CULTURA
Del verso al algoritmo: La poesía, un lenguaje que resiste y se transforma
Conciencia en la Cultura, por Luis Ignacio Arias
El 21 de marzo se celebra el Día Mundial de la Poesía. En 1999, la UNESCO proclamó oficialmente esta conmemoración durante su 30ª Conferencia General en París. El organismo argumentó que la poesía no solo es una forma artística, sino también un instrumento de identidad, creatividad y diálogo, capaz de tender puentes entre culturas y generaciones. Desde entonces, se invita a instituciones culturales, escuelas, editoriales, bibliotecas y creadores a reflexionar sobre el papel de la poesía en la sociedad contemporánea.
A partir del año 2000, el 21 de marzo funciona como un recordatorio global de que la palabra poética sigue siendo un territorio fértil para pensar el mundo. El objetivo central de esta celebración es promover la lectura, la escritura, la enseñanza y la difusión de la poesía, así como apoyar a los poetas vivos y rescatar tradiciones orales que forman parte del patrimonio cultural de muchos pueblos.
La diversidad del lenguaje poético hace difícil establecer una definición única y universal; por ello, cada poeta ha encontrado la suya:
Federico García Lorca afirmaba que “la poesía no quiere adeptos, quiere amantes”, subrayando su dimensión emocional y su capacidad de transformar la experiencia íntima.
Octavio Paz la describía como “conocimiento, salvación, poder, abandono”, una forma de reconciliar al ser humano con su propio misterio.
El chileno Raúl Zurita ha dicho: “La poesía es el lugar donde todavía es posible llorar por todos”.
Olga Orozco sostenía: “La poesía es la única prueba concreta de la existencia del misterio”.
Alejandra Pizarnik afirmaba: “La poesía es el lugar donde todo sucede”. En su visión, el poema es un territorio absoluto, donde lo íntimo y lo imposible conviven.
En América Latina, la poesía ha sido históricamente un espacio de resistencia, memoria y reinvención. Voces como César Vallejo, Alejandra Pizarnik, Rosario Castellanos, Efraín Huerta, Jaime Sabines, Nicanor Parra o Idea Vilariño han marcado generaciones y han demostrado que la poesía puede ser íntima y política al mismo tiempo.
En México, la tradición poética es especialmente rica. Desde el legado prehispánico hasta la lírica contemporánea, la poesía ha funcionado como un espejo crítico y afectivo del país. Poetas actuales como Coral Bracho, Hernán Bravo Varela, Jorge Souza, Sara Uribe o Luis Felipe Fabre continúan expandiendo los límites del lenguaje, explorando temas como la violencia, la memoria, el cuerpo y la identidad.
Con las redes sociales, la poesía ha experimentado una transformación. No se trata de un simple cambio de soporte, sino de una reconfiguración de la relación entre poetas, lectores y lenguaje. Plataformas como Instagram, TikTok, Twitter y Tumblr han creado un ecosistema donde la poesía circula con una velocidad y una amplitud inéditas. Los llamados instapoets popularizaron una estética minimalista y emocional que, aunque polémica para algunos sectores críticos, abrió la puerta a millones de lectores jóvenes que encontraron en esos versos breves una forma de identificación inmediata.
El auge de los poetry slams y los recitales transmitidos en vivo ha devuelto a la poesía su dimensión oral y performática. La voz, el cuerpo y la presencia escénica se integran al poema, generando experiencias híbridas que combinan literatura, música y activismo. Plataformas como YouTube y TikTok han permitido que poetas emergentes alcancen audiencias globales sin necesidad de intermediarios editoriales.
La era digital también ha impulsado nuevas formas de escritura: poesía visual que integra tipografía, diseño y fotografía; poesía interactiva, donde el lector participa en la construcción del texto; poesía generada con inteligencia artificial, que abre debates sobre autoría, creatividad y los límites del lenguaje; y archivos digitales que preservan voces históricas y permiten acceder a manuscritos, grabaciones y ediciones raras.
Esto ha democratizado la producción y el acceso, pero también plantea desafíos como la saturación de contenidos, la fugacidad de la atención y la tensión entre profundidad y consumo rápido. Aun así, la poesía ha demostrado una capacidad sorprendente para adaptarse, expandirse y encontrar nuevas resonancias en un mundo hiperconectado. Hoy, más que nunca, es un territorio en disputa y en expansión: un espacio donde conviven la tradición y la experimentación, la intimidad y la viralidad, la memoria y el algoritmo.
Celebrar el Día Mundial de la Poesía implica reconocer que el lenguaje no es solo un medio de comunicación, sino una herramienta para pensar, sentir y transformar. Esta fecha también permite visibilizar el trabajo de poetas contemporáneos, fomentar la lectura en las nuevas generaciones y fortalecer la educación literaria. Asimismo, abre la puerta a la recuperación de voces olvidadas o marginadas, ampliando el mapa de lo que se entiende como tradición poética.
Para celebrar a la poesía, un fragmento de la obra del poeta tapatío Jorge Souza Jaufred, de su libro Bajo el olvido (2002):
Bajo el olvido, una pareja busca,
con saliva de fuego y manos de humo,
arrancar al amor algunos frutos.




