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MUNDO

Política Global: Ante su derrumbe estratégico global, Estados Unidos invoca la Doctrina Monroe

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Fuente: Movimiento de Solidaridad Iberoamericana (MSI) ///

En una entrevista concedida a la red CNN el 3 de marzo, el consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos, John Bolton, se encontró ante la pregunta del periodista Jake Tapper: ¿Cómo se explica que Estados Unidos se opongan al gobierno de Nicolás Maduro, si mantiene vínculos estrechos con gobiernos autoritarios en Egipto, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos? Bolton no se hizo del rogar y astutamente respondió que la situación de Venezuela es completamente diferente, pues el país se sitúa en el Hemisferio Occidental. Luego más rápido que un rayo en pleno siglo XXI, invocó la Doctrina Monroe para legitimar la hegemonía norteamericana en el Hemisferio, el cual ha sido tratado como el patio trasero.

«En este gobierno no tenemos miedo a usar la frase Doctrina Monroe. Ese es un país de nuestro Hemisferio; ha sido el objetivo de los presidentes, desde Ronald Reagan, tener un Hemisferio completamente democrático», dijo (Washington Post, 04/03/2019).

La centenaria Doctrina Monroe se refiere a los postulados presentados por el presidente estadounidense James Monroe (1817-1825) sobre la no intervención de las potencias europeas en los asuntos de los países americanos, “América para los americanos”, decía. En el momento en el que fue anunciada, en 1820, Estados Unidos no había salido de dos costosas guerras con Gran Bretaña y todavía no había tomado la ruta colonial que lo condujo a la categoría de mayor superpotencia del planeta.

Más tarde, el presidente Theodore Roosevelt (1901-1909) reformuló la concepción de la doctrina, el famoso “corolario Roosevelt” de la Doctrina Monroe; éste le atribuyó a Estados Unidos el papel de “policía mundial” apto para exigir el buen comportamiento de aquellas naciones juzgadas de incapaces de mantener el orden interno y cumplir con sus obligaciones, en especial en lo tocante a sus deudas externas. En el mensaje al Congreso en el que anunció el corolario, Roosevelt mencionó específicamente “a las naciones bañadas por el Mar Caribe”, algunas de las cuales ya habían sido objeto de intervenciones militares estadounidenses. Por eso tal política externa fue debidamente adjetivada de “Política del gran garrote” (Big Stick, en inglés).

De manera que a partir del Corolario, la frase que sintetizaría la Doctrina Monroe sería más acorde con la realidad si se sustituyese por “América para los estadounidenses”.

El excepcionalismo estadounidense, expresado en las zonas de influencia mencionadas ahora por Bolton, fue claramente expresado en 1912 por el presidente William Howard Taft:

No está muy distante el día en el que tres barras y estrellas a tres puntos equidistantes marcarán nuestro territorio: una en el Polo Norte, otra en el Canal de Panamá y la tercera en el Polo Sur. Todo el Hemisferio será nuestro de hecho tanto, por virtud de la superioridad de nuestra raza, así como ya lo es nuestro moralmente.”

Por consiguiente, como Bolton no es hombre de desperdiciar palabras, su mención de la Doctrina Monroe no es de ninguna forma gratuita, sino que viene a reforzar la voluntad de Donald Trump de tratar al Hemisferio Occidental como una especia de último reducto para la conservación de su capacidad hegemónica en franca declinación; ambición opuesta a la aparición del nuevo escenario mundial multipolar y cooperativo aun incipiente, centrado en la integración euroasiática encabezada por China y por Rusia, estas emblemáticamente calificadas de “potencias contestatarias” por los estrategas estadounidenses.

EL GRAN CARIBE

Esa debilidad en su hegemonía es lo que ahora obliga a los EU a regresar con más vigor a la nombrada “geopolítica del Gran Caribe.” Por Gran Caribe se entiende un eje de poder que cuenta, entre otros recursos, con grandes reservas de petróleo; es el conjunto de territorios bañados por las aguas del mar Caribe, e incluye las islas del Caribe y los países costeños: Venezuela, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Guatemala, Belice y México.

En junio de 2010 en el lanzamiento de la Iniciativa de Seguridad para la Cuenca del Caribe, la entonces secretaria de Estado de EU, Hillary Clinton llegó a afirmar: “…había la percepción de que Estados Unidos estaba ausente de la región [caribeña]. Bueno, estamos de regreso. Estamos de regreso al 100 por ciento”.

La antigua trama actualizada se expuso hace unos años en un artículo aparecido en julio de 2012 en el sitio de la agencia de espionaje privada Stratfor, titulado “La fuente del poder estadounidense.” Los autores, los periodistas Robert D. Kaplan y Karen Hooper, explican:

El poderío geopolítico estadounidense tiene su origen, históricamente, no en Europa ni en Asia, sino en el Gran Caribe. El Gran Caribe es el mundo que, de Yorktown a las Guayanas, es decir, de los estados meso atlánticos a las selvas del Norte de América del Sur. El Hemisferio Occidental, como el estratega holandés-americano Nicholas J. Spykman explicó en 1942, no se divide entre América del Norte y del Sur. Se divide entre las latitudes al norte de la gran barrera de la selva del Amazonas y las latitudes al sur de ella. En otras palabras, bajo una óptica geopolítica, Venezuela no es, absolutamente, un país sudamericano, sino caribeño. La mayor parte de su población de 28 millones vive en el norte, a lo largo del mar Caribe, lejos de las selvas del sur”.

Aunque los encabezados periodísticos hablen hoy del Medio Oriente y de Asia, para muchos presidentes de Estados Unidos, de principios del siglo XIX a inicios del siglo XX, las crisis de política exterior se centraron en el Gran Caribe. Fue un proceso de un siglo para que el joven Estados Unidos, tomase de las potencias europeas el dominio del Gran Caribe. El Gran Caribe -el golfo de México y el Caribe, propiamente dicho- es de hecho una extensión de las aguas azules del territorio continental de Estados Unidos. La influencia sobre él se debe a la construcción del canal de Panamá, a principios del siglo XX.  Cuando Estados Unidos pudo asegurar el dominio del Gran Caribe, el país se convirtió en el hegemón del Hemisferio Occidental, faltándole tan solo el Ártico canadiense y el cono sur de América del Sur (en especial las zonas de sombra de Bolivia, Ecuador y Perú), efectivamente, además del cinturón de seguridad establecido por la Armada de Estados Unidos en las Indias Occidentales. Y con el Hemisferio Occidental bajo su dominio, Estados Unidos pudo, a partir de ahí, afectar el equilibrio de poder en el Hemisferio Oriental. Las victorias estadounidenses en las dos guerras mundiales y en la Guerra fría fueron construidas originalmente sobre la geopolítica del Gran Caribe.

No obstante, cuando las distancias se colapsan, en un mundo más densamente poblado y crecientemente unido por la tecnología, el Gran Caribe vuelve nuevamente al palco.” 

EL MUNDO DE HOY

En aquel entonces. Estados Unidos empezaba su malhadada intervención en el conflicto de Siria, luego de haber encabezado la devastadora intervención militar en Libia, que convirtió al país más próspero de África en un infierno terrenal de luchas armadas ente tribus y pandillas, y en una plataforma de entrenamiento y de exportación de yijadistas para intervenciones en otros países blanco de los planes de Washington, como la misma Siria.

Hoy, los resultados de la súper extensión militar de Estados Unidos y las limitaciones estratégicas de su pauta hegemónica está a la vista de todos:

1) la incapacidad de someter a Siria y a Irán al plan de “cambio de régimen”;

2) el trastorno de las relaciones con Turquía, miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que se alió a Rusia y a Irán para solucionar el conflicto de Siria;

3) el papel cada vez más firme de Rusia como contestataria del excepcionalismo hegemónico, en el Medio Oriente, en especial, y en su alianza de hecho con China;

4) el fracaso de las negociaciones con Corea del Norte, provocado por la falta de intención de cualquier contrapartida estadounidense al desmantelamiento del programa nuclear militar del país asiático, frustrante para los aliados regionales de Corea del Sur y Japón, y que deja el camino abierto para una mayor influencia de China y de Rusia en la posible normalización de las relaciones en la península coreana;

5) el tremendo choque con Europa Occidental en torno de cuestiones como el acuerdo nuclear con Irán y las sanciones contra Rusia, que se ha hecho evidente en las recientes conferencias de Varsovia y de Múnich. Sin sorpresa, Italia acaba de anunciar su intención de participar activamente en la Iniciativa Cinturón y Ruta China, punta de lanza de los esfuerzos para la integración económica de Eurasia.

Gobierno brasileño propone la construcción de 8 plantas nucleares

El Ministerio de Minas y Energía (MME) anunció su intención de retomar a gran escala el programa nuclear nacional con la construcción de entre cuatro y ocho nuevas plantas nucleares. La información fue confirmada en una nota divulgada por el ministerio para defender la terminación de la planta Angra 3.

Para el sector nuclear, la conclusión de Angra 3 es importante, porque escalará toda la cadena productiva del sector, desde la producción de combustible hasta la generación de energía. Esto se vuelve más importante cuando se toma en cuenta que Brasil necesitará invertir en energía para el futuro, en función del aumento de la demanda y el agotamiento del potencial hidroeléctrico “, dice la nota reportada por el periódico O Estado de Saõ Paulo del 22 de enero de este año.

La nota prosigue afirmando que “El Plan Nacional de Energía 2030 (PNE) prevé la construcción de entre cuatro y ocho plantas nucleares en el país. Escenario que tiende a confirmarse por el PNE 2050.”

Actualmente, solo existen dos plantas nucleares en operación, Angra 1 y 2, las cuales generan el 1.1% de la generación nacional de electricidad.

Los planes de expansión de generación nuclear fueron casi olvidados por los últimos gobiernos, por la conjunción de situaciones. Una la falta de los recursos destinados a las inversiones públicas, debido a que la prioridad era el cumplimiento del servicio de la deuda pública-; la otra por la negligencia de los gobiernos con la energía nuclear, apoyada en argumentos ambientalistas radicales. Por eso, la conclusión de Angra 3 deberá ser fundamental para marcar el cambio del rumbo imprescindible para la seguridad energética del país.

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MUNDO

La rebelión de las masas

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Conciencia con texto, por José Carlos Legaspi Íñiguez //

José Ortega y Gasset, filósofo español, estableció en su obra “La rebelión de las masas”, que data de 1930, que los cambios en las estructuras del poder anticipaban cambios significativos para las naciones. Desde su punto de vista, “las masas” son una nueva clase social. Esta nueva “clase social” no tiene características ni cualidades que la definan, eso sí… es homogénea y ha adquirido poder político y, desde luego, social.

Ortega y Gasset, indica que el poder, en las sociedades antiguas, era detentado por las clases privilegiadas, élites que se consideraban altamente capacitadas para dirigir, para ordenar y guiar a las sociedades.

En el siglo XX, la democracia tiene gran auge. Las masas tienen mayor influencia en la política porque también tienen mejores capacidades que las de antaño; así se alteraron las estructuras del poder. Las masas, señala el filósofo hispano, han tomado el control; ya las élites no son tan abrumadoramente poseedoras de los poderes públicos, políticos y sociales.

Esta nueva situación ha traído un cambio revelador en la sociedad. Es así como la cultura, el pensamiento, el arte han sido influenciados por una realidad moderna y diferente a lo establecido con anterioridad. Ortega y Gasset aclara que este ascenso de las masas, tiene un “lado oscuro”: 1. Que las masas no muestran un interés profundo en el conocimiento ni en la cultura y que el perfeccionamiento personal lo relegan a un plano ínfimo o, lo peor, a nada.

El filósofo no se tienta el corazón al afirmar que “el individuo promedio tiende a la mediocridad; carece de una verdadera visión crítica. Esto, paradójicamente, lleva a una sociedad más homogénea, menos innovadora y propensa a la superficialidad”.

En “La rebelión de las masas”, José Ortega y Gasset critica con esa lucidez filosófica que le caracteriza en sus obras, al “progreso sin dirección”. Considera que la sociedad moderna, basada en la idea de la igualdad y la democracia, “ha perdido el rumbo”… afirma que las élites intelectuales, culturales y políticas, que tradicionalmente guiaban a la sociedad, han sido desplazadas por estas masas homogéneas, “que no tienen la capacidad de generar un pensamiento profundo ni de dirigir al futuro de manera adecuada”.

Por ello, cree el filósofo hispano, que las grandes ideas desaparecerán al no contar con intelectuales y que el dominio de las masas lleve a la decadencia y a la desaparición…de las grandes ideas.

En 1930, cuando se publicó su obra, manifestaba que hay una crisis de autoridad: “En las sociedades modernas ya no existe un respeto genuino por la autoridad, ya sea política, cultural o intelectual”. “Las masas buscan la igualdad en todo; pero es ahí, en la igualdad irrestricta, donde se produce una falta de sentido y dirección”.

La rebelión de las masas es una obra que invita a reflexionar sobre el papel del individuo en una sociedad que, cada vez, es más democrática”. “¿Realmente estamos progresando o estamos perdiendo nuestra capacidad para pensar, crear y vivir de forma auténtica?”

Además, plantea que, en este tipo de sociedades, las masas se rebelan no sólo contra las élites, sino también contra el pensamiento profundo e incluso la cultura; es decir, atenta contra sí misma, contra su propio destino; paradójicamente hay un auge de las ideas antidemocráticas con una postura reformista supuestamente favorecedora de las mayorías.

El progreso entonces significa enterrar instituciones, aunque se sostiene el sistema parlamentario, pero con un tinte totalitario, dictatorial, absolutista y aún…tirano”.

Las masas, sus representantes, son guiadas o guían, según el caso, hacia el conformismo y el menosprecio al que piensa distinto; a quien se ataca, se agrede verbal o físicamente por no estar dentro de la masa, por pensar y actuar de manera independiente”.

Desde ese punto de vista, las masas son maleables, dúctiles y dependientes de quienes se autoproclaman sus representantes. Sus ideólogos no tienen empacho en fomentar la banalidad, la mediocridad e ignorancia para preservarse en los puestos de poder que las masas han conquistado mediante la democracia.

Las masas tratan de destruir y eliminar el talento, la personalidad independiente y a todo aquel que no piense como la mayoría: “Ser diferente es indecente. Las masas arrollan sin pudor ni recato todo lo que es diferente, individual, calificado o selecto. Quien no sea como todo el mundo, quien no piense como las mayorías, corre el riesgo de ser eliminado”. “Vivimos, así, bajo el brutal imperio de las masas”.

El hombre-masa se parece a un niño mimado, que desconoce deberes y límites; a diferencia de las generaciones anteriores que trabajaron y enfrentaron obstáculos para determinar su suerte”. “La generación-masa, toma los logros de la civilización como algo dado, sin preocuparse por preservarlos; el hombre-masa, carece de proyectos, va a la deriva y por eso no construye nada para la sociedad; es perezoso y exigente de privilegios. Defiende a gritos sus pocas ideas que son, la mayoría de las veces, banales”.

Emite opiniones de todo, “guiadas” o copiadas de quienes encabezan a esta nueva generación de ciudadanos… y las repite hasta el cansancio con el fin de establecerlas como única y total verdad. Estamos, según Ortega y Gasset, “en un sistema con el universal derecho a no tener razón, lo que constituye la razón de la sinrazón.”

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El tormento de Tántalo: Políticos que no aprenden a administrar el poder

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A título personal, por Armando Morquecho Camacho //

La semana pasada reflexioné sobre la necesidad de mantener un equilibrio en la política, recurriendo a las figuras de Sísifo e Ícaro para ilustrar cómo el poder, en su naturaleza cíclica, siempre conlleva ascensos y caídas. Sísifo nos enseñó la persistencia frente a lo inevitable; Ícaro, los peligros de volar demasiado alto.

Sin embargo, la lección central sigue siendo la misma: las caídas son inevitables, y el verdadero arte del liderazgo radica en saber administrar el poder mientras se tiene, en lugar de sucumbir a su seducción o desperdiciarlo en excesos.

Lamentablemente, los líderes políticos actuales parecen haber olvidado esta verdad milenaria, atrapados en un ciclo de ambición, arrogancia y desconexión que los condena a repetir errores del pasado. Para entender este fracaso, recurramos ahora a otro mito griego: el de Tántalo, cuya historia revela con precisión quirúrgica las fallas de quienes ostentan el poder hoy.

Tántalo, en la mitología griega, era un rey favorecido por los dioses, invitado incluso a sus banquetes celestiales. Sin embargo, su codicia y su arrogancia lo llevaron a traicionarlos: robó néctar y ambrosía para compartirlos con los mortales y, en un acto aún más atroz, sacrificó a su propio hijo Pélope para probar la omnisciencia divina. Su castigo fue eterno y cruelmente simbólico: condenado en el inframundo a estar sumergido en agua hasta el cuello, con frutas colgando justo fuera de su alcance, Tántalo sufre hambre y sed perpetuas.

Cada vez que intenta beber, el agua se aleja; cada vez que estira la mano hacia las frutas, estas se elevan. Es un tormento de deseo insatisfecho, un recordatorio de que el poder mal administrado no solo destruye a quien lo ejerce, sino que lo deja en un estado de miseria eterna.

Los líderes políticos de nuestro tiempo son, en muchos sentidos, modernos Tántalos. Tienen a su disposición recursos inimaginables —dinero, influencia, tecnología, apoyo popular— y, sin embargo, parecen incapaces de saciar su hambre de más. En lugar de usar el poder para construir algo duradero, lo despilfarran en proyectos vanidosos, promesas vacías o en la persecución de una aprobación efímera.

Pensemos, por ejemplo, en los gobernantes que llegan al poder con discursos grandilocuentes sobre el bienestar colectivo, pero que pronto se enredan en escándalos de corrupción o en políticas que benefician a unos pocos mientras el resto se hunde en la precariedad. El agua está ahí, al alcance, pero ellos mismos la alejan con sus decisiones.

Uno de los fracasos más evidentes de estos líderes es su incapacidad para reconocer la naturaleza cíclica del poder. Como señalé antes, el poder no es un estado permanente; es un flujo, una marea que sube y baja. Sin embargo, muchos actúan como si su mandato fuera eterno, como si las elecciones, las crisis o las revoluciones no estuvieran ya gestándose en el horizonte.

Esta miopía los lleva a priorizar el corto plazo sobre el legado, a gastar su capital político en victorias superficiales en lugar de sembrar las bases para una estabilidad futura. Tántalo, al menos, tuvo la excusa de la tentación divina; nuestros líderes solo tienen la excusa de su propia ceguera.

Otro aspecto del tormento de Tántalo que resuena en la política actual es la desconexión con las necesidades reales de la gente. El rey griego, en su afán por impresionar a los dioses, olvidó a los mortales que dependían de él.

Hoy, vemos líderes que parecen más interesados en las cámaras, los titulares o las cumbres internacionales que en las calles de sus propios países. Mientras el agua de la confianza pública se evapora y las frutas de la prosperidad se alejan de las mayorías, ellos siguen estirando las manos hacia una gloria personal que nunca alcanzan.

Pensemos en los discursos vacíos sobre el cambio climático mientras las emisiones siguen subiendo, o en las promesas de igualdad que se diluyen en estadísticas de pobreza creciente. Es el mismo patrón: el poder está ahí, pero su administración es un espejismo.

La arrogancia, quizás el pecado más grave de Tántalo también define a muchos líderes actuales. Creyéndose intocables, subestiman las consecuencias de sus actos. Tántalo pensó que podía engañar a los dioses; los políticos de hoy creen que pueden engañar a la historia. Pero el poder, como el agua y las frutas del mito, siempre encuentra la manera de escaparse de quienes lo maltratan.

Las revoluciones, las urnas o simplemente el paso del tiempo terminan por recordarnos que nadie es inmune a la caída. Ejemplos sobran: regímenes que parecían inexpugnables han colapsado en meses, presidentes que se creían imprescindibles han sido olvidados en semanas. El ciclo sigue su curso, implacable.

Entonces, ¿por qué fallan estos líderes en administrar el poder? Porque, como Tántalo, han perdido de vista el propósito del privilegio que se les otorgó. El poder no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para servir, para equilibrar, para construir.

Sin embargo, en lugar de aprender de las caídas de sus predecesores, se entregan a la misma codicia, la misma desconexión, la misma arrogancia. No ven que el agua y las frutas no están fuera de su alcance por un capricho del destino, sino por sus propias manos. El tormento no es el castigo; el tormento es la incapacidad de aprender.

Volviendo a Sísifo e Ícaro, la lección se completa con Tántalo: el poder exige humildad, paciencia y sacrificio. Sísifo nos enseñó a seguir empujando la roca; Ícaro, a no volar demasiado cerca del sol; Tántalo, a no “estirar la mano” hacia lo que no podemos sostener.

Los líderes actuales, atrapados en su propio inframundo, podrían evitar su destino si tan solo miraran hacia arriba y reconocieran que el poder no se trata de acumular, sino de administrar con sabiduría. Hasta que no lo hagan, seguirán condenados a ver cómo el agua se aleja y las frutas se elevan, mientras el ciclo del poder, eterno e indiferente, espera su próxima caída.

 

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MUNDO

Los narcos gringos (segunda parte)

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Opinión, por Gerardo Rico //

En el ecosistema de la distribución de estupefacientes en Estados Unidos, un broker es un individuo que se maneja de manera independiente para concretar negocios entre un productor y un vendedor o distribuir drogas a cambio de una cuota.

El broker se encarga de toda la infraestructura y la logística para mover la droga del punto de partida al punto final. La particularidad de su trabajo consiste en que no tienen a su cargo la responsabilidad de ingresar la droga al país.

“Un broker no marca una diferencia, no distingue; tanto puede trabajar con el Cártel de Juárez, como con el de Sinaloa, con los Zetas, o con los tres al mismo tiempo”. La particularidad de un broker del narcotráfico gringo es que no tiene lealtades, ni firma contratos de exclusividad con nadie: trabaja para el mejor postor, con el cártel que mayores beneficios económicos le aporte, con narcotraficantes pequeños o con cualquier grupo criminal.

Cuando le salen bien las cosas, el broker hace un negocio redondo porque técnica y financieramente recupera todo el dinero que invierte, sin contar los dólares que se embolsa y que tiene garantizado bajo el acuerdo con los cárteles del narcotráfico internacional, su porcentaje de ganancia. Hay que reiterar: en Estados Unidos no hay cárteles, sino pandillas y narcotraficantes independientes.

En el libro «Los narcos gringos, una radiografía inédita del tráfico de drogas en Estados Unidos», del periodista Jesús Esquivel, se pregunta ¿Cuánto dinero le cuesta a un broker fletar la droga de los cárteles mexicanos? De acuerdo a Óscar Hagelsieb, quien fue agente especial del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de los Estados Unidos (ICE) y se infiltró en agrupaciones de motociclistas que trasladan droga a lo largo y ancho de la Unión Americana, señaló que las cantidades de pago dependen del tipo de droga que se trate y del destino final de la misma.

“El transporte de un kilo de cocaína que se lleva de El Paso a la zona de Chicago se puede cobrar hasta en dos mil dólares. El dinero que el broker paga a la empresa de camiones de transporte público o comercial, o al chofer independiente, no sale directo de su bolsillo, sino del de los distribuidores de la mercancía en Estados Unidos, quienes a su vez la entregan a sus despachadores, que al menudeo la venden en calles, escuelas, centros nocturnos de diversión, bares, cantinas, iglesias, centros financieros y hasta a domicilio”.

Una parte importante de la violencia que existe en Estados Unidos tiene que ver con las disputas entre pandilleros por el control del tráfico de drogas al menudeo, de acuerdo al jefe de Operaciones de la DEA Jak Riley. Matiza que las pandillas callejeras y las bandas o clubes de motociclistas de su país son una necesidad del narcofráfico internacional: define sus actividades como “crimen organizado urbano”.

La eliminación de las pandillas callejeras es una tarea casi imposible de concretar, por lo menos mientras se mantenga la tendencia a la alza en la demanda y el consumo de drogas en Estados Unidos. Al problema de narco pandillas callejeras hay que sumar el de las bandas o clubes de motociclistas involucrados en el tráfico de drogas provenientes de México.

“Los conocemos como outlaw motorcycle gangs, son pandilleros que se hacen pasar por integrantes de clubes de motociclismo recreativo, cuando en realidad son delincuentes”, señala Oscar Hagelsieb. Existe un último escalón del narctráfico en Estados Unidos en relación con las pandillas callejeras: la distribución y la venta de droga dentro de las cárceles municipales y estatales.

Miembros de las pandillas acuden a tiendas de autoservicio para robar cualquier cosa e intencionalmente se dejan arrestar por la policía. Les inician juicios en los que reciben sentencias de tres o cuatro años y a través de redes establecidas dentro de las prisiones primero dominan el territorio y posteriormente inician con la distribución de droga que es introducida por familiares, amigos y hasta personas que son enviadas por los líderes de las pandillas

Otra manera de repartir droga en todo el territorio de Estados Unidos son los narcocamioneros, al igual que los motociclistas la tarifa es de acuerdo al tipo de droga y al destino final donde se entregará. En las compañías de transporte interestatal existe un personaje clave para la logistica del traslado de droga y es el despachador, “un despachador tiene la capacidad de poner un camión en cualquier parte de la Unión Americana. Regularmente es un operador directo del broker y de los cárteles mexicanos”.

Los operadores que trabajan para empresas de carga comercial privada son una pieza importante para el rompecabezas del narcotráfico en Estados Unidos. Con pagos menores a los que reciben los narcocamioneros que salen de la frontera sur con cargamentos de droga, sus colegas de empresas privadas regularmente hacen fletes dentro de un mismo estado.

Más del 65% de las 500 mil empresas de transporte de carga comercial infraestatal que tiene registradas el Departamento del Transporte, tienen su sede en los cuatro estados de la frontera sur de Estados Unidos: Texas, Arizona, Nuevo México y California.

Las ganancias del narcotráfico en México ascienden a más de 500 mil millones de dólares al año. Analistas en México y Estados Unidos coinciden en que al Presidente Donald Trump lo que menos le interesa es acabar con los cárteles de la droga en nuestro país y viene por las ganancias del narco, ante el quiebre económico y el déficit que muestran los números de la Unión Americana.

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