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Periodismo

Expo Libros de Periodistas 2026: De la grabadora a ChatGPT, la inteligencia artificial informa, pero carece de alma

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Por Francisco Junco

La inteligencia artificial puede redactar noticias, editar videos y reproducir voces en segundos, pero no posee la sensibilidad, la empatía ni la capacidad de observar la realidad que distinguen al periodismo. Así lo afirmó Rocío López Fonseca durante una conferencia impartida en el marco de la Primera Expo Libros 2026 del Colegio de Periodistas de Jalisco.

Con 28 años de experiencia, principalmente en periodismo social y de salud, López Fonseca expuso la transformación tecnológica que ha vivido el oficio, desde la libreta, la máquina de escribir, el papel carbón y las grabadoras de casete hasta los teléfonos celulares, el almacenamiento en la nube y las herramientas de inteligencia artificial.

“La objetividad, el ojo humano y la empatía son del periodista; eso no te lo va a decir la inteligencia artificial, no te lo va a decir una máquina, te lo va a decir la calle”, sostuvo la comunicadora.

Durante su participación, explicó que la digitalización aceleró la producción informativa y estableció un ciclo noticioso permanente, pero también provocó errores derivados de la competencia por publicar primero. En esa carrera por la primicia, agregó, algunos medios difundieron información sin verificar y posteriormente tuvieron que corregirla o desmentirla.

La periodista advirtió que las audiencias actuales consumen contenidos cada vez más breves y, en muchas ocasiones, solamente revisan encabezados o videos de pocos segundos. Esta conducta representa un reto para los reportajes y las investigaciones que necesitan tiempo, contexto y atención para explicar asuntos complejos.

“El periodismo es servicio para la gente. El periodista debe ser el puente entre la sociedad y las autoridades, debe ser portavoz de quienes no tienen voz; no somos ‘influencers’ ni queremos serlo, queremos ser periodistas que sirvamos a la comunidad”, enfatizó.

López Fonseca señaló que la labor periodística cobra sentido cuando se traslada al lugar de los hechos y documenta los problemas que afectan a las personas. Como ejemplo, mencionó las dificultades del Instituto Jalisciense de Cirugía Reconstructiva, donde, según expuso, pacientes, entre ellos menores con labio y paladar hendido, han enfrentado retrasos en sus intervenciones.

Sobre el posible desplazamiento laboral ocasionado por la inteligencia artificial, consideró indispensable que los propietarios de los medios valoren la experiencia y la visión humana de los reporteros. A los nuevos periodistas les recomendó construir una identidad profesional propia, especializarse y utilizar la tecnología como herramienta, sin permitir que sustituya el contacto directo con las personas.

“Prioricen la veracidad antes que la inmediatez. La inteligencia artificial puede construir una noticia en segundos, pero nosotros podemos darle la mirada humana, la empatía y la capacidad de ponernos en los zapatos del otro”, subrayó.

La conferencista concluyó que el periodismo necesita recuperar sus principios fundamentales: acudir a la calle, escuchar, observar, verificar y contrastar versiones. En medio de la automatización y la sobreabundancia informativa, aseguró, la credibilidad continuará dependiendo de periodistas capaces de incorporar experiencia, sensibilidad y responsabilidad social a cada historia.

Y es que durante cinco días, El Colegio de Jalisco se convirtió en punto de encuentro para el periodismo y la literatura con la primera Expo Libros de Periodistas de Jalisco, organizada por el Colegio de Periodistas de Jalisco. La jornada, realizada del 10 al 14 de agosto, reunió una muestra de la producción editorial de comunicadores que, además de contar diariamente lo que ocurre en el estado, han llevado sus experiencias, investigaciones y conocimientos al terreno de los libros.

Los libros, amigos fieles:
Roberto Ruvalcaba

Al frente de este esfuerzo estuvo Roberto Ruvalcaba Barba, presidente del Colegio de Periodistas de Jalisco, quien durante la inauguración definió a los libros como “amigos fieles, ventanas a otros mundos y guías para el pensamiento”.

Ruvalcaba explicó que la exposición buscó mostrar el trabajo de periodistas que, a lo largo de los años, han dejado huella no solamente en los medios informativos, sino también en el ámbito literario.

Con la Expo Libros, Ruvalcaba Barba colocó en un mismo espacio una parte de esa memoria escrita por periodistas y abrió una ventana para reconocer una faceta que suele quedar detrás de la noticia diaria: la del comunicador que investiga, documenta, interpreta y después convierte ese conocimiento en libro. El propio Colegio de Jalisco, que puso sus instalaciones a disposición del encuentro, destacó que la actividad contribuye a enriquecer la labor editorial y periodística del estado.

La exposición permitió dimensionar la amplitud de esa producción. De acuerdo con lo expuesto durante la inauguración, se reunieron más de 250 obras y alrededor de 200 autores, con títulos dedicados a la historia de municipios, crónica, política, periodismo, radio y televisión, arte, arquitectura, religión y deporte. El acervo fue presentado como una colección vinculada con un propósito común: contribuir al rescate de la memoria y la cultura de Jalisco.

La programación incluyó actividades durante toda la semana. Participaron el periodista y escritor Diego Petersen; el padre Antonio Gutiérrez Montaño, vocero del Arzobispado; Javier Medina Lara, quien abordó la figura de Luis Sandoval Godoy; Rocío López Fonseca, quien habló sobre la evolución del periodismo, de la grabadora a ChatGPT, y Laura Castro Golarte, quien cerró el programa de conferencias.

Durante la inauguración, el presidente de El Colegio de Jalisco, Enrique Ibarra Pedroza, destacó que la muestra representa también una invitación para que las nuevas generaciones de periodistas exploren la escritura literaria. Señaló que muchos de los libros expuestos habían sido conocidos de manera individual, pero que reunirlos permitió apreciar el alcance de las plumas periodísticas y estimular a otros comunicadores para que transformen su experiencia profesional en trabajos editoriales.

Ibarra Pedroza también vinculó la tradición periodística jalisciense con momentos fundamentales de la historia del estado y del país, al recordar la publicación de El Despertador Americano, impulsada durante la estancia de Miguel Hidalgo en Guadalajara. En su intervención, sostuvo que el periodismo ha sido una herramienta para difundir ideas y acompañar procesos sociales y políticos, una tradición que encuentra continuidad en la producción editorial de los periodistas contemporáneos.

La exposición también permitió acercarse a obras de distintas generaciones y géneros. Entre los títulos aparecen trabajos como Casquillos negros y Malasangre, de Diego Petersen; Arterias de vida, de Agustín del Castillo; El “Cristero” que quiso ser presidente, de Julio Ríos; Cuarto poder. 15 años de periodismo en Zapotlanejo, de Edgar Olivares; Recetario contra las fake news, de Julio Ríos y Nancy Wendy Aceves, además de La sucesión, Jalisco 1995-2001, de Gabriel Ibarra Bourjac, en coautoría con Gilberto Pérez Castillo y Alberto Pérez Obeso.

La diversidad de temas confirma que la mirada periodística puede convertirse en memoria histórica, análisis político, investigación y narrativa.

Padre Antonio Gutiérrez: Iglesia y periodistas, llamados a construir puentes

El padre Antonio Montaño reflexionó sobre la relación entre la Iglesia católica y los medios de comunicación, a partir de sus casi 33 años al frente de la oficina de prensa de la Arquidiócesis de Guadalajara. Su intervención también se convirtió en un reconocimiento al legado del sacerdote y comunicador Adalberto González González.

Ante periodistas, escritores e integrantes del Colegio de Periodistas, el sacerdote sostuvo que la comunicación institucional no debe construirse desde el enfrentamiento y recordó que esa convicción surgió al observar la cercanía que existía entre el padre Adalberto y periodistas como Ignacio Martín del Campo, con quienes mantenía una relación cordial aun en medio de diferencias profesionales.

“Nunca hay que pelearnos con los compañeros periodistas; tarde o temprano nos vamos a necesitar, de allá para acá y de aquí para allá. Ojalá que eso también fuera una norma de vida, porque pelearnos nos cierra las puertas y después queremos dar una información o recibirla y ya no será tan fácil”, afirmó.

El sacerdote explicó que comenzó su trabajo en la oficina de prensa el 3 de diciembre de 1993, bajo la orientación del padre Adalberto. Su primera experiencia directa con reporteros ocurrió en enero de 1994, tras el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), cuando los periodistas acudieron a solicitar la postura de la Iglesia de Guadalajara. Reconoció que aquella experiencia lo tomó por sorpresa, al grado de que tuvo que levantarse para enfrentar los nervios de sus primeras entrevistas.

Montaño admitió que durante más de tres décadas también enfrentó momentos de tensión con representantes de los medios y reconoció que las instituciones religiosas no están exentas de cometer errores. Esa lección, dijo, la recibió del entonces arzobispo de Guadalajara, Juan Jesús Posadas Ocampo, cuando él y el padre Adalberto acudieron a quejarse por el tratamiento crítico de un periódico.

“Pensamos que nos iba a decir: ‘Excomúlguenlos, échenlos a la hoguera, ciérrenles la puerta y ya no les pasen información’. Pero solamente nos dijo: ‘Para que se den cuenta, para que sepan que no todos lo hacemos bien’. Y no todos lo hacemos bien, ni en la Iglesia”, relató.

En su recorrido por la historia reciente de la comunicación eclesiástica, el padre Toño Montaño recordó que trabajó durante 18 años con el cardenal Juan Sandoval Íñiguez y posteriormente con el cardenal José Francisco Robles Ortega. Durante esos periodos debió atender controversias públicas, señalamientos contra integrantes de la jerarquía y diferencias con autoridades políticas.

Uno de los episodios más delicados ocurrió cuando Sandoval Íñiguez fue señalado por presuntos vínculos con el narcotráfico y lavado de dinero, acusaciones que obligaron a la oficina de prensa a mantener una intensa relación con los medios. También recordó las confrontaciones del cardenal con la Suprema Corte de Justicia de la Nación y con Marcelo Ebrard.

“Quizá el punto más delicado fue cuando lo acusaron de narcotraficante, de lavado de dinero, que los seminaristas salían para allá y para acá, que en el seminario guardaban droga y que revisaron las cuentas. Fue uno de los momentos más complicados en la oficina de prensa por todo lo que duró”, expuso.

Al referirse al padre Adalberto González, Montaño lo definió como su amigo, maestro, mentor y guía. Destacó su capacidad para atender a los periodistas, responder con oportunidad y recurrir a especialistas cuando desconocía algún tema, además de su habilidad para interpretar los acontecimientos políticos y sociales más allá de las apariencias.

El sacerdote también resaltó que González González dejó una profunda huella en el periodismo religioso de Jalisco mediante sus libros, artículos y reflexiones. Recordó que llevaba pequeñas libretas en las que anotaba expresiones populares, datos y observaciones que después utilizaba en sus publicaciones, entre ellas sus recopilaciones de dichos alteños.

“Era inteligente, equilibrado y sabía leer los acontecimientos entre líneas. Veía cosas que el común de los mortales no alcanzábamos a observar de la realidad, de la vida pública, de los gobernantes, de los políticos y de nosotros mismos como comunicadores. Fue mi amigo, mi maestro, mi mentor, mi guía y, en determinados momentos, mi paño de lágrimas”, concluyó Montaño.

Uno de los principios que, dijo, ha procurado mantener durante su trayectoria es evitar que la relación entre fuentes y reporteros termine convertida en una confrontación permanente.

La charla terminó regresando al terreno que dio origen al encuentro: los libros escritos por periodistas. Gutiérrez Montaño señaló que las obras reunidas en la Expo Libros son también una muestra de las experiencias acumuladas durante décadas de ejercicio profesional, convertidas en cuentos, crónicas, historias y otros géneros. Su reflexión dejó una idea de fondo: detrás de cada periodista existe una trayectoria de encuentros, conflictos, personajes y acontecimientos que, además de haber sido noticia, pueden convertirse en memoria escrita para las siguientes generaciones.


Javier Medina Loera: Luis Sandoval Godoy convirtió la memoria de los pueblos en libros

La obra de Luis Sandoval Godoy representa el tránsito completo del periodista: buscar la noticia en las calles, interpretarla desde las páginas de un diario y convertir la experiencia acumulada en libros, afirmó Javier Medina Loera durante la conferencia Una mirada a la vida y obra de Luis Sandoval Godoy.

Medina Loera sostuvo que Sandoval Godoy fue uno de los autores más prolíficos del periodismo jalisciense, con más de 70 libros publicados. Su producción abarcó la crónica, la microhistoria, el cuento, la cultura popular, las tradiciones religiosas y la vida de comunidades de Jalisco y Zacatecas.

“La vida profesional del periodista podemos dividirla en tres grandes etapas: la primera es el reporteo, la búsqueda de la noticia; la segunda es el análisis mediante artículos, columnas y editoriales; y la tercera es escribir libros. En don Luis Sandoval vimos las tres etapas, incluso de manera simultánea”, explicó Medina Loera.

El presidente del Colegio de Periodistas de Jalisco, Roberto Ruvalcaba, destacó que la trayectoria de Sandoval Godoy estuvo ligada durante varias décadas a El Informador, donde desarrolló labores informativas, editoriales y culturales. Señaló que conocer su obra permite dimensionar la aportación de los periodistas a la memoria histórica de Jalisco.

Como responsable de las corresponsalías del periódico, Sandoval Godoy recibía información procedente de los municipios cuando las noticias todavía llegaban por correo y las comunicaciones telefónicas eran limitadas. También escribió la columna Dos por Tres, elaboró editoriales y colaboró en el suplemento cultural dominical, del cual posteriormente fue coordinador.

“Sandoval Godoy fue un hombre muy trabajador que recorrió todo el estado de Jalisco y las entidades circunvecinas en busca de la noticia, del testimonio histórico y de las semblanzas; buscó rescatar las artesanías y la cultura de nuestros pueblos. Fue incansable en ese aspecto”, resaltó Javier Medina.

El conferencista recordó que Sandoval Godoy encontraba historias en las conversaciones cotidianas y después las transformaba en relatos literarios. Como ejemplo, contó que una charla sobre la desaparición de las golondrinas en Guadalajara y una experiencia de su infancia en Temastián inspiraron al escritor para publicar el cuento Las golondrinas, el niño y el Cristo.

Nacido el 5 de marzo de 1927 en El Teúl, Zacatecas, Sandoval Godoy creció en una región marcada por la Guerra Cristera, la religiosidad popular y la estrecha relación cultural entre el norte de Jalisco y el sur zacatecano. Medina Loera consideró que ese entorno influyó profundamente en los temas históricos, sociales y religiosos desarrollados posteriormente por el escritor.

“La historia no se puede modificar; de modo que, nos guste o no nos guste, así está la historia y así está la cultura. Cuando los gobiernos tratan de cambiarla por decreto o por capricho, esa historia termina regresando de otra manera”, sostuvo Medina Loera.

Sandoval Godoy estudió en el Seminario Menor de Totatiche y continuó su formación humanística y filosófica en Guadalajara, antes de incorporarse de lleno al periodismo. Trabajó inicialmente en El Occidental y El Sol de Guadalajara, dirigió publicaciones católicas, ejerció la docencia y permaneció durante más de cuatro décadas en El Informador, desde donde convirtió las voces, costumbres y recuerdos de los pueblos en un patrimonio escrito para las siguientes generaciones.


Laura Castro Golarte: Prensa del siglo XIX encendió en Jalisco el debate por las libertades

Los periódicos, folletos y hojas sueltas publicados durante la primera mitad del siglo XIX convirtieron a Guadalajara en un espacio de intensa discusión política, religiosa y social, aseguró la periodista e historiadora Laura Castro Golarte.

Explicó que aquellos impresos difundieron posturas sobre la República, el federalismo, la educación pública, la libertad de imprenta, el celibato sacerdotal y el pago del diezmo. Las publicaciones, sostuvo, permiten conocer las ideas que acompañaron el nacimiento de Jalisco como estado libre y soberano.

“Los impresos fueron un canal de expresión y difusión extraordinario, de una riqueza que aún ahora sigue aportando información interesantísima y muy valiosa sobre los periódicos y los escritores de aquellos años”, destacó.

La conferencista recordó que El Despertador Americano, impulsado por Miguel Hidalgo y dirigido por Francisco Severo Maldonado, apareció en Guadalajara el 20 de diciembre de 1810 y es considerado el primer periódico insurgente de América. Sus siete números circularon en un periodo marcado por la lucha independentista y las restricciones impuestas a la libertad de imprenta.

Castro Golarte identificó tres momentos determinantes para la circulación de ideas: el decreto de libertad política de imprenta emitido por las Cortes de Cádiz en 1810; el regreso del absolutismo de Fernando VII en 1814, y el inicio del Trienio Liberal en 1820, cuando el monarca debió reconocer nuevamente la Constitución de Cádiz.

“La libertad de imprenta era una demanda añeja. El sustento legal de la libertad de expresión, aunque entonces no se identificaba exactamente con esas palabras, era fundamental”, afirmó la periodista e historiadora.

Frente a la interpretación de que el elevado analfabetismo reducía el impacto de las publicaciones, Castro Golarte explicó que los textos eran leídos en plazas públicas, comentados en reuniones y difundidos desde los sermones. Por ello, las noticias y las discusiones políticas también llegaban a quienes no sabían leer.

Los impresos fueron utilizados por realistas e insurgentes; posteriormente, por federalistas y centralistas, liberales y conservadores, así como por masones yorkinos y escoceses. Además, las publicaciones de Guadalajara incluían acontecimientos ocurridos en otras regiones de México y en países como Colombia y Perú.

“La gente sí estaba informada, y no solamente sobre temas locales. Las discusiones que tenían lugar en el centro del país, en los puertos, en el norte o en el sur encontraban espacio en los periódicos de Guadalajara y del territorio nacional”, subrayó.

Castro Golarte destacó publicaciones como La Estrella Polar de los Amigos Deseosos de la Ilustración, El Nivel, La Fantasma, El Iris de Jalisco, El Jalisciense y El Defensor de la Religión. A través de ellas escribieron personajes como Francisco Severo Maldonado, Anastasio Cañedo, Prisciliano Sánchez, Tadeo Ortiz de Ayala y Mariano Otero, quienes hicieron de la prensa un instrumento para debatir derechos, confrontar al poder y participar en la construcción política del México independiente.

Algunas obras de Expo Libros de Periodistas de Jalisco

Casquillos negros — Diego Petersen Farah, 2017.
Malasangre — Diego Petersen Farah, 2019.
Arterias de vida — Agustín del Castillo, 2007.
El “Cristero” que quiso ser presidente — Julio Ríos Gutiérrez, 2013.
Recetario contra las fake news — Julio Ríos Gutiérrez y Nancy Wendy Aceves Velázquez, 2024.
Cuarto poder. 15 años de periodismo en Zapotlanejo — Edgar Olivares González, 2022.
El Jalisco modelo — Laura Castro Golarte, 2018.
Ondas en el cielo. Historias inéditas de la radio y TV en Jalisco y en México — Rodolfo González Reyes, 2024.
Estadio Jalisco: 50 años de historia 1960-2010 — Armando Morquecho Preciado, 2010.
Un reportero en Palacio. Anecdotario político de Jalisco — Javier Medina Loera.
Los últimos arrieros — Javier Medina Loera, 2018.
Temastián, Santuario de la fe — Javier Medina Loera, 2026.


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