Connect with us

Deportes

El negocio mata la competencia: El futbol mexicano, víctima de sus propios dueños

Publicado

el

Spread the love

Miscelánea Deportiva, por Esteban Trelles Meza

El futbol profesional en México ha sido, históricamente, más que competitivo. Así lo demostró durante su participación en la Copa Libertadores, donde enfrentó y superó a los mejores equipos de Sudamérica. Dos de los llamados “grandes” del país, Cruz Azul y Guadalajara, llegaron a disputar finales continentales, mientras que Pachuca logró conquistar la Copa Sudamericana ante rivales de alto nivel.

Sin embargo, de la misma forma en que los clubes mexicanos irrumpieron con fuerza en el futbol sudamericano, también desaparecieron abruptamente de esa competencia. Los federativos, en una decisión cuestionable, desviaron el rumbo hacia la MLS, un torneo distante del nivel que ofrecen las ligas líderes del continente sudamericano.

El resultado ha sido un futbol local saturado de jugadores extranjeros, mientras que los talentos nacionales aparecen a cuentagotas. Las oportunidades para los jóvenes mexicanos son escasas, condenándolos a vegetar en una intrascendente Liga de Expansión, sin una verdadera proyección hacia la Primera División.

No se trata de una descalificación peyorativa, sino de una realidad: la marginación del jugador nacional en su propio país. Como si fuera poco, los “genios” federativos decidieron de golpe y porrazo eliminar el ascenso y descenso, cerrando el sistema con un “broche de hojalata” que ha perjudicado a instituciones históricas que buscan regresar legítimamente a la Primera División.

Ahí están los ejemplos: la UdeG, que llegó a disputar dos finales consecutivas recién ascendida; el Atlante, con una historia brillante, hoy acomodado en el llamado “Club de Toby” sin necesidad de ser campeón; o Tampico, equipo tradicional que junto con Ciudad Madero —separados apenas por una calle— llegó a ser prácticamente imbatible en su territorio.

La lista de agravios continúa con plazas emblemáticas como Irapuato, Celaya, Zacatepec, La Piedad, Universidad de Tamaulipas, Veracruz —una plaza que merece estar en Primera División—, Morelia, el desaparecido Unión de Curtidores y el propio Cruz Azul, surgido desde esa división para convertirse en uno de los grandes del futbol mexicano.

Sin desviarnos del tema, es necesario señalar que equipos como el actual campeón Toluca, o los clubes de Monterrey, tienen méritos deportivos incuestionables, pero no alcanzan la categoría de “grandes” por una razón fundamental: su arraigo es regional. Carecen del peso histórico, popular y simbólico que solo el tiempo y la identidad nacional otorgan.

La grandeza no se mide únicamente por campeonatos. Existen múltiples factores —historia, afición, identidad, continuidad— que dieron vida al futbol mexicano. Paradójicamente, hoy su mayor enemigo no está fuera de la cancha, sino en los propios dueños de los equipos.

México debería observar modelos como el de España, donde la competencia entre Primera y Segunda División es constante y exigente. Esa dinámica fortalece el nivel general del futbol, algo que en nuestro país se ha perdido, alejándonos de estándares de excelencia.

En el recuerdo quedan aquellos torneos internacionales disputados en el Estadio Jalisco: pentagonales, cuadrangulares y enfrentamientos memorables ante potencias europeas. Atlas y Guadalajara se midieron con clubes de élite, como aquel Bayern Múnich de Franz Beckenbauer y Gerd Müller, contenidos por un extraordinario Héctor Brambila.

También llegaron equipos sudamericanos de gran jerarquía. Argentinos, brasileños, chilenos y uruguayos enfrentaron a clubes mexicanos que se reforzaban de manera estratégica para competir con dignidad y nivel.

Hoy, dentro de Concacaf, el crecimiento es evidente. Panamá, Honduras, Costa Rica —y más recientemente Haití, Surinam, Jamaica y Trinidad y Tobago— dejaron de ser rivales accesibles. El común denominador es claro: sus jugadores militan en las mejores ligas de Europa.

En contraste, el futbol mexicano ha renunciado a la competencia como motor de desarrollo. Hubo un tiempo en que la Segunda División contaba incluso con su propia selección nacional, capaz de competir dignamente a nivel internacional.

Por ello resulta irresponsable que comentaristas “expertos” califiquen a la Liga de Expansión como de “cuarta categoría”. Existen futbolistas con talento, pero sin motivación, conscientes de que aun siendo campeones no accederán a Primera División debido a acuerdos cupulares, sumado a un tope salarial que limita su desarrollo.

Antes, las reservas jugaban antes del primer equipo y viajaban con él, funcionando como verdadero semillero. Guadalajara entendió esa lógica al crear al Tapatío, equipo que fue campeón y produjo una generación de prospectos que hoy forman parte del plantel principal bajo la dirección de Gabriel Milito.

Mientras tanto, a los extranjeros se les otorgan todas las concesiones posibles hasta “cuajar”: adaptación, ritmo, condición física y compenetración. A los jóvenes nacionales, en cambio, se les exige rendimiento inmediato.

Regresar a modelos exitosos del pasado no significa retroceder, sino recuperar competitividad. Los torneos actuales, cortos y semestrales, no permiten procesos. Los canteranos tienen escaso margen de error y, ante cualquier falla, son descartados.

La presión mediática tampoco ayuda. Ejemplos sobran, como el joven guardameta de la UNAM que debutó con menos de 19 años y fue exhibido en un par de partidos sin estar preparado, para luego desaparecer del radar.

Presumir debutantes jóvenes no es motivo de vanagloria. Y menos aún cuando se hace desde discursos vacíos o actitudes belicosas, como ocurre con ciertos técnicos y comentaristas que confunden liderazgo con estridencia.

Finalmente, afirmar que sólo cinco equipos disputan el campeonato por sus nóminas millonarias es una falta de respeto al resto de las instituciones y, sobre todo, al aficionado. Equipos como Guadalajara, Pachuca, UNAM, León, Atlas, Santos, Puebla, Atlético de San Luis y Tijuana mantienen viva la ilusión. Excluirlos del debate es negar la esencia misma del futbol.

El futbol mexicano no está en crisis por falta de talento, sino por exceso de intereses.

Contacto: etrememodelos@hotmail.com


Spread the love
Continuar Leyendo
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Copyright © 2020 Conciencia Pública // Este sitio web utiliza cookies para personalizar el contenido y los anuncios, para proporcionar funciones de redes sociales y para analizar nuestro tráfico. También compartimos información sobre el uso que usted hace de nuestro sitio con nuestros socios de redes sociales, publicidad y análisis, que pueden combinarla con otra información que usted les haya proporcionado o que hayan recopilado de su uso de sus servicios. Usted acepta nuestras cookies si continúa utilizando nuestro sitio web.