LOS PELOTEROS
Un corazón dividido en las Fiestas de Enero
Deporte Rey, por Gabriel Ibarra Bourjac
Transcripción de texto a voz
Hoy arranca en el Estadio Fernando Valenzuela de Hermosillo una serie de playoffs que, para mí, tiene un sabor agridulce y profundamente personal.
Los Naranjeros de Hermosillo reciben a los Charros de Jalisco en el primer juego de esta primera ronda de postemporada en la Liga ARCO Mexicana del Pacífico, un duelo de pronóstico reservado entre dos novenas con argumentos sólidos: el potente bateo colectivo de los tapatíos contra el sólido pitcheo que han mostrado los sonorenses en el cierre de la temporada regular.
Pero más allá de las estadísticas y las estrategias, esta confrontación me genera emociones encontradas como pocas veces en mi vida.
En mi corazón habitan dos equipos que han marcado etapas distintas de mi pasión por el béisbol.Todo comenzó en Hermosillo, cuando era niño y mi abuelo me tomaba de la mano para llevarme al viejo estadio Fernando M. Ortiz.
Allí nació mi amor por este deporte rey. Los Naranjeros me regalaron grandes satisfacciones, títulos inolvidables y esa conexión primigenia con la pelota caliente que nunca se borra. Eran tardes y noche de gloria naranja que aún resuenan en mi memoria.
Después me toco conocer el llamado inicialmente El Coloso de El Choyal, que llevaría el nombre del mejor bateador mexicano de todos los tiempos: Héctor Espino.
Me tocó ver el nacimiento de esa leyenda que posteriormente sería inmortalizado. El Superman de Chihuahua y/o Niño Asesino, con sus grandes batazos y actuaciones nos encendió esta gran pasión.
El tiempo pasó, la vida me llevó a Guadalajara y, con ello, me desconecté temporalmente del béisbol profesional. En esta ciudad no había equipo en aquellos años, y la pasión quedó en pausa.
Hasta que el destino intervino de nuevo. El regreso del béisbol invernal a Jalisco con la llegada de los Charros a la LMP revivió en mí esa llama que creía apagada. Desde entonces, apoyo sin reservas a la novena albiazul.
Charros se convirtió en mi equipo del alma en esta nueva etapa, el que sigo con entrega total y al que respaldaré siempre.
Hermosillo, mi raíz, quedó como una segunda opción entrañable.Me hubiera encantado que este enfrentamiento entre mis dos grandes amores se diera en la gran final, con todo resuelto y el título en juego.
Pero así es el béisbol: impredecible, caprichoso y maravilloso. Nos toca vivirlo desde la primera ronda, con el corazón partido en dos. No importa el resultado. Voy a disfrutar cada pitcheo, cada batazo, cada momento de esta serie.
Que gane el mejor, que avance el más fuerte y, ojalá, que uno de ellos levante el trofeo al final. Porque, al fin y al cabo, gane quien gane, una parte de mí celebrará.¡Que viva el rey de los deportes!



