

Frente a estas estrategias consolidadas, América Latina no es un simple espectador; la región ha comenzado a mover sus propias piezas. Aunque de manera desigual y con retos importantes, están surgiendo iniciativas notables.

En México, la coalición multisectorial IA2030MX ha impulsado una agenda para el desarrollo de una Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial. Polos de innovación como Monterrey y Guadalajara concentran talento y startups, mientras que universidades como la UNAM y el Tec de Monterrey lideran la investigación.

Otros países también marcan el paso. Chile fue pionero en la región al lanzar su Política Nacional de Inteligencia Artificial en 2021, centrada en el desarrollo de talento, la ética y la adopción de IA en la industria. Brasil cuenta con una robusta red de centros de investigación en IA y debate activamente un marco legal propio. Por su parte, Colombia ha establecido un marco ético para la IA en el sector público y promueve proyectos de datos abiertos para fomentar la innovación. Estos esfuerzos, aunque incipientes, demuestran una conciencia creciente sobre la urgencia de participar activamente en esta revolución.

DE ESPECTADORES A PROTAGONISTAS

Ante este escenario, la pregunta para nuestros países es ineludible: ¿nos conformaremos con estos primeros pasos o aceleraremos el ritmo para jugar un rol protagónico? Si queremos dejar de ser simples compradores de tecnología para convertirnos en creadores, necesitamos una hoja de ruta clara y acciones inmediatas.

La interconexión de hoy, definida por algoritmos, nos obliga a innovar. Para ello, es fundamental avanzar en tres áreas estratégicas:

  1. Formar talento e invertir en educación digital. Esto debe empezar desde la educación primaria y extenderse hasta los posgrados.
  2. Crear alianzas estratégicas entre universidades, gobierno y empresas. Los esfuerzos aislados son insuficientes.
  3. Diseñar políticas públicas con visión de futuro. Debemos impulsar el uso integral de la IA y desarrollar un marco ético sólido que garantice la equidad y la protección de datos.

Esto implica fomentar centros de inteligencia artificial que apoyen a startups y consoliden proyectos de investigación propios, aprendiendo de las experiencias globales. La tecnología no debe ser vista como algo «importado» o lejano, sino como un campo fértil donde podemos liderar.

Nos encontramos en un punto de inflexión histórico. La inteligencia artificial está redefiniendo las reglas del desarrollo económico y social a una velocidad sin precedentes. No podemos permitirnos el lujo de la duda o la postergación. La tarea es clara: debemos alinear nuestros recursos, talentos y voluntades para integrarnos de manera soberana y estratégica a esta nueva era. Lo que hagamos, o dejemos de hacer, durante esta década determinará las oportunidades de las próximas generaciones.

 

Continuar Leyendo

MUNDO

El dilema de Putin: ¿Paz con Trump o alianza con China?

Publicado

el

– Política Global, por Jorge López Portillo Basave

El miércoles habrá un gran evento en China para conmemorar el día de la victoria aliada vs Hitler hace 80 años. Como sabemos en la guerra contra los Nazis, Rusia y China fueron compañeros de lucha con EUA y casi todo Europa. Por eso es por lo que el propio Putin antes de ir a Alaska a ver a Trump pasó por el cementerio de soldados rusos y americanos caídos en la Segunda Guerra Mundial.

El 1 de septiembre era la fecha que Trump había puesto como referencia para saber si Rusia hablaba en serio. De hecho, tanto Francia como Alemania han dicho que parece ser que Estados Unidos tendrá que aplicar sanciones más severas contra Rusia, ya que no ha cumplido sus promesas para ver a Zelenski antes de este día.

Alemania ha ido más allá y ha dicho que Rusia ya está en guerra con Europa porque en fechas recientes ha habido ataques terroristas en contra de intereses alemanes en varios países de la región.

Dichos ataques habrían sido financiados por Rusia, según el nuevo canciller alemán, quien además ha asegurado que el modelo económico de regalar dinero a los ciudadanos por no trabajar era insostenible. Es decir, que Europa no está en su mejor momento económico. Esto lo digo porque una guerra es cara.

La OTAN celebra cada año en Francia la llegada de los aliados y el Día de la Victoria, pero pocas veces invitan a sus aliados de otros países (como Rusia y China), quienes también lucharon contra Hitler, Japón e Italia.

La fiesta en China será presenciada no solo por Xi Jinping quien la organiza, sino por varios líderes aliados o vecinos del momento, incluido Vladimir Putin, quien debe decidir si acuerda la paz con Trump para Ucrania o se sigue entregando en los brazos de China.

Irán, India, Corea del Norte, Rusia, China y otros 23, de un modo o de otro, no han querido aplicar sanciones a Rusia por la guerra de Ucrania o son aliados de China, por encima de EUA.

Sea lo que sea, parece que EEUU y Europa se preparan para la guerra esperando llegar a un acuerdo previo, pero incluso invirtiendo más en armas y hasta cambiando el nombre de sus secretarías de defensa por guerra, como lo anunció Estados Unidos para regresar al nombre de “Departamento de Guerra” en lugar de “Departamento de Defensa”, nombre que llevó desde 1947 a la fecha.

Una tristeza que no haya acuerdo en Europa por una u otra causa. Como lo hemos venido diciendo, China es el gran ganador de la guerra en Ucrania y en la paz sería el gran perdedor a menos de que logre reintegro con una Rusia arruinada.

EUA es claro, quiere hacer negocio con Rusia y con Ucrania, pero si no es por el comercio, será por las armas. Me hubiera gustado hablar de los temas de las drogas a menores para cambiar de sexo o el supercohete que con éxito despegó hace 4 días desde Texas en la carrera de las potencias para regresar a la Luna y llegar a Marte, pero creo que esta reunión y esta fecha serán determinantes para el futuro de Europa. Aunque las drogas para cambio de sexo pueden ser determinantes para el futuro de Occidente.

Por lo pronto, Rusia, el rebelde y agresivo, está viendo si da su amor a EUA o a China. Y en caso de hacerlo, habrá que ver si es duradero.

Por cierto, quiero felicitar al Papa León XIV por su cumpleaños. Espero ir a Roma a conocerle —al menos de lejos— y de ahí, si Dios quiere, a Tierra Santa. Los avances tecnológicos parece que no han ido de la mano con los avances, o mejor dicho, con el mantenimiento del sentido común. Hace mucho que no doy gracias a usted por su lectura y a este espacio por la oportunidad. De verdad, ¡muchas gracias! Feliz inicio del mes.

Continuar Leyendo

Copyright © 2020 Conciencia Pública // Este sitio web utiliza cookies para personalizar el contenido y los anuncios, para proporcionar funciones de redes sociales y para analizar nuestro tráfico. También compartimos información sobre el uso que usted hace de nuestro sitio con nuestros socios de redes sociales, publicidad y análisis, que pueden combinarla con otra información que usted les haya proporcionado o que hayan recopilado de su uso de sus servicios. Usted acepta nuestras cookies si continúa utilizando nuestro sitio web.