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JALISCO

Claman por alerta sanitaria: Ciudadanos corren al bloque negro; salvan marcha pacífica por el agua

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SEGUNDA MEGA MARCHA EN GUADALAJARA:

Por Francisco Junco:

Entre gritos de “¡Queremos agua limpia!” y “¡Fuera Lemus!”, manifestantes contuvieron a encapuchados que lanzaron petardos y provocaron destrozos en el Centro de Guadalajara.

Pero la movilización, que se planteó pacífica, llegó a Palacio de Gobierno; ante la ausencia total de la policía, el contingente logró manifestarse entre reclamos y consignas por el agua puerca que sale en los grifos de los hogares tapatíos.

A las 10:50 de la mañana, el Parque Rojo comenzó a quedarse pequeño. Los primeros manifestantes, en su mayoría jóvenes, llegaron con cartulinas, lonas y consignas contra la mala calidad del agua en Guadalajara y el desabasto que, aseguraban, padecían desde hacía más de una semana.

Después se sumaron jóvenes, adultos mayores y familias que se confundían con ciclistas y peatones de la Vía RecreActiva. En pocos minutos, el contingente creció y tomó forma una movilización con el propósito de llegar a Palacio de Gobierno para exigir agua limpia.

Pero había otra preocupación entre los asistentes: impedir que grupos encapuchados reventaran la protesta. La consigna fue clara desde el comienzo: “No caer en provocaciones”.

Cuando los señalados como integrantes del llamado Bloque Negro comenzaron a lanzar petardos y a mostrar objetos con los que podían agredir, fueron los propios ciudadanos quienes les cerraron el paso, les exigieron descubrirse el rostro y los obligaron a alejarse del contingente.

Los desmanes comenzaron prácticamente antes de que la movilización tomara forma. Entre los asistentes se detectó a jóvenes encapuchados con palos, martillos y piedras; otras portaban petardos y, según testimonios recogidos durante la jornada, bomba molotov. Algunos de los encapuchados vestían camisetas de equipos de futbol, entre ellos Chivas, América y la Universidad de Guadalajara.

Los primeros estruendos interrumpieron las conversaciones y pusieron en alerta a quienes acudían con sus familias. La tensión aumentó cuando comenzaron los empujones entre los propios manifestantes y los grupos señalados como provocadores.

DESTROZOS EN COMERCIOS

Más tarde, en las inmediaciones del Palacio de Gobierno, se reportaron vidrios rotos en establecimientos comerciales y el saqueo de una tienda Coppel. La diferencia entre quienes acudieron a exigir agua limpia y quienes protagonizaron los actos violentos quedó expuesta durante el recorrido.

Sin embargo, hubo una circunstancia que atravesó toda la jornada: no se observó presencia policial en el trayecto para intervenir ante los hechos. Tan grave puede ser el abuso de la fuerza pública como su ausencia cuando se producen actos que ponen en riesgo a la ciudadanía y dañan establecimientos.

A unos pasos de donde comenzaba a formarse el contingente, Carmen Ramírez Araiza, maestra de preescolar, explicó por qué había regresado a marchar. Hablaba de niños que juegan en parques y unidades deportivas, que después beben agua de la llave sin saber qué contiene.

“Tenemos que empezar a levantar la voz para que en el futuro nuestros niños tengan agua de calidad”, dijo. Su preocupación iba más allá de beberla, y señaló que “nos bañamos, nos cae en los ojos, nos lavamos la boca con el agua, con esa misma agua contaminada”.

Antes de volver a mezclarse entre la gente, dejó un mensaje que trasladaba la protesta del agua al terreno político y apuntó: “Tengamos mucho cuidado a la hora de emitir un voto, porque ese voto cuenta mucho”.

¡ALERTA SANITARIA YA!

Los carteles hablaban por quienes los sostenían. “Queremos agua limpia”, decía uno. Otro denunciaba: “Marcho por las infancias que fueron gaseadas por el Gobierno del Estado”. En otra cartulina, una familia colocó un reclamo: “Queremos agua limpia”, “Pablo Lemus fuera”.

Pero las consignas se mezclaban con el ruido de los megáfonos: “¡Fuera Lemus!”, “¡Alerta sanitaria ya!” y “¡El agua es un derecho!”. También hubo banderas de Palestina, de México y símbolos de la llamada generación Z, incluida la bandera pirata asociada con One Piece. La movilización reunía causas distintas, pero el agua funcionaba como punto de encuentro.

En medio de la multitud, la Asamblea Popular de Jalisco y otros participantes insistían en mantener la disciplina del contingente. Una brigada ciudadana de seguridad, identificada con pequeñas cruces rojas en los brazos y equipada con mascarillas antigás, se colocó para proteger a los asistentes y evitar que los encapuchados se infiltraran. Por los altavoces se repetía que todos debían marchar detrás de esa brigada y no responder a las provocaciones.

A las 11:15, cuando la tensión aumentó en el cruce de Juárez y Federalismo, la marcha se detuvo. Los organizadores pidieron a los asistentes que no avanzaran mientras los integrantes de la brigada y otros ciudadanos formaban una barrera humana, unidos brazo con brazo.

¡QUE SE DESTAPEN!

Cada vez que alguien aparecía con el rostro cubierto, desde el contingente surgía el reclamo: “¡Que se destapen!”. La respuesta de algunos encapuchados fueron nuevos petardos y aerosoles. Entre la gente también circulaban acusaciones de que los provocadores habían sido enviados por el Gobierno estatal o por Movimiento Ciudadano.

Los manifestantes les gritaban que eran “acarreados de Lemus” y les preguntaban cuánto les pagaban por romper la marcha.

“Venimos con la familia; no permitamos que, con la calentura de alguien, con la intención de romper esta movilización, nos hagan retroceder. No vamos a dejar de luchar por el agua limpia y pedir justicia”, expresaron entre los gritos.

Gabriela Emanuel, quien sostenía una lona al frente de la movilización, puso sobre la mesa el desabasto de agua. Aseguró que su colonia llevaba más de una semana sin agua y cuestionó los tandeos anunciados por las autoridades.

“Marcaron días para las colonias y resulta que desde tiempo atrás ya no tenemos agua”, sostuvo. Para ella, el problema no podía resolverse con pipas que obligaran a las personas a trasladar recipientes hasta determinados puntos.

BUSCARÍAN IMPULSAR REVOCACIÓN DE MANDATO

La manifestante anunció que buscarían impulsar la revocación de mandato en 2027. “El agua nos pertenece a todos los jaliscienses”, resumió. Sus palabras reflejaban una de las líneas centrales de la protesta: la exigencia de agua de calidad se había extendido al suministro, la gestión pública y la desconfianza hacia las decisiones gubernamentales.

A las 11:30, los organizadores comenzaron a valorar si existían condiciones para continuar. No querían exponer a los niños, a las personas mayores ni a quienes tenían alguna discapacidad. Los encapuchados, entretanto, se desplazaban por calles aledañas. A las 11:40, los asistentes seguían concentrados en Juárez y Federalismo, entre gritos de “¡El pueblo unido jamás será vencido!” y “¡Queremos agua limpia!”. La orden era resistir sin responder con violencia, mientras la brigada de seguridad mantenía los brazos enlazados para impedir nuevas incursiones.

En algunos momentos se escucharon versiones de que un grupo armado con bates y palos buscaba escalar el conflicto y propiciar detenciones. La incertidumbre, sin embargo, pesaba entre los manifestantes; no sabían si avanzar, permanecer en el lugar o regresar al Parque Rojo. A las 11:50 se habló de suspender el recorrido y replegarse.

La gente no se movió de inmediato. Algunos querían continuar hasta Palacio de Gobierno; otros pedían no arriesgar a las familias. La movilización se encontraba atrapada entre el deseo de hacer escuchar sus demandas y la necesidad de evitar que los actos de unos cuantos pusieran en peligro a miles.

EL ANUNCIO DE SUSPENSIÓN

A las 12:10 llegó el anuncio formal de la suspensión. La comisión de seguridad había concluido que no existían condiciones para continuar. Una de las voces organizadoras sostuvo que el Gobierno de Jalisco había propiciado un escenario de represión al no desplegar policías y permitir, según su versión, la actuación de grupos de choque. “No podemos arriesgar la seguridad de todas las personas que están aquí”, fue el argumento para cancelar el recorrido. La decisión no significaba abandonar la protesta, insistieron.

Durante media hora permanecerían en el cruce para expresar sus consignas y después se retirarían en grupos pequeños. Pero el anuncio provocó confusión.

A las 12:15, mientras algunas personas comenzaban a organizarse para salir, otras gritaban que no se fueran, que la suspensión no equivalía a una derrota. La gente había logrado disuadir a los encapuchados y quería llegar a su destino.

La discusión ya no era únicamente sobre el agua; ahora también se trataba del derecho a manifestarse sin miedo y de quién podía garantizarlo en las calles de Guadalajara.

LA CEDHJ CON OBSERVADORES

Entre el contingente se encontraba una veintena de integrantes de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco, comandados por Fernando Zambrano Paredes, visitador adjunto del organismo, distinguió entre la marcha ciudadana y las acciones de quienes, según lo observado, buscaban desestabilizarla.

“En esta marcha, en este justo momento donde estamos, es una marcha pacífica, es una marcha ajustada al marco legal”, señaló. El funcionario confirmó que tenían documentados hechos diferentes en las inmediaciones del Palacio de Gobierno, donde un grupo lanzaba explosivos y dañaba negocios.

Mientras los defensores de derechos humanos observaban, los manifestantes discutían qué hacer. La decisión de suspender el recorrido no logró dispersarlos de inmediato; la gente permanecía en la calle, con carteles en alto y la sensación de que retirarse podía ser interpretado como ceder ante quienes habían intentado reventar la protesta.

Poco a poco, el contingente volvió a organizarse y se decidió avanzar; cerca de la una de la tarde marcharon hacia la Plaza de Armas, frente a Palacio de Gobierno. La llegada fue menos una marcha compacta que una entrada por grupos, entre consignas y miradas hacia las calles laterales. “¡Queremos agua limpia!”, “¡Fuera Lemus!” y “¡El agua es un derecho!” volvieron a escucharse frente al edificio del Poder Ejecutivo.

VUELVEN LOS ACTOS VIOLENTOS

Cerca de las cuatro de la tarde, volvieron a registrarse actos violentos en el Palacio de Gobierno. Personas señaladas como parte de los grupos de choque saltaron una valla y comenzaron a arrojar piedras. Los manifestantes observaron los hechos sin sumarse a las agresiones. De nuevo, no se apreciaba presencia policial que interviniera.

Al final, la marcha dejó dos imágenes difíciles de separar: por un lado, la de ciudadanos que se organizaron para evitar que los encapuchados secuestraran su protesta y, por otro, la de un centro de Guadalajara donde se reportaron daños sin una intervención policial visible.

Los destrozos y la preocupación por la seguridad quedaron registrados en el desarrollo de la jornada. La exigencia que llevó a miles a la calle seguía sin respuesta para quienes denunciaban agua contaminada y días sin suministro.

SUMARIO:

  • Los manifestantes acordaron no caer en provocaciones y contener a los encapuchados.
  • Ciudadanos formaron barreras y obligaron a retirarse al Bloque Negro que lanzaba petardos.
  • No hubo presencia policial durante el recorrido.
  • Se reportaron vidrios rotos y saqueo de una tienda Coppel cerca de Palacio de Gobierno
  • Reportan la quema de tres puertas de Palacio de gobierno, Legislativo y Judicial
  • Las consignas principales fueron “¡Queremos agua limpia!” y “¡Fuera Lemus!”.
  • Observadores de la CEDHJ distinguieron entre la marcha pacífica y los actos violentos.
  • Al final hubo nuevos lanzamientos de piedras en Palacio de Gobierno sin intervención policial.

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