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La Doctrina Donroe: Aranceles, amenazas y ego de Trump

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Política Global, por Jorge López Portillo Basave

Trump puede tener buenas ideas, pero a veces es su peor enemigo. La llamada “Doctrina Donroe”, como se ha bautizado la política continental de Trump, evoca la Doctrina Monroe, impulsada por un expresidente de Estados Unidos que se enfrentó a los imperios europeos al respaldar a las nacientes repúblicas de América en su lucha contra las potencias coloniales, bajo el lema “América para los americanos”.

Solo que ahora Trump busca mantener un poder casi absoluto sobre una región que Estados Unidos ha ido perdiendo durante décadas, frente al avance de China y la indiferencia de Washington. Además, Trump intenta ampliar el mapa: no lo logró con Canadá, pero ahora lo busca con Groenlandia. La soberbia, como suele ocurrir, es mala consejera.

Trump ha logrado muchas cosas buenas no solo para su país sino también para el mundo; sin embargo, por sus ganas de más y su vanidad, puede perderlo todo. El fin de semana, como un acto de sobrada seguridad, amenazó a países de Europa con barreras arancelarias si apoyan a Groenlandia ante una posible invasión de Estados Unidos.

Hace unos días, algunos países de Europa —Reino Unido, Francia, Alemania, Finlandia, Noruega, Holanda y Suecia— decidieron enviar tropas a Groenlandia para mostrar solidaridad frente a Estados Unidos y ante la retórica de Trump, quien ha insistido en que tomará la isla “por la buena o por la mala”, argumentando razones de seguridad nacional.

Las agencias de inteligencia de la OTAN han señalado que Rusia y China están incrementando su presencia en la región del Ártico mediante bases militares y embarcaciones, una capacidad con la que Europa difícilmente puede competir. Esa es la razón por la cual Estados Unidos afirma que debe “comprar” la región, lo que, en cierto sentido, le da a Trump argumentos sobre la importancia estratégica de proteger la zona.

Este arranque puede costarle caro a Trump, ya que la Suprema Corte de Estados Unidos está por decidir si el presidente puede usar las barreras comerciales como un arma recurrente o si está abusando de su poder. Ese juicio lleva prácticamente un año y esta misma semana podría resolverse.

La postura de Trump es que la política internacional que conduce, por facultad constitucional, se maneja también a través del comercio. Los demandantes, en cambio, sostienen que imponer aranceles es una facultad exclusiva del Congreso y que el presidente está abusando de su poder. Si la Corte le da la razón a Trump, su herramienta favorita podrá usarse durante años y con cualquier pretexto.

Conviene recordar que esta no es la primera vez que un presidente de Estados Unidos actúa de esta forma, pero sí es la primera ocasión en que se hace de manera tan generalizada y reiterada. Por otro lado, si la Corte falla en contra de Trump, el impacto económico podría ser severo, ya que el gobierno tendría que devolver miles de millones de dólares a quienes pagaron esos aranceles.

Tal vez la Corte opte por una salida intermedia: dejar claro que el presidente debe consultar al Congreso, pero dar efectos solo hacia el futuro. Habrá que ver en qué termina el fallo, aunque la amenaza directa a países europeos podría ser el factor que impulse a los ministros a acotar su capacidad de maniobra en materia de comercio exterior.

Groenlandia forma parte de la OTAN y, sin mayor problema, Trump podría instalar bases militares allí y ocuparla de facto; sin embargo, él quiere ser el dueño “en papel”. Esa vanidad podría salirle cara. Por otro lado, Rusia y China podrían interpretar la división interna de la OTAN como una oportunidad para avanzar, tal como ocurrió con Canadá, que alcanzó primero un acuerdo comercial con China antes que con Estados Unidos.

Por otro lado, Trump podría convertirse en el mejor aliado indirecto de los partidos de derecha en América continental, pero su retórica no ayuda. Desde Venezuela hasta Cuba, y ahora México, sus posturas contra el narcotráfico pueden ser positivas si logra resultados concretos y no solo golpes mediáticos. Hemos pasado de una petición de “cielos abiertos” para aerolíneas estadounidenses en vuelos locales dentro de México a cielos amenazados por una posible operación militar conjunta para atacar laboratorios del narcotráfico en territorio mexicano.

Veremos en qué acaba todo esto, pero tanto abrir la boca puede salirle caro en su propia tierra al presidente de Estados Unidos, quien puede tener las mejores intenciones, pero no necesariamente la mejor diplomacia. En su defensa, al menos sabemos lo que piensa. ¿Qué pasará si de verdad ataca en territorio nacional a presuntos delincuentes? ¿Dirá México que fue una acción conjunta o se lanzará contra Estados Unidos con represalias?

Trump amenazó desde hace años con atacar a presuntos delincuentes en territorio mexicano y nadie le creyó. La verdad terminará por saberse, porque uno de los actores no puede callarse nada. La Doctrina Donroe puede caer en pedazos por la boca de su propio autor, pero si no cae, el presidente se consolidará como el líder de una superpotencia cínica, con el mismo cinismo que critica en otros países. Al menos, sabremos que siempre fue así, aunque lo envolviera en palabras bonitas.

 


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