OPINIÓN
El agua tiene solución; la omisión tiene consecuencias
Opinión, por Violeta Moreno Haro:
Sí, el problema del agua en Guadalajara tiene solución. Pero exige más que anunciar una obra: sostener decisiones técnicas, inversión y vigilancia durante años. Tenemos problemas de calidad, distribución y disponibilidad que se agravan entre sí. Traer más agua sirve de poco si no puede potabilizarse correctamente o se pierde antes de llegar a las casas.
A corto plazo, la prioridad debe ser proteger a las familias. El SIAPA necesita publicar análisis por zonas, localizar dónde se deteriora el agua, corregir fallas de tratamiento y reparar fugas críticas. Si hay cortes, deben existir calendarios confiables y abasto alternativo gratuito, priorizando hospitales, escuelas y hogares vulnerables.
El Gobierno del Estado debe coordinar esa respuesta y someter sus avances a revisión técnica independiente. Los municipios deben facilitar reparaciones, atender emergencias y vigilar las descargas al drenaje dentro de sus atribuciones. La Federación debe proteger las fuentes de su competencia y aportar apoyo técnico y presupuestal. Corresponsabilidad significa tareas identificables, no discursos donde todos terminan culpando al vecino.
A mediano plazo, entre uno y tres años, hace falta rehabilitar potabilizadoras como Miravalle, renovar tuberías prioritarias y dividir la red en sectores medibles para detectar pérdidas y controlar presiones. Cada acueducto necesita demostrar qué problema resuelve, cuánto costará y cómo se mantendrá.
Deben concurrir recursos estatales, municipales y federales mediante convenios públicos. Los ciudadanos estaremos vigilando que el agua no se privatice. Eso exige conocer contratos, condiciones de operación y compromisos financieros. Resolver una emergencia no autoriza a firmar obligaciones que nadie pueda explicar.
Las industrias del estado, especialmente las de la zona metropolitana, también tienen corresponsabilidad. Deben responder por cuánto consumen, cómo utilizan el agua y en qué condiciones la descargan. Cuando falta tratamiento, sus descargas pueden afectar las fuentes, el drenaje y la capacidad de saneamiento. Necesitamos medición verificable, reúso donde sea viable y sanciones para quienes incumplan. No puede pedirse a las familias que ahorren mientras los grandes usuarios quedan fuera del escrutinio.
A largo plazo, Guadalajara necesita ordenar su crecimiento según la disponibilidad de agua. Los ayuntamientos no deberían autorizar desarrollos sin capacidad comprobada de abastecimiento y saneamiento. Proteger zonas de recarga, recuperar suelos permeables, captar lluvia y reutilizar agua tratada reduce la presión sobre las fuentes.
Los ciudadanos debemos reparar fugas domésticas, evitar desperdicios, reportar anomalías y exigir seguimiento. Pero ahorrar en casa no sustituye corregir pérdidas públicas ni controlar grandes consumos.
¿Podemos llegar a un día cero? El riesgo existe si sequía, contaminación, fallas operativas y demanda rebasan la capacidad de suministro. No implica necesariamente que Chapala quede vacío ni que toda la metrópoli pierda agua simultáneamente. En 2021 hubo desabasto severo en sectores del norte, analizado por especialistas del ITESO como un episodio de día cero.
No hay base para ponerle hoy una fecha fatal a toda la ZMG. Sí hay razones para prevenir. Necesitamos indicadores públicos de reservas, calidad, pérdidas y capacidad operativa, con medidas que se activen antes del colapso. El agua tiene solución; seguir posponiendo responsabilidades puede convertir una crisis en una emergencia mucho mayor.


