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Política Global: Ante su derrumbe estratégico global, Estados Unidos invoca la Doctrina Monroe

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Fuente: Movimiento de Solidaridad Iberoamericana (MSI) ///

En una entrevista concedida a la red CNN el 3 de marzo, el consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos, John Bolton, se encontró ante la pregunta del periodista Jake Tapper: ¿Cómo se explica que Estados Unidos se opongan al gobierno de Nicolás Maduro, si mantiene vínculos estrechos con gobiernos autoritarios en Egipto, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos? Bolton no se hizo del rogar y astutamente respondió que la situación de Venezuela es completamente diferente, pues el país se sitúa en el Hemisferio Occidental. Luego más rápido que un rayo en pleno siglo XXI, invocó la Doctrina Monroe para legitimar la hegemonía norteamericana en el Hemisferio, el cual ha sido tratado como el patio trasero.

En este gobierno no tenemos miedo a usar la frase Doctrina Monroe. Ese es un país de nuestro Hemisferio; ha sido el objetivo de los presidentes, desde Ronald Reagan, tener un Hemisferio completamente democrático”, dijo (Washington Post, 04/03/2019).

La centenaria Doctrina Monroe se refiere a los postulados presentados por el presidente estadounidense James Monroe (1817-1825) sobre la no intervención de las potencias europeas en los asuntos de los países americanos, “América para los americanos”, decía. En el momento en el que fue anunciada, en 1820, Estados Unidos no había salido de dos costosas guerras con Gran Bretaña y todavía no había tomado la ruta colonial que lo condujo a la categoría de mayor superpotencia del planeta.

Más tarde, el presidente Theodore Roosevelt (1901-1909) reformuló la concepción de la doctrina, el famoso “corolario Roosevelt” de la Doctrina Monroe; éste le atribuyó a Estados Unidos el papel de “policía mundial” apto para exigir el buen comportamiento de aquellas naciones juzgadas de incapaces de mantener el orden interno y cumplir con sus obligaciones, en especial en lo tocante a sus deudas externas. En el mensaje al Congreso en el que anunció el corolario, Roosevelt mencionó específicamente “a las naciones bañadas por el Mar Caribe”, algunas de las cuales ya habían sido objeto de intervenciones militares estadounidenses. Por eso tal política externa fue debidamente adjetivada de “Política del gran garrote” (Big Stick, en inglés).

De manera que a partir del Corolario, la frase que sintetizaría la Doctrina Monroe sería más acorde con la realidad si se sustituyese por “América para los estadounidenses”.

El excepcionalismo estadounidense, expresado en las zonas de influencia mencionadas ahora por Bolton, fue claramente expresado en 1912 por el presidente William Howard Taft:

No está muy distante el día en el que tres barras y estrellas a tres puntos equidistantes marcarán nuestro territorio: una en el Polo Norte, otra en el Canal de Panamá y la tercera en el Polo Sur. Todo el Hemisferio será nuestro de hecho tanto, por virtud de la superioridad de nuestra raza, así como ya lo es nuestro moralmente.”

Por consiguiente, como Bolton no es hombre de desperdiciar palabras, su mención de la Doctrina Monroe no es de ninguna forma gratuita, sino que viene a reforzar la voluntad de Donald Trump de tratar al Hemisferio Occidental como una especia de último reducto para la conservación de su capacidad hegemónica en franca declinación; ambición opuesta a la aparición del nuevo escenario mundial multipolar y cooperativo aun incipiente, centrado en la integración euroasiática encabezada por China y por Rusia, estas emblemáticamente calificadas de “potencias contestatarias” por los estrategas estadounidenses.

EL GRAN CARIBE

Esa debilidad en su hegemonía es lo que ahora obliga a los EU a regresar con más vigor a la nombrada “geopolítica del Gran Caribe.” Por Gran Caribe se entiende un eje de poder que cuenta, entre otros recursos, con grandes reservas de petróleo; es el conjunto de territorios bañados por las aguas del mar Caribe, e incluye las islas del Caribe y los países costeños: Venezuela, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Guatemala, Belice y México.

En junio de 2010 en el lanzamiento de la Iniciativa de Seguridad para la Cuenca del Caribe, la entonces secretaria de Estado de EU, Hillary Clinton llegó a afirmar: “…había la percepción de que Estados Unidos estaba ausente de la región [caribeña]. Bueno, estamos de regreso. Estamos de regreso al 100 por ciento”.

La antigua trama actualizada se expuso hace unos años en un artículo aparecido en julio de 2012 en el sitio de la agencia de espionaje privada Stratfor, titulado “La fuente del poder estadounidense.” Los autores, los periodistas Robert D. Kaplan y Karen Hooper, explican:

El poderío geopolítico estadounidense tiene su origen, históricamente, no en Europa ni en Asia, sino en el Gran Caribe. El Gran Caribe es el mundo que, de Yorktown a las Guayanas, es decir, de los estados meso atlánticos a las selvas del Norte de América del Sur. El Hemisferio Occidental, como el estratega holandés-americano Nicholas J. Spykman explicó en 1942, no se divide entre América del Norte y del Sur. Se divide entre las latitudes al norte de la gran barrera de la selva del Amazonas y las latitudes al sur de ella. En otras palabras, bajo una óptica geopolítica, Venezuela no es, absolutamente, un país sudamericano, sino caribeño. La mayor parte de su población de 28 millones vive en el norte, a lo largo del mar Caribe, lejos de las selvas del sur”.

Aunque los encabezados periodísticos hablen hoy del Medio Oriente y de Asia, para muchos presidentes de Estados Unidos, de principios del siglo XIX a inicios del siglo XX, las crisis de política exterior se centraron en el Gran Caribe. Fue un proceso de un siglo para que el joven Estados Unidos, tomase de las potencias europeas el dominio del Gran Caribe. El Gran Caribe -el golfo de México y el Caribe, propiamente dicho- es de hecho una extensión de las aguas azules del territorio continental de Estados Unidos. La influencia sobre él se debe a la construcción del canal de Panamá, a principios del siglo XX.  Cuando Estados Unidos pudo asegurar el dominio del Gran Caribe, el país se convirtió en el hegemón del Hemisferio Occidental, faltándole tan solo el Ártico canadiense y el cono sur de América del Sur (en especial las zonas de sombra de Bolivia, Ecuador y Perú), efectivamente, además del cinturón de seguridad establecido por la Armada de Estados Unidos en las Indias Occidentales. Y con el Hemisferio Occidental bajo su dominio, Estados Unidos pudo, a partir de ahí, afectar el equilibrio de poder en el Hemisferio Oriental. Las victorias estadounidenses en las dos guerras mundiales y en la Guerra fría fueron construidas originalmente sobre la geopolítica del Gran Caribe.

No obstante, cuando las distancias se colapsan, en un mundo más densamente poblado y crecientemente unido por la tecnología, el Gran Caribe vuelve nuevamente al palco.” 

EL MUNDO DE HOY

En aquel entonces. Estados Unidos empezaba su malhadada intervención en el conflicto de Siria, luego de haber encabezado la devastadora intervención militar en Libia, que convirtió al país más próspero de África en un infierno terrenal de luchas armadas ente tribus y pandillas, y en una plataforma de entrenamiento y de exportación de yijadistas para intervenciones en otros países blanco de los planes de Washington, como la misma Siria.

Hoy, los resultados de la súper extensión militar de Estados Unidos y las limitaciones estratégicas de su pauta hegemónica está a la vista de todos:

1) la incapacidad de someter a Siria y a Irán al plan de “cambio de régimen”;

2) el trastorno de las relaciones con Turquía, miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que se alió a Rusia y a Irán para solucionar el conflicto de Siria;

3) el papel cada vez más firme de Rusia como contestataria del excepcionalismo hegemónico, en el Medio Oriente, en especial, y en su alianza de hecho con China;

4) el fracaso de las negociaciones con Corea del Norte, provocado por la falta de intención de cualquier contrapartida estadounidense al desmantelamiento del programa nuclear militar del país asiático, frustrante para los aliados regionales de Corea del Sur y Japón, y que deja el camino abierto para una mayor influencia de China y de Rusia en la posible normalización de las relaciones en la península coreana;

5) el tremendo choque con Europa Occidental en torno de cuestiones como el acuerdo nuclear con Irán y las sanciones contra Rusia, que se ha hecho evidente en las recientes conferencias de Varsovia y de Múnich. Sin sorpresa, Italia acaba de anunciar su intención de participar activamente en la Iniciativa Cinturón y Ruta China, punta de lanza de los esfuerzos para la integración económica de Eurasia.

Gobierno brasileño propone la construcción de 8 plantas nucleares

El Ministerio de Minas y Energía (MME) anunció su intención de retomar a gran escala el programa nuclear nacional con la construcción de entre cuatro y ocho nuevas plantas nucleares. La información fue confirmada en una nota divulgada por el ministerio para defender la terminación de la planta Angra 3.

Para el sector nuclear, la conclusión de Angra 3 es importante, porque escalará toda la cadena productiva del sector, desde la producción de combustible hasta la generación de energía. Esto se vuelve más importante cuando se toma en cuenta que Brasil necesitará invertir en energía para el futuro, en función del aumento de la demanda y el agotamiento del potencial hidroeléctrico “, dice la nota reportada por el periódico O Estado de Saõ Paulo del 22 de enero de este año.

La nota prosigue afirmando que “El Plan Nacional de Energía 2030 (PNE) prevé la construcción de entre cuatro y ocho plantas nucleares en el país. Escenario que tiende a confirmarse por el PNE 2050.”

Actualmente, solo existen dos plantas nucleares en operación, Angra 1 y 2, las cuales generan el 1.1% de la generación nacional de electricidad.

Los planes de expansión de generación nuclear fueron casi olvidados por los últimos gobiernos, por la conjunción de situaciones. Una la falta de los recursos destinados a las inversiones públicas, debido a que la prioridad era el cumplimiento del servicio de la deuda pública-; la otra por la negligencia de los gobiernos con la energía nuclear, apoyada en argumentos ambientalistas radicales. Por eso, la conclusión de Angra 3 deberá ser fundamental para marcar el cambio del rumbo imprescindible para la seguridad energética del país.

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De Lisboa a Vladivostok: Macrón instiga a los líderes en un orden mundial quebrantado

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Política Global, por Elisabeth Hellenbroich //

MSIa Informa. Una semana antes de la reunión cumbre del G 7 realizada en Biarritz, Francia, del 23 al 25 del mes pasado, el Presidente Francés, Emmanuel Macron, y el Presidente de Rusia, Vladimir Putin, se reunieron en la ciudad francesa de Fort Bregancon.  Esta reunión fue un cambio trascendental del presidente francés:  una señal a Estados Unidos y al resto del mundo de que se debe elegir una nueva orientación hacia Rusia.

Este movimiento de piezas se debe ver en el marco del espectacular rompimiento del tratado contra proyectiles de alcance medio (INF) anunciado por el Presidente norteamericano, Donald Trump, el 2 de agosto, seguido poco después por Putin.

Con el rompimiento del tratado se establece un peligroso precedente que podría conducir a un rearme de Europa.  Macron era hasta hace dos años muy crítico de Rusia y ahora pide integrarla en una nueva arquitectura de seguridad europea de Lisboa a Vladivostok.  Este concepto de seguridad de “Lisboa a Vladivostok” fue la idea original de la célebre Carta de la Conferencia de París de 1990.

En la conferencia conjunta luego de su reunión con el presidente Putin, Macron llamó a Rusia “potencia europea” misma que “debe tomar su lugar en la nueva arquitectura de seguridad”.  Habló sobre la necesidad de crear una Europa de Vladivostok a Lisboa y recordó la herencia de Catalina la Grande como representante de la orientación europea de Rusia, y respaldó plenamente la idea de que Rusia se ha convertido en miembro del Consejo Europeo:

Tenemos que llevar a Rusia a Europa, ya que es una potencia europea dada su historia y su geografía,” dijo.  El primer paso en esa dirección sería la solución del conflicto de Ucrania, que es también la condición para que Rusia regrese al G 7.  Macron agregó que la crisis de Irán es un tópico de análisis importante, puesto que es necesario encontrar formas de hacer menos grave la crisis, y señaló que está en comunicación con el presidente Trump y con el presidente Rohani.

Putin, subrayó que ambos presidentes analizaron bilateralmente la situación internacional.  Reiteró que no fue Rusia la que se retiró unilateralmente de los tratados ABM e INF.  “Nuestras ofertas sobre el START están sobre la mesa, así como también las destinadas al tratado de prohibición de pruebas nucleares.”  Señaló con claridad que si Estados Unidos sigue adelante con sus planes y estaciona nuevos misiles crucero -Rusia hará lo mismo.  Ambos presidentes acordaron organizar una nueva reunión en el formato de la de Normandía para analizar la situación ucraniana (este formato incluye a Rusia, Ucrania, Alemania y Francia).  Sin embargo, ambos mandatarios subrayaron que dicha reunión sólo tendría sentido si se alcanzan ciertos resultados concretos. 

Putin especificó que esto obliga a “poner en práctica la fórmula Steinmeier sobre la condición jurídica especial de Donbás”.

Putin, en el periodo de preguntas y respuestas, recalcó la importancia de las relaciones franco-rusas, dado que ambos países pelearon del mismo lado durante la Segunda Guerra Mundial. También subrayó que aparte del G 7 hay otras instituciones internacionales como el G-20, los BRICS y la Cooperación de Shanghái, en los que Rusia tiene un papel destacado.  “Hay grandes potencias como China e India y otras en el G-20 que juntas representan el 90 por ciento de la economía mundial,” dijo.

LA REUNIÓN DEL G 7 EN BIARRITZ

Con la reunión franco-rusa una semana antes de la reunión de los mandatarios del G 7, el escenario estaba puesto por el presidente Macron para albergar una reunión que, a diferencia de las anteriores, inició su rutina en medio de enormes desacuerdos políticos.  No hubo comunicado final, pero el centro del debate fue el candente tema de Irán y el acuerdo JCPOA, que Europa quiere mantener, al tiempo que Estados Unidos ha creado un conflicto de gran magnitud.  La verdadera jugada maestra de Macron fue que invitó al ministro de Relaciones exteriores de Irán, Mohammad Zarif, a Biarritz, no para asistir a la reunión, sino para reunirse con el ministro francés del Exterior, Jean-Yves le Drian.  El resultado fue que el presidente Trump bajó el volumen de su retórica.  También el presidente Rohani señaló el interés en una reunión, si se cumplían ciertas condiciones.

Zarif, en una entrevista concedida al periódico alemán Suddeutsche Zeitung en la víspera de su partida a Biarritz, explicó que el JCPOA estaba cimentado en dos pilares: uno obligaba a Irán a utilizar su programa nuclear exclusivamente con fines pacíficos; el otro, obligaba a la comunidad internacional y a las partes a asegurar que las relaciones económicas con el resto del mundo se normalizarían.  “En la medida que los europeos comiencen a cumplir sus obligaciones, dijo, nosotros retiraremos nuestras contramedidas.”  Según Zarif, esto podría hacerse en “cosa de horas.”  Una consecuencia concreta para Irán es que podría vender 2 millones y medio de barriles de petróleo como era antes de que el acuerdo nuclear fuera cancelado unilateralmente por Estados Unidos.

Además, Zarif pidió “puesto que Estados Unidos no puede imponer su voluntad a Europa.  Europa tiene que reaccionar.”  Se refirió a los 11 punto del JCPOA firmado con Europa que da garantías a las compañías europeas en Irán.  “Queremos tener la posibilidad de vender nuestro petróleo por dinero.”  Mencionó que Irán ha sufrido pérdidas por miles de millones de dólares a causa del estado catastrófico de su economía, con una moneda que ha perdido 75 por ciento de su valor.  “Europa, se lamentó, se limita a declaraciones en el sentido de que quiere mantener el acuerdo mientras que el pueblo de Irán pierde sus empleos y sus ingresos.”  Por ello, dijo, el problema es “entre Irán y Europa”

Zarif también subrayó que “desde hace semanas Irán trabaja con Macron, quien trata de mediar.  Hemos tenido buenas reuniones.  No queremos la guerra -otros están empujando a Trump a esto”.  Reiteró que esto es esencialmente una cuestión de “guerra y paz” y que Irán no desea verse arrastrado a la guerra.

VISIÓN DE UNA EUROPA SOBERANA

Vale la pena observar la ofensiva geoestratégica que está conduciendo Macron, quien está llenando el vacío de poder que han dejado Alemania, Italia -que está todavía formando un nuevo gobierno- y Gran Bretaña, que está del lado de Estados Unidos.  En el discurso pronunciado en la reunión anual de embajadores franceses en París el 27 de agosto, Macron describió lo que él llamó su “visión” de una “Europa soberana.”  Habló de una estrategia de audacia y condenó con firmeza a los que quieren apartar a Rusia de Europa.  La vocación de Rusia es aliarse con China, dijo Macron.  Recalcó que vivimos en el “Fin de la hegemonía occidental” y nuestra tarea, dijo a los embajadores, es crear una “civilización europea” fundada en los principios humanistas del pasado.  “Tenemos que ser audaces y correr riesgos” en lugar de permanecer inmóviles.  “Necesitamos construir un arco de confianza y de seguridad con Rusia, así como disponer de una estrategia con respecto a las nuevas potencias emergentes como China, India y África.”

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MUNDO

La división susbsiste sin barreras físicas; la cicatriz alemana se abre treinta años después

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Política Global, por Luis Rivas //

(Cortesía Sputnik Mundo).- Si la crisis de los partidos tradicionales golpea a toda Europa, en Alemania pone de manifiesto, además, la fractura todavía abierta entre los dos territorios que hace casi treinta años celebraron la reunificación.

El auge espectacular del partido nacionalpopulista Alternativa para Alemania (AfD) en las elecciones de dos ‘länder’ de la antigua República Democrática Alemana —Brandenburgo y Sajonia— representa un nuevo aviso para la coalición que gobierna desde Berlín y también para todas las fuerzas políticas clásicas del país.

El establishment, con sus medios de comunicación al frente, debería admitir que blandir el espantajo de la amenaza nazi ya no es un argumento para frenar un voto que nació como protesta en la ex Alemania del Este, pero que está enraizándose como un sentir con mucho margen de desarrollo futuro.

Treinta años después de la desaparición del Muro de Berlín, la división permanece sin barreras físicas. Otro muro político, social, económico, y psicológico se está erigiendo en las fronteras que separaban a las dos Alemanias. AfD, un partido populista de derecha que ha sabido capitalizar el descontento en el Este del país, nada tiene que ver con la ideología que dirigió la antigua RDA (República Democrática Alemana) durante 41 años.

Si para cierta parte de la población la ‘ostalgie’, la nostalgia de la época pasada, supone un agarradero, los dirigentes de AfD retoman las consignas políticas que la oposición a la Alemania comunista gritó durante las manifestaciones previas a la caída del Muro: “Nosotros somos el pueblo”, afirman, arrebatando a la disidencia de entonces el lema utilizado contra el SED, el Partido Socialista Unificado de la Alemania del Este.

SENTIMIENTO DE HUMILLACIÓN

Politólogos, escritores, periodistas, sociólogos y sicólogos intentan explicar el descontento de los ciudadanos del Este del país, casi 29 años después de la reunificación. Los miles de millones de euros que se transfirieron a esa zona para intentar poner en paralelo las economías de las dos zonas, no fueron suficientes para compensar el sentimiento de humillación sufrido por muchos ciudadanos de la ex República Democrática de Alemania (RDA).

Tres décadas después, alemanes del Oeste reprochan a sus vecinos ‘ossis’ (alemanes del este) sus lamentos y les indican cómo otros países de la Europa Central y Oriental han sabido instalarse en el sistema capitalista sin la generosa ayuda del entonces Gobierno de Bonn.

Es otra invectiva que los alemanes del Este no pueden admitir. Cierto, el Gobierno conservador de Helmut Kohl y los posteriores han gastado miles de millones de euros en subvenciones, pero no podían frenar otro tipo de fenómeno que la adaptación al sistema de libre mercado implicaba: el cierre de industrias consideradas no rentables; la compra de otras por empresas del Oeste y su inevitable reestructuración, la llegada de directivos y políticos de la élite occidental para dirigir los destinos de la unificación…

Desde 1991, el territorio del Este no ha podido frenar la sangría de más de un millón doscientos mil ciudadanos. La generación que rondaba los 50 años en el momento de la desaparición del Muro no pudo hacer valer sus experiencias laborales en una nueva realidad competitiva que les consideraba atrasados y desfasados. Como se repite estos días en todo el país, de héroes de la clase trabajadora pasaron a ser asiduos visitantes de las oficinas de empleo.

Resentimiento es la palabra que se utiliza también repetidamente para mostrar esa queja. Pero los ciudadanos de los ‘länder’ del Este no quieren quejarse por falta de dinero: “No queremos subvenciones, queremos un futuro”. Consideran que, si bajo el antiguo régimen les imponían políticas sin ser consultados por el partido único, hoy sus quejas no son escuchadas por los grandes partidos.

En ese terreno, el nacionalpopulismo ha conseguido plantar su simiente, jugando con otro factor determinante como es la inmigración masiva aceptada por el Gobierno de Angela Merkel en 2015. Al igual que en otros países de Europa, las zonas menos favorecidas acogen a los recién llegados. Ese ‘Wilkomen’ decretado por Merkel, una ciudadana de la ex Alemania del Este, provoca una reacción comparativa entre los alemanes y también como en otras latitudes del Continente, se repite la misma queja: “¿Por qué los extranjeros tienen derecho a lo que a los nacionales nos niegan?”

Obreros y jóvenes votan mayoritariamente a AfD en una parte del país donde solo el 44% de los consultados se sienten “alemanes” y prefieren considerarse parte de un país menospreciado por Berlín.

Que alguno de los miembros de AfD tenga un pasado poco claro y haya flirteado con grupos de la derecha radical, no justifica que sus votantes puedan ser considerados simpatizantes del nazismo, como muchos medios de prensa quieren hacer ver, en un ya conocido reflejo de pereza intelectual interfronteras.

TURINGIA, REDUCTO DE IZQUIERDA, A LAS URNAS

Tras Brandenburgo y Sajonia, Alemania se prepara para otras elecciones en otro ‘länd’ del Este, Turingia. Es el único territorio del Este dirigido por la izquierda. Su ministro-presidente es, desde 2014, Bodo Ramelow, un exsindicalista nacido en Alemania Occidental, miembro del Partido Die Linke (La Izquierda), que gobierna con el apoyo de socialdemócratas y verdes. Die Linke es considerado el partido heredero del SED por muchos alemanes. La asociación de víctimas de los antiguos servicios secretos reaccionó a la victoria de Die Linke en 2014 declarando que “los antiguos camaradas del SED y los chivatos de la STASI dirigen ahora Turingia”. Ramelow presentó públicamente excusas a las víctimas de la STASI.

Según sondeos realizados a finales de agosto, Alternativa para Alemania (AfD) obtendría el 21% de los votos, Die Linke, 26. Si ello se confirma, Die Linke salvaría el honor de la izquierda. Su partido en Brandenburgo y Sajonia apenas ha rebasado el 10% de adhesión popular. Sus dirigentes han catalogado los resultados como “un desastre”.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

 

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La Reserva Federal de Estados Unidos, intimidada por Donald Trump

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Por MSIa Informa, Septiembre de 2019 //

La edición de este año de la importante conferencia anual de los potentados monetarios globales en Jackson Hole, Wyoming, Estados Unidos, fue dedicada a los “Desafíos de política monetaria”, pero de ella salieron muy pocas y escasas ideas y propuestas.

El evento fue marcado por las provocadoras declaraciones del presidente Donald Trump contra el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell. Incluso el tan esperado discurso de Powell fue decepcionante, básicamente, aventurándose en una fallida revisión de la historia monetaria de pos-guerra hasta el presente.

La dividió en tres fases:

La primera, de 1950 a 1982, fue descrita como una etapa de “inestabilidad y alta inflación”. En ella, la política de “Fed” fue direccionada hacia una estabilización del tipo “stop-and-go” con un fuerte uso de tasas de interés para corregir la sucesión de momentos recesivos y el sobrecalentamiento del sistema económico. El efecto de este yo-yo fue una explosión de inflación.

En su reconstrucción histórica, Powell evitó decir que la tasa de descuento de “Fed” en e l período 1980-82, llegó a pasar del 20% con efectos bastante negativos para la economía de los propios EUA y, principalmente, para los países más débiles del Tercer Mundo y también de Europa, comenzando por Italia. El vertiginoso crecimiento de la burbuja de la deuda pública también se debe a esos intereses estratosféricos.

La segunda fase, de 1982 a 2009, la caracterizó como de “mucha moderación y una gran recesión”. Según Powell, fue un período de mayor control, con inflación bastante estable acompañada por algún crecimiento económico. Los mercados habían sido perturbados por eventos financieros no relacionados a los EUA: la crisis de la deuda pública de Rusia en 1998, el fracaso del fondo hedge especulativo Long Term Capital Management (LCTM) y la crisis financiera y monetaria de los Tigres Asiáticos.

De repente, surgieron “excesos financieros” que llevaron a la crisis global de 2008. Inexplicablemente, Powell se pregunta si “la expansión económica prolongada no lleva inevitablemente a excesos financieros desestabilizadores”. Según dice, los mercados tenderían a olvidar los efectos de crisis pasadas y se aventurarían en márgenes financieros más arriesgados.

Pero, incluso sobre este asunto, el jefe de “Fed”, oportunistamente, dejó de mencionar dos decisiones fundamentales tomadas por su gobierno, lo cual, en nuestra opinión, tuvieron una mayor responsabilidad en la desregulación financiera.

La primera, en 1998, fue la cancelación de la Ley Glass-Steagal, promulgada por el presidente Franklin Roosevelt en 1933, que separó a bancos comerciales de los de inversión, prohibiendo a los primeros usar capitales y depósitos de sus clientes en actividades especulativas. La segunda fue la aprobación de la Ley de Modernización de Futuros de Commodities de 2000, la cual, por desgracia, “modernizó” los derivados conocidos como OTC (over-the counter o fuera de ventanilla), eliminando los límites para tales operaciones determinados por la legislación de la década de 1930. Todo esto catapultó al sistema bancario estadounidense e internacional hacia las aguas turbias las finanzas más arriesgadas y especulativas.

La tercera fase, de 2010 hasta la fecha, en los EUA, se caracteriza por una inflación estable en torno al 2% y una creciente tasa de empleo. De Acuerdo con Powell, los retos para “Fed” son casi todos externos: la desaceleración del crecimiento global, la política de Tasa de interés y las incertidumbres de las políticas comerciales. A esto, le agrega complicaciones geopolíticas, como el Brexit, las tensiones en Hong Kong y la reciente disolución del gobierno italiano.

Admite prestar atención a los efectos hacia la economía estadounidense de imposición de tarifas sobre las importaciones de China hecha por Trump, pero olvida la creciente burbuja de la deuda corporativa, considera moderado el peligro de inestabilidad financiera y no ve riesgo de nuevas burbujas financieras, préstamos insostenibles y otros excesos financieros semejantes a los anteriores a 2008.

De este modo, Powell intentó evitar una confrontación directa con Trump.

Esther L. George, presidente de la Reserva Federal de Kansas City, quien no compartía las políticas económicas del presidente estadounidense intervino en su apoyo. Con una metáfora, ella recordó que en el parque de Jackson Hole existen avisos que alertan a los turistas a no alimentar a los osos, pues estos se acostumbrarán a la comida ofrecida, en caso contrario, intentarán morder a los propios turistas. La alusión es evidente.

Tal vez por excesiva prudencia, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, a fines de su mandato, no haya asistido a Jackson Hole este año. Ya la intervención de Mark Carney, gobernador del banco de Inglaterra, tuvo alguna importancia, destacando los enormes riesgos del Brexit para la economía británica, especialmente sin un acuerdo de salida con la Unión Europea (UE). Según él, habría una caída de la libra, inflación más alta, menor demanda, serios daños comerciales, graves incertidumbres y condiciones financieras negativas. La economía real se trabaría peligrosamente, también, debido a la desaceleración en el aprovisionamiento de productos de la UE.

Igualmente, destacó los riesgos inherentes a una prolongada política de tasas de interés cero, cuantificando en 16 billones de dólares la cantidad global de títulos de deuda negociados con tasa de interés negativa.

De nuestro lado, pensamos que la estabilidad económica no puede basase solamente en políticas monetarias. Se necesita definir políticas de inversión e innovación en todos los campos de la economía y sectores sociales, para promover el crecimiento y el desarrollo reales, de los cuales existe una absoluta necesidad en la mayor parte del planeta.

 

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