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MUNDO

Fragilidad creciente: 2026, la economía en la cuerda floja

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Actualidad, por Alberto Gómez R.

Al arrancar 2026, la economía mundial presenta una paradoja desconcertante. Por un lado, exhibe una resiliencia notable, con un crecimiento que se mantiene estable y mercados financieros en máximos históricos. Por el otro, navega sobre un mar de incertidumbres geopolíticas cada vez más profundas y peligrosas. El consenso entre analistas y organismos internacionales es claro: este será un año de transición clave, donde se pondrá a prueba la capacidad de adaptación de las economías y la solidez de las alianzas políticas (negocios.com).

La paradoja de un crecimiento aparentemente sólido, pero sostenido por estímulos y dopado por una liquidez abundante, choca frontalmente con un panorama internacional fragmentado por conflictos activos y rivalidades estratégicas. La pregunta que flota en el aire no es tanto si habrá crecimiento, sino cuán frágil es su base y qué shock podría desestabilizarla.

EL MOTOR GLOBAL: ¿RESILICIENCIA O DOPAJE FINANCIERO?

Las proyecciones macroeconómicas para 2026 pintan un cuadro de moderación estable. El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé un crecimiento global del 3.1%, una leve desaceleración respecto a años anteriores, pero lejos de un escenario recesivo (imf.com). Esta «velocidad de crucero» se sustenta en la fortaleza del consumo estadounidense y en la capacidad de adaptación que han mostrado empresas e inversores tras años de volatilidad (elpais.com).

Sin embargo, muchos economistas advierten que esta estabilidad es engañosa. En opinión de diversos analistas financieros, existe un «dopaje generalizado» de políticas públicas expansivas y condiciones financieras ultra favorables que sostienen el crecimiento artificialmente.

La concentración extrema del crecimiento en un puñado de empresas tecnológicas dedicadas a la inteligencia artificial (IA) es otra señal de fragilidad. Un reducido grupo de compañías explica más de un tercio del desempeño de los principales índices bursátiles, realizando inversiones billonarias cuyos retornos económicos reales aún son una promesa. Como advierte BlackRock, en el ámbito de la IA, «lo micro es macro»: un pinchazo en esta burbuja de expectativas no dejaría prisioneros en ninguna parte del mundo.

A esto se suma la sombra alargada de la deuda, especialmente en Estados Unidos, que entra en 2026 con un déficit presupuestario histórico y un costo financiero que ya es estructural, limitando drásticamente el margen de maniobra de las autoridades (economex.substack.com).

VENEZUELA: UN NUEVO FOCO DE INESTABILIDAD HEMISFÉRICA

El año comenzó con un suceso que sacudió los cimientos geopolíticos de América Latina: la captura del presidente Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses y el anuncio de una intervención para gestionar una «transición segura» en Venezuela. Este evento, más allá de su impacto político inmediato, reactivó los temores de un nuevo foco de inestabilidad global y puso bajo la lupa sus posibles efectos económicos (infobae.com).

A corto plazo, los expertos coinciden en que el impacto directo en los precios del petróleo será limitado. La industria petrolera venezolana, ahogada por años de sanciones y falta de inversión, produce un crudo pesado de refinación compleja que ya tenía un peso marginal en el mercado global.

El verdadero riesgo reside en la incertidumbre geopolítica que genera. Ralphi Jauregui, docente de la UPC, explica que este tipo de episodios activa mecanismos defensivos en los mercados: aumenta la aversión al riesgo, se revisan portafolios y el dólar tiende a fortalecerse como activo refugio.

Para 2026, Venezuela se ha convertido en un símbolo de la reconfiguración de la influencia estadounidense en su patio trasero y un punto de fricción con actores como Rusia e Irán, lo que obligará a los países latinoamericanos a definir posiciones más claras en un tablero internacional cada vez más polarizado (negocios.com).

LA FRICCIÓN CONSTANTE DE CHINA

Mientras Occidente se centraba en Ucrania, China ha perfeccionado una estrategia de presión constante en el Mar de China Meridional y el estrecho de Taiwán, evitando el conflicto abierto, pero asfixiando progresivamente a sus rivales. Para 2026, analistas de defensa prevén que China volverá a dominar los titulares en la región, con una fricción operativa en la que los drones no tripulados serán protagonistas (escenariomundial.com).

Esta tensión latente tiene implicaciones económicas directas. Por el Mar de China Meridional transita cerca del 30% del comercio marítimo mundial. Taiwán, por su parte, es una pieza neurálgica en la cadena global de suministro de semiconductores. Cualquier episodio de escalada, incluso menor, podría interrumpir cadenas de suministro en sectores clave como la tecnología, la automoción y la electrónica, con un impacto inmediato en la economía global.

La disputa ya no es solo militar, sino industrial: China apuesta a su escala económica como ventaja estratégica, mientras Estados Unidos y sus aliados responden con innovación y una producción distribuida. Esta rivalidad define no solo la seguridad regional, sino el futuro del comercio y la tecnología a escala planetaria.

EUROPA: ATRAPADA ENTRE LA GUERRA Y LA RECESIÓN

Europa afronta 2026 en una posición de extrema vulnerabilidad. La guerra en Ucrania sigue siendo el gran factor desestabilizador del continente, lejos de cualquier solución y obligando a la Unión Europea a una costosa revisión de su política de defensa y su dependencia energética. El continente se encuentra en la «cuerda floja», forzado a aumentar el gasto militar mientras intenta mantener políticas de apoyo a hogares y empresas en un entorno de crecimiento moderado e inflación persistentemente alta.

El debate en Bruselas gira en torno a la sostenibilidad del apoyo a Ucrania, la coordinación con un Estados Unidos volátil y el riesgo de una fragmentación duradera de Europa en esferas de influencia. Este clima de incertidumbre se refleja en los mercados: el oro y la plata, activos refugio por excelencia, cerraron 2025 con fuertes alzas, señal de que los inversores buscan protección ante un panorama cargado de riesgos. La evolución de los precios de estos metales será un termómetro clave de la percepción de riesgo global durante el año (negocios.com).

MEDIO ORIENTE: EL POLVORÍN QUE NO SE APAGA

La región de Oriente Medio continúa siendo un epicentro de tensiones con potencial para desestabilizar los mercados energéticos globales. El conflicto entre Israel e Irán, que escaló significativamente en 2025, ha creado un paisaje de seguridad fragmentado donde múltiples actores intervienen a través de aliados proxies y guerras asimétricas. La inestabilidad se extiende a países como Yemen, Irak y Líbano, manteniendo las fronteras diplomáticas y militares en constante negociación.

La principal amenaza para la economía global es la posibilidad de que un brote de violencia mayor interrumpa las rutas logísticas clave o dispare el precio del crudo. En un mercado petrolero ya condicionado por los recortes de la OPEP+ y por la transición energética, cualquier shock de oferta proveniente de esta región tendría un impacto inmediato y severo en la inflación y el crecimiento mundiales. Medio Oriente sigue siendo, en 2026, un recordatorio constante de cómo la geopolítica puede volver al centro del escenario económico en cuestión de horas.

ESTADOS UNIDOS: LA CRISIS INTERNA DEL GIGANTE

La principal economía del mundo llega a 2026 cargando con profundas contradicciones internas que amenazan su estabilidad y, por extensión, la del sistema global. El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en 2025 marcó una ruptura explícita con décadas de consenso en política exterior y comercial, implementando aranceles masivos y usando el comercio como herramienta de negociación agresiva. Sin embargo, el mayor desafío es doméstico.

Trump enfrenta el año con una popularidad en declive, grietas dentro de su propio movimiento y una economía que muestra signos de fatiga. Aunque el crecimiento ha sido robusto, está impulsado de manera desigual por el gasto de los más ricos, mientras la mayoría de los estadounidenses sufre una «crisis de asequibilidad» con precios elevados de alimentos y vivienda.

El desempleo ha repuntado y las políticas arancelarias han costado decenas de miles de empleos manufactureros, según sus críticos. Esta división social y política, sumada a una deuda pública que supera los 38 billones de dólares y un sistema que «ya no se puede corregir, solo sostener», convierte a Estados Unidos en un epicentro de incertidumbre.

Como señala el análisis de ECONOMEX, los mercados en máximos no son necesariamente una señal de fortaleza, sino un síntoma de un sistema que funciona solo mientras el financiamiento fluye sin interrupciones.

UN MUNDO CAMINANDO SOBRE EL ALAMBRE

El panorama económico para 2026 es, en esencia, un ejercicio de equilibrio de riesgos. La resiliencia demostrada por la economía global es real, pero está siendo puesta a prueba como nunca antes por una confluencia de tensiones geopolíticas. Desde el Caribe hasta el Mar de China Meridional, pasando por las estepas ucranianas y los desiertos de Medio Oriente, los conflictos han dejado de ser un telón de fondo para convertirse en fuerzas estructurales que moldean los flujos comerciales, los precios de la energía y la confianza de los inversores.

La advertencia de Jorge Sicilia, economista jefe del BBVA, resume el espíritu de la época: «Lo que más me preocupa del mundo al que vamos es la incertidumbre total. Las reglas internacionales que han dirigido la economía durante 60 años ya no rigen». En este contexto, la capacidad de los gobiernos y los bancos centrales para mantener la credibilidad y la independencia será crucial.

El margen de error es estrecho. Cualquier escalada imprevista en alguno de los múltiples frentes abiertos podría desencadenar una corrección brusca de los mercados, una nueva crisis energética o una recesión sincronizada. 2026 será, por tanto, el año de la gestión de la fragilidad. Un año en el que el mundo, aunque siga avanzando, lo hará con el cuidado de quien sabe que pisa un suelo minado.

 


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