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MUNDO

Al otro lado de la frontera: EEUU predicando la paz y exportando violencia

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– A título personal, por Armando Morquecho Camacho

En 1918, tras el armisticio de Compiègne, la Primera Guerra Mundial llegó a su fin. Al año siguiente, en 1919, las potencias vencedoras firmaron el Tratado de Versalles con la promesa de que nunca más el mundo se vería envuelto en un conflicto tan devastador.

Entre las disposiciones se incluyó el control de la producción y comercialización de armamento, porque las naciones sabían que no se podía hablar de paz mientras existieran fábricas dispuestas a inundar de rifles y municiones cualquier rincón del planeta a cambio de dinero.

Han pasado más de cien años desde aquel acuerdo, y aunque la historia ha demostrado que la paz fue más aspiración que realidad, lo cierto es que esa lógica sigue vigente: no se puede combatir la violencia si al mismo tiempo se alimenta con armas que circulan sin control. La paradoja es que hoy, el país que se erige como el gran promotor de la paz, la democracia y la seguridad global, es también el mayor exportador de violencia en forma de fusiles, pistolas y municiones: Estados Unidos.

Cuando se habla de seguridad, de fronteras o de políticas migratorias, el discurso político estadounidense suele repetirse como una fórmula de manual. Se construye una narrativa donde se exalta el poder militar, se habla de control fronterizo y se impulsa una política de mano dura, mientras se omite un detalle crucial: gran parte del problema de la violencia que afecta a países vecinos proviene del propio territorio estadounidense, a través de la producción y exportación de armamento de alto poder.

Las cifras son contundentes. El diputado Jesús Valdés Peña, presidente de la Comisión de Economía Social y Fomento al Cooperativismo de la Cámara de Diputados, señaló que cerca de 500 mil armas ingresan cada año de manera ilegal a México a lo largo de tres mil kilómetros de frontera. Esto significa que, en los últimos diez años, han entrado aproximadamente cinco millones de armas, en su mayoría procedentes de Estados Unidos; esto lo compartió en el foro Tráfico de Armas en México: Efectos Sociales y Económicos, organizado por el Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (CUCEA).

El legislador destacó que un punto fundamental es entender que este flujo no ocurre por casualidad ni por deficiencia de los países receptores, sino porque existe una estructura legal y económica al norte que lo permite.

La industria armamentista estadounidense es una de las más poderosas del mundo. No solo por la producción destinada a sus propias fuerzas armadas, sino por la venta al público en un mercado interno regulado de manera laxa, donde el derecho a portar armas se defiende con fervor casi religioso.

Miles de tiendas, armerías y ferias de armas ofrecen rifles de asalto, pistolas automáticas y municiones a quien pueda pagarlas, sin que existan controles efectivos que garanticen que estas no circulen fuera de sus fronteras.

No es casualidad que armas fabricadas y comercializadas legalmente en Arizona, Texas o Nevada aparezcan luego en escenas de violencia en México. Mucho se ha dicho sobre cómo el Ejército de Estados Unidos está muy por encima del mexicano debido a su capacidad tecnológica y armamentista; ahora bien, imaginen lo que significa que estas armas puedan ser accesibles más allá de sus fronteras, multiplicando los escenarios de riesgo y desestabilización.

Estados Unidos suele presentar políticas de seguridad y control fronterizo como medidas para proteger la estabilidad regional. Sin embargo, lo que rara vez se reconoce es que una parte central de la violencia que afecta a la región está vinculada directamente a su incapacidad —o falta de voluntad— de regular eficazmente el flujo de armas desde su territorio. Resulta paradójico que, mientras el discurso oficial insiste en proteger la seguridad interna y reforzar las fronteras, la misma frontera sea un colador por donde cruzan sin mayor obstáculo armas de alto poder.

El problema de fondo es que, mientras el gobierno estadounidense trate estos temas únicamente desde la perspectiva de propaganda política, nunca se avanzará hacia una solución integral. Se requiere reconocer que la violencia no surge únicamente de las tensiones internas de los países vecinos, sino también del flujo de armamento que se produce, distribuye y permite en Estados Unidos.

Por esto, una estrategia real debería incluir medidas estrictas para regular la venta de armas en su territorio, cooperación efectiva para frenar su circulación ilegal y, sobre todo, un reconocimiento honesto de que la seguridad compartida implica responsabilidades compartidas.

La contradicción no es fortuita ni ingenua: es parte de un esquema deliberado. En Washington saben que el discurso de la “mano dura” y del “control fronterizo” resulta rentable en las urnas, pero esa narrativa electoral evita enfrentar el verdadero origen del problema.

La raíz no está en migrantes ni en traficantes aislados, sino en un complejo entramado de intereses: una industria armamentista que factura miles de millones y unas leyes permisivas que permiten la exportación y circulación de armas casi sin control.

Mientras esas estructuras permanezcan intactas, la violencia será un negocio tan lucrativo como inevitable, y las promesas políticas seguirán reduciéndose a parches mediáticos que no solucionan nada de fondo y continuaremos atrapados en un círculo vicioso en el que Estados Unidos, de manera consciente o inconsciente, alimenta escenarios de violencia más allá de sus fronteras, al tiempo que mantiene dentro de ellas un relato de seguridad y estabilidad.

No se trata de una incapacidad técnica, sino de una ausencia de voluntad política. Lo que hace más de un siglo quedó claro en Versalles —que no puede hablarse de paz mientras se sostiene el negocio de la guerra— hoy parece diluirse en los pasillos del Capitolio en Washington DC.

Y mientras tanto, cada rifle que cruza la frontera funciona como un recordatorio brutal: la verdadera política exterior de Estados Unidos no se escribe en tratados ni en discursos, sino en la silenciosa exportación de armas y en la contradicción de predicar estabilidad mientras se siembra el caos.

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MUNDO

La tradición del saqueo: Naturaleza depredadora del poder imperial

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– Actualidad, por Alberto Gómez R.

(Parte 1) A lo largo de la historia de la humanidad, el poder económico de los grandes imperios se ha construido frecuentemente sobre pilares tan sombríos como la guerra, el saqueo sistemático y el sometimiento de pueblos enteros.

Este patrón de comportamiento, visible desde los primeros imperios de la antigüedad hasta las potencias contemporáneas, revela una lógica de acumulación basada en la extracción violenta de recursos más que en la productividad o la innovación endógena.

El historiador económico Douglas North, citado en uno de los documentos analizados, señalaba que los imperios antiguos establecían sistemas burocráticos sofisticados que permitían la expropiación sistemática de excedentes de las regiones conquistadas.

En el mundo actual, Estados Unidos representa la última encarnación de este impulso imperial, aunque sus métodos hayan evolucionado hacia formas más sofisticadas de dominación económica y militar.

Como se advierte en el panorama actual, esta potencia estaría experimentando un rápido declive relativo en el escenario global, lo que intensificaría sus comportamientos depredadores hacia naciones ricas en recursos que se resisten a someterse a su hegemonía.

Venezuela, con las mayores reservas petroleras certificadas del planeta, se encontraría en la mira de este mecanismo de saqueo contemporáneo, al igual que lo estuvieron Irak, Libia y Siria en las últimas décadas, solo por citar algunos ejemplos.

LOS CIMIENTOS HISTÓRICOS DEL SAQUEO IMPERIAL

Los primeros grandes imperios de la historia establecieron las bases de lo que sería una larga tradición de explotación económica mediante la conquista. En Mesopotamia, Egipto, China y la India, surgieron estructuras estatales centralizadas que «legislaban, impartían justicia y ejecutaban sobre un extenso territorio que agrupaba a muchas ciudades» (eumed.net).

Estos imperios perfeccionaron sistemas de extracción de riqueza mediante tributos, esclavitud y control de las rutas comerciales.

El Imperio de Alejandro Magno ofrece un ejemplo temprano de cómo la conquista militar servía como vehículo para la acumulación de riqueza. Como se describe en los documentos, Alejandro y sus falanges macedonias conquistaron todo el Imperio persa en tan sólo ocho años, apoderándose de inmensos tesoros y estableciendo un sistema de control sobre territorios que se extendían hasta la India. Patrón similar exhibiría el Imperio Romano, que transformó el Mediterráneo en su «Mare nostrum» y extrajo recursos de todos los territorios conquistados, desde las minas de plata hispanas hasta los graneros egipcios.

Con la era de los descubrimientos, las potencias europeas perfeccionaron el arte del saqueo imperial a escala global. España y Portugal inauguraron lo que podría considerarse el primer «imperio global» de la historia: «por primera vez un imperio abarcaba posesiones en todos los continentes del mundo» (eumed.net).

El flujo de metales preciosos desde América hacia Europa financió las guerras y el desarrollo económico europeo durante siglos, a costa del exterminio y la explotación de poblaciones indígenas.

El Imperio británico llevaría este modelo a su máxima expresión, estableciendo una red global de colonias y territorios controlados que proveían de recursos naturales y mercados cautivos a la metrópoli. El comercio de esclavos, la extracción de recursos en condiciones de cuasi-esclavitud y la destrucción de industrias locales competitivas fueron algunas de las estrategias empleadas para consolidar su hegemonía económica.

ESTADOS UNIDOS, LA SUPERPOTENCIA DEPREDADORA

Estados Unidos emergió como potencia global practicando una versión modernizada del juego imperial tradicional. Bajo la Doctrina Monroe y su corolario Roosevelt, se autoproclamó potencia hegemónica en América Latina y el Caribe, interviniendo militarmente en múltiples ocasiones para proteger sus intereses económicos. La diplomacia de las cañoneras y las intervenciones directas aseguraban el acceso a mercados, recursos y rutas comerciales estratégicas.

Tras la Segunda Guerra Mundial, con las potencias europeas debilitadas, Estados Unidos ascendió a la condición de superpotencia global, rol que se consolidaría tras el colapso de la Unión Soviética.

Como se señala en uno de los documentos, «después de que se desintegrase la Unión Soviética a principios de 1990, Estados Unidos quedó como la única superpotencia restante de la Guerra Fría». Esta posición hegemónica le permitió moldear las instituciones internacionales a su medida y establecer un sistema económico global que privilegiara sus intereses.

La economía estadounidense se ha vuelto profundamente dependiente de lo que el presidente Eisenhower denominó el «complejo militar-industrial». Con un presupuesto militar que supera al de los siguientes diez países combinados, Estados Unidos ha convertido la guerra en un negocio extraordinariamente lucrativo para sus corporaciones de defensa.

Como se documenta en uno de los artículos revisados, la administración Biden ha solicitado al Congreso «842 mil millones de dólares para el Pentágono en el año presupuestario 2024», lo que representa «la solicitud más grande desde el pico de las guerras de Irak y Afganistán» (france24.com).

Este apetito insaciable por el gasto militar requiere enemigos externos y conflictos perpetuos, creando un círculo vicioso de intervencionismo que justifique tales desembolsos. Los resultados son visibles en las sucesivas guerras e intervenciones que han marcado las últimas décadas, desde Vietnam hasta Afganistán, pasando por Irak, Libia y Siria.

EL SAQUEO CONTEMPORÁNEO

La invasión de Panamá en 1989 constituye un ejemplo paradigmático de cómo Estados Unidos utiliza pretextos para justificar intervenciones militares que persiguen objetivos geoeconómicos estratégicos. Como se documenta extensamente en varios de los materiales consultados, la llamada «Operación Causa Justa» fue oficialmente justificada como una medida necesaria para detener el narcotráfico y defender la democracia.

El general Manuel Antonio Noriega, quien había sido durante años un aliado útil para Washington y colaborador de la CIA, fue convertido de pronto en enemigo público número uno. Como se describe en los documentos, Noriega «había sido aliado clave de Estados Unidos durante el final de la Guerra Fría, trabajando como agente de la CIA, al tiempo que tejía vínculos con el narcotráfico» (elnacional.com). Cuando dejó de ser funcional a los intereses estadounidenses, fue acusado de narcotráfico y derrocado mediante una invasión militar que causó entre 500 y 4 mil víctimas panameñas, según distintas fuentes.

El verdadero objetivo de la invasión, sin embargo, habría sido asegurar el control estratégico del Canal de Panamá en vísperas de su traspaso completo a soberanía panameña, previsto para el año 2000 según los Tratados Torrijos-Carter de 1977. Como se señala en uno de los documentos, estos tratados «condicionaba la defensa del canal de manera conjunta, a través de un tratado adicional, dando la posibilidad de intervenir militarmente en Panamá si la operación del canal se viese comprometida».

La invasión aseguró que, aunque panameño en papel, el canal permaneciera bajo control efectivo estadounidense.

Continuará…

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MUNDO

Inteligencia artificial: La arquitectura del nuevo orden mundial

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– Análisis, por Victor Hugo Celaya Celaya

El mapa del poder mundial se ha reorganizado. Hoy, la influencia no se mide únicamente en arsenales o acuerdos comerciales, sino en algoritmos y capacidad de procesamiento.

Nos enfrentamos a un nuevo tablero geopolítico y geoeconómico definido por tres grandes polos de poder: Estados Unidos, con su enfoque en el desarrollo tecnológico, las finanzas y la seguridad; China, que ha apostado por la manufactura avanzada, la innovación y la inversión masiva en infraestructura; y Rusia, que basa su estrategia en el control de energía, minerales estratégicos y su poder militar.

Esta reconfiguración global plantea preguntas cruciales para el resto del mundo. ¿Cómo coexistir con estos bloques? ¿Cómo aprovechar las corrientes de innovación que emanan de ellos sin sacrificar nuestra soberanía? Y, sobre todo, ¿cómo podemos acompasar nuestras políticas públicas y nuestros esfuerzos nacionales para no quedarnos atrás en esta nueva era de equilibrios de poder?

La visión de una «aldea global» que definimos en los años noventa, unida por la apertura del comercio, ha dado paso a una realidad más compleja. La interconexión actual se teje con redes de inteligencia artificial (IA), investigación científica y ecosistemas digitales.

Aunque las tensiones militares persisten, el verdadero campo de batalla se ha trasladado a la biotecnología, la robótica y, de manera central, a la inteligencia artificial. Esta revolución ya impacta nuestra vida diaria, transformando la educación, la salud, el trabajo y la seguridad. Ninguna sociedad puede sustraerse a ella.

LA CARRERA POR EL FUTURO: ESTRATEGIAS EN COMPETICIÓN

Cada una de las grandes potencias ha trazado una ruta clara para liderar esta era tecnológica, obligando al resto de los países a replantear la cooperación y la competencia.

Estados Unidos ha optado por un modelo que prioriza la innovación impulsada por su dinámico sector privado. En 2023, la inversión privada en IA en este país alcanzó los $67.2 mil millones, una cifra superior a la suma de los siguientes 14 países.

El gobierno actúa como un catalizador estratégico, como lo demuestra la Orden Ejecutiva 14110 para el desarrollo seguro y confiable de la IA, o la Ley CHIPS y de Ciencia, que destina más de $52 mil millones a revitalizar la fabricación de semiconductores, el hardware fundamental sobre el que corre toda la inteligencia artificial.

Esta estrategia se materializa en proyectos monumentales como ‘Stargate’, el centro de datos de $100 mil millones de Microsoft y OpenAI, o la Alpha School en Virginia, que ya personaliza el aprendizaje con IA.

China avanza con un enfoque centralizado y dirigido por el Estado, con la meta clara de alcanzar el liderazgo mundial en IA para 2030. A través de iniciativas como «AI+», integra soluciones de IA en sectores clave. El resultado es un ecosistema robusto: se estima que el valor de la industria de IA en China superará los $220 mil millones para 2026.

Este esfuerzo se refleja en su dominio de la propiedad intelectual, acumulando casi la mitad de todas las solicitudes de patentes de IA en el mundo. Gigantes tecnológicos como Baidu, Alibaba y Tencent no son solo empresas, sino instrumentos de la estrategia nacional para establecer estándares globales.

Rusia, por su parte, enfoca su estrategia de IA en la soberanía digital y la seguridad nacional. A través del proyecto nacional “Economía de Datos”, que se extenderá hasta 2030, busca reducir su dependencia de la tecnología extranjera e integrar la IA en sectores gubernamentales clave.

Más que competir en el mercado de consumo global, su prioridad es aplicar la IA para la optimización de sus industrias estratégicas (energía, defensa) y la administración pública. Su marco regulatorio es estricto y busca asegurar un uso responsable de la tecnología, priorizando el control estatal y el desarrollo de talento local a través de iniciativas educativas supervisadas.

La Unión Europea ha decidido jugar un papel distinto, posicionándose como el gran regulador global. Su enfoque no es competir en una carrera de velocidad, sino establecer las reglas del juego. Con su Ley de Inteligencia Artificial (AI Act), aprobada en 2024, introduce el primer marco legal integral para la IA, basado en niveles de riesgo. Este prohíbe aplicaciones consideradas inaceptables (como el «social scoring» estatal) y regula estrictamente los sistemas de alto riesgo.

Este poder normativo se complementa con fuertes inversiones a través de programas como Horizonte Europa y Europa Digital, que movilizan miles de millones de euros para construir una infraestructura de datos soberana bajo iniciativas como GAIA-X y apoyar a un ecosistema de IA «confiable y centrado en el ser humano».

EL DESPERTAR DE AMÉRICA LATINA: PRIMEROS PASOS

Frente a estas estrategias consolidadas, América Latina no es un simple espectador; la región ha comenzado a mover sus propias piezas. Aunque de manera desigual y con retos importantes, están surgiendo iniciativas notables.

En México, la coalición multisectorial IA2030MX ha impulsado una agenda para el desarrollo de una Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial. Polos de innovación como Monterrey y Guadalajara concentran talento y startups, mientras que universidades como la UNAM y el Tec de Monterrey lideran la investigación.

Otros países también marcan el paso. Chile fue pionero en la región al lanzar su Política Nacional de Inteligencia Artificial en 2021, centrada en el desarrollo de talento, la ética y la adopción de IA en la industria. Brasil cuenta con una robusta red de centros de investigación en IA y debate activamente un marco legal propio. Por su parte, Colombia ha establecido un marco ético para la IA en el sector público y promueve proyectos de datos abiertos para fomentar la innovación. Estos esfuerzos, aunque incipientes, demuestran una conciencia creciente sobre la urgencia de participar activamente en esta revolución.

DE ESPECTADORES A PROTAGONISTAS

Ante este escenario, la pregunta para nuestros países es ineludible: ¿nos conformaremos con estos primeros pasos o aceleraremos el ritmo para jugar un rol protagónico? Si queremos dejar de ser simples compradores de tecnología para convertirnos en creadores, necesitamos una hoja de ruta clara y acciones inmediatas.

La interconexión de hoy, definida por algoritmos, nos obliga a innovar. Para ello, es fundamental avanzar en tres áreas estratégicas:

  1. Formar talento e invertir en educación digital. Esto debe empezar desde la educación primaria y extenderse hasta los posgrados.
  2. Crear alianzas estratégicas entre universidades, gobierno y empresas. Los esfuerzos aislados son insuficientes.
  3. Diseñar políticas públicas con visión de futuro. Debemos impulsar el uso integral de la IA y desarrollar un marco ético sólido que garantice la equidad y la protección de datos.

Esto implica fomentar centros de inteligencia artificial que apoyen a startups y consoliden proyectos de investigación propios, aprendiendo de las experiencias globales. La tecnología no debe ser vista como algo «importado» o lejano, sino como un campo fértil donde podemos liderar.

Nos encontramos en un punto de inflexión histórico. La inteligencia artificial está redefiniendo las reglas del desarrollo económico y social a una velocidad sin precedentes. No podemos permitirnos el lujo de la duda o la postergación. La tarea es clara: debemos alinear nuestros recursos, talentos y voluntades para integrarnos de manera soberana y estratégica a esta nueva era. Lo que hagamos, o dejemos de hacer, durante esta década determinará las oportunidades de las próximas generaciones.

 

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MUNDO

El dilema de Putin: ¿Paz con Trump o alianza con China?

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– Política Global, por Jorge López Portillo Basave

El miércoles habrá un gran evento en China para conmemorar el día de la victoria aliada vs Hitler hace 80 años. Como sabemos en la guerra contra los Nazis, Rusia y China fueron compañeros de lucha con EUA y casi todo Europa. Por eso es por lo que el propio Putin antes de ir a Alaska a ver a Trump pasó por el cementerio de soldados rusos y americanos caídos en la Segunda Guerra Mundial.

El 1 de septiembre era la fecha que Trump había puesto como referencia para saber si Rusia hablaba en serio. De hecho, tanto Francia como Alemania han dicho que parece ser que Estados Unidos tendrá que aplicar sanciones más severas contra Rusia, ya que no ha cumplido sus promesas para ver a Zelenski antes de este día.

Alemania ha ido más allá y ha dicho que Rusia ya está en guerra con Europa porque en fechas recientes ha habido ataques terroristas en contra de intereses alemanes en varios países de la región.

Dichos ataques habrían sido financiados por Rusia, según el nuevo canciller alemán, quien además ha asegurado que el modelo económico de regalar dinero a los ciudadanos por no trabajar era insostenible. Es decir, que Europa no está en su mejor momento económico. Esto lo digo porque una guerra es cara.

La OTAN celebra cada año en Francia la llegada de los aliados y el Día de la Victoria, pero pocas veces invitan a sus aliados de otros países (como Rusia y China), quienes también lucharon contra Hitler, Japón e Italia.

La fiesta en China será presenciada no solo por Xi Jinping quien la organiza, sino por varios líderes aliados o vecinos del momento, incluido Vladimir Putin, quien debe decidir si acuerda la paz con Trump para Ucrania o se sigue entregando en los brazos de China.

Irán, India, Corea del Norte, Rusia, China y otros 23, de un modo o de otro, no han querido aplicar sanciones a Rusia por la guerra de Ucrania o son aliados de China, por encima de EUA.

Sea lo que sea, parece que EEUU y Europa se preparan para la guerra esperando llegar a un acuerdo previo, pero incluso invirtiendo más en armas y hasta cambiando el nombre de sus secretarías de defensa por guerra, como lo anunció Estados Unidos para regresar al nombre de “Departamento de Guerra” en lugar de “Departamento de Defensa”, nombre que llevó desde 1947 a la fecha.

Una tristeza que no haya acuerdo en Europa por una u otra causa. Como lo hemos venido diciendo, China es el gran ganador de la guerra en Ucrania y en la paz sería el gran perdedor a menos de que logre reintegro con una Rusia arruinada.

EUA es claro, quiere hacer negocio con Rusia y con Ucrania, pero si no es por el comercio, será por las armas. Me hubiera gustado hablar de los temas de las drogas a menores para cambiar de sexo o el supercohete que con éxito despegó hace 4 días desde Texas en la carrera de las potencias para regresar a la Luna y llegar a Marte, pero creo que esta reunión y esta fecha serán determinantes para el futuro de Europa. Aunque las drogas para cambio de sexo pueden ser determinantes para el futuro de Occidente.

Por lo pronto, Rusia, el rebelde y agresivo, está viendo si da su amor a EUA o a China. Y en caso de hacerlo, habrá que ver si es duradero.

Por cierto, quiero felicitar al Papa León XIV por su cumpleaños. Espero ir a Roma a conocerle —al menos de lejos— y de ahí, si Dios quiere, a Tierra Santa. Los avances tecnológicos parece que no han ido de la mano con los avances, o mejor dicho, con el mantenimiento del sentido común. Hace mucho que no doy gracias a usted por su lectura y a este espacio por la oportunidad. De verdad, ¡muchas gracias! Feliz inicio del mes.

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