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Presentan el libro “Pancho Villa ante el mito y la realidad histórica”

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– Del campesino al Centauro del Norte; obra del ingeniero José Luis Ortiz García.

Por Diego Morales Heredia.

A más de un siglo de distancia, Pancho Villa continúa cabalgando entre dos territorios difíciles de separar: la historia y el mito. Héroe para unos, bandido para otros; estratega militar, perseguido, justiciero, hombre violento y contradictorio. Doroteo Arango dejó de pertenecer solamente a su tiempo para convertirse en uno de esos personajes sobre los que México todavía discute.

¿Quién fue realmente? ¿El campesino marcado por la pobreza y las injusticias? ¿El bandido que vivió durante años fuera de la ley? ¿El hombre que robaba a los ricos para ayudar a los pobres? ¿El estratega capaz de conducir algunas de las batallas más importantes de la Revolución Mexicana? ¿O una combinación de todas esas historias? Más de cien años después, quizá no exista una respuesta definitiva.

Sobre esas contradicciones gira Pancho Villa ante el mito y la realidad histórica, obra del ingeniero José Luis Ortiz García, presentada en el Congreso de Jalisco por iniciativa de la diputada Alondra Getsemaní Fausto de León, presidenta de la Mesa Directiva.

A lo largo de 350 páginas y siete capítulos, el autor se introduce en las distintas versiones construidas alrededor del Centauro del Norte y revisa documentos, testimonios y episodios de su vida para colocar frente al lector no solamente al personaje de la Revolución, sino al hombre que existió detrás de la leyenda.

La presentación terminó convirtiéndose también en una discusión sobre la forma en que México ha construido su propia historia: entre héroes y villanos, liberales y conservadores, vencedores y vencidos, cuando los personajes que protagonizaron aquellos episodios difícilmente caben en categorías tan sencillas.

Un personaje que no admite una sola versión

Víctor Hugo Pérez Rojas, director nacional de Leche para el Bienestar México, destacó precisamente que el trabajo de José Luis Ortiz García se aleja de una reconstrucción romántica de la Revolución para confrontar las diferentes versiones existentes sobre Villa.

“No es una novela histórica, una narrativa para romantizar la Revolución. El autor nos presenta hechos, algunos documentos y entrevistas; sobre todo, versiones de distintas fuentes para entender que, aunque añoramos saber la verdad, nos enfrentamos a que ya no hay fuentes vivas ni documentales. El paso de los años le da una plática especial”.

La obra, explicó, recorre diferentes dimensiones de la vida del revolucionario, desde su formación y sus relaciones personales hasta los acontecimientos políticos y militares que terminaron convirtiéndolo en uno de los personajes centrales de la historia mexicana.

“Es un libro interesante: tiene 350 hojas, siete capítulos, la formación de Pancho Villa, sus mujeres; hace una serie de los mitos y realidades de la historia. Para nosotros, como mexicanos y jaliscienses, es importante conocer nuestra historia, a los grandes hombres que nos han dejado un legado político y social en el país; reconocer la historia, el carácter humano que tienen los más destacados luchadores sociales del siglo XX, particularmente en la historia de la Revolución Mexicana, que dio forma al México contemporáneo”.

Pérez Rojas resaltó también la trayectoria del autor, quien suma 19 libros publicados y ha dedicado buena parte de su trabajo a recuperar distintos episodios históricos.

“Pocos jaliscienses tienen la distinción de escribir 19 libros. Un hombre estudioso de la historia, de su terruño, de su país, como lo es José Luis Ortiz. Este libro no es una novela histórica. El autor nos presenta hechos, algunos documentos y entrevistas; sobre todo, versiones de distintas fuentes para entender que añoramos saber la verdad, pero nos enfrentamos a que ya no hay fuentes vivas ni documentales”.

Hablar de Villa, sin embargo, obliga también a mirar el México en el que apareció. Un país marcado por profundas desigualdades y por un régimen que, pese a los avances registrados durante el Porfiriato, terminó siendo incapaz de responder a las demandas de buena parte de la población.

“Fueron muchos años de tensiones y desigualdad. El periodo de paz porfiriana tuvo un alto costo para México; si bien tuvo cosas positivas, el modelo se volvió incapaz de responder a las exigencias sociales. México nace y vive esta leyenda: José Doroteo Arango. Su carácter y personalidad formaron un mito. La historia no ha logrado ponerse de acuerdo y quizá nunca lo hará. Ni la historia es lineal ni lo escrito es todo lo que existe. Villa fue un hombre con un ideal de luchador social”.

El libro aborda también aspectos menos explorados del revolucionario y la participación de las mujeres durante el movimiento armado, hasta llegar a la emboscada que terminó con la vida de Villa en Parral, Chihuahua.

“El autor nos habla de las mujeres y los hijos que tuvo Villa, además de las mujeres que participaron en el movimiento armado. Habla de la emboscada que termina con este gran líder. Después de esta gran investigación, es un libro histórico, con un gran legado de enseñanzas, del conocimiento real y vivo de la política mexicana, de los grandes héroes que hemos tenido”.

Para Pérez Rojas, ahí aparece una de las aportaciones de la obra: entregar elementos al lector sin obligarlo a aceptar una sentencia definitiva sobre el personaje.

“Después de esta gran investigación de José Luis, es un libro que no nada más es histórico: deja un legado de aprendizaje de la política de la Revolución Mexicana, de los grandes héroes que hemos tenido en México. A mi criterio, el texto nos entrega una pieza más para entender, desde la vida de un gran caudillo, los difíciles tiempos de una patria cuyo sistema político de gobierno se volvió incapaz de encauzar la justicia para los pobres. Este libro nos da para justificar a este gran caudillo o también para no justificarlo”.

Antes del Centauro del Norte estuvo Doroteo Arango

La diputada local Alondra Fausto llevó la discusión precisamente al origen del personaje. Antes de las batallas, antes de la División del Norte y antes de que su nombre quedara inscrito en la Revolución Mexicana, existió un niño campesino llamado Doroteo Arango.

“La vida de Pancho Villa se encuentra rodeada de relatos contradictorios. El libro busca separar los hechos documentados que el propio Villa, sus contemporáneos y biógrafos fueron construyendo. Más que presentar un personaje bueno o malo, permite entender cómo Doroteo Arango pasa de ser un niño campesino, marcado por la pobreza extrema y las injusticias, a ser uno de los protagonistas más importantes de la Revolución Mexicana”.

Incluso su identidad, señaló, forma parte de las incógnitas que acompañan al personaje. “Este libro nos plantea una pregunta importante: ¿quién fue Doroteo Arango Arámbula? Pancho Villa no nació siendo Pancho Villa. Antes de ser el Centauro del Norte, en esta leyenda que le da vida a nuestra historia, era un niño en una comunidad pequeña, en una familia campesina. El campo y el trabajo fueron su escuela. Algunos dicen que asistió a la escuela, pero él dijo que no”.

El propio nombre de Francisco Villa forma parte de esa frontera entre hechos y versiones. “Villa siempre logró salir de las responsabilidades de sus acciones. Siempre tuvo quien apostara y creyera en él. En Chihuahua decidió cambiar su nombre; no existe una sola explicación del origen de su nombre. Hay una versión de que, en combate, uno de sus compañeros, llamado Francisco Villa, falleció. Entonces, al mudarse, sabiendo que el personaje ya no existía, decidió optar por el nombre, pero esa es una de las múltiples versiones del mito a la realidad”.

La discusión conduce inevitablemente hacia otra de las imágenes que acompañaron al revolucionario: la del bandido social, perseguido por la autoridad, pero respaldado por sectores que veían en él una respuesta frente a las injusticias que padecían.

“El contexto histórico habla de un bandido social que robaba a los ricos para darles a los pobres, una especie de Robin Hood de Chihuahua. ¿Era solamente un delincuente o producto de una sociedad injusta? Villa se movía entre la legalidad y la ilegalidad, pero fue acumulando legitimidad entre los sectores”.

Esa imposibilidad de clasificarlo únicamente como héroe o villano, expresó Fausto de León, constituye precisamente una de las fortalezas del libro.

“Una de las riquezas del libro es que no pretende presentarnos una imagen sencilla de Villa. No lo presenta como un héroe, pero no lo reduce a la consolidación de un bandido. Nos muestra un hombre lleno de contradicciones: trabajador, perseguido, generoso, violento, enamorado. Quizá el mito surgió de esa combinación: un hombre real formado por la pobreza y las injusticias, pero que terminó convirtiéndose en un símbolo de la esperanza, los resentimientos, una parte muy importante de nuestro pueblo mexicano”.

“Entender su historia es cuestionar la nuestra”

José Luis Ortiz García sabe que escribió sobre un personaje para el que probablemente nunca habrá una última palabra. Su investigación no pretende resolver definitivamente la discusión alrededor de Villa, sino poner sobre la mesa las contradicciones, documentos y versiones que han construido al personaje durante más de un siglo.

“La historia y los historiadores no han logrado ponerse de acuerdo, y quizá nunca lo harán, con el gran Centauro del Norte. Villa no es un hombre en los libros de texto: es una figura viva, contradictoria, fascinante, idolatrada por unos y odiada por otros. Su vida se mueve entre la estrategia militar brillante, la justicia a su manera, decisiones que aún generan polémicas en la sociedad de México. Este libro lleva más allá del mito. No es una versión cómoda ni simple: es un hombre que desafió al poder, jugando distintos papeles en la Revolución Mexicana, dejando una huella difícil de ignorar”.

Las contradicciones comienzan prácticamente desde su nacimiento. Ortiz García encontró durante su investigación distintas evidencias sobre el origen del hombre que posteriormente sería conocido en todo México como Francisco Villa.

“Entender su historia es cuestionar la nuestra. El origen de Villa es un desorden. En el libro presento tres actas de nacimiento; solamente en la fe de bautismo aparece un niño como José Doroteo Arango. La historia está deformada. Pancho Villa trae una cola: el vino fue el odio que tuvo, pero le encantaban las cartas y las mujeres. Fue minero, leñador, pero, jugando una partida de dinero que perdió, tuvo que irse a robar para pagar las deudas. Estuvo preso diez veces antes de irse a la sierra de Durango”.

Después vendría el revolucionario. El hombre que encabezó tropas, acumuló victorias y terminó alcanzando una dimensión que rebasaría las fronteras mexicanas.

“La historia da cuenta de que Villa participa en 52 batallas; dicen que gana 49, pero la gran batalla de Torreón le dio mucha presencia a nivel internacional. Luego se viene la gran batalla de Zacatecas, que es la originaria del enfrentamiento de Carranza, Obregón y Calles con Pancho Villa. En esa gran batalla se llenó de soberbia y orgullo; luego aparece la gran batalla de Celaya. Ya no había Pancho Villa bondadoso ni tranquilo”.

La trayectoria militar sirve también para observar la transformación del personaje: del perseguido al caudillo; del hombre respaldado por sectores populares al dirigente capaz de ejercer poder y violencia; del revolucionario victorioso al hombre derrotado y finalmente asesinado.

Una historia entre buenos y malos

Durante los comentarios de la presentación, el periodista Gabriel Ibarra puso sobre la mesa otra dificultad: la tendencia mexicana a interpretar su historia mediante divisiones absolutas.

“Es una gran obra, la más reciente de tantas. Hablar de la Revolución y de un personaje como Pancho Villa, en un país de ver la historia entre conservadores y liberales, buenos y malos… Es complicado escribir sobre un personaje así, más de un siglo después. A Villa le faltaban ideales y le sobraban generales, y a Zapata le sobraban ideales y le faltaban generales. La Revolución estuvo marcada por grandes caudillos; quienes le dieron sentido a la lucha armada fueron los norteños”.

Quizá ahí se encuentre también una de las razones por las que Pancho Villa permanece vigente. Más de cien años después, México sigue intentando decidir dónde colocarlo. Héroe o bandido. Justiciero o delincuente. Estratega o hombre dominado por sus excesos. Producto de la injusticia o responsable de su propia violencia.

José Doroteo Arango murió; Pancho Villa sobrevivió.


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