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JALISCO

Pensión temprana es mejor: Jubilarse a tiempo para disfrutar más años del retiro

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Consejos para tu jubilación, por Arturo Pérez Díaz.
E-mail: amper61@hotmail.com

En el sistema de seguridad social mexicano, la inmensa mayoría de quienes llegan a la jubilación pertenecen a dos grandes instituciones: el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE). A ellas se suma un grupo mucho más reducido de pensionados de órganos autónomos, sobre los cuales se ha extendido un morbo social por las llamadas “pensiones doradas”, montos excesivos que contrastan de forma dolorosa con la realidad cotidiana de millones de personas que, tras décadas de trabajo, reciben pensiones tan bajas que apenas alcanzan para sobrevivir.

Los datos de la Consar hablan por sí mismos: existen 5,816,162 pensiones del IMSS y 924,988 del ISSSTE. La cifra ya revela una concentración abrumadora en el sistema de seguridad social más amplio del país. Pero lo verdaderamente revelador es otro dato: cuántos de esos jubilados han tenido que volver a trabajar. La misma Consar, mediante información obtenida por la Plataforma Nacional de Transparencia, nos muestra que existen 528,918 cuentas Afore con aportaciones después de una resolución de pensión del IMSS y 26,371 del ISSSTE. En total, más de 555 mil personas jubiladas regresaron a un empleo porque su pensión no era suficiente para cubrir sus necesidades básicas.

La ley lo permite: tras seis meses de la resolución de jubilación, se puede volver a trabajar siempre que sea con un patrón y un puesto distintos. Que miles de personas elijan esa vía es la prueba más clara de que muchas pensiones no garantizan una vida digna. Quienes se jubilan bajo la Ley 97 suelen encontrarse con montos cercanos a los 6,000 pesos mensuales, mientras que bajo la Ley 73 la pensión mínima para 2026 asciende a 10,600 pesos. Sin embargo, al recibir el primer pago, muchos comprenden que es insuficiente y vuelven al mercado laboral en cuanto la ley se los permite.

En el régimen de la Ley 97, el monto de la pensión depende fundamentalmente del saldo acumulado en la cuenta individual de la Afore. Y aquí surge un problema grave: al cierre de julio de 2026, el 13.70 % de los activos netos administrados por las Afore se invierte en renta variable internacional, lo que conlleva riesgos de pérdida de capital. Esos riesgos se trasladan directamente al momento del retiro: muchos trabajadores encontrarán que su saldo apenas alcanza para pensiones de 4,000 a 6,000 pesos si se jubilan a los 60 años, y tan solo 600 pesos más si esperan hasta los 65 años.

Esto plantea la pregunta que casi todos se hacen: ¿cuál es la mejor edad para jubilarse? A los 60 años se obtiene el 75 % de la cuantía básica, y solo a los 65 años se accede al 100 %. No obstante, el monto final depende también de las semanas cotizadas —especialmente bajo la Ley 73— y del salario promedio de las últimas 250 semanas. No existe una respuesta única para todos.

Para muchas personas, lo más conveniente es pensionarse cuanto antes. Razones de salud, calidad de vida o simplemente el deseo de disfrutar el tiempo libre mientras se tiene energía pesan más que esperar unos años más. Además, hay un cálculo económico que pocos consideran: los pagos que no se cobran durante esos años son dinero que se pierde para siempre. Incluso si la pensión sube 3,000 pesos mensuales al esperar, hay que evaluar si esos ingresos adicionales recuperan todo lo que no se cobró durante el tiempo de espera.

Existe, además, una razón poderosa y pocas veces mencionada: la vida es frágil y el fallecimiento es una posibilidad real. Los datos de la Consar correspondientes a 2025 muestran que se registraron 21,817 disposiciones de recursos por fallecimiento de trabajadores del IMSS y 543 del ISSSTE. Es decir, hay miles de personas que esperaron para jubilarse y no llegaron a disfrutar ni un solo pago de su pensión.

Esa es la razón por la que, en la práctica de asesoría, el 95 % de las personas pregunta: “¿Qué pasa si fallezco?”. Es un tema que incomoda, pero que es necesario afrontar. Si esto ocurre, entran en juego los derechos de pensión por viudez, por orfandad y el retiro de los recursos acumulados en la Afore y en el Infonavit por parte de los herederos y beneficiarios. Son derechos que existen, pero nada sustituye el disfrute directo de la pensión para quien trabajó toda una vida.

Por todo ello, la respuesta más sensata suele ser jubilarse lo antes posible, con el monto más alto que se pueda obtener en ese momento. Muchas veces, esperar seis meses más un día significa subir de nivel y pasar, por ejemplo, del 80 % al 85 % del monto total. La clave está en conocer con precisión en qué momento se produce ese salto. En todos los casos, lo más importante es pensionarse bien informado, para no tener que volver a trabajar a los 65 años por no haber calculado bien cuánto se recibiría.

Al final, la mejor pensión no es siempre la más alta en papel, sino aquella que se logra cobrar durante más tiempo.

En las últimas semanas he recibido consultas de personas que tienen 69 años de edad, buscan una estrategia de pensión y, cuando ven sus opciones, suelen decir: “Me voy a jubilar a los 76 años, ¿ya para qué?”. Aparte, preguntan cuánto cuesta reactivarse y suelen decepcionarse de las pensiones; la razón es que llevan el tiempo en contra. A pesar de ello, hay personas que han decidido iniciar un plan de reactivación para pensionarse a esas edades. Toda la explicación es una reflexión de vida: al tener, por ejemplo, una pareja más joven, contemplan, en caso de fallecer, dejar a la pareja con una posible pensión por viudez.

Reitero lo que he descrito en anteriores entregas: lo más conveniente es que las personas de la Ley 73 inicien su plan de pensión a los 55 años de edad; respecto de la Ley 97, debe ser más temprano, desde los 45 años de edad, porque su régimen legal es menos generoso en los montos de pensión.

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Arturo Pérez Díaz es periodista independiente; ha sido docente de Política, Opinión Pública y Mercadotecnia Política, así como asesor profesional de Comunicación Pública.


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