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CULTURA

El genio, el fracaso y el actor: «Leonardo», el monólogo con el  que Rodrigo Murray revive a Da Vinci

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Conciencia en la Cultura, por Luis Ignacio Arias

Rodrigo Murray presentó Leonardo, el 20 y 21 de febrero en el Conjunto Santander. Se trata de un monólogo sobre la vida y obra de Leonardo da Vinci, en el que abordó las diferentes facetas de una de las mentes más brillantes del renacimiento italiano.

Acompañado por una escultura de 2 metros Murray presenta el lado humano de Leonardo, el hombre que trabajó y fracasó entre reyes, monjes, tiranos, papas en la convulsa sociedad renacentista, hasta finalmente recibir el reconocimiento por su trabajo e ingenio. 

Escrito por Rodrigo Murray, el monólogo entrelaza la vida de un actor fracasado con las desventuras que enfrentó Leonardo a lo largo de su vida. “La inmortalidad, el fracaso y el teatro son los temas que forman esté monólogo” declaró el actor al terminar la función. 

Como suele pasar con los grandes genios, el éxito roba el reflector al resto de la vida, al proceso que se necesitó para llegar a él, por lo que Leonardo se enfoca en mostrar cómo fue que Leonardo da Vinci, un hijo bastardo sin derechos por su condición, llegó a estar a la orden de reyes e incluso del Papa, y cómo su vida estuvo acompañada de constantes reveses y fracasos a los que el artista se sobrepuso.

Ese es el corazón del monólogo, el sobreponerse, no rendirse y seguir trabajando frente a todos problemas en busca de cumplir un sueño.

No se trata de una obra fatalista ni de un ambiente sombrío; lejos de dejar al espectador con el ánimo por los suelos, la puesta en escena mantiene un tono luminoso y profundamente humano. Se trata de una comedia histórica que busca no sólo presentar el lado humano de Leonardo, sino despertar el interés tanto en su vida como en su obra, hacer que el espectador quiera saber más sobre el hombre que no solamente era un artista, sino que además diseñó tanques, submarinos y helicópteros antes de 1500. 

Para Murray lo importante es “Traer a Leonardo a echarse un tequila a Zapopan, que lo puedan ver reír, llorar, angustiarse y conozcan a la persona, no sólo al mito”.

Uno de los aspectos más sorprendentes de Leonardo es el trabajo actoral. Durante la función, el escenario se convierte en un espacio habitado figuras históricas que aparecen y desaparecen únicamente a través del cuerpo y la voz del actor.

Murray transita entre ellos; cambia la postura, la respiración, el ritmo del habla y la energía con la que ocupa el espacio, de modo que cada personaje adquiere una identidad propia sin necesidad de artificios escénicos. El resultado es un despliegue actoral que mantiene al público atento a cada transformación, recordando que el teatro es la verdadera prueba del actor.

Durante los 75 minutos que dura la obra el escenario se llena de diferentes figuras que van desde Miguel Ángel, Ludovico Sforza, Andrea del Verrocchio y demás nombres claves en la vida de Leonardo, todos interpretados de Rodrigo Murray.

Además, la puesta en escena se basa en Leonardo 4 un transformable de 2 metros de altura, el cual, como su nombre lo dice, va tomando diferentes formas para acompañar la narrativa, un caballo, un tanque, el Hombre de Vitruvio y otras formas que llevan al espectador por Milán y Florencia. 

La figura fue diseñada por el artista mexicano Enrique Carbajal, cuyo nombre artístico es «Sebastián», que en tierras tapatías es conocido por los controversiales Arcos del Milenio. La escultura se creó a finales de los años 70, no con una dimensión de 2 metros, sino de 30 centímetros.

Cuando el escultor se la presentó al actor aún no había planes de que fuera la escenografía de un monólogo que no estaba terminado. Fue un giro del destino, justo como en una obra de teatro.

El monólogo tardó 15 años en estar terminado. Según Murray, la primera escritura terminó siendo un documento histórico, lleno de fechas, nombres y sin un ritmo narrativo. En ese proceso se encontraba cuando se cruzó con Sebastián. Murray tenía que entrevistarlo, pero Sebastián no llegó a la cita, después de una llamada de disculpa y reagendar se conocieron.

Al terminar la entrevista el escultor invitó un tequila al actor. Durante la plática salió a la palestra Leonardo, ambos eran admiradores de su vida y obra, es ahí cuando Sebastián le muestra su escultura Leonardo, la versión de 30 centímetros.  

Murray cuenta que en ese momento supo que esa era la escenografía perfecta para su monólogo. Después de convencer al escultor de crear una versión de 2 metros, el actor reescribió el monologo pensando en la escultura, enfocando todo a las adversidades a las que se enfrentó Leonardo y humanizándolo frente al espectador. 

Como hilo narrativo creó a un actor en el México actual que atraviesa por diferentes reveses tanto personales como profesionales, pero que un golpe de suerte le piden escribir un monólogo sobre Leonardo. Murray mezcla realidad con ficción, tanto él como Sebastían son personajes dentro del monólogo en circunstancias diferentes, pero de nueva cuenta unidos por Leonardo da Vinci para montar un monologo sobre su vida. Para Murray el monologo es una muestra del teatro dentro del teatro, con la intención de presentar a Leonardo a nuevas generaciones.


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