OPINIÓN
La Consulta Popular: Grandes obstáculos a la demanda de justicia; se requieren 37 millones de votos

Opinión, por Cayetano Frías Frías //
Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros.
George Orwell
Si algo quedó claro con los resultados del ejercicio de la Consulta Popular del primero de agosto, es que a la clase política no le interesa empoderar a los ciudadanos, salvo cuando se trata de resguardar sus privilegios para repartirse los cargos de elección y con mayor énfasis, de la distribución de los presupuestos.
Los marrulleros que desde el poder, aprueban leyes y se despachan con la cuchara grande a la hora de gastar nuestros impuestos, concluyeron que los más de 6 millones 663 mil votos registrados en la pasada Consulta, solo equivalen a la voluntad del 7.11% de los ciudadanos inscritos en la Lista Nominal de Electores.
En contraste, en la votación federal para diputados de junio pasado, con 100 mil votos menos, a Morena le acreditaron el 13.44%; al PAN que logró la mitad obtuvo el 7.83%; y al PRI con la tercera parte de sufragios, le asignaron el 5.5%, porque tomaron como base la Votación Total Válida y no la Lista Nominal de Electores.
Partidos |
Total de Votos |
*Votación Válida Junio 47,170,120 |
Lista Nominal de Electores agosto 93,671,697 |
Porcentaje |
Ciudadanos |
6,663,208 |
7.11% |
||
*Morena |
6,571,127 |
13.44% |
||
*PAN |
3,828,228 |
7.83% |
||
*PRI |
2,715,123 |
5.55% |
||
*PRD |
248,505 |
0.50% |
En esta tabla se aprecia claramente que el voto emitido el primero de agosto durante la Consulta Popular, es muy superior en cantidad a la que recibieron los partidos políticos, pero la distorsión de las leyes conceden un premio mayor a los partidos, aunque a uno de los listados ni siquiera le alcanzaría para mantener el registro oficial como partido político y menos, si se hubiera tomado como base el listado nominal de electores, pues entonces el PRD solo tendría el 0.26% de los votantes totales.
Otra distorsión a la hora de contar los votos, se da cuando en lugar de asignar porcentajes a los partidos políticos con base a la lista nominal de electores, no se toma en cuenta la votación total, sino que eliminan los votos nulos y los correspondientes a candidatos sin registro, que en junio sumaron 1.7 millones, para inflar la preferencia a los partidos que se traduce en mayor cantidad de legisladores y en conservar el registro. Así lo establece la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales.
Por ejemplo, si la asignación de porcentajes para los procesos electorales se basara en la Lista Nominal y en el número de votos que en lo particular recibieron, en junio hubieran perdido el registro el PRI, PVEM y PT, en tanto que de panzazo lo hubieran conservado PAN y MC.
Para poner en concreto lo que significa la cantidad de votantes, basta resaltar que entre PRI y PAN sumaron en junio pasado, 119 mil 857 votos menos que los registrados en la Consulta Popular. Comparado con los votos que recibió Morena, éste partido sumó 92 mil 081 votos menos que los emitidos por los ciudadanos el primero de agosto.
Es decir, que la partidocracia y los diferentes grupos de poder que los financian, han establecido un esquema legaloide que atropella los derechos ciudadanos, en este caso particular, distorsionando el peso real que debe tener la voluntad popular en la democracia, a través del mecanismo de votación que tiene como objetivo minusvalorar las demandas mayoritarias.
Otro ejemplo de este esquema que deprime a los ciudadanos y favorece a los grupos económicos y políticos empoderados durante los últimos cien años, se refleja en la Ley General de Partidos Políticos. Para registrar un partido nacional, dicha norma solo requiere afiliar por lo menos el equivalente al 0.26% del padrón electoral de la elección anterior, que en este año serían 243 mil 783 ciudadanos en todo el país. El tamaño del desfiguro comparado con los resultados de la Consulta Popular es tal, que solo en Jalisco votaron 250 mil 608, más que los necesarios para constituir un partido político nacional.
Otra arista es el porcentaje que se pide a los ciudadanos para que la demanda plasmada en una Consulta sea vinculante y obligatoria de cumplir para las autoridades, es que se pide un porcentaje de votos equivalente al 40% de la Lista Nominal vigente, que en este caso era superior a los 37 millones de votos. ¿Por qué para una demanda por justicia se piden millones de sufragios y para constituir un partido político nacional menos de 250 mil firmas?
URGENCIA DE REFORMAR LAS LEYES
El neoliberalismo tejió una red de complicidades para perpetuar la impunidad y garantizar la operación de los monopolios en contubernio con las mafias políticas, posibilitando el saqueo de los recursos nacionales y desmantelando el sistema de economía mixta donde el Estado tenía margen para resguardar los mínimos derechos de las clases bajas.
La Consulta Popular fue un ejercicio que contribuyó al despertar ciudadano para crear conciencia de que el derecho a demandar acciones a las autoridades de todos los niveles, es permanente y no es privativo solo en las fechas de elección de representantes populares. Un primer resultado ya asoma con la iniciativa a nivel local para que sea sometido al ejercicio de Revocación de Mandato el gobernador de Jalisco.
Las leyes no son las mejores, pero son perfectibles y los legisladores tendrán que responder a la presión social, para que asuman su responsabilidad y adecuen las normas que permitan desarrollar mecanismos eficientes para la participación ciudadana en las acciones de gobierno, tanto a nivel orientador sobre las más urgentes, como en la dirección de castigar a quienes incurren en delitos durante el ejercicio de sus responsabilidades.
En principio, el voto ciudadano para definir políticas y acciones de gobierno, debe tener igual peso al que se le da en las fechas electorales, pues son mandatos que ningún funcionario o servidor público debe ignorar, cuando la mayoría determine una decisión. Una democracia castrada, donde se da privilegios a la creación de partidos políticos o de organismos descentralizados cuyos integrantes son elegidos por unos cuantos notables, se ha demostrado que solo dispersan la corrupción.
La democracia participativa tiene que ir más allá del discurso y de las leyes aprobadas que se prestan a confusión y en la práctica, a crear obstáculos al ciudadano común, en lugar de facilitar el desarrollo social. En el caso de la Consulta Popular, a los ciudadanos se les pide recabar firmas por el equivalente al 2% de la Lista Nominal de Electores; en cambio, para solicitar registro de un partido político nacional se les pide el equivalente al 0.26% de los inscritos en el padrón electoral.
Así la puerta es muy ancha para los vividores del erario, pero excesivamente estrecha para los ciudadanos que requieren un mecanismo para demandar un mejor gobierno en todos los órdenes. Cuando Orwell escribió Rebelión en la Granja, nunca imaginó que la descripción de los cerdos sería más acorde al sistema capitalista.
CARTÓN POLÍTICO
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JALISCO
La transparencia del fiscalizador

– Los Juegos del Poder, por Gabriel Ibarra Bourjac
En Jalisco, la transparencia y la rendición de cuentas deberían ser principios innegociables. Sin embargo, la resistencia del auditor superior del Estado, Jorge Alejandro Ortiz Ramírez, a ser auditado por la Unidad de Vigilancia del Congreso revela una paradoja alarmante: el encargado de fiscalizar el gasto público evade la supervisión.
Esta actitud, denunciada por David Rubén Ocampo Uribe, titular de la Unidad, y el diputado Alberto Alfaro García, presidente de la Comisión de Vigilancia, no solo cuestiona la integridad de la Auditoría Superior del Estado de Jalisco (ASEJ), sino que amenaza la confianza en el sistema democrático.
Desde el 10 de julio de 2025, cuando Ocampo asumió su cargo, Ortiz Ramírez ha bloqueado cualquier intento de revisión. Solicitudes de expedientes laborales, nóminas y contratos han sido ignoradas, y un encuentro institucional propuesto para el 19 de agosto quedó en el vacío. “Quería saber si todo está en regla. La respuesta fue negativa. Pedí una reunión pública con agenda común, y tampoco hubo respuesta”, relató Ocampo a Conciencia Pública.
Incluso se le prohibió a personal de la ASEJ pasarle llamadas, limitando el diálogo al secretario técnico, un subordinado que no puede sustituir al titular.
El diputado Alfaro, de Morena, califica esta resistencia como un desafío al Congreso y a la sociedad. “El auditor se siente intocable, como si fuera gobernador. Durante ocho años operó sin contralor, pero ahora que lo hay, se niega a colaborar”, afirmó.
Con el respaldo de 29 de 32 deputados al nombramiento de Ocampo, su legitimidad es incuestionable. “Sabe que abriremos la Caja de Pandora”, añadió, sugiriendo que Ortiz Ramírez teme revelar irregularidades.
La Constitución de Jalisco y la Ley de Rendición de Cuentas otorgan a la Unidad de Vigilancia facultades plenas para revisar la ASEJ sin necesidad de acuerdos previos de la Comisión de Vigilancia, como argumenta Ortiz Ramírez.
Esta interpretación “tecnicista” es, para Ocampo, un escudo para evadir la fiscalización. La pregunta es inevitable: ¿qué oculta el auditor? Denuncias internas apuntan a aviadores, nóminas infladas, “moches” por laudos laborales y tolerancia a incapacidades falsas avaladas por el IMSS.
Una figura clave en estas acusaciones es Sandra Verónica Márquez González, de la Dirección Jurídica, señalada por mantener personal inexistente en nómina y exigir pagos ilegales, prácticas que arrastra desde su paso por el Tribunal de Arbitraje y la Fiscalía, donde se le vinculó al “Clan Trevi” por cobros indebidos.
La ASEJ es un pilar estratégico del gobierno de Jalisco, con autonomía técnica y de gestión para garantizar imparcialidad en la fiscalización de un presupuesto cercano a los 200 mil millones de pesos. Su rol como contrapeso es crucial para generar confianza ciudadana.
Sin embargo, la resistencia de Ortiz Ramírez recuerda épocas oscuras de la Contaduría Mayor de Hacienda, antecesora de la ASEJ, donde se rumoraba que las cuentas públicas se “lavaban” mediante acuerdos entre bancadas legislativas. Funcionarios corruptos encontraban en estos arreglos una vía para encubrir irregularidades, otorgando un poder desmedido al titular del organismo.
Hoy, la ASEJ debería ser un modelo de integridad. El Plan Estatal de Desarrollo y Gobernanza 2024-2030, liderado por Cynthia Cantero Pacheco, establece la transparencia y la participación ciudadana como ejes rectores de la gestión pública. Este plan, construido con la voz de más de 675,000 jaliscienses, vincula el presupuesto a resultados medibles, exigiendo apertura y rendición de cuentas.
La opacidad de Ortiz Ramírez contradice este espíritu, debilitando la credibilidad de una institución que debería ser ejemplo.
La pasividad de otros actores institucionales agrava el problema. El silencio del Congreso en pleno y la inacción de la Fiscalía Anticorrupción alimentan percepciones de complicidad o indiferencia. Mientras, rumores de una posible reelección de Ortiz Ramírez, tras ocho años en el cargo, generan rechazo. “Un gobernador dura seis años y se va. Este señor pretende quedarse otros ocho. Es inadmisible”, sentenció Alfaro.
¿Cómo puede hablarse de rendición de cuentas si el fiscalizador se coloca por encima de la ley? La resistencia de Ortiz Ramírez no es un simple desencuentro burocrático; es una afrenta al sistema de pesos y contrapesos.
“La opacidad reina en la Auditoría. Si el auditor desconoce la ley, ¿cómo fiscaliza al estado?”, cuestiona Ocampo. La sociedad, cada vez más vigilante, exige respuestas. Ortiz Ramírez tiene una oportunidad: abrir las puertas de la ASEJ, entregar la información solicitada y demostrar que no hay nada que ocultar. De lo contrario, su silencio seguirá alimentando sospechas de irregularidades.
La transparencia no es negociable, y Jalisco merece una Auditoría Superior que predique con el ejemplo. Es hora de que el fiscalizador rinda cuentas.
JALISCO
MC: espejismos de unidad y fractura a la vista

– Crónicas de Pacheco, por Daniel Emilio Pacheco
Movimiento Ciudadano en Jalisco ya abrió el telón de su renovación interna con la elección de 64 nuevos coordinadores municipales en la vieja casona de Av. La Paz. En apariencia, un ejercicio de normalidad partidista: discursos de unidad, promesas de cercanía con la gente, rostros nuevos para el escaparate y la certeza de que el partido naranja seguirá marcando la pauta en la política local.
Una postal impecable para las páginas de los diarios amigos… pero un espejismo apenas capaz de ocultar las fracturas internas que corroen al partido naranja. Pues, bajo el barniz del entusiasmo, se esconde un mapa con claroscuros que la dirigencia difícilmente podrá negar.
Los números de la elección de 2024 fueron generosos en sus bastiones metropolitanos: Guadalajara, Zapopan y Tlajomulco volvieron a confirmar la hegemonía emecista. En la capital, 308 mil votos aseguraron la continuidad; Zapopan, con 323 mil sufragios, consolidó la plaza más codiciada del estado; y Tlajomulco refrendó, una vez más, su condición de vivero político del grupo alfarista con 94 mil papeletas a su favor. Una trinidad metropolitana que otorga poder y recursos, pero que no resuelve la fragilidad en el resto del estado.
Porque más allá del brillo urbano, MC perdió terreno en Puerto Vallarta —joya turística entregada al PVEM en sociedad con Morena—, cedió Ciudad Guzmán, enclave agroindustrial del sur, y vio escaparse Tepatitlán, bastión alteño que durante años se pensó inmune a los embates opositores. En Tlaquepaque y Tonalá, el retroceso fue aún más doloroso: en el primero, los 109 mil votos no alcanzaron para retener la presidencia municipal; en el segundo, apenas 47 mil sufragios lo relegaron a un segundo lugar incómodo detrás de Morena. Un tropiezo estratégico en el oriente metropolitano que desnuda la vulnerabilidad del proyecto.
Mirza Flores, encargada de administrar esta renovación interna, habla de “liderazgos de territorio, cercanos a la gente”. El discurso suena bien, pero la tarea es monumental: reconstruir la cohesión de un partido que, en su expansión, ha multiplicado corrientes, intereses y pleitos internos. Porque el problema no es solo perder municipios: es perderlos mientras el partido se enreda en disputas de candidaturas, pugnas entre cuadros y una dirigencia que debe demostrar que puede arbitrar sin fracturar.
Los números distritales tampoco ayudan: de 20 distritos locales, MC apenas ganó 6; de los federales, ninguno y los plurinominales fueron para los exfuncionarios que necesitaban fuero y los “liderazgos” escogidos. Esto significa que, aunque controla alcaldías claves, su voz legislativa es reducida y carece de peso real en el Congreso federal.
Un contraste brutal: músculo en los municipios, anemia en las cámaras. Y esa asimetría no se corrige con discursos ni asambleas, sino con operación política en campo, con la capacidad de seducir al votante rural, al comerciante alteño, al campesino del sur que aún ve en el naranja una marca citadina, aburguesada y distante.
Pero lo verdaderamente corrosivo no está en las urnas, sino en los pasillos. La disputa Alfaro–Lemus ha dejado de ser un rumor y se ha convertido en un hecho palpable. Enrique Alfaro se resiste a entregar el control de candidaturas y cuadros, mientras Pablo Lemus mueve sus piezas con paciencia quirúrgica, tejiendo su propia red de operadores que responden solo a él. Entre ambos, Mirza Flores aparece como árbitro incómodo, obligada a conciliar lo irreconciliable: mantener la disciplina de un ejército que ya no reconoce un solo general.
El grupo Alfaro–Lemus sabe que esta es su última gran prueba antes de 2027. Si logran ordenar candidaturas y mantener la paz interna, MC llegará con posibilidades de sostener el gobierno estatal. Pero si insisten en los métodos de imposición y en los arreglos de cúpula, el costo será alto: perderán distritos clave, y con ellos, la capacidad de negociar en el Congreso y de sostener el control territorial.
Los cuadros históricos, los que alguna vez creyeron en la “ola naranja” como una alternativa fresca, se encuentran marginados o desplazados por nuevas caras que responden a intereses de grupo. La operación interna dejó cicatrices: candidaturas impuestas, militantes que sienten haber sido utilizados y un éxodo silencioso hacia Morena y el PVEM que ya se empieza a notar en las regiones.
En política, decía siempre la vieja guardia, no basta con administrar victorias: hay que blindarlas. Movimiento Ciudadano gobierna hoy con holgura en las ciudades, pero su debilidad en la periferia y en el interior del estado es evidente. Las plazas que perdió en 2024 son recordatorio de que el poder es un animal volátil: se escurre por las rendijas más pequeñas y muerde cuando menos se le espera.
La renovación municipal, que en el discurso se vende como ejercicio democrático, en los hechos es un intento de tapar grietas con retórica. En lugar de cohesión, lo que se advierte es una carrera por controlar posiciones rumbo al 2027. Cada comité local es, en realidad, una ficha en el tablero de negociación entre Alfaro y Lemus.
La batalla del 2027 no se jugará únicamente en los edificios de avenida Hidalgo o en los mítines de funcionarios públicos en la Casa Ciudadana. Se librará en los tianguis de Tonalá -donde el Ayuntamiento ha prendido focos rojos-, en los talleres de Arandas -Cuando se habla de la inseguridad que hay en las carreteras de la zona-, en los mercados de Lagos de Moreno -Al momento de hablar de un nuevo ejecutado o desaparecido- y en las colonias populares de Tlaquepaque -Explicando por qué el SIAPA no otorga el servicio que cobra: agua-. Ahí, donde los discursos sobran y lo que cuenta son los servicios públicos, la seguridad y la cercanía real de quienes gobiernan.
La verdadera batalla de 2027 no será contra Morena ni contra el PVEM. Será contra sí mismo. Porque, como tantas veces en la historia política de este país, los partidos no caen por la fuerza del adversario, sino por la podredumbre que incuban dentro.
Hoy MC es un cascarón brillante en la superficie, pero carcomido por dentro. Se vende como movimiento fresco, pero huele ya a partido viejo: facciones enfrentadas, candidaturas negociadas en lo oscurito y un liderazgo que se desgasta en administrar pleitos en lugar de ganar territorios.
Si no corrigen el rumbo, el espejismo de unidad que hoy pregonan se desmoronará al primer soplo de la contienda. Y entonces, la historia no hablará de una derrota electoral, sino de un suicidio político en cámara lenta. Una crónica que, como tantas en la política mexicana, no se escribirá con tinta… sino con epitafios.
En X: @DEPACHECOS