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OPINIÓN

Legitima Sección 47 inversión de riesgo para Ipejal

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Metástasis, por Flavio Mendoza //

¿El magisterio respalda el proyecto de Ciudad Judicial Laboral? Así lo afirma el Secretario General de la Sección 47 del SNTE, Arnoldo Rubio Cárdenas, a nombre de uno de los gremios con más socios afiliados al Instituto de Pensiones del Estado de Jalisco. En entrevista para Tela de Juicio, aseguró que el votó a favor porque “es un negocio bueno, que puede abonarle un poquito al fondo de pensiones”.

Pero los trabajadores de la Educación agremiados a la Sección 47 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) no fueron notificados por su representación sindical en ningún nivel, ni siquiera el Comité Ejecutivo de la Sección es notificado antes o después de las decisiones que se toman en el Consejo Directivo, donde el Secretario General en turno tiene voz y voto. Es además una práctica recurrente del dirigente sindical en turno, que si bien no consulta porque para eso fue electo, lo que si no hace es informar a manera de rendición de cuentas las decisiones que toma a nombre de más de 50 mil agremiados trabajadores activos y jubilados del magisterio.

En la misma entrevista dice que esto no resuelve el problema que enfrenta el Ipejal respecto a su solvencia económica en los próximos años y acepta que él mismo cuando habla con sus trabajadores ha aceptado que se han hecho negocios en el pasado que no han rendido los frutos o hasta han fracasado totalmente tipo “Abengoa” donde se invirtieron 600 millones de pesos y hoy esas acciones valen 4 pesos, por fin hoy acepta además el caso de Transportes Marítimos Mexicanos, que en el pasado aseguraba no estaba perdido y que hoy dice que no está en ceros pero que les urge acomodar el papel para “no perder tanto”, son las declaraciones de quien hoy es Consejero titular en el Ipejal en representación de uno de los gremios más importantes para el Instituto, pero no es poca cosa esta declaración que hiciera en radio con Becky Reynoso, Zayra Yael Ramírez y Gabriel Ibarra Bourjac, pues admite parte de su responsabilidad en estos desfalcos, siendo consejero suplente cuando se llevaron a cabo algunas de estas inversiones ya declaradas por la Contraloría Estatal como desfalco por un monto de 2,000 millones de pesos y la investigación de cuando menos otras 24 operaciones financieras por un monto de 700 millones de pesos.

Resulta increíble entonces que el representante del magisterio en un periodo aproximado de 10 años como consejero suplente y titular no fuera capaz de darse cuenta de estas inversiones que fueron aprobadas por la representación de la Sección 47 del SNTE y que incluso excedían limites fijados en la propia normativa para inversiones, es decir, aprobaron ilícitos, recordemos que sigue siendo facultad del Consejo Directivo todo lo referente a las inversiones del IPEJAL.

En este caso de Ciudad Judicial el principal problema radica en que vuelve a ser el Ipejal la caja chica del Gobernador, que tiene mayoría en el Consejo del Instituto y que encontró en la representación del magisterio la legitimación de otro abuso al Ipejal. Uno de los principios normativos para toda inversión es  verificar criterios de rentabilidad y que no sean vulnerandos los principios de seguridad, rendimiento y liquidez para el portafolio de inversiones del propio Instituto, para ello hacen falta más estudios de viabilidad, incluso para el caso de la Sección 47, vale la pena invertir del recurso de los trabajadores por concepto de cuota sindical, en estudios que permitan contrastar los que presenta el Ipejal para el proyecto.

Nuevamente se le resuelve al Gobierno del Estado, porque en ningún terreno particular que se rente para alguna empresa el arrendatario permite las condiciones que imponga el arrendador, es en todo caso un acuerdo expreso en el contrato de arrendamiento que se entregan permisos para la construcción y/o adecuación del bien para la utilidad del arrendatario, mismo que una vez termine el contrato toda modificación de infraestructura y servicios básicos queda en propiedad del arrendador como parte del bien arrendado. La inversión inicial del proyecto del Ipejal ronda en los 400 millones de pesos, de un terreno que recibió el Ipejal a mediados del año 2020, como Dación por deuda de una entidad que no pagaba lo correspondiente a la aportación de los trabajadores, Servicios y Transportes OPD, por lo que el valor de ese terreno ya representa pérdidas para el Ipejal, pues no se recaudó en tiempo y forma para hacer uso del rendimiento respectivo; para considerarse como ganancia se debería primero recuperar la inversión inicial, es decir los 400 millones de pesos, hasta después del año 13 de arrendamiento se podría decir que se comenzaría a recaudar ganancias del proyecto de inversión; si el contrato es por 20 años de arrendamiento, entonces las ganancias serían de aproximadamente de 200 millones de pesos, esa cantidad en cualquier cartera de inversión bancaria a plazo fijo daría 3 veces más de ganancias corriendo menores riesgos.

O bien, si tenemos en este momento capacidad de invertir 300 millones de pesos en infraestructura, porqué no pensar que en ese mismo terreno se desarrolle un proyecto inmobiliario del que podríamos obtener 5 veces o más la inversión inicial del Ipejal, es por eso que entonces este nuevo proyecto de inversión vuelve a representar un riesgo para el endeble fondo del Ipejal y que además irresponsablemente se aprobó por el Secretario General de la Sección 47, porque al Consejo se presentó un proyecto conceptual, para una aprobación apresurada y planchada que da lugar a pensar en acuerdos en lo oscurito, sin un rigor técnico respecto a proyectos técnicos de inversión, arquitectónicos, de integración urbana, de integración vial e incluso de impacto ambiental, mismos que mencionó Juan José Hernández, Secretario General de Fesijal, el único voto en contra del proyecto y que se atrevió a denunciar públicamente lo que pasó en la Sesión de Consejo donde se aprobó este proyecto de inversión.

Después de la larga historia de desfalcos al Ipejal, de una reforma que sigue perdiendo terreno en los tribunales y la promesa de una reforma integral como demagogia para calmar la aguas cuando menos al interior del magisterio, llega hoy otra propuesta de inversión que no se ve para nada rentable y que parece sólo resolverle un problema a un gobierno endeudado y sin grandes resultados

Pero se haría con el fondo de los trabajadores, que no vería rendimiento en el plazo que tiene proyectado de viabilidad, es decir, puede quebrar el instituto con base en las proyecciones de los últimos estudios actuariales y no alcanzaría a recuperar lo invertido, claro que debe considerarse como un riesgo, es momento de pensar en un proyecto integral, mismo que pasaría necesariamente por una reforma integral, lo demás es más de lo mismo.

Twitter: @FlavioMendozaMx

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CARTÓN POLÍTICO

Edición 804: Lo piden los expertos: Una nueva Corte de Justicia sin extremos ideológicos

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JALISCO

La transparencia del fiscalizador

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– Los Juegos del Poder, por Gabriel Ibarra Bourjac

En Jalisco, la transparencia y la rendición de cuentas deberían ser principios innegociables. Sin embargo, la resistencia del auditor superior del Estado, Jorge Alejandro Ortiz Ramírez, a ser auditado por la Unidad de Vigilancia del Congreso revela una paradoja alarmante: el encargado de fiscalizar el gasto público evade la supervisión.

Esta actitud, denunciada por David Rubén Ocampo Uribe, titular de la Unidad, y el diputado Alberto Alfaro García, presidente de la Comisión de Vigilancia, no solo cuestiona la integridad de la Auditoría Superior del Estado de Jalisco (ASEJ), sino que amenaza la confianza en el sistema democrático.

Desde el 10 de julio de 2025, cuando Ocampo asumió su cargo, Ortiz Ramírez ha bloqueado cualquier intento de revisión. Solicitudes de expedientes laborales, nóminas y contratos han sido ignoradas, y un encuentro institucional propuesto para el 19 de agosto quedó en el vacío. “Quería saber si todo está en regla. La respuesta fue negativa. Pedí una reunión pública con agenda común, y tampoco hubo respuesta”, relató Ocampo a Conciencia Pública.

Incluso se le prohibió a personal de la ASEJ pasarle llamadas, limitando el diálogo al secretario técnico, un subordinado que no puede sustituir al titular.

El diputado Alfaro, de Morena, califica esta resistencia como un desafío al Congreso y a la sociedad. “El auditor se siente intocable, como si fuera gobernador. Durante ocho años operó sin contralor, pero ahora que lo hay, se niega a colaborar”, afirmó.

Con el respaldo de 29 de 32 deputados al nombramiento de Ocampo, su legitimidad es incuestionable. “Sabe que abriremos la Caja de Pandora”, añadió, sugiriendo que Ortiz Ramírez teme revelar irregularidades.

La Constitución de Jalisco y la Ley de Rendición de Cuentas otorgan a la Unidad de Vigilancia facultades plenas para revisar la ASEJ sin necesidad de acuerdos previos de la Comisión de Vigilancia, como argumenta Ortiz Ramírez.

Esta interpretación “tecnicista” es, para Ocampo, un escudo para evadir la fiscalización. La pregunta es inevitable: ¿qué oculta el auditor? Denuncias internas apuntan a aviadores, nóminas infladas, “moches” por laudos laborales y tolerancia a incapacidades falsas avaladas por el IMSS.

Una figura clave en estas acusaciones es Sandra Verónica Márquez González, de la Dirección Jurídica, señalada por mantener personal inexistente en nómina y exigir pagos ilegales, prácticas que arrastra desde su paso por el Tribunal de Arbitraje y la Fiscalía, donde se le vinculó al “Clan Trevi” por cobros indebidos.

La ASEJ es un pilar estratégico del gobierno de Jalisco, con autonomía técnica y de gestión para garantizar imparcialidad en la fiscalización de un presupuesto cercano a los 200 mil millones de pesos. Su rol como contrapeso es crucial para generar confianza ciudadana.

Sin embargo, la resistencia de Ortiz Ramírez recuerda épocas oscuras de la Contaduría Mayor de Hacienda, antecesora de la ASEJ, donde se rumoraba que las cuentas públicas se “lavaban” mediante acuerdos entre bancadas legislativas. Funcionarios corruptos encontraban en estos arreglos una vía para encubrir irregularidades, otorgando un poder desmedido al titular del organismo.

Hoy, la ASEJ debería ser un modelo de integridad. El Plan Estatal de Desarrollo y Gobernanza 2024-2030, liderado por Cynthia Cantero Pacheco, establece la transparencia y la participación ciudadana como ejes rectores de la gestión pública. Este plan, construido con la voz de más de 675,000 jaliscienses, vincula el presupuesto a resultados medibles, exigiendo apertura y rendición de cuentas.

La opacidad de Ortiz Ramírez contradice este espíritu, debilitando la credibilidad de una institución que debería ser ejemplo.

La pasividad de otros actores institucionales agrava el problema. El silencio del Congreso en pleno y la inacción de la Fiscalía Anticorrupción alimentan percepciones de complicidad o indiferencia. Mientras, rumores de una posible reelección de Ortiz Ramírez, tras ocho años en el cargo, generan rechazo. “Un gobernador dura seis años y se va. Este señor pretende quedarse otros ocho. Es inadmisible”, sentenció Alfaro.

¿Cómo puede hablarse de rendición de cuentas si el fiscalizador se coloca por encima de la ley? La resistencia de Ortiz Ramírez no es un simple desencuentro burocrático; es una afrenta al sistema de pesos y contrapesos.

“La opacidad reina en la Auditoría. Si el auditor desconoce la ley, ¿cómo fiscaliza al estado?”, cuestiona Ocampo. La sociedad, cada vez más vigilante, exige respuestas. Ortiz Ramírez tiene una oportunidad: abrir las puertas de la ASEJ, entregar la información solicitada y demostrar que no hay nada que ocultar. De lo contrario, su silencio seguirá alimentando sospechas de irregularidades.

La transparencia no es negociable, y Jalisco merece una Auditoría Superior que predique con el ejemplo. Es hora de que el fiscalizador rinda cuentas.

 

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JALISCO

MC: espejismos de unidad y fractura a la vista

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– Crónicas de Pacheco, por Daniel Emilio Pacheco

Movimiento Ciudadano en Jalisco ya abrió el telón de su renovación interna con la elección de 64 nuevos coordinadores municipales en la vieja casona de Av. La Paz. En apariencia, un ejercicio de normalidad partidista: discursos de unidad, promesas de cercanía con la gente, rostros nuevos para el escaparate y la certeza de que el partido naranja seguirá marcando la pauta en la política local.

Una postal impecable para las páginas de los diarios amigos… pero un espejismo apenas capaz de ocultar las fracturas internas que corroen al partido naranja. Pues, bajo el barniz del entusiasmo, se esconde un mapa con claroscuros que la dirigencia difícilmente podrá negar.

Los números de la elección de 2024 fueron generosos en sus bastiones metropolitanos: Guadalajara, Zapopan y Tlajomulco volvieron a confirmar la hegemonía emecista. En la capital, 308 mil votos aseguraron la continuidad; Zapopan, con 323 mil sufragios, consolidó la plaza más codiciada del estado; y Tlajomulco refrendó, una vez más, su condición de vivero político del grupo alfarista con 94 mil papeletas a su favor. Una trinidad metropolitana que otorga poder y recursos, pero que no resuelve la fragilidad en el resto del estado.

Porque más allá del brillo urbano, MC perdió terreno en Puerto Vallarta —joya turística entregada al PVEM en sociedad con Morena—, cedió Ciudad Guzmán, enclave agroindustrial del sur, y vio escaparse Tepatitlán, bastión alteño que durante años se pensó inmune a los embates opositores. En Tlaquepaque y Tonalá, el retroceso fue aún más doloroso: en el primero, los 109 mil votos no alcanzaron para retener la presidencia municipal; en el segundo, apenas 47 mil sufragios lo relegaron a un segundo lugar incómodo detrás de Morena. Un tropiezo estratégico en el oriente metropolitano que desnuda la vulnerabilidad del proyecto.

Mirza Flores, encargada de administrar esta renovación interna, habla de “liderazgos de territorio, cercanos a la gente”. El discurso suena bien, pero la tarea es monumental: reconstruir la cohesión de un partido que, en su expansión, ha multiplicado corrientes, intereses y pleitos internos. Porque el problema no es solo perder municipios: es perderlos mientras el partido se enreda en disputas de candidaturas, pugnas entre cuadros y una dirigencia que debe demostrar que puede arbitrar sin fracturar.

Los números distritales tampoco ayudan: de 20 distritos locales, MC apenas ganó 6; de los federales, ninguno y los plurinominales fueron para los exfuncionarios que necesitaban fuero y los “liderazgos” escogidos. Esto significa que, aunque controla alcaldías claves, su voz legislativa es reducida y carece de peso real en el Congreso federal.

Un contraste brutal: músculo en los municipios, anemia en las cámaras. Y esa asimetría no se corrige con discursos ni asambleas, sino con operación política en campo, con la capacidad de seducir al votante rural, al comerciante alteño, al campesino del sur que aún ve en el naranja una marca citadina, aburguesada y distante.

Pero lo verdaderamente corrosivo no está en las urnas, sino en los pasillos. La disputa Alfaro–Lemus ha dejado de ser un rumor y se ha convertido en un hecho palpable. Enrique Alfaro se resiste a entregar el control de candidaturas y cuadros, mientras Pablo Lemus mueve sus piezas con paciencia quirúrgica, tejiendo su propia red de operadores que responden solo a él. Entre ambos, Mirza Flores aparece como árbitro incómodo, obligada a conciliar lo irreconciliable: mantener la disciplina de un ejército que ya no reconoce un solo general.

El grupo Alfaro–Lemus sabe que esta es su última gran prueba antes de 2027. Si logran ordenar candidaturas y mantener la paz interna, MC llegará con posibilidades de sostener el gobierno estatal. Pero si insisten en los métodos de imposición y en los arreglos de cúpula, el costo será alto: perderán distritos clave, y con ellos, la capacidad de negociar en el Congreso y de sostener el control territorial.

Los cuadros históricos, los que alguna vez creyeron en la “ola naranja” como una alternativa fresca, se encuentran marginados o desplazados por nuevas caras que responden a intereses de grupo. La operación interna dejó cicatrices: candidaturas impuestas, militantes que sienten haber sido utilizados y un éxodo silencioso hacia Morena y el PVEM que ya se empieza a notar en las regiones.

En política, decía siempre la vieja guardia, no basta con administrar victorias: hay que blindarlas. Movimiento Ciudadano gobierna hoy con holgura en las ciudades, pero su debilidad en la periferia y en el interior del estado es evidente. Las plazas que perdió en 2024 son recordatorio de que el poder es un animal volátil: se escurre por las rendijas más pequeñas y muerde cuando menos se le espera.

La renovación municipal, que en el discurso se vende como ejercicio democrático, en los hechos es un intento de tapar grietas con retórica. En lugar de cohesión, lo que se advierte es una carrera por controlar posiciones rumbo al 2027. Cada comité local es, en realidad, una ficha en el tablero de negociación entre Alfaro y Lemus.

La batalla del 2027 no se jugará únicamente en los edificios de avenida Hidalgo o en los mítines de funcionarios públicos en la Casa Ciudadana. Se librará en los tianguis de Tonalá -donde el Ayuntamiento ha prendido focos rojos-, en los talleres de Arandas -Cuando se habla de la inseguridad que hay en las carreteras de la zona-, en los mercados de Lagos de Moreno -Al momento de hablar de un nuevo ejecutado o desaparecido- y en las colonias populares de Tlaquepaque -Explicando por qué el SIAPA no otorga el servicio que cobra: agua-. Ahí, donde los discursos sobran y lo que cuenta son los servicios públicos, la seguridad y la cercanía real de quienes gobiernan.

La verdadera batalla de 2027 no será contra Morena ni contra el PVEM. Será contra sí mismo. Porque, como tantas veces en la historia política de este país, los partidos no caen por la fuerza del adversario, sino por la podredumbre que incuban dentro.

Hoy MC es un cascarón brillante en la superficie, pero carcomido por dentro. Se vende como movimiento fresco, pero huele ya a partido viejo: facciones enfrentadas, candidaturas negociadas en lo oscurito y un liderazgo que se desgasta en administrar pleitos en lugar de ganar territorios.

Si no corrigen el rumbo, el espejismo de unidad que hoy pregonan se desmoronará al primer soplo de la contienda. Y entonces, la historia no hablará de una derrota electoral, sino de un suicidio político en cámara lenta. Una crónica que, como tantas en la política mexicana, no se escribirá con tinta… sino con epitafios.

En X: @DEPACHECOS

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