MUNDO
Cuando la realidad supera la ficción: La caída de Nicolás Maduro y la próxima intervención en México
Geopolítica, por Rafael Medina
El pasado 3 de enero el mundo entero se despertó con la impactante noticia de la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, perpetrada por las fuerzas de élite de Estados Unidos. Las imágenes que comenzaron a circular en internet del dictador escoltado por agentes de la DEA subiéndolo a un avión de la fuerza aérea estadounidense parecían imágenes creadas con IA como miles que circulan al día, costando trabajo creer que fueran reales por tantos memes y fakenews que circulan en las redes sociales.
Para sorpresa de todos, las imágenes resultaron ser reales; ver a Nicolás Maduro fingir buen humor y desear “happy new year” a los custodios de la prisión de Nueva York donde sería encarcelado parecía parodia; bien dicen que “la realidad supera a la ficción”.
Conforme pasaban las horas y se daban más detalles de la operación, las redes estallaron de comentarios a favor y en contra; unos aplaudían y otros condenaban. El argumento más obvio de los que están en contra es que Estados Unidos va por el petróleo de Venezuela.
Ese mismo día el Gobierno de México expresó su condena sin respetar la “Doctrina Estrada”, acusando: “una violación de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas” y conminó a un “cese de agresión contra el gobierno y el pueblo venezolano”. El expresidente López Obrador también condenó la detención diciendo que no podía “callar ante el prepotente atentado a la soberanía del pueblo de Venezuela y el secuestro de su presidente”, y terminó diciéndole a Donald Trump: “Por ahora no le mando un abrazo”, según él, a manera de castigo.
En el pasar de los días, más voces se han alzado contra el proceder de Estados Unidos; el mismo secretario general de la ONU lo calificó como “un precedente peligroso” y una grave “violación al derecho internacional”, y se convocó a una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU, donde Rusia acusó a los estadounidenses de fungir como «jueces supremos” del orden internacional y de quererse quedar con los recursos naturales de Venezuela.
China secundó a los rusos al asegurar que EEUU pisoteó la soberanía del país sudamericano; no obstante, el embajador de Estados Unidos se defendió argumentando que la intervención fue una “operación de aplicación de la ley quirúrgica” y cuestionó al Consejo por debatirla, y señaló que equiparar a Maduro con un jefe de Estado legítimo equivale a “otorgar legitimidad a un narcoterrorista”.
Ante este escenario, la detención de Maduro dentro de Venezuela efectivamente sí contraviene el derecho internacional, ya que ningún tribunal internacional ordenó su captura, y aunque el dictador estaba acusado de varios delitos en Estados Unidos como narcotráfico y terrorismo, los tribunales de Estados Unidos no tienen jurisdicción internacional, por lo que su captura es ilegal.
No obstante, por todos es sabido que Estados Unidos no respeta fronteras cuando se trata de capturar terroristas o dictadores; lo han hecho muchas veces y lo seguirán haciendo, y no digo que sea legal, pero hay veces que es necesario, ya que los criminales y tiranos, cuando violan la ley interna, se escudan en la ley internacional; es su estrategia para ganar impunidad.
Si bien la ONU era la instancia legal para detenerlo, tristemente no tiene la autoridad —por eso la urgencia de una reforma internacional—, como tampoco las demás instituciones y organizaciones; precisamente por eso existen dictadores, por la debilidad de los organismos internacionales y del derecho internacional.
Por ello, ante una calamidad “invencible”, es necesario que surja una fuerza supranacional, para que imparta la justicia que el derecho internacional no puede lograr, y castigue a los tiranos por sus crímenes de lesa humanidad.
La operación “Determinación Absoluta” fue realizada con precisión quirúrgica, la misma que no se pudo haber ejecutado sin la complicidad de altos mandos y funcionarios del dictador; saber sus guaridas secretas, sus horarios, movimientos, los miembros de su guardia, pero sobre todo su vulnerabilidad, así como cortar la energía de la ciudad para asaltar el Palacio Presidencial; solo sus cercanos como Delcy Rodríguez y Vladimir Padrino pudieron entregar al dictador a los Delta Force.
Hoy el mundo se pregunta por qué Delcy juró como presidenta de Venezuela cuando debieron llevársela junto a Maduro, así como a su secretario de defensa, acusados de los mismos delitos; cómo es posible que los yanquis no hayan nombrado interina a Corina Machado, o a Edmundo González cuando fueron ellos los legítimos ganadores de los pasados comicios presidenciales, o por qué tampoco nombraron a Juan Guaidó, el “presidente legítimo” que en 2019 trataron de imponer.
Estados Unidos juega y negocia con los “incondicionales” de Maduro, ha hecho su mejor apuesta, porque son los que poseen la información que necesitan; sin ellos hubiera sido imposible la operación perfecta, ya que les hubieran costado vidas americanas y quizá miles venezolanas, y probablemente el escape de Maduro por el búnker de Miraflores.
El juego de ajedrez continúa; el siguiente jaque mate será para Cuba. Saben que es el momento de aprovechar la inercia y la fuerza de derrocar a las tiranías, y de impedir que se formen otras. México está en la mira y en cualquier momento pueden entrar los soldados de la Delta Force para capturar capos de la droga y de la política, ya que el narcotráfico representa una amenaza latente para ellos, pero también para el continente.
No obstante, más allá de las drogas, en el fondo Estados Unidos teme que se instale una narcodictadura estratégica como la que realmente están fraguando, y la intervención contra las mafias será también una estrategia política de disuasión para amedrentar a la narcopolítica que gobierna, e impedir que México se vuelva una narcodictadura que lidere América Latina.
Rafael Medina Martínez
Internacionalista


