OPINIÓN
El problema que viene: Crece el gasto, pero no aumentan las pensiones
Consejos para tu jubilación, por Arturo Pérez Díaz
E-mail: amper61@hotmail.com
Las pensiones dejaron de ser únicamente un asunto de seguridad social para convertirse en uno de los grandes desafíos de las finanzas públicas de México. El dato es contundente: durante el primer semestre de 2026, el gobierno federal destinó 1.13 billones de pesos al pago de pensiones contributivas y no contributivas, equivalentes al 71.9% de la recaudación obtenida por el Impuesto sobre la Renta (ISR) en el mismo periodo. En 2018, esa proporción era de 46.6%.
El dato fue difundido el 19 de agosto de 2026 por el diario Reforma, a partir de un análisis económico de Banco Base, elaborado con información de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. La comparación permite dimensionar una realidad que merece atención: mientras el gasto pensionario aumenta, las pensiones del trabajador no aumentan.
Dos grandes bolsas para pagar la vejez
De los 1.13 billones de pesos ejercidos entre enero y junio, 831.7 mil millones correspondieron a pensiones contributivas, mientras que 298.8 mil millones fueron destinados a pensiones no contributivas. Las primeras representaron, por sí solas, el 52.9% de la recaudación del ISR.
Las pensiones contributivas son aquellas relacionadas con una trayectoria laboral y con cotizaciones a un sistema de seguridad social. En México, el ejemplo más conocido es el IMSS. El trabajador y el patrón realizan aportaciones durante la vida laboral y, dependiendo del régimen aplicable, el trabajador adquiere derechos pensionarios.
Aquí es importante hacer una precisión: decir que la pensión contributiva “la paga el gobierno porque el trabajador contribuyó” simplifica demasiado el mecanismo financiero. En México existen distintos regímenes de jubilación; particularmente, las pensiones de la generación de transición del IMSS y otros sistemas representan compromisos públicos de largo plazo.
Las pensiones no contributivas, en cambio, no requieren haber cotizado previamente. Son transferencias financiadas con el presupuesto público. En 2026, la Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores entrega 6,400 pesos bimestrales a personas de 65 años o más; Mujeres Bienestar otorga 3,100 pesos bimestrales a mujeres de 60 a 64 años, y la pensión para personas con discapacidad permanente entrega 3,300 pesos bimestrales.
El tamaño de estos programas ya es considerable: de enero a julio de 2026 se habían invertido 378,817 millones de pesos solamente en las pensiones para adultos mayores y Mujeres Bienestar.
México no vive solamente del ISR
Sería equivocado concluir que casi tres cuartas partes de los ingresos del gobierno se destinan a pensiones. La comparación es exclusivamente contra la recaudación del ISR.
México cuenta con una estructura de ingresos mucho más amplia: además del ISR, están el IVA, el IEPS y los impuestos al comercio exterior. A ello se agregan ingresos por venta de bienes y prestación de servicios, donde tienen un peso relevante las empresas públicas del Estado, particularmente Pemex y CFE.
También existen ingresos propios de instituciones como el IMSS y el ISSSTE, incluidas las cuotas obrero-patronales y los recursos derivados de la prestación de servicios.
Por ello, el problema no consiste en imaginar que las pensiones se pagan exclusivamente con el ISR. El verdadero desafío es observar que un gasto creciente y rígido está absorbiendo una proporción cada vez mayor de una de las principales fuentes tributarias del país.
El problema que todavía no queremos mirar
Existe, sin embargo, otra cara de la moneda. Mientras las pensiones representan una carga creciente para las finanzas públicas, la transición hacia el régimen de la Ley 97 del IMSS traslada cada vez más responsabilidad hacia las cuentas individuales de los trabajadores.
La Ley 97 establece gradualmente un requisito de semanas cotizadas que llegará a 1,000 semanas en 2031; para 2026, el requisito es de 875 semanas.
Esto genera una paradoja: el Estado enfrenta un gasto creciente por las obligaciones pensionarias existentes, mientras una parte importante de los trabajadores del futuro corre el riesgo de alcanzar la edad de retiro con cuentas individuales insuficientes para financiar una pensión digna.
El problema no es presupuestal, también es social
Un trabajador que llegue a la vejez con una pensión muy baja dependerá necesariamente de los apoyos públicos. Transitar a un régimen en donde las pensiones descansen en las cuentas individuales de las Afore, y no en el presupuesto federal, parece un ahorro para el Estado, pero podría convertirse mañana en una nueva presión presupuestal por las compensaciones que van a requerir los pensionados de la Ley 97.
El debate en 2027
El horizonte electoral de 2027 debería servir para algo más que discutir quién gobierna. Debería abrir un debate nacional sobre qué sistema pensionario queremos construir para los próximos 20 o 30 años.
Es insuficiente pensar en ampliar las pensiones no contributivas. Son indispensables como mecanismo de protección social, pero su sostenibilidad depende de que existan recursos presupuestarios suficientes año tras año. De tal forma que condenar al jubilado del futuro a vivir de programas sociales parece no ser lo mejor.
La discusión de fondo debe centrarse en las pensiones contributivas, especialmente en la Ley 97, en el nivel de aportaciones, los rendimientos de las Afore, las semanas cotizadas y la suficiencia real de las pensiones que recibirán los trabajadores.
México necesita una responsabilidad compartida: el Estado debe diseñar una política pensionaria sostenible; el Congreso debe discutirla sin cálculos electorales de corto plazo; las instituciones deben proteger eficazmente el ahorro para el retiro, y los trabajadores deben desarrollar una verdadera cultura de previsión financiera.
Porque el riesgo no es solamente que las pensiones se conviertan en una carga creciente para el gobierno. El riesgo mayor es que una generación completa llegue a la vejez sin ingresos suficientes. México puede elegir entre construir desde ahora un sistema pensionario sólido o enfrentar mañana una generación de viejos pobres.
Prevenir el problema
Si quieres conocer tu futuro pensionario, no esperes a cumplir 60 años. Revisa desde ahora tu historia laboral, tus semanas cotizadas, tu régimen pensionario, tu salario registrado y el estado de tu cuenta Afore. La jubilación no admite un “después”. Infórmate, asesórate y toma decisiones mientras todavía estás a tiempo.

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Arturo Pérez Díaz es periodista independiente; ha sido docente de política, opinión pública y mercadotecnia política, así como asesor profesional de comunicación pública.





