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Presentan libro: La misión de Rusia, en el actual cambio de época

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La ideas centrales del orden unilateral

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En el actual cambio de época

Por Lorenzo Carrasco

La irrupción estratégica a escala global de Rusia es, sin lugar a dudas, uno de los mayores acontecimientos universales modernos. Lo que nos proponemos en este libro, al compilar varios artículos sobre ese tema, es indagar el papel que tendrá en el cambio de época histórica que se gesta. Ya en sí mismo, el resurgimiento de Rusia constituye un evento no lineal, si partimos del papel que las potencias occidentales atribuían a un país que salía del cautiverio comunista de setenta años y que se suponía debería quedar preso de un nuevo orden mundial unilateral después de superada la Guerra fría.

El derrumbe del Muro de Berlín en 1989 y la disolución del Imperio soviético en 1990 provocó la euforia de los ideólogos del poder hegemónico angloamericano, quienes creían tener la oportunidad de su vida para hacer realidad un viejo sueño: imponer una asfixiante estructura de poder mundial sobre los escombros, no solo de los estados nacionales de los países cubiertos del paraguas soviético, sino sobre absolutamente todos los demás, es decir un sistema maltusiano de soberanías limitadas dirigido por un poder financiero y militar global.

La agenda unimundista impuso el examen de admisión para poder ingresar al sistema de la globalización financiera, disciplinarse al designio de la denominada soberanía limitada bajo pretextos diversos (medio ambiente, derechos humanos, problemas indígenas), cuestiones de identidad, como la ideología de género etc., y como garantía, la utilización de fuerza militar cual política externa angloamericana unilateral. Nada del programa era original, sencillamente se apegaron ipsis litteris al ideario del Leviatán del ideólogo británico Thomas Hobbes cerebro de la política exterior de las potencias coloniales, veamos: “bellum omnium contra omnes” (la guerra de todos contra todos) en semejante guerra nada es injusto. En esta guerra de todos contra todos se da una consecuencia: que nada puede ser injusto. Las nociones de derecho e ilegalidad, justicia e injusticia están fuera de lugar. Donde no hay poder común, la ley no existe; donde no hay ley, no hay justicia. En la guerra, la fuerza y el fraude son las dos virtudes cardinales.” (Leviatán, Capítulo XIII).

¿Acaso no fueron la invasión a Panamá en diciembre de 1989 y la Guerra del Golfo en 1991 las señales inequívocas del trato hobbesiano que recibirían las naciones rebeldes de esa agenda unimundista?

Fue también en este clima dónde surge la unificación alemana, que bien podría haber sido el mensaje de un renacimiento económico global, pero de inmediato vilipendiada por la primera ministra inglesa Margaret Thatcher como si fuese el peligro del advenimiento de un Cuarto Reich; una nueva Alemania nazi. Luego, los Tratados de Maastricht, firmados en febrero de 1993, fueron la camisa de fuerza que se colocó a las naciones europeas para controlar el desarrollo económico a la par de su sometimiento a la agenda contracultural o postmoderna claramente anticristiana, mediante la dictadura ejercida por la burocracia de la Unión Europea (UE) enseñoreada en Bruselas.

LAS IDEAS CENTRALES DEL ORDEN UNILATERAL

Tres documentos, entre muchos otros, son característicos de este orden. El primero, El Fin de la Historia y el Último Hombre publicado en 1992 por Francis Fukuyama. La tesis central transcurría en que, con la disolución del imperio soviético, el occidente liberal sería el Titán victorioso de la Guerra fría. La muerte del comunismo y la lucha de clases creaban las condiciones para el establecimiento de un Gobierno Mundial universal y evidentemente, eterno.

El segundo documento El Choque de Civilizaciones escrito en 1996 por el profesor de Harvard, Samuel Huntington, defendía la tesis de que con el fin de la Guerra fría, el sistema de dominación maniqueo debía de desplazarse de la lucha del liberalismo occidental contra el comunismo, hacia un choque de civilizaciones, principalmente entre el Occidente cristiano y el mundo musulmán, pero también entre el Occidente y la China en ascensión. Si bien existía ya en la época el grupo Al Qaeda comandado por la figura de Osama Bin Laden, es verdad que su creación fue obra de las agencias de inteligencia de Estados Unidos, Gran Bretaña, Israel, Arabia Saudita y Paquistán, con el propósito de combatir a la Unión Soviética en la Guerra de Afganistán.

Irónicamente, Bin Laden fue el primero en entender el cambio de orientación de la lucha contra el comunismo hacia el choque de civilizaciones. Si esta no hubiese sido su intención, de cualquier forma sirvió perfectamente para dar veracidad al nuevo maniqueísmo de Huntington.

La Guerra del Golfo en 1991, los bombardeos continuos y la invasión norteamericana de Irak en 2003, crearon las condiciones para el surgimiento de una forma diabólicamente radical de extremismo islámico. El nacimiento del Estado Islámico en 2014 como la Primavera Árabe, iniciada tres años antes, tenían el propósito de derrocar los regímenes seculares en el mundo árabe, establecer estados clericales y exterminar las minorías cristianas en el Medio Oriente. Como nos explica el sacerdote argentino Alfredo Sáenz en su artículo en este libro, las comunidades originarias del cristianismo en el Medio Oriente fueron casi eliminadas, sin que las potencias occidentales levantaran su voz y sus armas en su defensa.

Estaban así creadas las condiciones de un choque total de civilizaciones. El Estado Islámico se alimentaba de brigadas de jóvenes provenientes del propio Occidente para enfrentar una Europa apóstata. Un terrorismo islámico occidental que ayudado por olas de migrantes musulmanes pretendía dar muerte a una civilización culturalmente suicida.

EL GRAN TABLERO MUNDIAL

El tercer documento, El Gran tablero Mundial, la supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos, fue escrito en 1997 por el exconsejero de Seguridad Nacional estadounidense, Zbigniew Brzezinski. En el libro, Brzezinski retoma la orientación geopolítica británica que causó las dos Guerras Mundiales en el siglo XX, intentando establecer un nuevo cerco contra Rusia, política que orientó la actual extensión de la OTAN hacia las fronteras de Rusia, así como el cambio de régimen en Ucrania.

Para Brzezinski la subversión de Ucrania impediría el resurgimiento de Rusia como una potencia euroasiática. De la misma forma, consideraba contrario a los intereses hegemónicos estadounidenses el establecimiento de coaliciones euroasiáticas entre países como China, Rusia o Irán. La crisis ucraniana y la incorporación de Crimea a Rusia, provocaron lo que Brzezinski también deseaba, el alejamiento entre Rusia y Europa Occidental, especialmente Alemania.

Con base a las premisas de los tres trabajos anteriores fue fundado en 1997 el Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense (Project for the New American Century – PNAC) del cual participaron importantes miembros del Partido Republicano, a saber: Donald Rumsfeld, Paul Wolfowitz, Jeb Bush, Dick Cheney, Francis Fukuyama y muchos otros ligados al Complejo Industrial Militar estadounidense. El axioma del proyecto era que ya estarían dadas las condiciones para un dominio hegemónico planetario hacia el siglo 21, una Pax Americana.

 

Explota en nuevo orden mundial iniciado en 1991

Es claro que el llamado Nuevo Orden Mundial iniciado en 1991, o el proyecto de Un Nuevo Siglo Estadounidense de 1997, explotó por la derrota del Estado Islámico en Siria, especialmente después de la caída de Alepo en diciembre de 2016, cerrando el espacio para la continuación de bombardeos, por lo menos en lo que toca al Oriente Medio. Quiere decir que el intento de crear un gobierno mundial ha fracasado. No obstante, no quiere decir que podemos regresar a las condiciones de la Guerra fría, por más que el poder angloamericano insista en separar a Rusia del destino europeo, como pretendía Brzezinski en su tablero geopolítico. Putin ha insistido, una y otra vez, que Rusia es una nación que tiene sus raíces en Europa así lo dijo el canciller ruso, Sergei Lavrov en su artículo: Bases espirituales de la política exterior rusa. “Rusia es esencialmente una rama de la civilización europea”. Por otro lado, regresar al espíritu de la Guerra fría en un mundo en que no existen las reglas de esferas de influencia definidas, establecidas en el mundo anterior a 1990, es caminar hacia el abismo de la guerra termonuclear.

El declive estratégico evidente de los Estados Unidos tanto en relación con Europa y con el resto del Mundo, no presupone un cambio de potencia hegemónica y de moneda de reserva mundial como la que se experimentó en el inicio del siglo 20, en el relevo del Imperio Británico y la libra esterlina por los Estados Unidos y el dólar. No hay más espacio histórico para una nueva hegemonía. El hecho que ni Europa Continental, ni China, ni Rusia, tengan capacidad de sustituir a los Estados Unidos, no implica evidentemente que estos permanecerán dando las órdenes al mundo, por más que insistan en su excepcionalismo enfermo.

Esto nos presenta una paradoja histórica que cuestiona la llamada “trampa de Tucídides”, según la cual el declive de una potencia y su eventual sustitución por otra emergente, implica necesariamente un conflicto bélico total. Si bien esta trampa puede haber sido válida desde las Guerras del Peloponeso descritas por Tucídides, en el presente histórico implicaría la total destrucción de la civilización. De hecho la doctrina nuclear de la Destrucción Mutua Asegurada durante la Guerra fría (MAD en su sigla en inglés) era ya el preludio de esta inflexión en la historia de la Humanidad, que la oligarquía angloamericana ignoró a lo largo de los últimos 30 años. El desarrollo de las armas hipersónicas anunciadas por el presidente Putin el 1 de marzo de 2018 prueba que la proyección de poder de una potencia sobre otra resulta absolutamente inocua. Avances tecnológicos semejantes están siendo desarrollados por China.

Esta realidad singular nos lleva a otro aspecto más profundo. El anuncio de Putin sobre la impresionante colección de nuevas súper armas estratégicas, no solamente muestra una superioridad tecnológica militar rusa, sino por fortuna, una oportunidad, especialmente dirigida a los Estados Unidos, de explorar un camino de entendimiento dirigido a un nuevo orden mundial multipolar y cooperativo, que es la condición sine qua non para sembrar el camino del progreso y la paz mundial.

Tanto el presidente Putin como el canciller Serguei Lavrov han insistido en el camino que llaman “un espacio común de paz, seguridad igual e indivisible y cooperación mutua en la zona, del Atlántico al Pacífico,” lo que permitiría la sintonía de esfuerzos para echar a andar un gran proyecto de integración euroasiática del cual China está dispuesta a encabezar. El desarrollo de Eurasia, abrigando dos tercios de la población mundial, representa un corredor de estabilidad en una región atravesada por zonas de conflicto endémicas. Romper con las viejas ideas de la geopolítica británica actualizadas por Brzezinski, y unir a los mismos Estados Unidos a los beneficios económicos del esfuerzo, es el único camino a un mundo cooperativo. Es, pues, claro que la misión de Rusia es ser la liga entre Oriente y Occidente.

 

Cardenal Juan Sandoval: “Rusia no es comunista; regresa al cristianismo”

El Cardenal Juan Sandoval Iñiguez tras recomendar la lectura del libro La misión de Rusia en el cambio actual de época,  porque abre una perspectiva amplia y completa de lo que pasa con el Nuevo Orden Mundial y el papel que juega aquel gran país y su líder Vladimir Putin.  

El líder religioso católico hizo la invitación al participar en la presentación del libro referido editado por el Foro de Guadalajara en la sede de la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística del Estado de Jalisco, (México).

Al explicar la condición que vive actualmente el Nuevo Orden Mundial y el gigante euroasiático, desvirtuado por occidente, dijo que “Rusia no es comunista, sino un país místico”, que vive una férrea fe cristiana.

En una semblanza histórica recorrió aspectos socio políticos desde la Guerra Fría, la Perestroika y el nuevo orden mundial y calificó que este libro resulta “interesantísimo” como un moderno referente de la transformación de este gran país, Rusia.

Luego, afirmó que, “el comunismo pasó y ahora Rusia vuelve a su cristianismo”. Se refirió al presidente Vladimir Putin como el mandatario más hábil del mundo. “Es un cristiano como jefe de Estado. Habla del cristianismo no confesional, sino hecho práctica. Habla del cristianismo como el motor de la cultura rusa”.

Ponderó la religiosidad del Estado ruso que ha llevado a cabo su transformación, saliendo del comunismo. Hizo una analogía respecto al pueblo mexicano “que en algunos sectores se dice fervoroso de sus creencias religiosas pero que lamentablemente se limitan a asistir a misa una vez por semana, aunque la presencia icónica de “la morenita” resulta importante para la religiosidad, algo similar, representa Fátima para los rusos.

El moderador Antonio Álvarez Esparza dijo que el libro “La Misión de Rusia”, enriquece el acervo de actividades del Foro Guadalajara, cuya primera edición fue en 2012, con el tema “Por la unión de los Estados Nacionales, la Justicia social y el bien común”.

La segunda edición en 2014, tuvo por título “Las bases para un nuevo orden internacional justo. La Política como forma superior de Caridad”. Recordó que en 2013 se llevó a cabo el Foro Sindical Brasil-México, patrocinado por la central de Sindicatos Brasileños (CSB) y la Federación Revolucionaria de Obreros y Campesinos del Estado de Jalisco, en la ciudad de Rio de Janeiro, en Brasil.

Explicó que el libro contiene tres partes en 158 páginas. Estos tres capítulos son: La propuesta para un nuevo orden mundial; Rusia y Occidente; y acercamiento histórico de los dos pulmones católico y ortodoxo.

Participó también en la presentación del libro Lorenzo Carrasco, quien junto con su esposa, Silvia Palacios, coordinaron la edición respaldada por la editorial Capax Dei, la Federación Revolucionaria de Obreros y Campesinos del Estado de Jalisco (FROC) el Movimiento de Solidaridad Iberoamericano (MSla), representado en Guadalajara por Ángel Palacios y Verónica Cruz, y por el informativo Página Iberoamericana.

Este compendio contiene textos de: Vladimir Putin, presidente de Rusia; Dr. Ján Carnogurský, Padre Alfredo Saénz SJ, Elisabeth Hellenbroich, Anno Hellenbroich, Paolo Raimondi, Silvia Palacios, con la traducción de Luis Nava y fecha de edición enero de 2019.

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El viraje de Grecia hacia la derecha: ¿Por qué Tsipras perdió el poder?

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Por Francisco Herranz //

Atenas ha virado a la derecha. Una mezcla de rabia ciudadana, decepción popular y absentismo electoral ha arrebatado el poder a Alexis Tsipras, el carismático líder de la formación Syriza o Coalición de la Izquierda Radical.

Grecia vive aún en una situación muy precaria. El panorama continúa siendo negro y poco optimista. Aunque es cierto que la economía ha empezado a crecer lentamente (1,4% en 2017 y 1,9% en 2018), el abismo al que se enfrentó el país helénico ha empobrecido y desengañado a su sociedad. Nada será igual que antes. Ha pasado una década —tempus fugit, que decían los latinos— y parece que no han salido del todo de la pesadilla.

La Iglesia ortodoxa griega da cada día de comer a 20 mil personas, a los jubilados les bajaron las pensiones en 23 ocasiones en los últimos ocho años, el número de «sin techo» se multiplicó por cuatro, los salarios se recortaron en un 40%, los impuestos subieron a niveles increíbles, la clase media se ha empobrecido de forma masiva y 300.000 empresas desaparecieron.

Así mismo, la deuda subió al 185% del PIB (al comenzar la crisis era el 126%), el paro es del 18% (casi del 40% entre los jóvenes), muchos sectores económicos estratégicos están ahora en manos de empresas extranjeras, los servicios sanitarios han sufrido grandes recortes, un tercio de los griegos no tiene cobertura médica, y el 35% vive por debajo del umbral de la pobreza.

Han transcurrido 10 años desde que se desató la tragedia. Fue a finales de 2009 cuando se hicieron obvios los indicios que demostraban que Grecia era incapaz de pagar su deuda soberana, que ascendía a 300.000 millones de euros. También entonces se conoció que las autoridades griegas, con la complicidad necesaria del banco Goldman Sachs —uno de los gigantes multinacionales de Wall Street—, habían falseado ocho años antes los datos de su déficit público que entregaba a los funcionarios de la Unión Europea.

En 2001 Grecia buscaba fórmulas para ocultar sus graves problemas financieros. El Tratado de Maastricht de la Unión Europea (UE), suscrito en 1992, exigía a todos los Estados miembros de la zona euro que mejoraran sus cuentas públicas, pero Atenas iba en dirección contraria. Fue entonces cuando apareció Goldman Sachs y organizó para Grecia un préstamo secreto de 2.800 millones de euros disfrazado de «intercambio de moneda» fuera de los libros de contabilidad, una compleja transacción por la que la deuda griega en moneda extranjera se convertía en obligaciones cambiarias en moneda nacional usando un tipo de cambio ficticio.

Como resultado de esa operación, el 2% de la deuda griega desapareció de las cuentas nacionales. Y Goldman Sachs recibió 600 millones de euros por sus servicios prestados. El tercer pecador fue la propia UE ya que, hasta 2008, las normas contables comunitarias permitían a los países miembros administrar su deuda con esta clase de trampas.

El descubrimiento del engaño desembocó en tres rondas de rescates financieros —110.000 millones de euros en 2010, 100.000 millones en 2011 y 86.000 millones en 2015—, que pusieron a Grecia de rodillas y al borde de salir del euro.

Al llegar al poder en 2015, Tsipras quería acabar con las medidas de austeridad, y convocó un referéndum en julio de aquel año, en el cual dos de cada tres de los griegos que acudieron a votar rechazaron las condiciones del tercer rescate. Sin embargo, presionado por los «hombres de negro», los implacables tecnócratas profesionales del Fondo Monetario Internacional (FMI) y de la Comisión Europea, al final tuvo que aceptar lo que antes renegaba.

Los electores no han perdonado a Tsipras ni las promesas incumplidas ni los duros recortes sufridos durante su gestión. Las urnas han recogido el descontento de las clases medias. Los más radicales se han sentido traicionados. Pero el batacazo no es definitivo. Teniendo en cuenta el «bono» o premio que la ley electoral griega concede al partido más votado, Syriza solo ha bajado cuatro puntos porcentuales con respecto a sus resultados de 2015.

Todos los análisis auguraban una derrota mucho más pronunciada dada la debacle que había sufrido previamente en los comicios europeos, regionales y municipales. Además, Yanis Varufakis, el famoso pero efímero —duró sólo seis meses en el cargo— ministro de Finanzas de Tsipras entró en el Parlamento heleno con su nuevo partido antiausteridad y revisionista.

Eso significa que las fuerzas de izquierdas no están derrotadas sino que andan dispersas y enfrentadas entre sí. La baja participación electoral en un país donde el voto es obligatorio también jugó en contra de los candidatos de Syriza, beneficiando a los conservadores de Nueva Democracia y su máximo dirigente, el ahora primer ministro Kyriakos Mitsotakis.

Hubo otros factores que contribuyeron a la derrota de Tsipras. Las impresionantes imágenes de los incendios ocurridos en 2018 en Mati, en la región de Ática, que se llevaron la vida de casi 100 personas, fueron la triste confirmación de que la ineficacia del Estado griego no había desaparecido bajo el mando de Syriza.

Tsipras puso fin al largo conflicto con Macedonia del Norte a propósito de su nombre oficial. Eso fue un gran triunfo griego. Pero tuvo, sin embargo, un coste electoral indudable pues fomentó que la extrema derecha fortaleciera su discurso nacionalista en distintas partes de Grecia. Finalmente, la incómoda coalición con el partido de derechas Anel asoció a Syriza con figuras políticas muy desagradables para el electorado de izquierdas.

Es posible que Tsipras abandone Syriza para fundar otro partido más socialdemócrata, moderno y progresista. El reto de esa transformación pasa por ampliar su número de afiliados, es decir, aumentar el peso de su base en la sociedad, que es mucho menor que la que poseen organizaciones como Nueva Democracia o Kinal, el sucesor del Pasok, el histórico partido socialista griego.

El camaleónico político de 44 años ha abandonado la confrontación de antaño con las instituciones europeas y ahora se presenta como baluarte de los valores europeos ante el auge de la ultraderecha que barre Europa, incluida su patria. (Cortesía de Sputnik).

 

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El G20 en Osaka: ¿El fin del multilateralismo?

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Por Mario Lettieri y Paolo Raimondi //

(MSIa Informa).- La cumbre del G-20 en Osaka, esencialmente, fracasó. Se tiene la impresión de que los países participantes, los cuales representan el 80% del PIB (Producto Interno Bruto) mundial, no demostraron la capacidad y voluntad suficientes para “administrar” juntos los problemas y desafíos globales, perdiendo así la autoridad, la confiabilidad y la eficacia en la toma de decisiones.

El mundo corre el riego de ser desgarrado por conflictos económicos, financieros y monetarios, en los cuales los aranceles y venganzas sobre empresas se asemejan cada vez más a verdaderas guerras, aunque sin el uso de armas.

La resolución final de la cumbre, en verdad, se limita a reconocer que “las tensiones comerciales y geopolíticas se intensificarán. Seguiremos enfrentando esos riesgos y pretendemos estar listos para tomar otras medidas”. Es en verdad, ¡muy poco!

No se sabe bien a bien lo que en los últimos meses se haya hecho por cuenta de las Naciones que experimentan las diarias provocaciones del presidente estadounidense Donald Trump. Con la imposición de tarifas y sanciones. En Osaka, las palabras “tarifas” y “proteccionismo”, inclusive, desaparecieron, sin mencionarse en el documento final. En contraste, el término “proteccionismo” fue mencionado explícitamente en el comunicado de la cumbre del G-20 en Hamburgo, en 2017, antes de entrar al índex, cuando se declaró que era necesario “seguir la lucha contra el proteccionismo y todas las otras prácticas comerciales injustas, reconociendo el papel de los instrumentos de defensa comercial legítima”.

Se trata, por lo tanto, de un significativo paso en comparación con las cumbres anteriores del grupo.

El multilateralismo está, ciertamente, derrotado. Trump todavía cree que puede determinar unilateralmente todas las cuestiones geopolíticas  y geoeconómicas, mientras que la necesidad de abordarlas y resolverlas en conjunto es cada vez más evidente. Y no debe olvidarse que el papel de las Naciones Unidas también se ha erosionado cada vez más más.

De igual manera, hubo un retroceso en relación a la cumbre del G-20 en Buenos Aires, donde por lo menos se afirmó claramente “el compromiso de trabajar juntos para mejorar un orden internacional basado en reglas, capaz de responder efectivamente a un mudo en cambio continuo”. Incluso así, sin embargo, en un asunto delicado como la cuestión ambiental, Trump exigió que el acuerdo final quedase determinado “los EUA reafirman su decisión de retirarse del Acuerdo de parís”, el acuerdo de la ONU sobre el clima y la reducción de las emisiones de bióxido de carbono.

El fracaso de Osaka quedó demostrado también, por el hecho de haber prevalecido las reuniones bilaterales, aunque estas hayan sido realmente importantes. Agendarlas no es la tarea principal para la cual se creó el G-20.

Quizás, la reunión más significativa, al margen de la cumbre, haya sido la de los jefes de Estado del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y África del Sur), grupo que camina a representar más del 50% del crecimiento del PIB global para el año 2030. El grupo reafirmó el apoyo a un “comercio internacional transparente, no discriminatorio, abierto, libre e inclusivo. El proteccionismo y el unilateralismo van contra el espíritu y las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Reafirmamos el compromiso con el multilateralismo y el Derecho Internacional y apoyamos un sistema comercial multilateral basado en reglas, donde la OMC sea su centro”.

Empero, la resolución final de la cumbre contiene algunas ideas y propuestas relevantes. En primer lugar, el compromiso hacia la digitalización de todo el sistema económico y social y la mejora de la infraestructura, como un “motor de crecimiento económico y prosperidad”, el cual pueda involucrar inversiones privadas. Además, Osaka propone una ruta para la reforma que ya no puede ser demorada de la OMC, porque desde hace algún tiempo ya no refleja los procesos económicos reales y el papel de los nuevos actores internacionales.

Y, una vez más, los países de la Unión Europea (UE) apenas marcaron presencia, sin ninguna orden particular, concentrándose como lo hizo Italia, en los problemas “de casa” y de dentro de la UE. El largo viaje a Japón no fue bien aprovechado para mostrar al mundo que la UE es un ente capaz de intervenir, proponer e influenciar realmente las cuestiones globales.

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El peligro de una nueva crisis de los misiles cubanos

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Por Lorenzo Carrasco // 

MSIa Informa.- La determinación de la alianza estratégica Rusia-China en promover un nuevo ordenamiento cooperativo y no hegemónico del sistema mundial en un momento en que la dinámica que se gesta para un cambio de época es impredecible, es lo que los sectores más radicales del “establishment” de Estados Unidos se niegan a aceptar, al tiempo que encaminan al mundo a un conflicto de grandes proporciones.

De Washington no cesan de surgir muestras de que por lo menos algunos sectores de la élite “excepcionalistas” estadounidenses están dispuestos a ir hasta las últimas consecuencias para conservar la hegemonía política que el país ha sustentado desde el fin de la Guerra fría, ambición cada vez más desatinada.

Una de esas señales es el documento titulado “Operaciones nucleares” (Nuclear Operations) del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, el cual contiene “principios fundamentales y la orientación para planear, ejecutar y evaluar operaciones nucleares” (RT, 20/06/2019, documento original en este link). La orientación del texto es clara: El comando militar estadounidense sustenta la antigua y peligrosa ilusión de que es posible vencer en una guerra nuclear.

Utilizar armas nucleares (tácticas- n.e.) podría crear condiciones para resultados categóricos de una estabilidad estratégica,” afirma el documento, y agrega que su uso “cambiará fundamentalmente el alcance de una batalla y creará condiciones que afectarán la forma” en las decisiones que los comandantes asuman.

En otra parte, el texto menciona los bombardeos estratégicos nucleares (B-1 y B-2) como los que ofrecen el mayor grado de flexibilidad en la triada (nuclear, que incluye submarinos y proyectiles intercontinentales –n.e.), porque ellos pueden ser una señal de determinación altamente visible y, habiendo ya recibido las órdenes de desatar un ataque, pueden ser llamados de vuelta.”

En esta misma línea, el vice jefe del Estado Mayor Conjunto, general Paul Selva, reforzó tal locura públicamente al sugerir que parte de las ojivas de los proyectiles intercontinentales Trident lanzados por los submarinos se sustituyan por ojivas de potencia menor, para permitir su empleo táctico.

RUSIA RESPONDE

La propuesta recibió una fuerte respuesta de la cancillería rusa, la que destaca que no hay forma de limitar el uso de armas nucleares en una guerra entre súper potencias. La nota afirma que Estados Unidos está retomando la visión doctrinaria de “60 años atrás,” cuando concebía que fuera posible trabar y vencer en “una guerra nuclear limitada.” Sin embargo, resalta, cualquier lanzamiento de un arma nuclear contra el territorio ruso, “independientemente de la capacidad de su ojiva, será tratada como una agresión, usando de armamento atómico y será respondida de forma apropiada.”

No obstante, la nota afirma que tal osadía tiene menos que ver con Rusia que con otros países “rebeldes” al liderato estadounidense: “Parece que a Washington no le importaría hacer de las ojivas de baja potencia un medio para chantajear a los países que se oponen a los dictámenes estadounidenses.”

Otra iniciativa preocupante es la retirada unilateral estadounidense del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF, por sus siglas en inglés), que, sumada a la evidente falta de interés en la renovación del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas III (START III) con Rusia, ha instigado la desconfianza de Moscú sobre los motivos de esos grupos.

El 24 de junio, el vice ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguei Riabkov, afirmó que la colocación de proyectiles terrestres próximos a las fronteras rusas podría provocar un impasse comparable al de la Crisis de los misiles cubanos de octubre de 1962, cuando las dos súper potencias estuvieron muy cerca de un tiroteo nuclear.

Si se llega a la movilización real de tales sistemas en tierra, la situación no sólo se complicará, sino que empeorará hasta el límite. Podríamos encontrarnos en una situación de crisis de proyectiles, no sólo parecida a la crisis de la de década de 1980, sino a la del Caribe,” dijo, en una reunión del Consejo de la Federación (RT, 24/06/2019).

De acuerdo con él, Rusia no puede dejar de responder de forma recíproca al abandono del INF, actitud que calificó de “paso importante desestabilizador que hace más frágil la seguridad regional.”

Todo indica que el hecho de que Rusia disponga de un nuevo arsenal ultra moderno de armas hipersónicas, contra las que Estados Unidos no tiene la mínima defensa y que son capaces de asegurar una devastadora capacidad de respuesta a un eventual ataque, no ha sido suficiente para calmar los ánimos belicistas de los pirómanos de Washington.

Las provocaciones no se restringen al ámbito nuclear. El 15 de junio, el periodista del New York Times David Sanger reveló que Estados Unidos está llevando a cabo ataques cibernéticos contra la red eléctrica rusa, a manera de “advertencia” al presidente Vladimir Putin. La reacción de Donald Trump fue la de calificar el reportaje de “acto de traición,” pero, en un comentario irónico, el ex analista de la CIA Philip Giraldi se preguntó “por qué Sanger no fue detenido por revelar información de seguridad nacional,” además de señalar el riesgo de que tales agresiones podrían llevar rápidamente a una peligrosa escalada (Checkpoint Asia, 24/06/2019).

EL FLANCO IRANÍ

A estos datos se agregan las crecientes provocaciones de Washington contra Irán, que culminaron con el derribo de un sofisticado dron Global Hawk de la Marina estadounidense por un misil contra misiles aéreos iraní el 20 de junio. El ataque tuvo por respuesta la amenaza de un ataque contra instalaciones militares iraníes, cancelado, supuestamente, por Trump minutos antes de ser iniciado, además de nuevas manifestaciones agresivas vía Twitter del ocupante de la Casa Blanca, que amenazaban con “borrar” partes de Irán en caso de un nuevo ataque.

A pesar de su retórica, Trump no parece estar interesado en inaugurar un nuevo conflicto, menos con una potencia militar en condiciones de dar una firme respuesta asimétrica a un ataque eventual, el caso de Irán, lo que sería un obstáculo evidente para su ya iniciada campaña de reelección. Una evidencia fue la acusación pública al ultra belicista consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, hecha en una entrevista concedida a la red NBC, en la que afirmó que en su gabinete tiene tanto “palomas” como “halcones.” “John Bolton es absolutamente un halcón. Si dependiese de él, encararía al mundo entero al mismo tiempo. Pero no importa, porque quiero a ambos lados,” dijo al periodista Chuck Todd (The Hill, 23/06/2019).

El problema es que os “neoconservadores”, como Bolton y sus secuaces, no se muestran dispuestos a abandonar un plan de provocaciones contra el país persa. Este, a su vez, tiene también un establishment orgulloso y seguro de su capacidad, centrada en la Guardia Revolucionaria, que maneja los recursos militares más modernos del país, en particular el sofisticado sistema de proyectiles contra misiles aéreos que derribó el dron estadounidense capaz de volar a 18 000 metros de altura, lo que tomó por sorpresa al Pentágono.

 

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