MUNDO
El principio del fin: La crisis del precio del petróleo; de la Revolución Bolivariana a la detención de Maduro
Por Juan Raúl Gutiérrez Zaragoza
Este fin de semana tuve una larga charla con el Director de este Semanario, don Gabriel Ibarra, respecto del tema Venezuela; vimos cómo se cumplieron dos de los escenarios que planteamos en la edición de Conciencia Pública del 21 de diciembre del año que feneció, y nos propusimos armar el rompecabezas para la situación que vive ese país, así que, vamos a por ello.
Es bien sabido que en la vida todo tiene un inicio y un fin, por lo que tendré que empezar este intento mencionando que el chavismo constituye uno de los fenómenos políticos más influyentes y controvertidos de América Latina en las últimas décadas. Surgió como un proyecto de justicia social y refundación nacional, se consolidó bajo el liderazgo de Hugo Chávez y posteriormente derivó en un régimen autoritario bajo Nicolás Maduro.
Por lo que resulta forzoso hacer un breve recorrido histórico del chavismo, desde sus orígenes hasta la detención de Maduro; intentaré abordar los factores ideológicos, económicos, políticos y geopolíticos que marcaron su evolución y crisis final.
Este movimiento vio su germen con la fundación del MBR-200 (1982): Hugo Chávez y un grupo de militares jóvenes crearon el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, inspirado en el pensamiento de Simón Bolívar y en la necesidad de transformar un sistema político percibido como corrupto y excluyente.
Se empezó a manifestar con el intento de golpe de Estado en 1992; Chávez lideró una insurrección militar contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez, aunque fracasó, su figura emergió como símbolo de rebeldía y justicia social.
La ideología del chavismo se definió como una mezcla de bolivarianismo, socialismo del siglo XXI, populismo de izquierda y antiimperialismo.
Posteriormente, Chávez se llevó el triunfo electoral de las elecciones de 1998; ganó la presidencia con un discurso de refundación nacional, prometiendo acabar con la corrupción y devolver el poder al pueblo. Ya en el poder, se consolidó el movimiento chavista, que duró en la cima entre los años 1999 y 2013.
Un dato relevante de ese periodo fue la aprobación de una nueva Constitución en 1999, que amplió el poder presidencial y redefinió el Estado bajo principios bolivarianos.
Con el auge petrolero, Chávez nacionalizó sectores estratégicos y financió misiones sociales en salud, educación y vivienda; el comandante se convirtió en figura central, con un estilo carismático y confrontativo, que lo consolidó como líder continental.
Con respaldo popular y constitucional, el chavismo se proyectó como modelo alternativo al neoliberalismo, con alianzas regionales como ALBA y Petrocaribe.
Muere Chávez en el año 2013, asumiendo la presidencia Nicolás Maduro, quien llega a la presidencia en ese mismo año, con apoyo de Cilia Flores, a la postre su esposa, también detenida, y Diosdado Cabello.
EL PRINCIPIO DEL FIN
El nuevo presidente no pudo evitar la caída de los precios del petróleo, que se sumó a una mala gestión, hechos que derivaron en hiperinflación, escasez y colapso de servicios básicos, lo que provocó una huida de millones de venezolanos que emigraron buscando sobrevivir, generando una crisis humanitaria regional; el régimen se sostuvo mediante control militar, persecución a opositores y manipulación institucional.
En las últimas elecciones, el gobierno de Maduro no presentó las actas de votación, impidiendo la verificación ciudadana; la ausencia de la documentación fue interpretada como fraude, debilitando la legitimidad del sistema electoral, lo que dio paso a que la oposición reclamara la victoria de los comicios. Diversos organismos internacionales, como la OEA y la ONU, que recibieron (como observadores de la elección) un pésimo trato del régimen dictatorial, denunciaron irregularidades y el chavismo respondió con represión; los mismos organismos a los cuales ahora diversos funcionarios del gabinete de Maduro y seguidores ex oficio piden desesperadamente su ayuda.
El chavismo entró en una fase de crisis; para el movimiento era el inicio del final; la falta de actas evidenció la ruptura definitiva entre gobierno y sociedad, convirtiéndose en el detonante que mostró que la dictadura ya no podía sostenerse ni siquiera con mecanismos de legitimación electoral.
Uno a uno fueron sumándose elementos que dieron pie a su debacle, entre ellos el agotamiento económico; la renta petrolera ya no sostenía los programas sociales ni el aparato estatal; el quiebre de legitimidad política, la falta de actas electorales; la fractura interna, sectores militares y políticos comenzaron a distanciarse de Maduro; el aislamiento internacional, la comunidad internacional endureció sanciones y desconoció los resultados electorales; juntando estos factores más las protestas internas, el éxodo masivo y la falta de legitimidad electoral, crearon el escenario para la intervención internacional, primero en discursos, y llevada a cabo por Estados Unidos.
Esta oportunidad no la iba a dejar pasar Trump, quien empezó con una presión muy fuerte, endureció a más no poder su discurso contra el dictador Maduro y, en los hechos, desplegó una fuerza inusual hacia el cono sur, llegando incluso a destruir barcos petroleros que, según el mismo Donald Trump, estaban sancionados.
LAS BRAVUCONADAS
Ya arrinconado Maduro, el Presidente de Estados Unidos le ofreció una salida del poder negociada, que, ante los acontecimientos recientes, pareciera una oferta muy generosa; no la aceptó, incluso se hizo viral un video donde le decía a Trump, de manera altanera, “si me quieres, ven por mí, aquí te espero, cobarde”, y, como nos percatamos, le tomaron la palabra.
LA OPERACIÓN MILITAR
Toda operación militar tiene una importante fase de planeación, en este caso, se destacan varios elementos: se le fincaron un sinfín de cargos a 19 personas del círculo cercano a Maduro (entre familiares y colaboradores), de narcoterrorismo y corrupción, entre muchos otros, perdiendo con ello inmunidad diplomática; mientras algunos seguidores en Latinoamérica se burlaban de que el Premio Nobel de la Paz le fuera concedido a María Corina, la galardonada se le escapa de Venezuela, dejando en ridículo total a Maduro, síntoma de pérdida de poder y falta de control; falta de credibilidad en él de su ejército, y por si fuera poco su vicepresidenta se encontraba en “actividades programadas anteriormente” en Rusia.
Viendo este panorama, la inteligencia del gobierno de Estados Unidos considera que se reúnen todos los ingredientes para echar a andar el plan de extracción del depuesto dictador (la actuación de la CIA merecería un capítulo grande aparte). De esta forma, el 3 de enero de 2026, fuerzas especiales de Estados Unidos capturaron a Maduro y a Cilia Flores en la capital Caracas.
Como era de esperarse, las reacciones en el mundo no se hicieron esperar: algunos países celebraron el fin del régimen, otros denunciaron violación del derecho internacional. Así fuimos testigos en las redes sociales de múltiples comentarios de “soberanistas” de celular, criticando ferozmente la extracción de Maduro; curiosamente, no les vi esa reacción cuando el dictador violó el derecho del pueblo venezolano al sufragio libre. Para el mundo racional, el oficialismo perdió la elección y la ganó el opositor Edmundo González; el bloque opositor presentó pruebas de su triunfo y el dictador no exhibió una sola acta, ¿o sí?
Es evidente que la extracción de Maduro produce de inmediato un impacto interno, generando el vacío de poder necesario para abrir la posibilidad de iniciar con la fase de transición.
¿QUIÉN GOBERNARÁ VENEZUELA?
Surge una pregunta obligada: ¿quién gobierna ahora Venezuela?
Trump, en su primera conferencia de prensa, ya con Maduro detenido, señala que ellos (USA) gobernarán hasta que se dé la transición requerida; se entiende que, a través de alguien de nacionalidad venezolana, que bien pudiera ser la vicepresidenta Rodríguez, que ya ha sido mandatada en asumir el cargo por el Tribunal Superior de Justicia de Venezuela.
Constitucionalmente, Delcy Rodríguez aparece como sucesora inmediata según la legislación venezolana, pero, como señalamos, estaba en Rusia al momento de la detención; quizá ahora esté en Estados Unidos en pláticas con el Secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, preparándose para lo que viene.
Jorge Rodríguez, como presidente de la Asamblea Nacional, también figura en la línea de sucesión, pero está en la lista de los 19.
Es importante señalar que la ruta legal de sucesión no es tan sencilla; en colaboración, por separado, llevo a cabo este análisis de forma amplia; por lo pronto, me ajustaré a un resumen muy apretado de conformidad con el artículo 233 de la Constitución venezolana, con tres escenarios: Primero, el cómodo: la vicepresidenta asume. El segundo, ¿qué pasaría si la vicepresidenta no quiere asumir el cargo? Y el tercero, ¿qué pasaría si el segundo en esa línea, su hermano Jorge, presidente de la Asamblea Nacional, estuviera imposibilitado para asumirlo?
Escenario 1: Transición ordenada: vicepresidenta asume y elecciones en 30 días.
Escenario 2: Vacío parcial: Asamblea o TSJ deben suplir la negativa y convocar elecciones.
Escenario 3: Vacío total: sin vicepresidenta ni presidente de Asamblea, el TSJ, la Asamblea o las Fuerzas Armadas tendrían que intervenir; elecciones en 30 días serían la salida más legítima, pero con riesgo de fractura institucional.
Ante este panorama, es obvio que el escenario que brinda mayor estabilidad para Venezuela, es el de una continuidad minimizada con Delcy Rodríguez al frente, con un gobierno provisional supervisado directamente por USA y por otros actores internacionales, para convocar a elecciones anticipadas con garantías democráticas; sería lo más conveniente y brinda mayor estabilidad política, que es lo que se requiere, brincar lo militar rápido y de la mejor manera.
Es importante señalar que es evidente una fragmentación militar con riesgo de inestabilidad y que el futuro del nuevo gobierno de Venezuela depende de la correlación de fuerzas internas y externas. Ya vimos que fue relativamente sencillo para el poder armamentístico y de inteligencia de Estados Unidos deshacerse de los tres cinturones de seguridad que tenía Maduro, incluso el primero, compuesto por guardias de nacionalidad cubana, donde hubo alrededor de 40 muertos.
De esta manera hemos sido testigos de cómo se pasó del bolivarianismo al autoritarismo; el chavismo pasó de ser un proyecto popular a un régimen militarizado. Fue imparable el impacto económico y social; el colapso de la economía y la diáspora venezolana marcaron la decadencia de ese modelo.
Así las cosas, el hermano país enfrenta un dilema: reconstrucción democrática o continuidad de estructuras de poder militar.
El chavismo, desde su origen hasta la detención de Nicolás Maduro, representa un ciclo histórico de auge, consolidación, crisis y caída; lo que comenzó como un proyecto de justicia social terminó como un régimen autoritario sostenido por la represión y la opacidad electoral. La reciente detención de Maduro abrió un escenario de transición incierto, donde la sucesión constitucional, la presión internacional y la capacidad de la oposición definirán el rumbo del país.
Ya el espacio no me da para escribir más de otros ingredientes en este cocido: China, Rusia, Israel, Irán, Corea del Norte, Cartel de los Soles, Tren de Aragua, petróleo, posición geográfica estratégica y varios más.
Empiezo mi cierre mencionando que la lección histórica es clara: ningún poder puede sostenerse indefinidamente si niega la verdad y la voluntad popular; el futuro de Venezuela dependerá de su capacidad para reconstruir instituciones, garantizar elecciones libres y recuperar la confianza ciudadana.
Por último, vale la pena recalcar lo que señalé en mi colaboración anterior respecto de este tema: no estoy de acuerdo ni en las intervenciones militares ni en las dictaduras. ¿Cuál es el mal menor? Usted tiene la mejor opinión.
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Juan Raúl Gutiérrez Zaragoza es doctor en Derecho por la Universidad Panamericana y doctorante en Filosofía en la Universidad Autónoma de Guadalajara.


