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OPINIÓN

Duros jaloneos

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Tercera Instancia, por Modesto Barros González //

Ahora sí que “sálvese el que pueda” en los estirones de fuerzas que se están iniciando entre dirigentes y militantes del Partido Acción Nacional (PAN) y del Partido Movimiento Ciudadano (PMC), para lograr el control de candidatos y simpatizantes en las no tan lejanas elecciones intermedias del año 2021.

El partido en el poder PMC, apoyado e infiltrado por panistas en el pasado proceso electoral de 2018, tiene en puestos claves a políticos del albiazul que han logrado acrecentar su poder dentro de las administraciones de municipios y del propio gobierno del estado.

Los panistas se metieron como la humedad y ahora ya están reclamando su experiencia y poderío que creen tener, mientras que los militantes de Movimiento Ciudadano se sientes desplazados y hasta olvidados de su máximo guía y gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro Ramírez.

Los jaloneos ya se están notando y las inconformidades también se notan constantemente, así la presidenta municipal de San Pedro Tlaquepaque, María Elena Limón García, llamada por sus amigos como la Nena Limón, se ha revelado abiertamente a las imposiciones que pretende hacer en su jurisdicción el gobernador o miembros de su gabinete.

La valiente alcaldesa de San Pedro Tlaquepaque, se ha opuesto tajantemente, entre otras cosas a que la obliguen a incorporar su policía municipal al experimento llamado Policía Metropolitana, que sigue dando palos de ciego en su ejecución y ahora se volvió a posponer la operación de ese cacareado cuerpo de seguridad.

En varias esferas del Poder Ejecutivo estatal se han notado serios distanciamientos y discusiones en programas por realizar, como si fueran “ocurrencias” de algunas las que se quieren implementar, quizás varias de ellas si lo sean y siguen experimentando en cómo gobernar.

Uno de los ejemplos notorios es la operación y vigilancia de la vialidad en la Zona Metropolitana de Guadalajara, que desde el inicio de la actual administración de Enrique Alfaro Ramírez, está a cargo del Secretario de Seguridad Pública quien parece no conocer nada del tema vial.

Así impunemente circulan a altas velocidades motociclistas por la avenida Washington, sobre todo los fines de semana y ninguna autoridad pone orden a las desenfrenadas carreras que protagonizan por las noches y madrugadas de viernes y sábado, por desgracia hasta que ocurra en fuerte accidente se pondrá vigilancia.

Los agentes viales, ya sean “toritas” o los otros uniformados no se ven por ninguna parte de la ciudad y la metrópoli se ha convertido en una “ciudad sin ley” y cada quien hace lo que le pega en gana, como los que tripulan ambulancias del servicio privado para traslado de enfermos.

Como la autorización de dichas ambulancias lo señala es para “traslado” no para circular a toda velocidad y funcionando la sirenas, que a últimas fechas varias de esas unidades cuentan con dos sirenas, una de las llamas electrónicas y otra de las antiguas de aire, que sumadas emiten un mayor ruido.

Tal parece que los choferes de esas unidades lo que quieren a toda costa es llamar la atención y poco les importa poner en riesgo a los ocupantes y tripulantes de los otros vehículos porque el escuchar dos sirenas de emergencia advierte que son dos vehículos de que solicitan prelación de paso y sin embargo es solamente uno con los dos aditamentos.

Esta anomalía también es de poca importancia para el responsable de la vialidad, o al menos eso parece porque nadie de sus elementos molesta a los arbitrarios choferes de ambulancias privadas que por cierto han proliferado sus bases en la colonia Moderna.

¡VIVA MÉXICO!

Qué bonito debe ser tener tanto poder y lograrse salir con lo que le quiere, eso debe estar sintiendo el señor Presidente de la República Andrés Manuel López Obrador, quien con solo anunciar sus gustos y preferencias se le deben de conceder aunque se entiende que tenemos en México tres poderes de gobierno, bueno eso se dice y poco se ejerce.

Ahora el primer mandatario criticó y descalificó tajantemente que el poder judicial federal emitiera amparos contra la construcción del aeropuerto de Santa Lucía, cuya obra se va a hacer porque se va a hacer, ya lo dijo el responsable del poder ejecutivo federal.

A AMLO no le gusta que lo contradigan y menos que se le atraviesen en sus decisiones, como si fuera infalible y menos le gusta escuchar opiniones, mejor descalifica a sus oponentes y los ridiculiza.

El Señor Presidente prefiere seguir pagando miles de millones de pesos por la clausura de obras del que sería el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, en Texcoco, aunque no hayan sido escuchados ni vencidos en juicio los afectados por esa determinación que el mismo AMLO tomó por la “consulta” que hizo antes de asumir el cargo oficial de Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.

En pocos días nos daremos cuenta de la ofensiva que tomará AMLO, contra quienes solicitaron el amparo de la justicia federal que por ahora les concedió la suspensión contra la arbitraria obra de donde por muchos años ha operado la base militar número uno.

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OPINIÓN

¡Qué pena presidente¡

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Los Hombres del Poder, por Gabriel Ibarra Bourjac //

Qué difícil es gobernar un país tan complejo y tan grande como México, que sufre las consecuencias de su ubicación geográfica al tener más de 3 mil kilómetros de frontera con el principal consumidor de drogas del mundo, cuyo negocio ha enriquecido a mucha gente, ha generado una descomunal corrupción y que ha convertido al país en un gigantesco cementerio.

Son cerca de 300 mil la pérdida de vidas que se ha registrado en el país (entre homicidios y desaparecidos) durante los últimos 13 años y esa espiral violenta no se advierte que puede tener un freno y disminuir a corto o mediano plazo.

Lo que aconteció en Culiacán la tarde del viernes, donde el Estado Mexicano fue arrodillado por el narcotráfico, es consecuencia de ese gran poder que estas organizaciones han logrado y que se han convertido en el otro gran poder, a tal grado que en el juego de vencidas, un tu a tu con el gobierno, éstos salieron ganando.

El propio Secretario de Seguridad, Alfonso Durazo acepta que aquel operativo realizado en Culiacán fue un desastre que le pega, como nunca antes había sucedido, a México en el exterior:

Afirma Alfonso Durazo: “No hay pactos con criminales, no hay un Estado fallido; lo que hubo fue un operativo fallido”. ¡Qué barbaridad! ¿En manos de quién estamos? Son funcionarios incompetentes que exhiben la incapacidad y torpeza de un gobierno y que deberían de irse, por la crisis que han generado y que vienen a exhibir la falta de estrategia e inteligencia de esta administración para enfrentar a la criminalidad.

La Guardia Nacional es la propuesta del Presidente Andrés Manuel López Obrador para poner orden en el país y que en Culiacán fue completamente rebasada y superada por el grupo criminal que impidió la detención del hijo del Chapo Guzmán.

LA VISIÓN DE CIRO GÓMEZ LEYVA

Escribió el periodista Ciro Gómez Leyva: “Hay que reconocer que el Presidente López Obrador tomó una decisión de estadista. Una decisión tremendamente polémica, pero de estadista ante dos premisas tan malas, pelear en desventaja o ceder, se tomó la opción menos mala”.

¿Usted qué opina? ¿Se equivocó el Gabinete de Seguridad en ceder a las amenazas del cártel de Sinaloa? ¿Debió haberlos enfrentado con los costos que ello hubiera significado, pérdida de vidas inocentes, que bien pudieron ser 1, diez, 20, 30 o 100?

Estoy de acuerdo con Ciro Gómez Leyva. Hubo un error de origen, como se planeó el operativo, sin un previo diagnóstico de lo que representaba una operación como el detener a un personaje e hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán que fue detenido, extraditado y procesado por el Gobierno de los Estados Unidos. ¿Minimizaron el poder que tiene este joven porque su padre está preso en el vecino país?

Es cierto, se comete ese error terrible, pero luego haber caído en una confrontación de proporciones de daños inimaginables, creo que fue lo más pertinente. No tenía porque morir gente inocente.

Pero por la ineptitud, el gobierno de López Obrador ha quedado exhibido y al mismo tiempo se evidencia la ingenuidad cuando pretende acabar con este gran poder que rebasa al Gobierno con consejos a los jóvenes que secuestran y asesinan, que va a hablar con sus madrecitas para que les jalen las orejas.

La verdad es que es una vacilada y lo que va a lograr por ese camino es que tengamos un gobierno mucho más pobre y desdibujado de lo que recibió, y que estos grupos tengan mayor poder, ahuyentando a las inversiones, generando desempleo y mayor pobreza.

REPLANTEAR ESTRATEGIA

Lo de Culiacán ha venido a desnudar la improvisación en el Gabinete de Seguridad y corrobora el escepticismo que habían mostrado diversos sectores de la sociedad de que Alfonso Durazo no tenía el perfil adecuado para encabezar el esfuerzo del Estado Mexicano para recuperar la paz y el orden en México. Su experiencia en este campo había sido nulo, cero, pues, pero el Presidente López Obrador decidió que fuera el civil que coordinara al Ejército, Marina, Armada y lo que quedó de la Policía Federal.

Como lo hace todo gobierno, el Presidente tendrá que actuar de acuerdo a la circunstancia que se vive y aceptar que se equivocó con Alfonso Durazo, que además hasta mentiroso resultó, cuando se contradijo al declarar ante la opinión pública que no se trataba de un operativo especial, pero el suceso se le salió de control y la verdad del tamaño de Culiacán, alcanzó el mundo entero.

El Presidente López Obrador, si no hace los ajustes necesarios, México saldrá de Guatemala para entrar a Guatepeor. El problema es muy grande, muy grave, bien puede simular, como lo han hecho otros gobiernos y administrar el tema, pero hacerlo es llevar al país a lo que es un estado fallido que en Culiacán así se exhibió cuando a los ojos de todo mundo se deja en libertad a un delincuente, producto de la torpeza de los hombres del Presidente para poner orden en el país y que han traído más desorden.

¡Qué pena Presidente López Obrador!

¡Tumbe cabezas si quiere salvar a país porque de lo contrario, puede pasar a la historia en sentido contrario!

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OPINIÓN

Culiacán, el fracaso

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Metástasis, por Flavio Mendoza //

En este país se ha hecho cada vez más común como tema de conversación el desastre en materia de seguridad, entre niños, jóvenes, adultos y mayores, en escuelas, en los trabajos, se habla de desaparecidos, de homicidios, hasta parece que cada vez nos sorprendemos menos y con normalidad esperamos que se supere la crueldad y los formatos de la criminalidad.

Lo sucedido en Culiacán es la evolución del crimen organizado, que podrá atribuirse a algún expresidente, pero que tienen una historia de origen y evolución en este país, en el que sin duda han sido muchos los responsables incluidos la propia sociedad, no sólo quien tomó la decisión de confrontar a balazos sacando al ejército a las calles, una decisión muy controvertida y cuestionada, en política, principalmente por la oposición, que cuando deja de serlo y se convierte en gobierno no sólo cambió de opinión, sino que se convierte en la misma estrategia corregida y aumentada, hasta hacerlo formal con un cambio constitucional para engendrar a la Guardia Nacional.

Los homicidios en el gobierno del Presidente Andrés Manuel López Obrador no son responsabilidad de él, como tampoco fueron de los anteriores, sin embargo, lo que sí es su responsabilidad es la estrategia y acción para abatir la violencia y la criminalidad, para que se establezca el estado de derecho, que garantice la paz y el bienestar al pueblo, en ello han fallado los anteriores y también el actual. Lo cuestionable en lo que se vivió en la capital de Sinaloa, además de abonar a la descomposición social y deshumanización, es la decisión de un gobierno que se doblegó ante el crimen organizado.

Entre múltiples contradicciones sobre los hechos, el Presidente de la República admite que él respaldó la decisión de soltar a un presunto delincuente justificando que estaba en riesgo la vida de ciudadanos, pero la realidad es que no debió ser una opción el capturar a un capo o salvar vidas, porque al aceptar la negociación sin interlocutores se desencadena una serie consecuencias que alcanza diversos ámbitos. El Presidente evidenció la carencia de una estrategia nacional de seguridad, con una Guardia Nacional que goza con toda la confianza del pueblo pero que no es capaz de combatir a la criminalidad, la decisión de entrar al territorio del narco sin un diagnóstico de sus alcances, pero además sin la posibilidad de reacción ante cualquier emergencia, pues mientras el crimen organizado en 15 minutos sometió a todo un estado, sitiando el territorio, sembrando miedo y sometiendo al orden público, con un despliegue que muestra la superioridad ante las fuerzas armadas, el estado en forma ridícula, vergonzosa y preocupantemente no tuvo reacción.

Quizá no es el único capo que se ha dejado en libertad, pero es el único gobierno que ha admitido como decisión de Estado el dejar libre a un capo; para algunos puede ser una virtud de honestidad, para otros una muestra de debilidad, torpeza y hasta cinismo político, pues se arrodilló al Estado, se entregó la soberanía nacional y se envió un mensaje equivocado para el pueblo y para el mundo, mientras el discurso del presidente sigue sustentado en los otros datos.

Los homicidios en esta administración que abolió la guerra contra el narco, que no reprime al pueblo, incluyendo al narco que también es pueblo, que terminó con el neoliberalismo, que ataca los problemas de origen y que es 99% honesto, tiene estadísticas más altas que los anteriores que hicieron las cosas mal, el presidente AMLO dice que lo que está comprobado es que la estrategia anterior no dio resultados, pues los indicadores de su actual administración tampoco están dando resultados y de mantenerse al ritmo actual serán desastrosos, el discurso de AMLO es el peor enemigo de la 4T, a quien se le juzgará más severamente y no por ser él, sino porque criticó y sigue culpando a pasadas administraciones, por lo que se entiende que conocía el estado que guardaba el país y dijo tenía la solución, los plazos que el fijó en tiempos lo están alcanzando y los resultados ya lo rebasaron, es momento de cambiar y dejar el discurso de odio, que asuma su papel y sea responsable del destino de este país.

@FlavioMendoza_

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El secretario fallido

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De Frente al Poder, por Óscar Ábrego //

Quien se arrodilla para lograr la paz, se queda con la humillación y con la guerra”.

SIR WINSTON CHURCHILL

La función sustantiva del Estado es garantizar la seguridad de la población. De ahí que tenga la facultad de utilizar todos los medios legales posibles –incluido el despliegue de las fuerzas armadas- para salvaguardar la vida de sus gobernados y mantener la paz a lo largo y ancho del territorio nacional.

Por eso las balaceras y masacres ocurridas durante la semana pasada en Michoacán, Guerrero y Sinaloa, merecen que echemos un vistazo a quien, por encargo del Presidente, es el responsable operativo de las estrategias para combatir todas las expresiones delictivas que se encuadran en el fuero federal.

Francisco Alfonso Durazo Montaño, Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, cuyo mayor mérito previo a su actual encomienda fue ser el secretario particular del expresidente Vicente Fox, ha dejado muy en claro que no cuenta con la aptitud necesaria para ocupar uno de los cargos más desafiantes y complejos.

Más diestro para el discurso mediático que efectivo en sus tareas fundamentales, este funcionario también debe hacer entender a su jefe que los abrazos y las proclamas de amor y paz no pueden derrotar a los poderosos grupos criminales que controlan más del 35 por ciento de nuestras comunidades y ayuntamientos.

Durazo no solo tiene el grave compromiso de atender la misión para la que fue contratado, sino también para hacer rectificar a un mandatario que es tan terco como la realidad que nos asola. Al ser uno de sus más cercanos colaboradores, está obligado a abrirle los ojos a López Obrador, quien insiste en ver un México pletórico de dicha, cuando hay miles de familias que sufren a diario como consecuencia de las crueles, sanguinarias y bien organizadas, mafias delictuosas.

Sin duda que los brutales acontecimientos en Tepochica, Aguililla y Culiacán, marcarán de aquí en adelante la era de Andrés Manuel. Y aunque es probable que la liberación de Ovidio Guzmán López evitó que los balazos y bloqueos alcanzaran una dimensión equiparable al terrorismo, lo cierto es que el “operativo” volvió a despertar fundadas sospechas y evidenció la pobre capacidad de gestión del gabinete de seguridad.

El otro riesgo -tan peligroso como el implacable y permanente acecho del narcotráfico- es el mensaje que se les envía a los policías municipales y estatales, soldados, marinos y elementos de la Guardia Nacional, quienes ven y sienten que sus vidas no son más que simple carne de cañón.

Ahora bien, si el señor Durazo es quien mantiene convencido a López Obrador de que no hay por qué dar un golpe de timón en materia del combate a la inseguridad, porque él piensa que ahí la lleva con su chamba y según sus datos vamos de maravilla, entonces los mexicanos estamos fritos.

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