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OPINIÓN

Las horas de un hombre solo: Rocha Moya, del respaldo al deslinde

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Crónicas de Pacheco, por Daniel Emilio Pacheco

Hay días en que la política mexicana se entiende mejor con un reloj en la mano que con un diccionario. El viernes 21 de agosto de 2026 fue uno de esos días. No hubo decreto, no hubo tribuna, no hubo comparecencia. Hubo horas. Y las horas, estimado lector, dijeron más que los comunicados.

9:46 de la mañana. Rubén Rocha Moya anuncia en sus redes sociales que ha retomado el ejercicio del cargo de gobernador constitucional de Sinaloa. No lo comunica al Congreso del Estado con la solemnidad con que le pidió licencia el 1 de mayo; lo comunica al teléfono celular de sus gobernados. El texto es largo, cuidado, escrito por alguien que sabe escribir. Habla de “falsas acusaciones”, de “motivaciones políticas e injerencistas de la ultraderecha nacional y extranjera”, de una oficina del Gobierno de Estados Unidos que pretende “lesionar con sus dichos y calumnias nuestra soberanía nacional”. Se presenta como “un ciudadano llano, de frente y sin escudarme en el fuero”. Y remata: regresa “con la frente limpia y en alto, y con la fuerza de la verdad de nuestro lado”.

Ciento doce días, dice él, de investigación. Ciento doce días para concluir —según su lectura— que no existen “los mínimos elementos de prueba”.

Detengámonos ahí, porque en ese punto se juega todo.

En el idioma del derecho penal mexicano, que no es el idioma de los boletines, “no existen elementos suficientes” no significa “soy inocente”. Significa que la carpeta sigue abierta y el reloj procesal, quieto. No hay auto de no vinculación. No hay resolución de no ejercicio de la acción penal notificada. No hay sentencia absolutoria. Hay una conferencia de prensa. Y una conferencia de prensa, por más matutina y por más republicana que sea, no exonera a nadie: informa. Rocha Moya convirtió un dato procesal provisional en un certificado de honorabilidad vitalicia. Es un salto lógico digno de aplauso escénico y de reprobación jurídica.

13:28 de la tarde. Tres horas y cuarenta y dos minutos de silencio oficial. Entonces, la Secretaría de Gobernación publica el comunicado 099. Son doscientas palabras y son una sentencia. La decisión del gobernador “responde exclusivamente a una determinación de carácter personal”. Y enseguida, con la frialdad de un forense: la FGR “mantiene abiertas carpetas de investigación relacionadas con las 10 personas señaladas por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, entre ellas el gobernador de Sinaloa”.

Léalo dos veces. A las 9:46, el gobernador anunció que no hay nada. A las 13:28, el Gobierno de la República recordó que sí hay algo y que está abierto. Entre una hora y otra no cambió la ley: cambió quién estaba hablando.

15:23. Rocha publica un video de treinta y nueve segundos. Treinta y nueve segundos para confirmar lo que ya nadie discutía y para no responder lo único que importaba.

Y después vino el desfile.

La dirigencia nacional de Morena informa que “no tuvo conocimiento previo” y —palabra textual, palabra pesada— se deslinda. Citlalli Hernández repite la fórmula: estrictamente personal, no consultada, no informada; “nadie está por encima de la ley”. Ariadna Montiel, lo mismo. Ricardo Monreal la vuelve “individual” y aprovecha para ratificar su respaldo a la Presidenta, que es la forma parlamentaria de decir: yo estoy de este lado de la puerta. La bancada de diputados le pide públicamente que reconsidere y vuelva a solicitar licencia. Los senadores confirman, sin adornos, que hay indagatorias en curso. Y veintitrés gobernadoras y gobernadores de la Cuarta Transformación firman un pronunciamiento en el que le exigen a su colega “madurez y responsabilidad”, advierten que “los proyectos políticos personales o de grupo no tienen cabida” y cierran con Juárez: al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie.

Veintitrés firmas. Ninguna es la suya.

Repare usted en la palabra que todos escogieron el mismo día, a la misma hora, con la misma tinta: personal. En la gramática del poder mexicano, “personal” no es un adjetivo: es un acta de defunción política. Cuando un movimiento le dice a uno de los suyos que su decisión es personal, le está diciendo que, a partir de ese minuto, no hay partido, no hay bancada, no hay Palacio: hay un señor con un cargo y un expediente. La soledad, en política, no se decreta. Se redacta en comunicados.

Y aquí conviene una nota al pie que la prensa oficiosa pasará por alto. Rocha presume haber renunciado al fuero “por personal convicción”. Pero el fuero constitucional no es un abrigo que se cuelgue en la percha a voluntad: es un régimen de protección procesal cuyo levantamiento corresponde a un procedimiento y a un órgano, no a un párrafo lírico. Del mismo modo, la licencia se otorga y se concluye ante el Congreso del Estado. Que un gobernador anuncie su reincorporación por Facebook antes que por oficio no es un detalle de estilo: es una manera de decirle a las instituciones que llegan tarde a enterarse.

Un apunte final, casi doméstico. La mañana de ese mismo viernes, la Presidenta Claudia Sheinbaum informó que amaneció con gripa fuerte, tos y fiebre, y que la conferencia quedaría coordinada por la secretaria de Gobernación. Los médicos recomendaron reposo. Uno no es quién para dudar de un termómetro. Pero en este oficio uno aprende que hay gripas que llegan solas y gripas que llegan acompañadas, y que la ausencia de un titular en la mañanera del día en que un gobernador señalado por el Departamento de Justicia regresa a su despacho es, cuando menos, una coincidencia con buen sentido de la oportunidad.

Hace poco más de un año, en los actos de apoyo al señalado Rocha Moya, los morenistas le gritaban con el puño arriba y la garganta abierta: ¡No estás solo! ¡No estás solo! ¡No estás solo!

El viernes 21 de agosto, entre las 9:46 y el final del día, veintitrés gobernadores, dos bancadas, la dirigencia nacional del partido y la Secretaría de Gobernación se turnaron el micrófono para corregir aquel grito.

Ahora sí, gobernador: está usted solo. Y en Sinaloa, donde llevan dos años contando muertos, esa soledad de un hombre con despacho es apenas la parte menos grave del asunto.

En X: @DEPACHECOS


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