OPINIÓN
10 de septiembre, Día Mundial de la Prevención del Suicidio: Cuando escuchar puede marcar la diferencia
– Cómo prevenir el suicidio.
Opinión, por Alejandro Verduzco.
El Día Mundial de la Prevención del Suicidio es un tema que nos atañe e involucra a todos como sociedad: a los tres niveles de gobierno, instituciones de salud y educativas, investigadores, así como a las instituciones y organizaciones correspondientes. Esta conmemoración es impulsada y organizada por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP), de la cual la Organización Mundial de la Salud (OMS) también ha sido copatrocinadora, con el propósito de concientizar y sensibilizar en todo el mundo sobre la posibilidad de prevenir el suicidio, un tema que “no podemos ignorar”.
Según el portal [https://www.iasp.info/](https://www.iasp.info/), la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio está dedicada a prevenir el suicidio y el comportamiento suicida, así como a aliviar sus efectos. La IASP, como asociación sin fines de lucro, desempeña un papel global en la prevención del suicidio mediante el desarrollo estratégico de un foro eficaz que sea proactivo en la creación de sólidas asociaciones colaborativas y en la promoción de acciones basadas en la evidencia para reducir la incidencia del suicidio y las conductas suicidas, además de detectar síntomas o señales de forma temprana en personas ante este problema de salud pública mundial.
Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de 700 mil personas mueren cada año por suicidio y que casi el 77% de todos los suicidios a nivel mundial ocurre en países de ingresos bajos y medios.
Por cada suicidio hay muchas más personas que intentan suicidarse o tienen ideación suicida grave. El comportamiento suicida afecta profundamente a familias y comunidades y sigue siendo un desafío universal, con millones de personas afectadas. La reducción de la mortalidad por suicidio es de importancia global y constituye una consideración vital de salud pública, informó el organismo internacional.
En 2026, según la OMS, se marca el tercer y último año del tema trienal del Día Mundial de la Prevención del Suicidio (2024-2026), bajo el programa y campaña “Cambiando la narrativa sobre el suicidio”, con el llamado a la acción: “Inicia la conversación”. Este tema nos invita a todos a desafiar los mitos dañinos, reducir el estigma y fomentar conversaciones abiertas y compasivas sobre el suicidio. Se trata de pasar del silencio y los malentendidos a la apertura, la empatía y el apoyo, creando entornos donde las personas se sientan capaces de alzar la voz y buscar ayuda.
El Día Mundial de la Prevención del Suicidio (WSPD) fue establecido en 2003 por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio, en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS). Cada año, el 10 de septiembre, el WSPD centra la atención a nivel global en la prevención del suicidio y en la unión de comunidades, organizaciones y gobiernos, con la creencia compartida de que los suicidios son prevenibles. Es por esto que me motiva, como columnista, contribuir a esta causa mediante la difusión de la importancia de este tema, destacar a los organismos involucrados en la prevención y asesoría profesional, y mencionar que siempre hay una oportunidad y una salida hacia la vida.
Considero que el suicidio es un gran desafío de salud pública. Cada año, muchas personas acaban con su vida y cada vida perdida tiene profundas consecuencias sociales, emocionales y económicas que afectan a familias y amigos, lugares de trabajo y comunidades enteras en todo el mundo. “No a la normalización de estos casos”.
Para poner un ejemplo, la CONAPRESU (Coalición Nacional en Prevención del Suicidio), organización sin fines de lucro comprometida con México y a nivel internacional, a través de su presidente, el Dr. José Joaquín Ceballos Guerra, emitió un mensaje el pasado 10 de septiembre, día en que se conmemora esta fecha, dirigido a las autoridades, organismos y todos los actores sociales relacionados con este tema, en el que mencionó lo siguiente:
“Con profundo respeto, pero también con la firme convicción de que estamos frente a una de las responsabilidades humanas más trascendentales de nuestro tiempo: proteger la vida y defender la esperanza. Esta fecha no debe ser solamente una jornada de reflexión, debe ser una oportunidad para transformar nuestra manera de comprender el sufrimiento humano, nuestra manera de responder ante el riesgo suicida y, sobre todo, nuestra manera de acompañar a quienes atraviesan momentos de profunda vulnerabilidad, donde el llamado internacional de estos años es ‘Cambiar la narrativa sobre el suicidio’”.
Cabe mencionar que el pasado 20 de agosto, CONAPRESU México e Internacional llevó a cabo, como parte de sus acciones, en la Cámara de Diputados (Palacio Legislativo de San Lázaro), el “II Foro Internacional en Prevención del Suicidio en México”, con una gran asistencia de legisladores, profesionales de la salud, académicos, estudiantes, representantes de instituciones gubernamentales y público en general interesados en el tema. Así lo informó uno de los líderes, representantes y organizadores de esta coalición, Eloy Romero Vázquez.
Modo silencioso en los universitarios
El pasado 11 de mayo se publicó una investigación realizada por un servidor, titulada Modo silencioso en los universitarios, con el enfoque “Cuando la ansiedad y la depresión marcan el rumbo”. Esto fue motivado por mis más de 20 años como académico, durante los cuales he vivido con mis alumnos muchas experiencias relacionadas con estos padecimientos, ante los cuales no podemos ser ajenos. Solo nos resta escuchar y canalizar a las áreas especializadas, con profesionales en el manejo y tratamiento de la salud mental.
En esta publicación hago una síntesis de las aportaciones de los profesionales que participaron, colaboraron y compartieron sus experiencias conmigo en relación con este tema en aquella investigación. Como parte de la conmemoración, durante este mes, de la prevención del suicidio, quiero compartir con ustedes, estimados lectores, las siguientes reflexiones:
Irma Gabriela Navarro Machuca, médica psiquiatra, especialista en psiquiatría infantil y de la adolescencia, nos compartió que:
“Los primeros signos clínicos de ansiedad y depresión en universitarios suelen ser sutiles y fácilmente confundidos con ‘estrés normal’. En ansiedad, es común observar preocupación constante difícil de controlar, sensación de tensión física, alteraciones del sueño (insomnio o sueño no reparador), irritabilidad y dificultad para concentrarse. En depresión, los datos iniciales más importantes son la pérdida de interés o placer (anhedonia), fatiga persistente, cambios en el apetito o el sueño, sensación de vacío, desmotivación y pensamientos negativos recurrentes sobre uno mismo o el futuro”.
En la entrevista, la doctora. Navarro concluyó mencionando que:
“Una finalidad de la psiquiatría y la terapia médica no es anestesiar emociones, sino regular los sistemas neurobiológicos alterados para que la persona pueda recuperar su estabilidad mental y aprovechar otras intervenciones, como la psicoterapia”.
Por su parte, la maestra Eustolia Martínez Rodríguez, psicóloga y terapeuta especializada, nos mencionó por qué los universitarios tienden a minimizar u ocultar su malestar emocional:
“Además de estos estigmas, existen otros que pueden marcar huella con fuerza. Me refiero a sentirse invalidados desde casa: ‘¡Esto de ir a terapia es para gente débil! Ustedes, los jóvenes de ahora, no aguantan nada, son la generación de cristal’”.
“Es el mensaje de fondo que puede resonar como un grito que los invita a mantener en silencio su necesidad de atender una depresión, que de manera sutil va evolucionando hasta convertirse en un trastorno grave, o una ansiedad, que de ser una preocupación se convierte en un ataque de pánico”.
La doctora Laura Cristina Cortés Ornelas, especialista en bienestar social, hizo mención de lo siguiente en relación con este tema:
“El aumento de los problemas de salud mental entre jóvenes universitarios no puede explicarse solo desde el ámbito clínico o psicológico, ni como una suma de fragilidades individuales. Hay que observar el problema desde la transformación del mercado de trabajo y sus efectos sobre la vida familiar. Desde finales de los años ochenta, México ha vivido una ruptura del empleo típico: el trabajo estable, con seguridad social y salario suficiente para sostener un hogar, fue cediendo terreno a formas de inserción más inestables, flexibles y precarias”.

Un ángulo muy importante, además del clínico, es la consecuencia legal. Para ello, la abogada Lizzette Yanth Fuentes Ruiz, maestrante en Derecho Constitucional y Amparo, nos refirió:
“Desde una perspectiva legal, la salud mental forma parte del derecho a la protección de la salud. No reconocer estas condiciones con el mismo peso que una enfermedad física puede traducirse en omisiones que incrementan el riesgo clínico, legal y la vulnerabilidad de los estudiantes”.
Además, la abogada Fuentes mencionó:
“Lo importante es reconocer que existen distintos tipos de violencia, además de la física, como la psicológica, sexual, económica, digital, bullying, entre otras, que pueden contribuir a la depresión y ansiedad de las personas”.
Para finalizar esta investigación, me di a la tarea de escuchar la voz de una estudiante de Psicología, Camila Ruvalcaba, quien nos compartió:
“En el entorno universitario, la ansiedad, la depresión y otros problemas mentales suelen vivirse en silencio. Muchas veces se esconden detrás de un aparente cumplimiento académico, mientras internamente el estudiante enfrenta agotamiento, desesperanza, presión constante y una sensación de no poder detenerse debido a la presión académica y personal. Se ha normalizado demasiado el vivir cansados, emocionalmente saturados o incluso vacíos, como si fuera parte obligatoria de la etapa universitaria, cuando en realidad puede tratarse de señales importantes de deterioro emocional”.
Prevenir el suicidio, un compromiso con la vida
Para concluir estas líneas, quiero expresarte, estimado lector, que prevenir el suicidio es, ante todo, un compromiso con la vida y con la dignidad de cada persona que atraviesa un momento de sufrimiento. No podemos permitir que la ansiedad, la depresión, la violencia, la indiferencia o la desesperanza se conviertan en experiencias que nuestros jóvenes deban enfrentar en soledad.
Escuchar sin juzgar, acompañar con empatía y acercar a quienes lo necesitan a la atención profesional son acciones que pueden marcar una diferencia trascendental. Las familias, instituciones educativas, autoridades, profesionales de la salud y la sociedad tenemos una responsabilidad compartida: construir entornos donde pedir ayuda no sea motivo de vergüenza o prejuicios, sino un acto de valentía, seguridad y confianza.
Que el 10 de septiembre no sea solamente una fecha en el calendario, sino un llamado permanente a mirar al otro con sensibilidad, a reconocer las señales de sufrimiento y a recordar que detrás de cada vida hay una historia, una familia y una esperanza que merece ser protegida, porque, a veces, una conversación oportuna, una mano extendida y la disposición genuina de escuchar pueden abrir el camino hacia una nueva oportunidad de vida.
“La atención a la salud mental es canasta básica”.
Alejandro Verduzco Mendoza es mercadólogo y analista político
En X: @averduzcom


