LOS PELOTEROS
Ausencia de Wielansky le ha restado poder ofensivo a Charros: Entre la incertidumbre médica y el espejismo del playoff
Deporte Rey, por Gabriel Ibarra Bourjac
El tiempo no se detiene y el calendario de la Liga Mexicana de Béisbol (LMB) avanza inexorablemente. Nos aproximamos a pasos agigantados hacia la postemporada de una campaña histórica: la edición número 101 del circuito veraniego.
A partir de este martes, tras el descanso liguero del lunes, se levantará el telón de la serie número 27 de las 31 que integran el rol regular de este 2026. Restan apenas cinco series —15 juegos de alta tensión— para que concluya la primera etapa de las hostilidades, el próximo 6 de agosto, y se dé paso a los playoffs, el día 9 del mismo mes.
La mesa está casi servida, pero, en el terreno de juego, las realidades de las novenas punteras contrastan drásticamente con la penumbra y las dudas que hoy envuelven a nuestros Charros de Jalisco.
Si echamos un vistazo a la cima del standing, queda claro quiénes dictan el ritmo del campeonato. En la Zona Norte, los Toros de Tijuana cabalgan en un estado de gracia envidiable. Dirigidos por la mano experimentada de Roberto Kelly y respaldados desde la oficina por la visión de Omar Canizales, los astados han conjuntado una maquinaria que está, literalmente, quemando la liga. Sus números no dejan espacio para réplicas: 50 victorias frente a 24 derrotas, con un espectacular .676 de porcentaje de ganados y perdidos.
Por otro lado, en el Sur, los Diablos Rojos del México no aflojan el paso. Los pingos han adquirido un ritmo de juego imperial, al sumar 52 triunfos y 25 descalabros, para un soberbio porcentaje de .675. Tijuana y México se erigen, hoy por hoy, como los titanes absolutos de la contienda y los candidatos naturales para protagonizar la Serie del Rey en septiembre. Ambos planteles ostentan un blindaje de Grandes Ligas: mientras los escarlatas presumen en la lomita al ex All-Star Trevor Bauer, los fronterizos han apuntalado su ofensiva con el ex ligamayorista de los Dodgers Justin Turner, quien se ha convertido en el eje de un lineup temible.
El viacrucis de los Caporales
En contraste con la opulencia de la frontera y la capital, la pregunta que nos asalta a los aficionados locales es obligada: ¿cómo anda nuestro equipo, los Charros de Jalisco? La respuesta nos exige realismo: la novena albiazul atraviesa un auténtico viacrucis. Durante las últimas siete series, el equipo ha sufrido en demasía. La razón principal de este bache tiene nombre y apellido o, mejor dicho, la ausencia de ellos en el orden al bat.
El lineup de Benjamín Gil quedó severamente fracturado tras la sensible baja del capitán y líder indiscutible del club, Michael Wielansky. Recordemos que el infielder sufrió un terrible pelotazo en el pómulo que le provocó una fractura ósea. Tras ser intervenido quirúrgicamente, el proceso de recuperación ha sido sumamente complicado y, al día de hoy, impera el misterio sobre la fecha exacta de su retorno, aunque el cuerpo médico confía en tenerlo listo para la postemporada. A este hospital albiazul se sumó el dolor de cabeza por la lesión en el hombro del “Osito” Willy Calhoun.
La ausencia de Wielansky y Calhoun le ha restado una cantidad alarmante de dinamita a la ofensiva jalisciense.
Es una pena, porque en la primera mitad de la campaña los Charros jugaron una pelota de altísimo nivel, peleándole de tú a tú el liderato norteño a los Toros de Tijuana. Sin embargo, cuando la enfermería comenzó a llenarse, el rendimiento se fue en picada. Hoy, los Caporales ocupan la cuarta posición norteña, con un récord de 39 ganados y 35 perdidos, para un porcentaje de .513 y a 15 juegos de la cima.
Si bien las matemáticas indican que Charros no debería tener problemas para asegurar su boleto a la fiesta de la postemporada —a la que clasifican seis de los 10 equipos de cada zona—, la forma en que está llegando al final del calendario regular enciende las alarmas. Existe una diferencia abismal respecto al año pasado. En la temporada anterior, Jalisco cerró con un hándicap formidable: tras estar prácticamente desahuciados, los Charros ligaron una racha espectacular en las últimas cinco series, que les permitió ingresar a los playoffs como una máquina perfectamente aceitada.
Aquella inercia les alcanzó para dar la campanada, derrotar en dos ocasiones a los favoritos Sultanes de Monterrey y eliminarlos en los playoffs, con lo que alcanzaron una final en la que, a la postre, los Diablos Rojos terminarían barriéndolos. Este año, el panorama luce al revés: el equipo arrastra los pies y denota cansancio.
La radiografía del standing y el factor afición
Pese al panorama brumoso, la plaza de Zapopan sigue demostrando por qué es una de las mejores del país. El pasado fin de semana, en el arranque de las series consecutivas en el Estadio Panamericano, fuimos testigos de una respuesta formidable de la fanaticada ante los Saraperos de Saltillo. Cerca de 10 mil aficionados hicieron acto de presencia en el inmueble, atraídos por las eficaces promociones y el atinado marketing de la directiva, lo que ofreció una hermosa postal, repleta de familias, mujeres y niños disfrutando del Rey de los Deportes.
El graderío vibró en serio con ese electrizante primer duelo, que se extendió a entradas extras. Charros se llevó el triunfo por 6 carreras a 5 en 10 episodios, con Gilberto Mejía como el héroe de la noche, al conectar el imparable al jardín central que remolcó la carrera de la victoria. Esos destellos nos recuerdan el potencial del equipo, pero una golondrina no hace verano.
La incertidumbre del bullpen: el talón de Aquiles
Más allá del standing, el verdadero reto para Benjamín Gil radica en la estructura de su pitcheo. Si bien el cuerpo de abridores ha mantenido una regularidad aceptable, el relevo intermedio se ha convertido en un auténtico dolor de cabeza: ha hecho agua.
En los recientes compromisos ante Saltillo y Aguascalientes quedó expuesta la vulnerabilidad del bullpen. Vimos desfilar encuentros en los que el abridor entregaba el juego con ventaja y el panorama controlado, pero, en cuanto se activaba el relevo, la ventaja se esfumaba como sal en el agua. La inconsistencia ha alcanzado incluso a brazos que solían ser sinónimo de absoluta garantía en el invierno, como es el caso de Miguel Aguilar, quien, sencillamente, no ha encontrado la brújula en esta etapa veraniega.
La directiva ha realizado un esfuerzo económico y logístico encomiable para armar un roster competitivo y aspirar al banderín de la Zona Norte. Sin embargo, las lesiones —ese invitado de piedra que llega sin avisar en el deporte profesional— han trastocado los planes. La moneda está en el aire.
La gran incógnita de cara al 9 de agosto no es si Charros clasificará, sino en qué condiciones físicas y anímicas llegará para enfrentarse a transatlánticos como Tijuana o Monterrey. Si el relevo no aprieta las tuercas y la artillería pesada no sale de la lista de incapacitados, el camino a la Serie del Rey podría convertirse en una utopía inalcanzable. Veremos qué pasa.



