JALISCO
Tragedia en dos ruedas: Pérdida de vidas que se pudieron evitar, de niños a jóvenes productivos
Por Mario Ávila
El año 2025 cerró con un saldo trágico en la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG): 139 defunciones de motociclistas o sus ocupantes en siniestros viales, según el reporte del Consejo Estatal para la Prevención de Accidentes (CEPAJ).
La cifra no solo refleja un incremento sostenido, sino que alerta sobre la vulnerabilidad extrema de este grupo en las calles: entre los fallecidos hay niños de 0 a 4 años (2 casos), adolescentes de 10 a 19 (19), y el grueso —99 personas, el 71%— en edad productiva de 20 a 39 años. Solo 20 fueron mujeres; 119, hombres.
Los datos del Observatorio de Lesiones del SAMU, el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses (IJCF), el SEMEFO y los municipios de Guadalajara, Zapopan, Tlajomulco, Tlaquepaque, Tonalá y El Salto detallan un patrón letal: marzo y diciembre fueron los meses más mortales, con 20 fallecidos cada uno. El resto del año promedió entre 2 y 3 muertes semanales por accidentes en moto.
Los lesionados también se dispararon: de 4 mil 597 en 2022 a 8 mil 561 en 2025, un aumento del 86%.
Geográficamente, Guadalajara y Zapopan lideran la lista con 38 y 33 accidentes fatales respectivamente, seguidos por Tlajomulco (25), Tlaquepaque (20), Tonalá (17) y El Salto (6).
Las causas recurrentes incluyen exceso de velocidad, pasarse altos, rebase imprudente, invasión de carriles, puntos ciegos de vehículos pesados y, sobre todo, sobrecarga de pasajeros —incluyendo familias enteras— sin equipo de protección adecuado.
LA ESQUINA MALDITA
Un punto negro emblemático es el cruce de Adrián Puga y M. Ponce, en el oriente de Guadalajara, conocido como “La esquina maldita”. Este semáforo se ha convertido en epicentro de accidentes virales gracias a videos captados por cámaras de negocios locales y compartidos en páginas de Instagram y Facebook dedicadas al sitio.
El más reciente fatal ocurrió el 5 de noviembre de 2025: un motociclista circulaba con luz verde por Adrián Puga cuando dos jóvenes en otra moto se pasaron el rojo por M. Ponce a toda velocidad, impactando de frente. Detrás venían dos policías motorizados de Guadalajara, aparentemente en persecución, sin sirenas ni señales de emergencia.
La página acumula decenas de grabaciones de choques —muchos con motos— y comentarios indignados: desde llamados a señalización, agentes viales permanentes o cámaras profesionales, hasta bromas macabras sobre “exorcizar” el crucero.
Las autoridades han sido señaladas por la inacción: pese a la fama del punto, no se han implementado medidas visibles para mitigar el riesgo.
El fenómeno no es aislado. El auge de motos de bajo cilindraje —impulsado por su bajo costo y uso en plataformas de reparto— ha saturado vialidades, generado invasiones de ciclovías y banquetas, y multiplicado accidentes y muertes. Mientras los datos de 2026 ya muestran repunte en retenidas y siniestros, la crisis vial en la ZMG exige respuestas urgentes: educación vial masiva, regulación estricta y, en casos como “la esquina maldita”, intervención inmediata para evitar que siga cobrando vidas de niños, jóvenes y familias enteras.

JUAN MANUEL BARRIOS GONZÁLEZ: “LOS ACCIDENTES SE DAN PORQUE ESTAMOS BIEN AMONTONADOS”: JMBG
Por Mario Ávila
Denuncia que la saturación, la falta de infraestructura exclusiva para motociclistas y la estigmatización generalizada —sin distinguir entre clubes responsables y jóvenes imprudentes con motos de baja cilindrada— multiplican accidentes y muertes. Exige educación vial masiva, procedimientos justos en retenidas y soluciones reales para una ciudad “amontonada” donde la convivencia vial falla y los motociclistas pagan con su vida la ausencia de respeto y espacio.
Juan Manuel Barrios González, conocido como “Lobo Jhony”, integrante de la directiva del club Fuerza Biker Jalisco, denuncia la falta de espacios exclusivos para motociclistas en Guadalajara, lo que genera saturación vial y aumenta los accidentes.
Explica que, mientras ciclistas cuentan con ciclovías en expansión —lo cual no cuestiona, pero critica por reducir carriles para autos y motos—, los motociclistas carecen de infraestructura dedicada. “Nos amontonan más”, afirma, citando ejemplos como la avenida Hidalgo, donde se quitaron carriles para camiones del transporte público y ciclovías, colapsando la movilidad en una ciudad ya saturada.
La convivencia vial falla por falta de cultura y respeto mutuo. Muchos automovilistas se molestan cuando un motociclista avanza por seguridad para evitar puntos ciegos, pero “hemos perdido compañeros atropellados o aplastados por vehículos pesados”, pese a circular correctamente según el Código de Movilidad.
Barrios distingue tipos de motociclistas: los recreativos como su grupo (motos de alto cilindraje, que suelen salir de la ciudad, pero transitan dentro con reglas estrictas: casco, licencia, papeles en regla) y los jóvenes con motos de baja cilindrada, compradas fácilmente en tiendas como Coppel o Elektra con INE.
Estos últimos generan “relajo” (exceso de pasajeros, sin casco, imprudencias), lo que lleva a que autoridades “agarren parejo” y estigmaticen a todos los motociclistas.
Critica la ausencia de políticas enfocadas en motociclistas: no hay carriles exclusivos (difícil por el colapso urbano), y las reducciones de espacio por ciclovías y macros (Mi Macro Periférico, Calzada, aeropuerto) empeoran el caos.
Sobre operativos policiales, los califica de “cacería de brujas” con incoherencias: motos remolcadas en grupo (30-40 por grúa), pero cada dueño paga tarifa individual como si fuera particular, generando lucro indebido.
Acepta sancionar infracciones o motos robadas, pero exige procedimientos justos: “Quítame la moto si infringí; sin embargo, ponme una grúa adecuada, no me avientes en el montón”.
Reconoce que muchos accidentes involucran a jóvenes imprudentes (tres o cuatro en moto, sin casco, en sandalias), sin medir riesgos: “En auto, el golpe lo recibe el vehículo; en moto, tú”.
Su club promueve campañas de concientización: pláticas, talleres y uso de casco certificado en poblados vulnerables.
Concluye: Urge educación vial para todos, infraestructura adecuada y enfoque diferenciado, para reducir accidentes en una ciudad “amontonada” donde motociclistas pagan caro la falta de espacio y respeto.



