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El segundo debate: Se dicen desde narcocandidata hasta corrupta y mentirosa

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Los Juegos del Poder, por Gabriel Ibarra Bourjac //

Al igual que el primero en este segundo debate, poco vimos de distinto. Ataques, descalificaciones, se dijeron narco candidata, mentirosa y corrupta, como si fuera una competencia para ver quien tiene más negativos, porque si nos vamos a lo que se expresaron las dos mujeres que aspiran a la presidencia de México, una de otra, ninguna debería gobernar este país.

Xóchitl le dice a Sheinbaum que tiene una empresa que contamina y que evade impuestos al estar en paraísos fiscales, que es una mentirosa, porque tiene escondidas cuatro casas, mientras que Sheinbaum la refutó al decirle que como funcionaria pública tuvo 17 contratos con el gobierno lo cual es ilegal y es un delito.

La hidalguense le espetó y le dijo que “son negocios legales”, que ella no violó la ley. Y luego lo “pior”, Xóchitl se bajó al nivel de las redes al decirle #Narcocandidata a su contrincante, sin tener mayores elementos que así lo fundamentara, lo que me parece muy delicado y muestra el bajo nivel de dicho debate.

Vino la respuesta cuando Sheinbaum al señalarla de corrupta y mentirosa, refregándole los negocios que ha hecho con el gobierno, siendo funcionaria pública, además de desmentirla que sea dueña de una empresa como lo aseveró la candidata de Fuerza y Corazón por México, al ser ésta de su abuelo y posteriormente pasar a propiedad de su madre, cuando aquel falleció.

EL IMPACTO DE LAS DESCALIFICACIONES

¿Cambiará la tendencia de votos que se ha hecho sentir en todo el país entre las candidatas y el candidato a presidencial después del segundo debate?

Como se ha señalado, un debate difícilmente gana una elección, o sólo que el candidato que esté abajo gane por KO, lo cual no vimos en este segundo enfrentamiento en el que se vio a una Xóchitl Gálvez más desenvuelta, siguió, al igual que en el primero, lanzando golpes, pero ninguno de ellos fue contundente.

La llamada de atención de la moderadora Adriana Pérez Cañedo a Xóchitl encendió a las redes al manifestarse las tendencias, cuando éste incumplió el acuerdo de no mostrar mensajes en cartulinas cuando tuviera la palabra los otros contendientes.

Los Xochilovers y los chairos se lanzaron a las redes sociales, cada quien para afirmar y remarcar que una y otra estaba ganando y asestando una madriza a la que está enfrentr. Vimos muy activos a Carlos Alazraki, a Vicente Fox y luego en el postdebate a un descompuesto de Germán Martínez como vocero de Xóchitl, entrevistado en el programa de análisis del debate de Televisa quien sin analizar los contenidos, las mentiras y contradicciones que cada una expresó no lo argumentó para repetir #LaCandidataDeLasMentiras y la #Narcocandidata. ¿Finalmente cuál de las dos será la que impere en las redes sociales y en el postdebate?

En lo personal, creo que el debate lo ganó Jorge Álvarez Máynez, quien se mantuvo al margen de las descalificaciones, mostró más sobriedad, y aunque la competencia por la Presidencia está entre las dos candidatas presidenciales, el abanderado de Movimiento Ciudadano logrará subir algunos puntos que se traducirán en más votos y diputados para el partido naranja.

LAS ENCUESTAS

¿Qué señalan las primeras encuestas que tuvimos acceso sobre quién ganó el debate?

Tenemos dos: las de Massive Caller y la de Datalink con resultados muy encontrados, diametralmente opuestos. La de Massive Caller, que se ha distinguido por presentar encuestas con resultados muy distintos al de la mayoría que conocemos, ya que sostiene que la distancia de Claudia sobre Xóchitl es menos de un dígito, contra las que indican que la abanderada de Morena supera con 15, 20 y hasta 30 puntos a la de la Coalición Fuerza y Corazón por México.

Para Massive Caller la gran ganadora del debate es Xóchitl Gálvez con 56% de los encuestados, frente al 32.4% de Claudia Sheinbaum, mientras que Máynez obtiene el 11.6%.

Datalink a su vez muestra en su encuesta que la gran ganadora del debate fue Claudia Sheinbaum con el 59.7 que la vio mejor contra 35.4 que vio a Xóchitl ganar; A Álvarez Máynez lo vio ganar el 3.8% y únicamente el 1.1% señaló no tener opinión.

VIENE EL POSTDEBATE

¿Qué dicen las candidatas después del debate?

Claudia Sheinbaum expresó: Hemos ganado el debate, porque hemos presentado propuestas y hemos presentado un plan de desarrollo para los próximos seis años’’. Refirió que presentó una serie de propuestas para lograr más crecimiento económico; reducción de la desigualdad y la pobreza; creación de más y mejor infraestructura, así como su visión para la construcción de un país más sustentable”.

Xóchitl a su vez, escribió en sus redes: “Quien gana arrasa…ganamos el debate y vamos a ganar el 2 de junio. La cuenta regresiva empezó para Claudia y sigue en la lona. De esta no se levanta, de mi se acuerdan (…) En Morena se van a llevar la sorpresa de su vida el 2 de junio. Hay mucho voto oculto, pero ya estamos en empate y en menos de una semana vamos a estar arriba en las encuestas. No hay ninguna duda, vamos a ganar la Presidencia de México”.

Vemos un mensaje muy triunfalista, que tiene la finalidad de levantar el ánimo a sus seguidores. Vamos a ver que resulta de esto y que nos dice la realidad que suele ser más terca que todo.

Faltan 30 días para que esto terminé y se acaben las especulaciones y todo lo que estamos viviendo entre las posiciones y ataques de uno y otro bando, tan radicales los de la izquierda como la derecha.

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Llave al cuello

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– Opinión, por Miguel Anaya

El Senado de la República nació para ser la cámara de la reflexión, el contrapeso, el espacio donde las decisiones se piensan dos veces antes de convertirse en ley. Desde su inicio en el siglo XIX, su existencia buscaba equilibrar al país: la Cámara de Diputados representaría la voz inmediata del pueblo y el Senado, con sus 128 integrantes, encarnaría la visión de más alto nivel de cada estado. En teoría, es la tribuna donde la política alcanza su forma más elevada.

La semana pasada, en lugar de argumentos, lo que retumbó fueron los gritos, acompañados de empujones y amenazas de riña dignas de vecindario enardecido. Lo que debía ser la cúspide del debate nacional se convirtió en un espectáculo más cercano a la arena de lucha libre que al foro legislativo más importante del país.

Conviene recordarlo: la tribuna del Senado no es un micrófono más. Es el escenario que, en teoría, proyecta al mundo la madurez política de México. Allí se han discutido tratados internacionales y reformas constitucionales que marcan generaciones. Y, sin embargo, lo que se ofreció al país no fue altura de miras, sino un espectáculo de pasiones mal encauzadas, una demostración de que, cuando falta el argumento, la violencia sale a flote.

Algunos dirán que la violencia parlamentaria es casi folclórica. En Italia se han lanzado sillas, en Corea martillos, en Taiwán agua y puños. La diferencia es que allá los incidentes son excepción; aquí amenazan con convertirse en método alterno de debate. Al paso que vamos, quizá convenga incluir guantes de box en el reglamento interno.

Lo ocurrido no es simple anécdota, sino síntoma. La violencia desde la tribuna envía un mensaje devastador: si en la Cámara alta se puede insultar y agredir, ¿qué freno queda para la sociedad? El Senado debería marcar la pauta de la civilidad, no reflejar lo peor del enojo social. La tribuna debería ser espejo de lo que aspiramos a ser, no caricatura de lo que tememos convertirnos.

Una máxima, atribuida a distintos autores, menciona que “la violencia comienza cuando la palabra se agota.” En México, la palabra parece agotarse antes incluso de ser pronunciada. Otra frase importante, acuñada por Carlos Castillo Peraza dice: “La política no es una lucha de ángeles contra demonios, sino que debe partir del fundamento de que nuestro adversario político es un ser humano.” Ambas enseñanzas se han olvidado en el legislativo.

Lo más preocupante no es la escena del zafarrancho, sino lo que significa: que en el recinto diseñado para contener pasiones se desbordan las más bajas. Que en la cámara que debía representar la inteligencia del Estado se normaliza la torpeza del insulto. Y que, en la tribuna donde deberían hablar las mejores voces de la nación, se escuchan ecos de cantina.

El Senado no merece ser burla internacional. Mucho menos lo merece el país que lo sostiene. La dignidad de esa Cámara no depende de los mármoles que la adornan, sino de la altura de quienes la ocupan. Y si los legisladores no alcanzan el nivel que la historia les exige, quizá haya que recordarles que la tribuna no les pertenece: pertenece a los ciudadanos que todavía, ingenuos, tercos o soñadores, confían en que la democracia se discutirá con ideas, no con empujones.

En conclusión, lo que vimos en el Senado no es un accidente aislado, sino el retrato incómodo de una clase política que confunde el poder con la prepotencia (¡qué raro!) y la representación con la bravuconería. La patria necesita llaves que abran el diálogo, no llaves al cuello.

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El ocaso del rebelde

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– Opinión, por Iván Arrazola

El poder, ese viejo escenario donde se forjan héroes y se consumen rebeldes, suele desnudar la verdadera esencia de quienes lo alcanzan. A lo largo de la historia, ha sido capaz de transformar ideales en privilegios y convicciones, en concesiones.

En México, pocos casos ilustran mejor esta metamorfosis que el de Gerardo Fernández Noroña: el opositor combativo que enarbolaba la rebeldía como bandera y que, con el tiempo, terminó convertido en el mismo tipo de político al que solía denunciar.

En este sentido, desde sus tiempos como opositor, lo que dio a conocer al senador Fernández Noroña fue su actitud combativa y su rebeldía. Era el tipo de político capaz de hacer una huelga de hambre ante una decisión injusta del gobierno, el personaje que abiertamente criticaba los excesos de la vieja clase política: sus privilegios, sus viajes y el lujo en el que vivían.

Esa faceta crítica y contestataria la expresó también en episodios como su negativa a pagar el IVA en los supermercados, acciones que ponían en aprietos a trabajadores que, en realidad, poco podían hacer para cambiar los precios.

Sin embargo, todo cambió cuando López Obrador lo incluyó entre las llamadas corcholatas presidenciales. A partir de ese momento, el activismo callejero que había caracterizado a Fernández Noroña se transformó. De la noche a la mañana, subió varios peldaños y se convirtió en parte de la nueva élite política.

Así, cuando fue nombrado presidente de la Mesa Directiva del Senado, su estilo ya no fue el de un perfil austero. Los viajes en primera clase, las salas premier en aeropuertos y los vehículos de lujo pasaron a ser parte de su nueva realidad. Paradójicamente, el mismo político que antes presumía su cercanía con el pueblo y despreciaba a los elitistas, pronto cayó en excesos inconcebibles para alguien que se asumía contestatario. Incluso utilizó al Senado como espacio para exigir que un ciudadano se disculpara públicamente por haberlo insultado en un aeropuerto.

El contraste es aún más evidente si se recuerda que durante años criticó la corrupción de panistas y priistas, y denunció las injusticias contra el pueblo. Ahora, en cambio, mostró una sorprendente falta de sensibilidad.

Respecto al rancho de Teuchitlán, Jalisco, por ejemplo, minimizó la gravedad de lo ocurrido al afirmar que solo se trataba de cientos de pares de zapatos, negando que hubiera indicios de reclutamiento o atrocidades. En otros tiempos, probablemente habría exigido justicia y acompañado a las víctimas.

De igual modo, cuando surgieron señalamientos contra el coordinador de su bancada por vínculos de su secretario de seguridad con el crimen organizado, Noroña llegó incluso a cuestionar la existencia del grupo criminal involucrado. En otra época habría pedido el desafuero del implicado; hoy, en su nueva faceta, resulta difícil imaginarlo asumiendo una postura crítica.

No obstante, sus últimos días como presidente del Senado estuvieron marcados por un cúmulo de escándalos. Investigaciones periodísticas revelaron que era dueño de una casa de 12 millones de pesos.

Aunque intentó justificar la compra con un crédito, sus ingresos como senador y las supuestas ganancias de su canal de YouTube, rápidamente especialistas desmintieron que pudiera generar los 188 mil pesos que asegura el senador. Con soberbia, declaró: “Yo no tengo ninguna obligación personal de ser austero”. Incluso se ventiló que recibe donaciones ilegales a través de sus transmisiones en redes sociales.

En ese torbellino de acusaciones ocurrió un episodio que pudo haberle devuelto algo de legitimidad, pero que terminó mostrando que se trata de un político que vive el privilegio: el enfrentamiento con el líder nacional del PRI. Aunque al principio la conversación mediática giró hacia la agresión que sufrió junto a uno de sus colaboradores, el caso pronto escaló.

El Ministerio Público acudió de inmediato al Senado a tomarle declaración, mientras miles de personas comunes siguen sin obtener justicia pronta y expedita. Esa diferencia de trato encendió aún más las críticas.

La polémica creció cuando la jefa del Estado intervino, acusando a Alejandro Moreno y a la oposición de actuar como porros. En lugar de llamar a la prudencia y a la concordia, reforzó la confrontación y desvió la atención al señalar que la prensa se fijaba más en la casa de Noroña que en las acusaciones de la DEA contra García Luna.

El caso de Fernández Noroña ilustra crudamente lo que sucede cuando los principios se subordinan al poder, ya sea porque este transforma a las personas o porque desde el inicio solo fue una estrategia para alcanzarlo. Hoy, las condenas a la violencia en el Senado son unánimes.

Lo que no parece merecer la misma indignación es la incongruencia. El régimen insiste en convencerse a sí mismo de que “no son iguales”, pero en los hechos muestran que sí lo son o, lo más inquietante, que pueden incluso superar a aquello que juraron combatir.

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La presidenta, Omar y Marcelo

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– De Frente al Poder, por Óscar Ábrego

A un año la Presidenta está haciendo lo que puede con quien tiene.

Resolver la herencia que le dejó López Obrador no es sencillo.

Una gran parte del país controlado por la delincuencia, finanzas públicas deshidratadas, obras inviables y tremendamente costosas, una nación endeudada brutalmente, un sistema de salud devastado y muchas otras asignaturas como la de lidiar con personajes impresentables por sus vínculos criminales o comportamientos inmorales y corruptos, son parte del pesado costal que carga todos los días Claudia Sheinbaum.

Sin embargo, en este primer aniversario, estoy convencido de que la primera mujer que encabeza el ejecutivo federal está destinada a trascender en la historia.

Podrán muchos no estar de acuerdo en sus postulados, pero ¿qué mandatario en el mundo se escapa de la polémica y la crítica? Ninguno, sea mujer o varón.

La democracia, al margen de sus bases teóricas, siempre corre riesgos colectivos. Así lo demuestra la historia universal.

De cualquier modo, soy de los que opina que Sheinbaum tiene la convicción de lograr mejorar el estado de las cosas que recibió.

Dicho de otra forma, creo en ella.

Y si bien hay temas que pueden ser materia de cuestionamientos duros y legítimos, lo cierto es que en este primer aniversario de su sexenio sobresalen dos personajes que han dado la nota positiva (por no decir sobresaliente) de su gestión: Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana y Marcelo Ebrard Casaubón, secretario de Economía.

De ambos lo único que podría decirse en este momento es que están dando buenas cuentas a la sociedad y a la presidenta.

Los dos tienen algo en común: los escenarios que enfrentan son adversos y en extremo desafiantes.

Omar, pacificar al país en medio de una violencia nunca antes vista.

Marcelo, darle viabilidad productiva a México frente a la inestabilidad emocional de Donald Trump.

Si Claudia Sheinbaum ha tenido un acierto, es haber colocado en esas delicadas responsabilidades a Omar García Harfuch y a Marcelo Ebrard, quienes, llegado el momento, de seguro serán los únicos finalistas de Morena en el aún lejano 2030.

En X: @DeFrentealPoder

*Óscar Ábrego es empresario, consultor en los sectores público y privado, escritor, activista social y analista político.

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