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OPINIÓN

Crónica de un evento que nunca sucedió

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Opinión, por Luis Manuel Robles Naya //

En el marco de las conversaciones bilaterales entre la comisión de buena voluntad que encabezó la vicepresidenta de los Estados Unidos, Kamala Harris, y el gobierno mexicano, se firmó un trascendental acuerdo para promover el desarrollo del campo mexicano y evitar la migración ilegal hacia EEUU.

Como un derivado de las pláticas que para tratar el asunto migratorio y brindar seguridad en la frontera han venido sosteniendo ambos gobiernos, se encontró una forma de hacer coincidir intereses y recursos, así como lograr la participación de diversos sectores y organizaciones sociales. Se ha declarado de sumo interés para ambas partes, apoyar a las áreas rurales de los estados de Jalisco, Nayarit, Zacatecas, Oaxaca, Puebla y Tlaxcala.

Para el efecto se aprueba por el gobierno estadounidense la canalización de 600 millones de dólares para la reactivación productiva de parcelas ejidales abandonadas en razón de que sus propietarios o poseedores han emigrado o no tienen acceso a programas de apoyo a la producción y comercialización.

Los fondos serán canalizados a través de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional USAID, por sus siglas en inglés y serán ejercidos en forma independiente por el Consejo Nacional Agropecuario, quien aplicará los recursos, supervisará su utilización y la prestación de servicios de asistencia técnica en los ejidos y parcelas seleccionadas por la SEDATU de conformidad con las reglas de operación que se determinen para definir a los sujetos de atención.

Además del financiamiento para la producción el Consejo Nacional Agropecuario en coordinación con SAGARPA proporcionará la asistencia técnica para el proceso productivo. En forma complementaria el gobierno norteamericano incentivará a sus cadenas comerciales para apoyar la comercialización de la producción.

A través de su embajada el gobierno de los Estados Unidos afirmó que al igual que este programa, habrán de seguir las ayudas y colaboración que USAID tiene con organizaciones mexicanas, pues su interés es promover el desarrollo y a la democracia como forma de gobierno y de participación ciudadana. Por su parte el gobierno mexicano por medio del Secretario de Relaciones Exteriores expresó su beneplácito por este acuerdo que permite canalizar recursos frescos, no fiscales, a un sector que había sido marginado durante el periodo neoliberal y que espera que sea una importante herramienta para el desarrollo del campo mexicano y para el arraigo de familias de productores hoy sin alternativas, más que la migración.

Hasta aquí el texto del comunicado de prensa ficticio, al igual que el acto reseñado, que no se podría concretar por la desconfianza del gobierno norteamericano, consciente de la corrupción existente, y la propia falta de imaginación del gabinete, incapaz de crear y promover iniciativas que no provengan del magín presidencial. En la reciente visita de Kamala Harris, mucho se habló de colaboración, pero me temo que el gobierno mexicano se dedicó a escuchar y por lo trascendido, a solicitar visas de trabajo para emigrantes y fondos para programas sociales como el funesto Sembrando Vida.

Extraña, que habiendo recorrido hasta dos veces los municipios pobres del país, el presidente no haya percibido, él que tanto clama por la autosuficiencia, que en los pueblos no hay agricultores jóvenes, se han marchado buscando el milagro americano, mientras los viejos se quedan a mal vivir de la renta de sus tierras cuando encuentran algún interesado así como de las benditas remesas, sin las cuales, la crisis en el medio rural sería superlativa.

Que no haya advertido que muchas tierras ejidales se encuentran ociosas y que los apoyos directos que dicen estar brindando, solo sirven para las caguamas en las cantinas o los pagos a tiendas usureras.

Sorprende además, que conociendo la preocupación del gobierno americano por la migración, no discurran modelos de desarrollo, productivos, que rebasen el asistencialismo, el remedio de la precariedad y obtengan fondos, generalmente a fondo perdido, que sus organismos tienen, y que no son necesariamente para financiar operaciones golpistas o a enemigos del régimen.

Este país necesita un gobierno más imaginativo, con una visión más global del país y sus potencialidades, que no actué obnubilado por la pasión política y la rentabilidad electoral de sus acciones. Un gobierno que vea por todos y no solo por los pobres o desposeídos, que no están en esa situación por generación espontánea o por deseo personal, sino porque no encuentran asideras para rebasar los límites que les impone un crecimiento desigual, la consecuencia propia del capitalismo.

El papel del gobierno es precisamente procurar ese equilibrio social que reduzca las diferencias, que permita mejorar el ingreso no solo por decretos que elevan el salario mínimo, sino por la generación de condiciones para el desenvolvimiento de potencialidades. Los pobres reciben los programas asistenciales, los necesitan, pero es imposible que el país y los pobres mismos crezcan, si no se atienden pródigamente sus necesidades generales; educación, salud, empleo, seguridad y justicia. Sin ello, cualquier otro programa es limosna, temporal y perjudicial.

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NACIONALES

La presidenta, Omar y Marcelo

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– De Frente al Poder, por Óscar Ábrego

A un año la Presidenta está haciendo lo que puede con quien tiene.

Resolver la herencia que le dejó López Obrador no es sencillo.

Una gran parte del país controlado por la delincuencia, finanzas públicas deshidratadas, obras inviables y tremendamente costosas, una nación endeudada brutalmente, un sistema de salud devastado y muchas otras asignaturas como la de lidiar con personajes impresentables por sus vínculos criminales o comportamientos inmorales y corruptos, son parte del pesado costal que carga todos los días Claudia Sheinbaum.

Sin embargo, en este primer aniversario, estoy convencido de que la primera mujer que encabeza el ejecutivo federal está destinada a trascender en la historia.

Podrán muchos no estar de acuerdo en sus postulados, pero ¿qué mandatario en el mundo se escapa de la polémica y la crítica? Ninguno, sea mujer o varón.

La democracia, al margen de sus bases teóricas, siempre corre riesgos colectivos. Así lo demuestra la historia universal.

De cualquier modo, soy de los que opina que Sheinbaum tiene la convicción de lograr mejorar el estado de las cosas que recibió.

Dicho de otra forma, creo en ella.

Y si bien hay temas que pueden ser materia de cuestionamientos duros y legítimos, lo cierto es que en este primer aniversario de su sexenio sobresalen dos personajes que han dado la nota positiva (por no decir sobresaliente) de su gestión: Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana y Marcelo Ebrard Casaubón, secretario de Economía.

De ambos lo único que podría decirse en este momento es que están dando buenas cuentas a la sociedad y a la presidenta.

Los dos tienen algo en común: los escenarios que enfrentan son adversos y en extremo desafiantes.

Omar, pacificar al país en medio de una violencia nunca antes vista.

Marcelo, darle viabilidad productiva a México frente a la inestabilidad emocional de Donald Trump.

Si Claudia Sheinbaum ha tenido un acierto, es haber colocado en esas delicadas responsabilidades a Omar García Harfuch y a Marcelo Ebrard, quienes, llegado el momento, de seguro serán los únicos finalistas de Morena en el aún lejano 2030.

En X: @DeFrentealPoder

*Óscar Ábrego es empresario, consultor en los sectores público y privado, escritor, activista social y analista político.

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NACIONALES

Rescatar la pensión del olvido: Urgencia para los adultos mayores

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– Consejos para tu jubilación, por Arturo Pérez Díaz 

En México, existe una preocupación creciente que corre el riesgo de pasar desapercibida: los fondos de pensión de miles de trabajadores en edad madura están en peligro de caer en el olvido, y con ello, en el terreno de la burocracia y la dificultad para ser recuperados.

Aunque legalmente el derechohabiente no puede perder su dinero, lo cierto es que los recursos que no registran movimiento en las cuentas individuales de las Administradoras de Fondos para el Retiro (Afore) están destinados a ser transferidos al Fondo de Pensiones para el Bienestar.

Esta disposición del dinero de los trabajadores, forma parte de una política con fines sociales encomiables, pero que, en los hechos, abre la puerta a un problema: cuando el ahorro para la vejez se olvida, rescatarlo se convierte en un proceso lento, desgastante y en muchos casos frustrante.

La urgencia radica en algo muy sencillo: el tiempo. Miles de mexicanos mayores de 60 años están a un paso de perder la disposición de su dinero, no porque la ley se los quite, sino porque la falta de información y la inactividad laboral los deja en la antesala del olvido administrativo.

EL RIESGO DEL OLVIDO Y EL PAPEL DEL FONDO DE PENSIONES PARA EL BIENESTAR

El Fondo de Pensiones para el Bienestar fue creado con un propósito loable: complementar las pensiones de aquellos trabajadores que reciben menos de 18 mil pesos mensuales, a fin de equiparar su ingreso a un promedio calculado por el IMSS como un estándar mínimo de retiro digno. En otras palabras, se trata de un mecanismo redistributivo que busca equilibrar las grandes desigualdades que persisten en el sistema de pensiones mexicano.

Sin embargo, el traslado de recursos inactivos hacia este fondo plantea preguntas importantes: ¿qué pasa con los adultos mayores que tienen ahorros olvidados en su Afore? ¿Qué ocurre con aquellas personas que dejaron de cotizar hace décadas, pero que aún conservan un capital acumulado en sus cuentas? La respuesta es brutal: esos millones de pesos de miles de mexicanos, se irán a una bolsa de reparto de dinero para trabajadores con bajas pensiones, pero recuperar ese dinero será un procedimiento complicado, burocrático y lento.

El trabajador en teoría, siempre tendrá protegido su derecho respecto del ahorro. Pero en la práctica, los trámites para reactivar semanas cotizadas, actualizar expedientes y demostrar derechos laborales se convierten en un laberinto que muchos adultos mayores, por falta de información o por cansancio, prefieren no recorrer.

EL RESCATE REAL: REACTIVACIÓN LABORAL Y ESTRATEGIA DE JUBILACIÓN

Frente a este escenario, surge una alternativa más eficaz: la reactivación laboral como vía para recuperar el control de la pensión. Trabajar un tiempo adicional bajo esquemas que permitan la cotización ante el IMSS no solo garantiza que el dinero en la Afore siga siendo del trabajador, sino que además abre la puerta para acceder a una jubilación formal.

Existen dos caminos clave en este terreno:

1. Modalidad 40 (continuación voluntaria en el régimen obligatorio): permite al trabajador seguir cotizando por su cuenta, con base en el último salario registrado, para incrementar semanas cotizadas y, sobre todo, el promedio salarial que determinará el monto final de la pensión. Es un mecanismo ideal para quienes ya tienen un número suficiente de semanas, pero buscan mejorar el monto mensual de su retiro.

2. Modalidad 10 (Incorporación Voluntaria al Régimen Obligatorio): Pensada para personas trabajadoras independientes (PTI), esta opción permite generar semanas de cotización. Resulta ser una puerta de entrada para adultos mayores que necesitan cumplir con el requisito mínimo de semanas cotizadas.

La estrategia es clara: evitar que el ahorro caiga en el olvido, activar acciones que vinculen nuevamente al trabajador con el IMSS y con su Afore.

EL RELOJ CORRE MÁS RÁPIDO DESPUÉS DE LOS 60 AÑOS

Si bien la Ley del Seguro Social permite jubilarse desde los 60 años por cesantía en edad avanzada y hasta los 65 años por vejez, la realidad es que muchas personas superan esa edad y han entrado en una zona crítica. A partir de esa edad, cada mes, sin movimiento laboral y sin actualización de derechos, aumenta el riesgo de que los ahorros terminen siendo “trasladados” a una tarea social.

Para los adultos mayores, particularmente aquellos que han vivido décadas fuera del sistema formal de empleo, la jubilación puede parecer un terreno lejano. Sin embargo, en la mayoría de los casos, aún es posible recuperar el control con una estrategia. Cotizar unos meses adicionales, incluso con un salario bajo, puede marcar la diferencia entre acceder a una pensión vitalicia o dejar el dinero atrapado a disposición de la burocracia.

LA FAMILIA: ALIADA EN EL RESCATE DE LA PENSIÓN

Un aspecto que no puede pasarse por alto es la necesidad de involucrar a la familia en este proceso. Muchos adultos mayores ignoran que dinero guardado en su Afore. Es común que los estados de cuenta se pierdan entre papeles olvidados o que, por falta de cultura financiera, el trabajador nunca haya dado seguimiento a su ahorro.

Aquí, hijos, sobrinos y nietos tienen un papel fundamental: acompañar a sus mayores en la revisión de su historial laboral, ayudarles a consultar en línea sus semanas cotizadas y, sobre todo, motivarlos a iniciar un proceso de recuperación de su dinero. Lo que para el adulto mayor puede ser un trámite complejo, pero para un familiar más joven puede ser una tarea sencilla.

Apoyar al papá, a la abuela o al tío mayor en este proceso no solo significa rescatar un derecho económico, sino también garantizarles una vejez con mayor seguridad y dignidad.

ENTRE LO SOCIAL Y LO INDIVIDUAL: EL RETO DE LAS PENSIONES EN MÉXICO

Nadie duda que el Fondo de Pensiones para el Bienestar cumple con un objetivo social importante: mejorar los ingresos de quienes menos tienen. Pero también es cierto que esta política no debe convertirse en un pretexto para que los trabajadores pierdan sus derechos individuales. Raro que la autoridad, no busque al trabajador y le exhorte a reactivarse antes de tomar su dinero, y hacer el bien con dinero ajeno.

Rescatar la pensión del olvido implica tres pasos:

1. Buscar asesoría y reconocer la urgencia: el dinero está en riesgo de ser transferido al Fondo de Bienestar.

2. Trazar una estrategia de reactivación laboral y jubilación: ya sea en modalidad 10 o 40.

3. Involucrar a la familia y buscar ayuda confiable: nadie debería enfrentar este proceso en soledad.

—0—

Arturo Pérez Díaz, es periodista independiente, ha sido docente de Política, Opinión Pública y Mercadotecnia Política, así como asesor profesional de Comunicación Pública.

E-mail: amper61@hotmail.com

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MUNDO

La tradición del saqueo: Naturaleza depredadora del poder imperial

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– Actualidad, por Alberto Gómez R.

(Parte 1) A lo largo de la historia de la humanidad, el poder económico de los grandes imperios se ha construido frecuentemente sobre pilares tan sombríos como la guerra, el saqueo sistemático y el sometimiento de pueblos enteros.

Este patrón de comportamiento, visible desde los primeros imperios de la antigüedad hasta las potencias contemporáneas, revela una lógica de acumulación basada en la extracción violenta de recursos más que en la productividad o la innovación endógena.

El historiador económico Douglas North, citado en uno de los documentos analizados, señalaba que los imperios antiguos establecían sistemas burocráticos sofisticados que permitían la expropiación sistemática de excedentes de las regiones conquistadas.

En el mundo actual, Estados Unidos representa la última encarnación de este impulso imperial, aunque sus métodos hayan evolucionado hacia formas más sofisticadas de dominación económica y militar.

Como se advierte en el panorama actual, esta potencia estaría experimentando un rápido declive relativo en el escenario global, lo que intensificaría sus comportamientos depredadores hacia naciones ricas en recursos que se resisten a someterse a su hegemonía.

Venezuela, con las mayores reservas petroleras certificadas del planeta, se encontraría en la mira de este mecanismo de saqueo contemporáneo, al igual que lo estuvieron Irak, Libia y Siria en las últimas décadas, solo por citar algunos ejemplos.

LOS CIMIENTOS HISTÓRICOS DEL SAQUEO IMPERIAL

Los primeros grandes imperios de la historia establecieron las bases de lo que sería una larga tradición de explotación económica mediante la conquista. En Mesopotamia, Egipto, China y la India, surgieron estructuras estatales centralizadas que «legislaban, impartían justicia y ejecutaban sobre un extenso territorio que agrupaba a muchas ciudades» (eumed.net).

Estos imperios perfeccionaron sistemas de extracción de riqueza mediante tributos, esclavitud y control de las rutas comerciales.

El Imperio de Alejandro Magno ofrece un ejemplo temprano de cómo la conquista militar servía como vehículo para la acumulación de riqueza. Como se describe en los documentos, Alejandro y sus falanges macedonias conquistaron todo el Imperio persa en tan sólo ocho años, apoderándose de inmensos tesoros y estableciendo un sistema de control sobre territorios que se extendían hasta la India. Patrón similar exhibiría el Imperio Romano, que transformó el Mediterráneo en su «Mare nostrum» y extrajo recursos de todos los territorios conquistados, desde las minas de plata hispanas hasta los graneros egipcios.

Con la era de los descubrimientos, las potencias europeas perfeccionaron el arte del saqueo imperial a escala global. España y Portugal inauguraron lo que podría considerarse el primer «imperio global» de la historia: «por primera vez un imperio abarcaba posesiones en todos los continentes del mundo» (eumed.net).

El flujo de metales preciosos desde América hacia Europa financió las guerras y el desarrollo económico europeo durante siglos, a costa del exterminio y la explotación de poblaciones indígenas.

El Imperio británico llevaría este modelo a su máxima expresión, estableciendo una red global de colonias y territorios controlados que proveían de recursos naturales y mercados cautivos a la metrópoli. El comercio de esclavos, la extracción de recursos en condiciones de cuasi-esclavitud y la destrucción de industrias locales competitivas fueron algunas de las estrategias empleadas para consolidar su hegemonía económica.

ESTADOS UNIDOS, LA SUPERPOTENCIA DEPREDADORA

Estados Unidos emergió como potencia global practicando una versión modernizada del juego imperial tradicional. Bajo la Doctrina Monroe y su corolario Roosevelt, se autoproclamó potencia hegemónica en América Latina y el Caribe, interviniendo militarmente en múltiples ocasiones para proteger sus intereses económicos. La diplomacia de las cañoneras y las intervenciones directas aseguraban el acceso a mercados, recursos y rutas comerciales estratégicas.

Tras la Segunda Guerra Mundial, con las potencias europeas debilitadas, Estados Unidos ascendió a la condición de superpotencia global, rol que se consolidaría tras el colapso de la Unión Soviética.

Como se señala en uno de los documentos, «después de que se desintegrase la Unión Soviética a principios de 1990, Estados Unidos quedó como la única superpotencia restante de la Guerra Fría». Esta posición hegemónica le permitió moldear las instituciones internacionales a su medida y establecer un sistema económico global que privilegiara sus intereses.

La economía estadounidense se ha vuelto profundamente dependiente de lo que el presidente Eisenhower denominó el «complejo militar-industrial». Con un presupuesto militar que supera al de los siguientes diez países combinados, Estados Unidos ha convertido la guerra en un negocio extraordinariamente lucrativo para sus corporaciones de defensa.

Como se documenta en uno de los artículos revisados, la administración Biden ha solicitado al Congreso «842 mil millones de dólares para el Pentágono en el año presupuestario 2024», lo que representa «la solicitud más grande desde el pico de las guerras de Irak y Afganistán» (france24.com).

Este apetito insaciable por el gasto militar requiere enemigos externos y conflictos perpetuos, creando un círculo vicioso de intervencionismo que justifique tales desembolsos. Los resultados son visibles en las sucesivas guerras e intervenciones que han marcado las últimas décadas, desde Vietnam hasta Afganistán, pasando por Irak, Libia y Siria.

EL SAQUEO CONTEMPORÁNEO

La invasión de Panamá en 1989 constituye un ejemplo paradigmático de cómo Estados Unidos utiliza pretextos para justificar intervenciones militares que persiguen objetivos geoeconómicos estratégicos. Como se documenta extensamente en varios de los materiales consultados, la llamada «Operación Causa Justa» fue oficialmente justificada como una medida necesaria para detener el narcotráfico y defender la democracia.

El general Manuel Antonio Noriega, quien había sido durante años un aliado útil para Washington y colaborador de la CIA, fue convertido de pronto en enemigo público número uno. Como se describe en los documentos, Noriega «había sido aliado clave de Estados Unidos durante el final de la Guerra Fría, trabajando como agente de la CIA, al tiempo que tejía vínculos con el narcotráfico» (elnacional.com). Cuando dejó de ser funcional a los intereses estadounidenses, fue acusado de narcotráfico y derrocado mediante una invasión militar que causó entre 500 y 4 mil víctimas panameñas, según distintas fuentes.

El verdadero objetivo de la invasión, sin embargo, habría sido asegurar el control estratégico del Canal de Panamá en vísperas de su traspaso completo a soberanía panameña, previsto para el año 2000 según los Tratados Torrijos-Carter de 1977. Como se señala en uno de los documentos, estos tratados «condicionaba la defensa del canal de manera conjunta, a través de un tratado adicional, dando la posibilidad de intervenir militarmente en Panamá si la operación del canal se viese comprometida».

La invasión aseguró que, aunque panameño en papel, el canal permaneciera bajo control efectivo estadounidense.

Continuará…

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