OPINIÓN
El jaque mate al dólar: La estrategia china y la nueva arquitectura financiera global
Actualidad, por Alberto Gómez R.
En el panorama geopolítico y financiero de 2026, pocos temas generan tanta especulación y análisis como el creciente desafío de China al dominio centenario del dólar estadounidense. Lo que durante décadas se consideró una aspiración lejana de Pekín se ha transformado, en el transcurso de los últimos años, en una ofensiva estratégica meticulosamente orquestada.
Esta ofensiva no se limita a la retórica diplomática o a acuerdos bilaterales aislados; implica una reingeniería profunda de la infraestructura financiera global, con el oro físico como pilar central y el yuan como la moneda llamada a ocupar un lugar preponderante en el nuevo orden multipolar que se vislumbra en el horizonte.
El Banco Popular de China (PBOC) ha convertido la internacionalización del renminbi (RMB) en una prioridad explícita de su política, buscando un mayor uso en el comercio y la inversión, el fortalecimiento de los mercados offshore y la mejora de los sistemas de pago transfronterizos.
Esta estrategia se fundamenta en la creación de una infraestructura vinculada al oro que dote al yuan de una credibilidad de “activo duro” ante el resto del mundo, desafiando así la hegemonía de una divisa estadounidense que, según algunos de sus propios banqueros más prominentes, podría ver erosionado su estatus de reserva en los próximos años si Estados Unidos no mantiene su primacía económica y militar (KuCoin, 2026).
El primer y más evidente indicio de la estrategia china es su insaciable apetito por el oro físico. Durante 19 meses consecutivos, hasta mayo de 2026, el Banco Popular de China compró oro de manera ininterrumpida, elevando sus reservas totales a 74.96 millones de onzas (Vietnam.vn, 2026). Esta racha de acumulación, que se intensificó notablemente a partir de marzo de 2026, refleja una postura estratégica deliberada (UDN, 2026). Expertos consultados por medios como China Daily señalan que este incremento tiene un doble propósito: amortiguar riesgos financieros externos y, de manera crucial, respaldar la internacionalización del yuan, fortaleciendo las bases de la moneda china con reservas de oro tangibles (China Daily, 2026).
La magnitud de este esfuerzo es significativa. Algunos analistas especulan que las reservas reales de oro de China podrían ser incluso mayores que las declaradas oficialmente. Utilizando la misma proporción que Estados Unidos, las reservas de China podrían situarse en torno a las 5 mil 300 toneladas, aproximadamente el doble de la cantidad reportada, lo que subraya la seriedad con la que Pekín aborda esta cuestión (Cointelegraph, 2026).
Este acopio de oro no es un mero acto de precaución; es la base sobre la que se está construyendo un sistema monetario alternativo. La estrategia, como apuntan diversos analistas económicos, busca acercar al mundo a una moneda respaldada por oro, con el yuan como principal candidato para desplazar al dólar como divisa de reserva global (Traders Union, 2026).
Al acumular este “escudo” de metal precioso, China no solo se protege de la volatilidad del dólar y de las sanciones financieras occidentales, sino que también dota a su moneda de un atributo que el dólar abandonó en 1971: un respaldo tangible. Esta maniobra, como ha señalado The Wall Street Journal, se enmarca en el fomento de Shanghái como un centro para el comercio de oro denominado en yuanes, creando un ecosistema donde el metal y la moneda china se refuerzan mutuamente (The Wall Street Journal, 2026).
La infraestructura del desafío
Si la acumulación de oro es el “combustible”, el nuevo sistema de compensación y liquidación de oro entre Hong Kong y Shanghái es el “motor” de la estrategia china. El 7 de julio de 2026, Hong Kong puso en marcha la fase de prueba de su muy anticipado sistema central de compensación y liquidación de oro (HKPMCC), un hito que, según Reuters, busca posicionar a la ciudad como un centro regional de reserva de este metal (MarketScreener, 2026). Este sistema, que conecta directamente con el Shanghai Gold Exchange (SGE), permite liquidaciones denominadas en yuanes, ofreciendo una alternativa a la infraestructura tradicional basada en el dólar estadounidense (Macau Business, 2026).
El núcleo de este proyecto es su integración con la China continental. El mecanismo de Delivery Connect, o “conexión física”, con el SGE se activó el mismo día, creando un puente entre la liquidez de ambos mercados y acercando la demanda china al mercado internacional (Macau Business, 2026). El Hong Kong Precious Metals Central Clearing Company (HKPMCC), una entidad propiedad del gobierno de la ciudad y presidida por el secretario de Servicios Financieros y del Tesoro, se convirtió en miembro internacional del Shanghai Gold Exchange, abriendo una cuenta de oro físico (Forbes, 2026).
A través de esta cuenta, los participantes del mercado pueden depositar sus tenencias de oro en la bóveda designada del SGE en Hong Kong, facilitando la transferencia bidireccional de inventarios de oro físico (Sina Finance, 2026).
El primer día de operaciones fue un éxito rotundo. Bancos estatales chinos como el Bank of China, el Bank of Communications y el China Construction Bank realizaron las primeras transacciones y liquidaciones completas del ciclo (Sina Finance, 2026). El Bank of Communications reportó un volumen de negocio de 76 mil onzas, equivalentes a unos 315 millones de dólares, en operaciones que admitieron liquidación en múltiples monedas, entre ellas el yuan offshore, el dólar de Hong Kong, el dólar estadounidense y el euro (Sina Finance, 2026). Este sistema no solo agiliza las transacciones, sino que también reduce los tiempos de liquidación y el riesgo de contraparte en el mercado extrabursátil (Macau Business, 2026).
El impacto de esta infraestructura es doble. Por un lado, rompe el monopolio de Londres y Nueva York en la fijación de los precios del oro, otorgando a Asia, el mayor consumidor mundial del metal, un papel preponderante en el descubrimiento de precios durante las horas de negociación asiáticas (Macau Business, 2026). Por otro lado, y quizá más importante, permite a los países exportadores convertir sus reservas de yuanes en oro físico sin tener que recurrir al sistema financiero basado en el dólar (Macau Business, 2026). Esta es una característica fundamental: el sistema ofrece una “puerta de salida” del dólar hacia un activo refugio por excelencia, lo que aumenta el atractivo del yuan como moneda de reserva.
Desdolarización práctica
La estrategia de China va más allá del oro. Se complementa con acciones en el comercio de materias primas y en la creación de sistemas de pago alternativos. El “petroyuan” es un ejemplo clave. Países como Rusia, Irán y algunas naciones del Golfo han comenzado a aceptar el yuan como pago por el petróleo, erosionando el histórico sistema del “petrodólar” (TV9 Hindi, 2026).
El presidente ruso, Vladimir Putin, ha señalado que el petroyuan ya está operativo y que muchos países productores de petróleo están aceptando pagos en yuanes, confirmando una tendencia que, según analistas de Goldman Sachs y Deutsche Bank, consolidará al yuan como moneda de comercio y refugio para las empresas globales (Petroleumag, 2026).
Simultáneamente, China ha estado expandiendo agresivamente su Sistema de Pago Interbancario Transfronterizo (CIPS), una alternativa al SWIFT dominado por Occidente. En abril de 2026, el volumen de transacciones de CIPS alcanzó un récord histórico de 1.22 billones de yuanes —unos 179 mil millones de dólares— en un solo día, casi duplicando cifras anteriores (People.cn, 2026). El sistema, que ya cubre 191 países y territorios, ha visto cómo su uso se disparaba, en parte, gracias a la guerra en Oriente Medio y a la modificación de su regulación para liquidar pagos más allá del RMB (Infobae, 2026). Esta infraestructura paralela es esencial para que los países realicen transacciones sin pasar por el sistema del dólar, un objetivo central de la política de desdolarización de Pekín.
Un nombramiento estratégico
En agosto de 2026 se produjo un movimiento de gran relevancia simbólica y práctica. El Banco Popular de China designó a Deutsche Bank como banco de compensación de RMB para Europa, con sede en Fráncfort (SCIO, 2026). Esta designación, confirmada por el propio banco alemán, lo convierte en la primera entidad extranjera en Europa en recibir este estatus (Deutsche Bank, 2026).
La noticia, recogida por Bloomberg, subraya la profundización de la conectividad financiera entre China y Europa. Deutsche Bank podrá ofrecer a las instituciones financieras y empresas europeas servicios directos de compensación y liquidación para transacciones transfronterizas en RMB, actuando como un puente local hacia los sistemas de pago chinos (China Daily, 2026). Como señaló Alexander von zur Muehlen, director ejecutivo de Deutsche Bank para Asia-Pacífico, Europa, Oriente Medio y África, esta capacidad de compensación “fortalece la conectividad financiera entre China y Europa” y mejora la capacidad del banco para apoyar los flujos de comercio e inversión transfronterizos de sus clientes (Deutsche Bank, 2026).
Este movimiento tiene un profundo significado estratégico. Al elegir un banco europeo, y no uno chino, para este rol en el corazón financiero de Europa, Pekín envía un mensaje de confianza y apertura. Pero también integra a una de las principales instituciones financieras de la Unión Europea en su ecosistema del RMB. Para los países europeos que buscan diversificar sus reservas y reducir su dependencia del dólar, tener un banco de compensación de RMB en Fráncfort facilita enormemente la adopción del yuan. Este paso, junto con la expansión de CIPS, contribuye a crear una red de seguridad financiera que opera al margen de la influencia directa de Washington.
El contexto geopolítico: ventana de oportunidad
La estrategia china no se desarrolla en el vacío. Aprovecha un contexto geopolítico global que, por diversas razones, ha erosionado la confianza en el dólar y en el sistema financiero liderado por Estados Unidos. The Economist ha señalado que las guerras y la política exterior de Estados Unidos, especialmente en Oriente Medio, han creado inadvertidamente una “ventana de oportunidad” para que China impulse su moneda como alternativa global (The Economist, 2026).
El profesor de Economía y Estrategia Michael Hudson ha argumentado que la “desdolarización” es ahora un eje central del debate geopolítico. El uso de sanciones financieras por parte de Estados Unidos como arma de política exterior ha impulsado a países como Rusia, Irán y China a buscar sistemas alternativos (Público.es, 2026).
La guerra en Ucrania y las tensiones en Oriente Medio han demostrado a muchos países que mantener grandes reservas en dólares o depender del sistema SWIFT es un riesgo geopolítico. China ofrece una alternativa: un sistema donde las transacciones pueden liquidarse en yuanes y, si se desea, convertirse en oro físico a través del nuevo sistema de Hong Kong.
Esta dinámica ha llevado a que el yuan gane terreno en el comercio internacional, no solo con los aliados tradicionales de China, sino también con países que buscan un contrapeso al poder estadounidense. Las proyecciones de instituciones como Goldman Sachs y Deutsche Bank apuntan a un fortalecimiento significativo del yuan para finales de 2026, consolidando su papel como moneda de comercio y como activo refugio para las empresas globales (Petroleumag, 2026).
Hacia un orden multipolar: ¿el fin del dólar?
La pregunta que subyace a todo este análisis es si China logrará “derrotar” al dólar. La respuesta, según la mayoría de los analistas, es que no se trata de una victoria inmediata, sino de un proceso gradual de erosión. El dólar sigue utilizándose para liquidar la mayor parte del comercio global y representa la mayoría de las reservas internacionales (KuCoin, 2026). Sin embargo, la dirección del cambio es inequívoca.
China está construyendo sistemáticamente la infraestructura necesaria para un mundo monetario multipolar: respaldos de oro, sistemas de pago alternativos (CIPS), centros de comercio de materias primas en yuanes —el petroyuan y el oro de Shanghái— y una red de acuerdos de intercambio de divisas con decenas de bancos centrales (KuCoin, 2026). La designación de Deutsche Bank como banco de compensación en Europa es un paso más en esta dirección, integrando a un actor financiero clave del Viejo Continente en el ecosistema del RMB.
La estrategia de China para acelerar la “implosión” de Estados Unidos no es, por tanto, un ataque frontal y directo, sino una campaña de desgaste y de creación de alternativas. Al proporcionar un sistema donde las naciones pueden comerciar, liquidar y mantener reservas en una moneda respaldada por oro y fuera del alcance de las sanciones estadounidenses, Pekín está ofreciendo una opción que, para muchos países, resulta cada vez más atractiva. El ascenso de China como primera potencia mundial, en este contexto, no se producirá por la fuerza bruta, sino por la atracción gravitacional de un nuevo sistema financiero que ofrece estabilidad, seguridad y una salida del dólar.
La ofensiva china contra el dólar estadounidense es un fenómeno complejo y multifacético que combina la acumulación de reservas de oro, la creación de infraestructura financiera propia y la explotación de un contexto geopolítico favorable. El nuevo sistema de compensación de oro entre Hong Kong y Shanghái representa la pieza central de esta estrategia, al ofrecer un mecanismo tangible para que los tenedores de yuanes conviertan su moneda en oro físico, un activo que trasciende la política de cualquier nación.
Al mismo tiempo, la expansión del CIPS, el avance del petroyuan y la integración de bancos europeos como Deutsche Bank en el sistema de compensación del RMB están creando una red de pagos y reservas que opera en paralelo al sistema dominado por el dólar. Esta “arquitectura financiera paralela”, como la han llamado algunos analistas, no busca reemplazar al dólar de la noche a la mañana, sino ofrecer una alternativa creíble y funcional que, con el tiempo, podría reducir la dependencia global del billete verde a niveles que desafíen seriamente la hegemonía de Estados Unidos.
El camino hacia un orden mundial multipolar, con China como una de sus potencias centrales, pasa inevitablemente por una reconfiguración del sistema monetario internacional. Con su estrategia anclada en el oro, China no solo está protegiendo su propia economía, sino que está sentando las bases para que el yuan se convierta en la moneda de reserva del siglo XXI. El proceso será largo y estará lleno de obstáculos, pero la dirección marcada por Pekín es clara y, a juzgar por los acontecimientos de 2026, avanza a un ritmo acelerado.





