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OPINIÓN

Los Hombres del Poder: El infierno mexicano de la violencia

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Por Gabriel Ibarra Bourjac //

No es exageración: México se nos va de las manos. La violencia que vivimos nos convierte en el país más violento del mundo, superando a Brasil.

La Alta Comisionada de la ONU para Derechos Humanos, Michelle Bachelet, se fue espantada por lo que aquí vio, con tantos homicidios, desaparecidos, cuerpos destrozados y sin identificar que están abandonados en Los Semefos de los estados del país.

Vaya, y eso que la señora Bachelet vivió y fue víctima de “la guerra sucia” de la dictadura militar de Chile entre 1973 y 1990, o sea 17 años, lapso en el que se acusa al Estado de desaparecer a 3,065 personas desaparecidas y 40 mil víctimas afectadas. ¿Qué son ante las más de 300 mil pérdidas de vida en México en los últimos 13 años?

La guerra desatada por el Presidente Felipe Calderón contra el crimen organizado y el narcotráfico y que continuó el gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto fue un rotundo fracaso. Las cifras de víctimas que aceptó y validó la ex presidenta de Chile son como de un país en guerra:

Desde 2006 son 252.538 personas asesinadas. 40 mil desaparecidos y 26 mil cadáveres sin identificar, que sumados, nos dan más de 300 mil víctimas.

Durante 2018, el último año del gobierno de Peña Nieto se cometieron 33,341 homicidios, lo que le convirtió en el año más sangriento de la historia de la lucha contra el narcotráfico, conflicto activo desde 2006 y principal causa de muerte violenta en el país.

La Alta Comisionada de la ONU que visitó nuestro país a invitación del Presidente Andrés Manuel López Obrador, expresaría antes de partir de México:

Debo señalar que tan trascendental como resolver los casos de abusos y violaciones del pasado es evitar que se reproduzcan nuevas atrocidades. México tiene cifras de muertes violentas propias de un país en guerra: 252.538 desde 2006. Un país con enormes recursos humanos y económicos como México debería poder revertir esta situación sin recurrir a falsos atajos”.

LAS CIUDADES MÁS VIOLENTAS DEL MUNDO

La síntesis que hizo la ex presidenta de Chile, refleja lo que han dado a conocer las diversas ONG,s que se dedican al monitoreo de homicidios para medir la violencia, partiendo de las muertes violentas por cada 100 mil habitantes. Aunque polémico el estudio realizado por la ONG mexicana Seguridad, Justicia y Paz del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal AC, correspondiente a la violencia durante 2018, 43 ciudades de América Latina forman parte del ránking de las ciudades más peligrosas del mundo, 5 mexicanas están en el top ten, lo encabezan en los dos primeros lugares Tijuana y Acapulco con 138 y 110 homicidios por cada 100 mil habitantes. En ese top ten están de la misma forma Ciudad Victoria, cuarto lugar con 86 homicidios por cada 100 mil habitantes; Ciudad Juárez, quinto lugar con 85 homicidios por cada 100 mil habitantes e Irapuato, sexto lugar con 81.

En la lista aparecen también Cancún, lugar 13 con 64 homicidios por cada 100 mil habitantes; Culiacán en lugar 16 con 60 homicidios; Uruapan en lugar 18 con 54 homicidios; Ciudad Obregón, Sonora, con 52 homicidios; Coatzacoalcos con 48 homicidios por cada 100 mil habitantes; Celaya en lugar 32 con 46.67 homicidios por cada 100 mil habitantes; Ensenada lugar 34 con 46.60; zona metropolitana de Tepic en lugar 36 con 44.89; Reynosa en lugar 42 con 41 homicidios por cada 100 mil habitantes; Chihuahua en 49 con 37.50 homicidios por cada 100 mil habitantes.

LA GUARDIA NACIONAL

En la pasada semana estuvo en la rueda de prensa mañanera del Presidente López Obrador el periodista de Univision Jorge Ramos, quien vino a señalar lo que los periodistas mexicanos lo hemos marcado y remarcado, pero como escribimos en México, no le dan valor, que es precisamente el horror de violencia que vivimos en el país y que el político tabasqueño no ha podido contener. Claro está, son cuatro meses y en ese corto tiempo las estrategias no van a cambiar este infierno, porque apenas ésta se está desdoblando.

El Presidente López Obrador cuando menos hace algo diferente a sus antecesores y cambia la estrategia de Calderón y Peña Nieto al crear la Guardia Nacional y utilizar a más de 40 mil militares para enfrentar el clima de violencia y descomposición que vive el Estado Mexicano, que cada vez se asemeja a lo que es un Estado fallido, cuando otro poder le impide establecer el orden y ofrecer seguridad a los ciudadanos, como lo hace el crimen organizado.

López Obrador hará uso de los militares a quienes la ONU ayudará a capacitarlo en materia de respeto a los derechos humanos, para tratar de recuperar el país que conforme pasa el tiempo se hunde en el caos, cuando el Estado es incapaz de cumplir con su cometido fundamental que es darnos seguridad y castigar a quienes quebrantan la ley.

Más nos vale que la Guardia Nacional funcione, porque el infierno que vive el país, que han sufrido en estos últimos 13 años más de 300 mil familias, puede aún ser mucho peor, de allí que no le escatimemos al Presidente los recursos para que México recupere la paz que se ha ido perdiendo en los últimos 30 años.

México pasa por el momento más crítico y severo de viabilidad como país, cuando el gobierno es desplazado por los malosos que en regiones y zonas del país son los que mandan, eso es una triste realidad. Mucho hay por hacer en este país.

El espanto que se llevó la Alta Comisionada de la ONU para Derechos Humanos, nos indica el tamaño del problema que sufre México.

OPINIÓN

La otra corrupción

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Opinión de Luis Manuel Robles Naya //

La corrupción ha sido identificada como la principal causa de los males del país. Según Transparencia Internacional, México es actualmente, el país más corrupto de todos los que integran la Organización para el Crecimiento y el Desarrollo Económico (OCDE) y junto con Rusia también el último lugar en el G20.

El actual presidente de la República, hizo girar la temática de su campaña electoral alrededor de este tema, al grado de decir que, acabando con la corrupción México habría de crecer y habría bienestar para todos. No corrupción y austeridad serían la llave para el crecimiento. A seis meses de haber llegado al poder, no se percibe que esto vaya a ser posible. Por el contrario, se está dando lugar a otra corrupción, que es la que provoca la ineficiencia, la impreparación, la precipitación y la ignorancia de la realidad profunda de la administración pública mexicana.

Por estos factores se explica que se hayan aplicado criterios aritméticos en la reducción del gasto público sin medir el impacto social de cada medida restrictiva.

Se dijo que se gastaba mucho en la importación de gasolina y se decidió dejar de comprarla en el extranjero sin conocer las reservas existentes, y se provocó con ello, el mayor desabasto de combustible que haya padecido nuestro país. Se dijo que los contratos para la conducción y el abasto de gas natural eran leoninos y ocasionaban perjuicios, y ahora no hay gas para producir la energía eléctrica que requiere toda la península de Yucatán. Se empeñan en echar atrás la reforma energética cancelando proyectos y licitaciones en generación de energía eléctrica y de exploración y producción de petróleo y se decide invertir miles de millones de dólares en recuperar la economía de PEMEX y su capacidad de producción.

Se dijo que había corrupción en los programas sociales como Prospera, estancias infantiles, adultos mayores, procampo y otros. A cambio, se establecieron nuevos programas que resultan bastante limitados en sus alcances sociales, lo que es similar a decir, yo te doy dinero, individualmente, y tú verás cómo le haces para proveerte lo necesario. Esto siendo una mala política social, es también una nueva forma de corrupción.

Los programas que se están sustituyendo, fueron durante años, duramente criticados por la oposición, por considerar que generaban clientelismo electoral y que se prestaban al uso faccioso por parte del gobierno. Para evitar estas suspicacias, se fueron creando bases de operación y criterios de regulación, vigilados y supervisados hasta por, cuando menos tres instancias: la Auditoría Superior de la Federación, la Secretaría de la Función Pública, el CONEVAL o Consejo para la evaluación de la política de Desarrollo Social, y existen además organizaciones civiles que dan seguimiento a las acciones de gobierno y su impacto social.

En la actualidad, se desconocen las reglas de operación, metas a evaluar más allá del número de beneficiarios y lo más importante, cuáles son los mecanismos formales para que estas ayudas lleguen, o cuales son los padrones que sirven de base, y quién los supervisa y evalúa, y esto deja un enorme horizonte para la corrupción institucionalizada.

No basta que el presidente diga que en el gabinete y en el gobierno hay pura gente honesta, porque en los detalles se encuentra al diablo.

La oposición a los gobiernos anteriores a éste, fue insistente en reclamar el uso electoral de estos programas sociales. ¿Quién puede asegurar ahora que no será así?, cuando los padrones de los más ambiciosos programas son controlados desde una sola oficina en la Presidencia de la República sin ninguna supervisión institucional. No existen, o hasta ahora se desconocen, los mecanismos que habrán de asegurar que no se incurra en corruptelas o usos facciosos.

Durante los primeros tres meses de esta administración, más del 70 por ciento de los contratos otorgados fueron adjudicaciones directas, sin licitación de por medio, con la única justificación de la urgencia.

Hay una grave digresión en el discurso presidencial ante la crítica y un alarmante divorcio entre el discurso y la realidad. Se dice una cosa y se hace otra. Siempre hay otros datos que oponer a la realidad de las cifras, y es evidente que en el gobierno federal hay mucha improvisación, desconocimiento y hasta incapacidad.

Alguien dijo que la ineficiencia es también una forma de corrupción y esta tiene consecuencias mayores que la otra corrupción. El manejo complaciente de la hacienda pública, empeñada en satisfacer los deseos del presidente a como dé lugar, habrá de agotar los recursos financieros y los fundamentos de economía política que mantienen prendida con alfileres la economía nacional.

Es necesaria una pausa en esta prisa política que se tiene por imponer un sello personalísimo a este gobierno y pensar seriamente lo que se quiere hacer con nuestro país. Despacio que voy de prisa, se le adjudica este dicho a Napoleón Bonaparte y no estaría por demás, ya que nuestro presidente es tan proclive a justificar históricamente sus decisiones, lo retomara.

 

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OPINIÓN

La descoordinación de seguridad

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Columna Metástasis, por Flavio Mendoza //

En el país el tema de la violencia es sin duda un asunto que preocupa a todos, las cifras siguen rompiendo los récord en las estadísticas delictivas, la dinámica ascendente alcanzó a los Gobiernos estatales y nacional, quienes no son responsable de ello, pero sí de la estrategia de pacificación del país, México un terreno sangriento, entre asesinatos, secuestros, robos y violaciones que alcanzan a los ciudadanos de todos los sectores y segmentos sociales.

En Jalisco parece ya un sello en el actual gobierno, en cada viaje al extranjero que realiza el gobernador Enrique Alfaro Ramírez se desata una tragedia en el Estado. Durante la gira del gobernador jalisciense Enrique Alfaro en Chicago para la reinauguración de la Casa Jalisco en el vecino país del norte, hubo balaceras en San Juan de los Lagos y Tlajomulco, además del hallazgo de restos humanos en bolsas en el municipio de Tlaquepaque en medio de una ciudadanía que parece ya no asombrarse y hasta acostumbrarse a estas escenas.

Pero lo preocupante es, además de la frecuencia y la costumbre de los ciudadanos sobre estos acontecimientos, la capacidad de reacción, contención y estrategia de seguridad. En el lugar, durante 40 minutos de agresiones con arma de fuego entre criminales y elementos de la seguridad se pudieron capturar imágenes y videos por reporteros, civiles y hasta elementos de seguridad, en los que se puede observar elementos de seguridad que parecen actuar por iniciativa propia, abrir fuego indiscriminadamente hacia la zona en conflicto, amontonarse en un solo punto para proteger su integridad, además de no impedir el acceso a la zona de riesgo a los civiles en el lugar. El audio de una de las grabaciones deja claro que no hay una voz de mando, pues varios gritos se escuchan a una señal de alto el fuego, mientras otros parecen no atender la indicación y siguen abriendo fuego contra el objetivo, la cámara se mueve y evidencia que otros elementos están riendo en el lugar.

En el mes de junio se anuncia la movilización de miles de elementos de la recién creada Guardia Nacional, mientras en redes circulan videos de las carencias y condiciones infrahumanas en las que se capacitan a los policías federales, a quienes los mandos superiores de seguridad les advierten que se terminarán los lujos, refiriéndose principalmente a los hospedajes en hoteles, además de llamarlos fifís, una advertencia para la Policía Federal en su nueva encomienda bajo las órdenes de la milicia a cargo de la Guardia Nacional.

Jalisco atraviesa quizá por una de las etapas más violentas registradas en el estado, ante ello las autoridades parecen no tener ni estrategia, ni capacidad de contención, el fiscal del estado dijo que los ataques a los elementos de seguridad en el estado se deben al avance que han tenido, sin embargo, los números demuestran retroceso en lugar de avance.

La estrategia de seguridad que permita abatir la criminalidad en el país parece lenta, desde lo nacional y lo local, además de advertir corporaciones con demasiadas deficiencias de operación, mala relación entre ellas para la coordinación, así como vulnerabilidad para imponer el orden como lo hemos visto en la milicia, donde civiles han desarmado y retenido a elementos de las fuerzas armadas del país, el tema de seguridad ya no puede esperar, está además impactando en otros rubros como el económico y político, si no se actúa con decisión y firmeza se correrá el riesgo de fracasar nuevamente en la lucha contra el crimen organizado en este país.

@FlavioMendoza_

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OPINIÓN

Jalisco: estado de emergencia

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Columna De Frente al Poder, por Óscar Ábrego //

Jalisco es un barco que navega a la deriva. O peor aún, debemos decir que flota sin brújula ni rumbo en medio de ciclones y aguas convulsas. Pareciera que el timón carece de control y que el capitán de la nave no está consciente de la gravedad del clima. Pero no sólo eso, su tripulación y los pasajeros -confundidos y asustados, respectivamente- ya no saben qué esperar en un ambiente tan impredecible y hostil.

La inseguridad se ha convertido en una tormenta sin fin; muy lejos del “se matan entre ellos”, lo cierto es que la delincuencia en nuestra entidad no distingue entre buenos y malos. Nos alcanza y lastima a todos. Está claro que a los criminales les importa muy poco las estadísticas y las declaraciones vacuas de las autoridades.

A estas alturas, cualquier registro ya es por demás ante la zozobra con la que experimentamos la vida quienes habitamos en esta otrora gran ciudad (ya no digamos en los municipios gobernados por la mafia).

Así las cosas, conviene decir que nos referimos a estado de emergencia cuando la perturbación de la paz o del orden interno de un Estado están en riesgo inminente, ya sea por consecuencia de catástrofes, brotes de enfermedades contagiosas o situaciones políticas o sociales, que afectan e impiden el desarrollo normal de una comunidad, región o país. Por eso no exagero al afirmar que Jalisco se encuentra en estado de emergencia.

El pasado viernes atestiguamos de nuevo cómo se desbordó el terror y corrió la sangre. Pero también, el titular del ejecutivo –otra vez a la distancia- estuvo al pendiente de los acontecimientos y comandó la situación a punta de twitazos. Por supuesto que esto no cayó nada bien entre los cibernautas y el público radioescucha y televidente que atendió sus reportes desde Chicago, Illinois.

Sus fans podrán alegar que no es culpa de él que se hayan desatado los demonios un día después de su cumpleaños y justo cuando fue a reabrir la Casa Jalisco en aquella ciudad, por cierto, horas antes del concierto de los Rolling Stones en el estadio Soldier Field. Y quizás tengan razón, sin embargo, hay al menos dos preguntas que se imponen: ¿era necesario que Enrique Alfaro acudiera a dicha reinauguración? ¿Valía la pena hacerlo en el marco de los festejos de su cumpleaños, en un día en que se presentó la mentada banda de rock, despertando con ello legítimas suspicacias derivadas de su anterior presencia en un juego de los Lakers de Los Ángeles? La respuesta para ambas cuestiones es no.

Nuestra entidad no es como antes. Los responsables de los tres niveles de gobierno no pueden darse el lujo ni el gusto de ausentarse para deleitarse con los placeres que brotan del poder. Las circunstancias actuales exigen que los presidentes municipales y el mandatario estatal eviten la tentación de viajar a fin de eludir su grave responsabilidad de atender el mandato de sus electores y los demás ciudadanos (que en su mayoría no votaron por ellos).

Debe quedar claro que nadie quiere echarles a perder la fiesta egocéntrica que han armado para disfrutarla con sus socios y cuates.

De lo que se trata es de que entiendan que gobernar bajo las delicadas condiciones en que nos encontramos el resto de los mortales, demanda una atención permanente; es decir, las 24 horas del día, de todas las semanas y de todo el año.

Vaya, dicho de otra forma, una vez que se restablezca la paz y regrese la seguridad, que hagan lo que les pegue la gana en sus ratos de privacidad. Pero por ahora el reclamo es que atiendan sus obligaciones fundamentales.

Y no obstante que por fortuna hay policías, agentes de la fiscalía y militares que a diario arriesgan la vida para enfrentar al hampa, lo que más debería preocuparles es que a sólo seis meses de inaugurado este sexenio, un buen porcentaje de la población percibe que naufraga en un océano de incompetencia y frivolidad.

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