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DEPORTE/CULTURA

A la costa guatemalteca…amanecer de luna maya

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Crónica de un Trotamundos, por Fernando Zúñiga //

La conocí en la pequeña estación de autobuses de Tapachula. Acordamos cruzar la frontera hacia Guatemala y recorrer la costa del Pacífico.

El primer tramo lo recorrimos trepados en el techo de un destartalado autobús de pasajeros. Más tarde en la caja de una pick up con placas de California. El último tramo de ese día en la pequeña plataforma que arrastraba un tractor y en la cual, sobre las hojas gigantes de bananero que transportaba, hicimos una siesta. Nos despertó el traqueteo del camino.

Decidimos bajarnos en un tramo de carretera, casi brecha, ante la vista de una gran roca con letrero pintado a mano… Bahía Bruja… y una flecha señalando hacia adentro de la selva.

Nos internamos por el estrecho camino techado de exuberante vegetación tropical. Empezaba a anochecer cuando después de una pendiente elevada apareció el mar Pacífico. Era una bahía de unos 200 m. de extensión y unos 25 m. de playa rodeada de selva alta y grandes cocoteros.

Por la noche y hacia la punta norte de la bahía, que bajaba en un promontorio no muy alto hasta el mar, vimos unas pequeñas luces titubeantes al extremo de otra bahía vecina más larga.

Movidos por el hambre decidimos investigar. Caminamos quizá 2 Km. y unos 100 m. antes de la choza salió a recibirnos la comitiva… un par de perros famélicos pero festivos.

Lupita (tenía un nombre Maya pero usaba este en español) cocinaba para ella y sus hijos, una niña de 12 y un chico de 8 años de edad. La luz del fogón y un quinqué iluminaban la choza. Un poco más al fondo había una palapa con unas hamacas y dos chozas de pequeñas dimensiones.

Nos sirvió pescado frito, bananos asados y elotes cocidos……las tortillas se hinchaban en un comal de barro. Tenía una vieja hielera metálica de Coca Cola donde, con una lona gruesa, el hielo le duraba unos 2 o 3 días. Bebimos unas cervezas suficientemente heladas.

Ocasionalmente un barco pesquero le traía petróleo, cerillos, baterías para el radio, cigarros, alcohol, sal, azúcar, una gruesa barra de hielo y para los niños algunas golosinas y refrescos.

Tenía un viejo radio Sony de onda corta desecho de la guerra del Vietnam conectado a un alambre y una varilla sobre el techo de palma de su palapa-cocina. Alguna noche con el viento favorable agarraba una estación de México.

De cuando en cuando llegaban pescadores perdidos o guerrilleros que huían del ejército o soldados en busca de rebeldes al gobierno. Lupita les rentaba las hamacas, les daba de comer y beber. Distante a unos 100 m. bajaba hasta la playa un río no muy ancho de dónde sacaba agua limpia que almacenaba en un tambo.

Después del festín/comilona regresamos a nuestro campamento. La comitiva canina nos acompañó ahora durante un trecho más largo. Compartimos un cigarro de cannabis (sin filtro, Acapulco Golden).

Al arribar al campamento nos sorprendió la presencia de 3 mujeres sentadas sobre la arena. Empezaban a encender un pequeño fuego. Solo el murmullo de las olas y el sonido de la selva. Sus edades eran, a cálculo, entre los 65 y 30…abuela, hija y nieta.

El fuego lo avivaban con algunas hierbas que extraían de un morral…..desprendía un aroma perfumado, intenso, embriagador…..empezamos a charlar en distintas lenguas y señas. La voz de las 3 mujeres indígenas era suave, musical, acariciadora, acompañada siempre del brillo de su mirada y una sonrisa pícara.

Nos dieron a fumar de sus cigarrillos forjados en hojas de limonero. Entendíamos cada vez más nuestras mutuas historias. Lo mismo reíamos abiertamente que guardábamos deliciosos silencios y pausas entre el humo y los aromas del fuego.

Hablamos del amor, los hijos, el tiempo, la mujer, los hombres, la noche, la vida….la comida, los animales. Lieke platicaba de los paisajes de hielo de su tierra, de sus papás, de su fascinación por la cultura indígena americana, los bordados, la comida, el color de la piel de las mujeres…..por eso estudiaba sobre las lenguas de estos países.

A las 3 mujeres les admiraba el color de la piel nacarada, el cabello rubio, los ojos azules y la estatura de Lieke. La más joven se animó a acariciarle el rostro.

Ellas se reían de nuestro afán de vagabundeo. Para qué andar de un lugar a otro. Si éramos pareja.

Los 5 nos metimos al mar calmo de esa noche. Nos lanzamos agua, nadábamos tramos cortos, nos sorprendíamos por debajo de la superficie.

Nos secamos a la brisa tibia. Por atrás del cerro y la alta vegetación que bordeaba la bahía apareció el enorme disco de un impresionante amanecer de luna (yo la podía tocar). Lieke permaneció de pie contemplando extasiada. Ellas la observaban en silencio con profundo respeto. El brillo de su mirada era el reflejo mismo de la gigantesca luna.

La más vieja de ellas nos rameó de pies a cabeza…nuestra morada interna…macuy, hierbamora, cancerillo, majahua, curagusano…para el amor, para la suerte, para los hijos…. parsimonia, ternura, caricia de la naturaleza viva. Dos de ellas entonaban en murmullo un cántico en su lengua. Sus ojos cerrados.

Nos despertamos a media tarde. El disco del sol empezaba a declinar una vez más sobre el Pacífico. Nadamos bajo el horizonte multicolor. Los niños y sus perros nos habían dejado un par de pescados envarados bajo un suave fuego de leña, tortillas envueltas en una servilleta de tela floreada, unos aguacates, elotes cocidos y un par de mangos. 6 Gallo en una pequeña cubeta enterrada en la arena.

Nadamos. Recogimos algunas conchas y caracoles pequeños, de la playa virgen, no mancillada. Nos fumamos otro carrujo y esa noche dormimos como bebés hasta la mañana siguiente. Desde el Sony de Lupita, gracias al viento favorable, llegaban oleadas tenues de notas musicales y el ladrido festivo de Negro y Pirata.

Lieke decidió permanecer unos días más en el lugar. Yo retornar a la carretera para continuar mi camino hacia el sur. Me quedaban unas 3 semanas antes de regresar para el inicio del próximo semestre escolar.

Le dejé mi tienda, la mitad de mi Cannabis y sabanitas de papel de arroz en una cajita de latón oaxaqueña. Lieke me regaló su Sleeping bag y media docena de condones en una bolsita Saami de piel de reno con sus iniciales grabadas en donde guardé mi ración.

Durante varios años conservé el collar que Lieke elaboró para mí esa tarde con las pequeñas conchas, caracoles y piedritas de Bahía Bruja. Lo usé durante los veranos y en mis viajes al mar.

FZG Guadalajara VI/2016

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DEPORTE/CULTURA

Conciencia en la Cultura: Polonia enoturística, My summer of love, Vinos de Polonia

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LA MAGIA DE TUS VACACIONES: POLONIA ENOTURISTICA

Polonia está en el enoturismo (bodegas con restaurante, lugares para picnic, tiendas, visitas guiadas y catas para los cientos de miles de enoturistas).

CRACOVIA. Pasado Señorial. La plaza Rynek Glówny es su corazón y se trata de la plaza medieval más grande de Europa, datando del siglo XIII.

LAS ESTRIBACIONES DE LOS CARPATOS. El viñedo de la Universidad, a unos 50 kilómetros de Cracovia, un auténtico modelo de pequeño viñedo de 3.3 hectáreas y 12.000 vides. Fue el primer viñedo polaco que se registró para producción comercial en 2007.

GDANSK. Bañada por la brisa del Báltico, es uno de los lugares más bonitos de Polonia, Bella arquitectura resultado de siglos de historia.

VARSOVIA. Ciudad de corte imperial. La Ciudad Vieja (Stare Miasto) es uno de las partes más impresionantes de Varsovia gracias a sus preciosas casas de colores y a su historia.

LA PANTALLA: MY SUMMER OF LOVE

Dir. PAWEL PAWLIKOWSKI (Londres, 2004)

Director que trasciende el cine polaco.

El amorío de una jovencita rebelde con una mundana seductora afecta a su hermano, profesante de la religión cristiana.

Sugerente historia de una pasión, enigmática, inquietante, sensible.

PREMIOS 2004

Premios BAFTA: Mejor film británico

British Independent Film Awards (BIFA): 5 nominaciones, incluida Mejor película

VINO-VID-VINCI: POLONIA

Puede que produzca muy poco vino hoy en día, pero tiene una importante historia de producción de vino acumulada durante siglos. Por supuesto, Polonia era antes mucho mayor y comprendía grandes superficies de lo que hoy en día es Ucrania, hasta la frontera con Moldavia. 

En 2005, tras una petición por parte del Gobierno polaco, Polonia fue reconocida oficialmente como país productor de vino por la UE Y hoy hay unos 20 viñedos registrados para producción comercial. La superficie total de viñedo está todavía por debajo de las 200 hectáreas

Tienen pequeñas plantaciones de Pinot Noir, Pinot Gris, Riesling, Gewürztraminer y Zweigert, pero todavía no están en producción.

Las uvas de la variedad Solaris: El mosto sabe muy limpio, con una acidez brillante y tonos verdosos.

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DEPORTE/CULTURA

A cualquier asilo…cuando el destino nos alcance

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Crónicas de un Trotamundo, por Fermando Zúñiga //

Homero visitaba el asilo ese día. Yo había acompañado a mi amiga la Dra. Yamileth que cumplía su visita semanal de asistencia médica altruista para los residentes.

Homero visitaba a su amiga Carlota por lo menos 2 veces a la semana desde hacía varios años. Salvo causas de fuerza mayor faltaba alguna vez en la fecha indicada y si se lo permitía el reglamento de la institución y el estado de salud de Carlota reponía su inasistencia.

Homero y Carlota habían sido pareja hacía 25 años. En ese entonces él tenía 25 y ella 55 años de edad.

Carlota lo había apoyado cuando el renuncia a su carrera del sacerdocio. Carlota le había financiado sus estudios de Arquitectura en una Universidad de cierto renombre con algunas estancias en el extranjero para su especialización y otros estudios de investigación.

Habían hecho vida de pareja durante 5 años. Carlota recién había perdido a su marido y a sus 2 hijos, nueras y nietos en un accidente aéreo cuando se conocieron ella y Homero.

Homero encontró en ella el aprendizaje del amor maduro: alimentado por la sabiduría, para amarse con la libertad que da el no guardar secretos de ninguna clase por parte de ambos; disfrutar de espacios comunes pero respetando a la vez la individualidad de cada uno. La sexualidad plena.

alguna ocasión pregunté a Carlota a que debía ella la satisfacción tan plena, que nos invitaba a hacer el amor varias veces en un mismo día, en cualquier momento, que a veces iniciaba con el simple roce de la mano o la mirada…me contestó con su voz suave y, recuerdo, que su mirada tímida asomaba a sus ojos color gris(como siempre que me expresaba sus sentimientos de amor hacia mi)…porque te quiero y me siento segura de mi y de lo que te doy…

y porque aprendo que el corazón no tiene arrugas y que la belleza que contemplo en ti coincide con la belleza que contemplo en mi…y que la noche me lleva a tu más profunda piel…y me desnudas del pasado y me llenas la piel….al principio me daba pena, sabes, y quería permanecer de espaldas, y me miras los senos y los labios y me haces sentir como renazco lentamente como mujer… 

aprendo el poder humano de la comunicación sensual y erótica….cuando siento la seda de tu espalda como perfume en mi mano y la sal de tu piel en mis labios y en mi boca el calor tu primavera que entra a mi cuerpo y recorre mi cuerpo en cada rincón….saber que estás en mi…

Carlota celebró en Homero la alegría de un nuevo comienzo: la tarea del amor paciente, la vitalidad que había menguado en plena vida con su duelo inacabado, el redescubrimiento de su sexualidad, el rol del amor perfecto: mamá, esposa, amante, hija, amiga, niña, espíritu, mente, cuerpo…la piel nueva.

Amaron, sintieron, hablaron, escucharon, nacieron, renacieron, viajaron, regresaron, empezaron, retornaron, enmudecieron, tocaron, bebieron, gimieron, penetraron, tocaron, descubrieron, lamieron, experimentaron, redescubrieron, enseñaron, aprendieron, aceptaron, rechazaron, reintentaron, perdonaron, violentaron, suavizaron, llenaron, vaciaron, rellenaron…

Recorrieron su geografía mm a mm, rincón a rincón, se bebieron líquido a líquido, se reconocieron desde adentro, desde afuera, desde lejos, con el silencio, con la mirada, con la yemas de los dedos, con el aroma de sus deseos, sus sudores, el despertar de sus senos, el despertar de sus labios externos….de su conciencia exaltada, libre, sin límites….del ritmo vital de sus terminaciones nerviosas, lento suave acelerado, lento….de su boca el gemido irreconocible, la acumulación de todo su ser….las sabanas, el sudor, los fluidos, la hoguera, el ombligo vital, los músculos, el peso del otro, la voluntad erótica, los rincones en húmedo reposo, aspirar olores y humedades…sonidos ancestrales, aruños en la espalda, combustión tibia ralentizada, bendecir el cuello, el cabello, los pezones, el pubis, las piernas, la pasión, la semilla, los dientes en el hombro, dimensionar el delante y el detrás el arriba y el abajo, la esencia femenina, la esencia masculina, los 9 orificios…

Homero recordaba sus veranos en Alemania. Entre los ascendientes de Carlota había antiguos personajes de las regiones bávaras. La estancia en una gran villa antigua, estaba entre sus más bellos recuerdos del tiempo de pareja con ella. Bosques de pinos, un sol caliente, ciervos, ardillas, campos de frambuesas y fresas silvestres; recoger setas, campos cubiertos de flores desconocidas. Flora de montaña. Bañarse bajo una cascada. La granja con cientos de animales de todas las especies. Paseo por el campo en el viejo carro tirado por caballos. Los viajes al lago Tegernsee. El viaje en tren al castillo de la bisabuela, construido en el S. IX, en el corazón de Los Alpes bávaros. Saltar desde los balcones del granero sobre las pilas de heno, embriagarse con la cerveza de las bodegas y recorrer los pasajes secretos que comunicaban con el monasterio a cientos de metros a través de sótanos medievales.

Carlota lo inició en el alpinismo. Un antepasado era considerado entre los grandes escaladores en la historia del alpinismo mundial. Carlota mostraba una audacia casi temeraria, sin embargo sabía todo lo que hay que saber sobre técnicas de montañismo. Siempre se sintió completamente seguro con ella en la cuerda. Carlota había pasado varias temporadas con expertos alpinistas durante la primavera en Snowdon. Le enseñó a esquiar en Champéry.

solo una vez me vi en peligro. Carlota desde un lugar firme a unos 20 metros por arriba de mi sostuvo la cuerda y me recuperé. En Pen-y Pass desayunábamos al aire libre con algunas jarras de cerveza y por las noches al volver al hotel nos pasábamos un largo tiempo observando con algo de estupor nuestros cuerpos al vapor de las tinas de agua casi hirviente…

En esta parte de la narración los ojos de Homero brillaron de manera tan particular Como el temblor de su mano cuando me enseñó la foto de su familia actual.

Su esposa y sus 2 hijos habían aceptado su relación amistosa con Carlota. Su hijo con un poco mas de reticencia que su hija. Después de contraer matrimonio habían pasado 3 años antes de que Homero volviera a contactarla. Había un acuerdo tácito de no convivir y no hacerle preguntas o comentarios respecto de la otra parte.

Cuando Carlota empezó a manifestar su Alzheimer la familia de Homero aceptó, e incluso promovió, que Homero contratara una enfermera especializada para que la atendiera y que éste aumentara la frecuencia de visitas a casa de ella.

Cuando la enfermedad avanzó Carlota vino a vivir con la familia de Homero. Un par de años después decidieron internarla. La familia intervenía en las actividades recomendadas para protegerla frente al deterioro cognitivo; ejercitar la memoria y la función intelectual, mantenerle una dieta equilibrada, apoyarla en sus ejercicios físicos.

El hijo varón de Homero le dedicaba tiempo de mucho amor y ternura; le hacía nombrar los animales de la granja de los familiares en Alemania para mantener viva su fluidez verbal; el juego de las manecillas del reloj; figuras de objetos en láminas diferentes; fechas en el calendario. Paseos por el parque.

Toda la familia entró a la dieta mediterránea recomendada en estos casos. ¡Y vaya que eran carnívoros, de 3 veces al día!

En la fase temprana del Estado Grave fue cuando la internaron.

El hijo de Homero decidió estudiar Neurología motivado por el amor que albergó hacia Carlota.

Su esposa y su hija decidieron no visitarla, no verla en su estado declinante de demencia por el dolor que les causaba. Querían recordarla lo mejor posible.

Homero me invitó a visitarla en su cuarto. Le había programado con María Callas..Otello: Ave María. Carlota frente a la ventana…las copas de los árboles y las flores y las espigas doradas y la Golondrina Risquera haciendo su nido en el alfeizar de la ventana…

Su mirada tan lejana, tan antigua que parecía no tener historias que contar…

Carlota me llamó Raymundo (nombre del hijo de Homero) y me recitó con su voz balbuceante, tímida y con la mirada (me imaginé) como cuando le decía a Homero que lo amaba: Cuando escucho el bello sonido de la puerta al abrirse, vienes por mí, quédate, no te vayas, acaricia mis mejilas…

Me despedí de Homero para encontrarme con mi amiga Yamileth en el lobby de aquel albergue tan lejano para mi… ¿acaso puedo comparar el tiempo de Carlota con el mío? ¿Tengo algo en común con la vida de Homero?

Aunque Carlota está separada de mi solo por unas paredes, ¿algo corta el hilo que me une a ella?

¿Puedo continuar mi vida con los que se quedan entre esas paredes, los que se quedan dentro y seguirla sin interrupción? ¿Algo me une a ellos como la cuerda que sostiene a los alpinistas, como la cuerda que sostuvo la caída de Homero un día lejano en la montaña?

Cuando pasamos bajo la ventana del cuarto de Carlota…Anna Netrebko..

 

O mio babbino caro
Mi piace è bello, bello
Vo’ andare in Porta Rossa
a comperar l’anello!
Sì, sì, ci voglio andare!
e se l’amassi indarno,
andrei sul 
Ponte Vecchio,
ma per buttarmi in 
Arno!
Mi struggo e mi tormento!
O Dio, vorrei morir!
Babbo, pietà, pietà!
Babbo, pietà, pietà!

 

FZG…GUADALAJARA X/2016

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DEPORTE/CULTURA

A París…era una fiesta

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Crónicas de un Trotamundo, por Fernando Zúñiga //

Viajamos en la línea 2…Porte Dauphine – Nation…ella estaba sentada en el asiento de enfrente. El vagón iba casi vacío. Yo, sin rumbo.

Su cara era de una belleza sobria. Piel blanca y cabello castaño oscuro, ojos color miel. Vestía de manera elegante…falda larga, botas altas, pañoleta en su cabeza y una bellísima y amplia pañoleta/paliacate sobre su pullover negro de cuello alto, un reloj, una pulsera y un collar Cartier. Su figura dulcemente serena, confiada, me animó a iniciar una charla.

Charlamos en francés al principio. Cuando me identifiqué mexicano, me habló en español con un ligero acento.

Me invitó a bajarnos en la estación siguiente (Montmartre). Salimos a una calle a esa hora con pocos peatones. Caminamos a un Café con algunas mesas al aire libre, caía el atardecer y el ambiente se perfumaba con las primeras luces artificiales de la calle.

Pedimos un cóctel (ella lo invitó).

Nací en un lugar perdido de la sierra. 5 chozas, algunos niños y muchos perros. Sin electricidad ni agua potable. Tomaba casi un día completo llegar al caserío más cercano que, aunque más poblado, tampoco contaba con alguno de los servicios. Camino para mulas, de tramo en tramo se caminaba por el borde de un precipicio y había que cruzar algún río que en tiempo de lluvias impedía el paso y se pasaba la noche en medio de la selva tupida, como boca de lobo, cuando no había luna. Yo nunca lo recorrí. Eso lo contaba mi abuelo…

Mi mamá era indígena pura. A mi papá no lo conocí, era extranjero. Un día había llegado en la avioneta que bajaba cada 3 o 4 semanas con algún encargo…medicina, botellas de agua, utensilios de cocina, baterías para el radio, veladoras…permaneció hasta el siguiente vuelo que lo recogería para llevarlo de regreso. Tendría unos treinta y tantos años de edad. Mi mamá tenía 14. Nunca supimos de él…

Desde su embarazo se mudó a una choza que estaba retirada de las demás como a unos 300 m., crecí feliz cuidando a unas cuantas gallinas, una chivita ciega, el aroma del fogón, lasnochesinfinitamenteestrelladasarribayabajo por las luciérnagas…

Mi mamá era muy alegre, optimista y positiva. Cantaba todo el día. Me contaba historias en su lengua que me sonaba a pura música de mariposas y viento entre las hojas de los arboles. Me acariciaba mucho. Siempre me traía muy limpiecita la ropa. Caminábamos un par de km. hasta el río que bajaba de la montaña techada siempre de niebla. Nos bañábamos desnudas mientras lavaba la ropa y la secaba colgada de la rama de una frondosa Ceiba. Me decía que la Ceiba era uno de mis ancestros que siempre me cuidaba y cuidaría toda la vida…

Mis abuelos eran muy dulces. Él, muy callado, solo sonreía cuando la abuela hablaba hasta por los codos. Nunca los vi enojados…

Tanto la abuela como mi mamá cocinaban muy rico. Cada comida era una pequeña fiesta. Mantelitos bordados por mamá, recién lavados, siempre había flores frescas en un pequeño florero que nos había traído la avioneta. Me enseñó a usar correctamente los cubiertos para comer, platicábamos mucho y ya en la noche cuando el clima lo permitía sintonizaba una estación en el pequeño radio que llegaba con algo de interferencia. Yo imaginaba que la señal venía de un país lejano donde vivía mi padre…

Mamá mandaba en la avioneta algunos bordados, frutas que recolectábamos y hierbas que mi abuela conocía…mal de amores, empacho, calentura, para amamantar mejor…

Encargaba algunos libros con fotos muy bonitas y algunos colguijes para mí. Una vez estrené unos zapatos muy bonitos en color rojo que me ponía cuando ella y yo hacíamos una fiesta para las dos y bailábamos…

Durante mucho tiempo guardé una foto que nos tomó uno de los pilotos. Yo creo que a él siempre le gustó mamá. Le traía pequeños objetos. Una ocasión le trajo una botellita de perfume que ella se ponía cuando sabíamos que vendría, también se ponía flores blancas en su pelo negro. A mí su perfume me ponía muy alegre, aun lo traigo en mi recuerdo como si ella estuviera aquí a mi lado…

Mamá murió cuando yo tenía 8 años. Mis abuelos me enviaron con la familia del patrón de los pilotos. Era un matrimonio feliz. Sus hijos ya se habían casado y vivían en el extranjero. Me pusieron una maestra particular para aprender lo necesario y adaptarme a mi nuevo entorno antes de enviarme a las mismas escuelas a las que habían asistido sus hijos. Yo aprendía todo muy rápido.

La señora se llamaba Consuelo y el Sr. Pedro Antonio. Me educaron pacientemente en el buen vestir, el buen comer, el gusto por la lectura, la música….Ella tocaba el piano bellamente. Había estudiado Alta Cocina. El era jubilado como Rector de una Universidad. Habían viajado mucho junto con sus hijos…

Cuando cumplí 20 años me enviaron a Suiza a estudiar cocina. Al terminar el 3er año de estudio abandoné la Universidad y decidí venir a París con mis propios recursos…

Ellos lo aceptaron, me dijeron que me habían educado con profundo amor para mi libertad y mis propias decisiones de vida y que siempre estarían para lo que necesitara…

Ellos me bautizaron con el nombre de Maura y me dieron su apellido SanFelice…

Ya en París inicié trabajando en algunas pastelerías. Estuve en una de gran reconocimiento que servía banquetes para políticos, diplomáticos extranjeros y grandes empresas…

Cuando cumplí 30 instalé mi propia pastelería y 7 años después, hace aprox. 3 años me la compró una cadena internacional que me dejó el 10% de acciones…

… Me compré un pequeño departamento en la Costa Azul. De niña siempre soñé conocer el mar del que me hablaba mi abuelo. Soñaba que mi casita estaba colgada de la montaña que bajaba hasta el mar donde nos bañábamos mamá y yo desnudasalamedianochebajolalunallena…

Hace 3 años regresé a la sierra. Mis abuelos quieren morir allí. Mis abuelos adoptivos ya murieron y a sus hijos los veo cuando pasan por París.

Contra la noche parisina, contemplaba el rostro de Maura, bellísimo, de una mujer sin edad. Su voz era ahora musical como su lengua materna. Me parecía escuchar el viento de la montaña entre las hojas de la Ceiba, la risa de su mamá y el agua cantando cuando acariciaba sus cuerpos desnudos en el rio, las luciérnagas en sus pupilas…sus botas no eran rojas.

Me dio la mano para despedirse. Me dejó, para mi sorpresa, unos francos, al abrir mi puño. Maura ya se había levantado de su silla y empezó a caminar sin voltear, como apenada de darme ese dinero.

Debo reconocer que no desprecié los billetes. Desde que crucé el Canal de La Mancha, de Dover a Ostende, me había quedado sin un clavo y todavía me quedaban unos 30 días de viaje antes de regresar a Monterrey para iniciar el 7º semestre de Ingeniería Química.

La noche caía sobre París, todas las mesas de la terraza estaban ahora ocupadas. Habían encendido las velas en cada mesa y las flores, en sus pequeños floreros, todavía despedían algo de su aroma.

Yo tenía que buscar algún rincón para pasar la noche. Era una noche tibia, no amenazaba lluvia. Sonreí al pensar que esta vez no necesitaría los periódicos que traía en mi mochila. El cóctel estaba vigente en mi sangre.

Cuando me alejaba de la terraza…Alain Barriere..Ma vie, Elle était si Jollie, Tu T´ en vas,…..

FZG Guadalajara VI/2016

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