LOS PELOTEROS
Los Pericos tienen en la lona a los Diablos
Deporte Rey, por Gabriel Ibarra Bourjac
El béisbol no deja de sorprendernos. Hasta el más pintado puede salir abollado algún día.
Lo estamos viviendo en esta edición de los playoffs de 2026 de la Liga Mexicana de Béisbol, donde un guion escrito contra toda lógica ha tomado el protagonismo: los Pericos de Puebla tienen contra las cuerdas, al borde del abismo, a los Diablos Rojos del México.
La Serie de Zona ha sido, hasta este momento, una lección magistral sobre la vulnerabilidad de los gigantes. Llegar a un estadio como el Alfredo Harp Helú y dominar a los dueños de casa no es una tarea menor; es un desafío que requiere nervios de acero y una ejecución impecable. Los poblanos no solo han cumplido con esto, sino que han construido una ventaja de 3-0 que, para cualquier analista del béisbol, habría resultado impensable al inicio de la postemporada, dada la envergadura del rival.
El foco de esta historia, imposible de ignorar, es el choque entre la voluntad de los Pericos y el aura de invencibilidad que rodea a Trevor Bauer. El ganador del Cy Young, un brazo tasado en 102 millones de dólares —una cifra que evoca sus años de gloria en el máximo nivel de las Grandes Ligas con los Dodgers—, llegó a la capital con el cartel de salvador, de pieza definitiva para blindar a un equipo que busca la gloria. Sin embargo, en el diamante, el cheque no lanza las rectas ni atrapa los elevados. En la caja de bateo, Puebla les faltó al respeto a la historia y al contrato de Bauer.
La derrota del estelar ante los verdes no fue producto del azar. Fue un triunfo táctico y mental. Ver a Bauer trabajar seis entradas y un tercio, permitiendo nueve imparables y cuatro carreras, es una postal que quedará grabada en la memoria colectiva de esta temporada. Al vencerlo, los Pericos no solo ganaron un juego; también se llevaron la batalla psicológica. Abollaron la corona del lanzador más mediático que ha pisado la LMB en sus 101 años de historia. No se trata de demeritar a un lanzador de su calibre —que, sin duda, volverá más feroz—, sino de reconocer la audacia de unos peloteros que entendieron que, bajo la presión de los playoffs, hasta el as de los 102 millones es mortal.
El tercer duelo, ya en el Estadio Hermanos Serdán, terminó de confirmar la crisis de los “Pingos”. Con un triunfo contundente de 8-1, orquestado por una labor soberbia de Fernando Lozano y el bateo oportuno de Henry Ramos y Lorenzo Cedrola, Puebla dejó claro que su hambre de victoria es superior a la reputación del rival. La viveza del receptor dominicano Michael de la Cruz, al romper el cero en la tercera entrada con esa audacia en las almohadillas, fue el reflejo de un equipo que juega sin complejos, que no cree en santos sepulcros ni en linajes legendarios.
Es necesario dimensionar el tamaño de la hazaña. Enfrente está el equipo dirigido por Lorenzo Bundy, un trabuco que domina la tabla de posiciones y busca el tricampeonato, una proeza que, en el centenario de nuestra liga, solo ha sido lograda por el legendario Monterrey de 1947 a 1949.
Los Diablos son una maquinaria diseñada para ganar; el año pasado fueron los verdugos de los Charros de Jalisco en una barrida que humilló al rival. Pero el béisbol es un ciclo eterno de revanchas y, hoy, ese poderío escarlata parece tambalearse ante la intensidad de unos “emplumados” que han encontrado su punto de inflexión en el momento más crítico.
La nómina de los Diablos en la LMB, guardadas las proporciones, es muy similar a la de los Dodgers de Los Ángeles en las Grandes Ligas. Don Alfredo Harp, un apasionado del rey de los deportes, abrió la cartera desde hace varios años para integrar el conjunto más competitivo del que se tenga memoria en el béisbol moderno de México.
Vamos a ver si los Diablos logran levantarse de la lona y consumar la proeza de ganar los cuatro juegos restantes —hasta antes del encuentro de este domingo— frente a unos Pericos que no creen ni en el mismísimo infierno.
Mientras tanto, la postemporada sigue hirviendo en otros frentes. En la Zona Norte, los Toros de Tijuana —fieles a las predicciones— mantienen una disputa encarnizada frente a unos Charros de Jalisco que se resisten a entregar las armas. El 2-1 en la serie refleja una paridad que mantiene a los aficionados al borde del asiento, con la incertidumbre latente de saber si los tijuanenses lograrán consolidar su candidatura al título o si Jalisco forzará el desempate. En el otro frente de la Zona Norte, los Sultanes de Monterrey, aprovechando su experiencia, tienen contra las cuerdas a Caliente de Durango por 3-1.
En la Zona Sur, los Guerreros de Oaxaca y los Olmecas de Tabasco escriben su propia épica, con los oaxaqueños tomando ventaja en una serie que promete resolverse por detalles mínimos.
Al final, lo que presenciamos en estos días es la esencia pura del deporte. El béisbol no entiende de presupuestos, egos ni pasados gloriosos. Se define en los 90 pies entre las bases, en la precisión de un lanzamiento y en la lectura de un turno al bate.
Estamos por ver quiénes llegarán a las finales y disputarán el campeonato de cada zona para avanzar a la Serie del Rey en esta edición número 101. Los pronósticos anticipaban una final entre los Toros de Tijuana y los Diablos Rojos del México. Pero tenemos a unos Pericos inspirados a los que se les han aparecido los “Pingos”.
¿Terminarán los Pericos de rematar a los Diablos? ¿Los Charros de Jalisco se recuperarán y lograrán revertir la serie con el apoyo de su afición en el Panamericano? ¿Monterrey aprovechará su experiencia y eliminará a Caliente de Durango? ¿Los Guerreros de Oaxaca doblegarán a los Olmecas de Tabasco?
Pronto, muy pronto, tendremos las respuestas.





